Mi lugar favorito (Academia Rider 2) CAPÍTULO 8
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CAPÍTULO 8

Sonreí, emocionada. No tenía ni idea de cómo se me daría el horseball , pero la idea de probar algo nuevo me encantaba.

Además, montar un caballo diferente siempre era una experiencia interesante.

Aunque con Phoenix costó un tiempo adaptarnos, siempre había pensado que montar diferentes caballos te da herramientas como amazona que no consigues montando siempre al mismo y en la misma disciplina.

Así que tenía la mente bien abierta para ver qué compañero equino sería con el que me tocaría jugar.

Para el partido y entrenamiento, me asignaron a Serendipity, un angloárabe castaño de tamaño pequeño.

Llevaba el mismo conjunto que todos los caballos de la academia: sudadero negro con el logo y vendas en las cuatro extremidades, aseguradas con una tira de cinta aislante en el velcro para sujetarlas bien.

Cuando me monté y empezamos a andar al paso, noté que se movía rápido y ágil, mucho más que cualquier caballo de doma.

Giraba con una facilidad impresionante en muy poco tiempo y espacio, y estaba lleno de energía.

En algún momento del calentamiento, esa vitalidad, incluso con demasiada fuerza e impaciencia para una domera como yo, que siempre queremos tener todo bajo control, hizo que tuviera que adaptar mi forma de montar rápidamente.

—¡Bien, Rompenormas, vamos a ver si eres buena en esto también! —bromeó Jack desde su montura, guiñándome un ojo mientras observaba cómo tiraba la pelota a canasta.

Puse los ojos en blanco, aunque no pude evitar sonreír.

Nos colocamos todos en fila, mirando al entrenador, que nos explicó las reglas básicas: había que marcar en la canasta contraria, antes de tirar debíamos hacer tres pases a tres jugadores diferentes y, lo más importante, era obligatorio recoger la pelota del suelo sin desmontar.

Iba a ser una pelea para ver quién estaba más ágil.

—Para eso, vamos a practicar recogerla antes de empezar el partido. Olivia, inténtalo tú primero.

Asentí y, cuando el entrenador lanzó la pelota al suelo, apreté con las piernas a Serendipity y nos acercamos al trote.

Me incliné con suavidad, asegurándome de que mi pie exterior quedara bien dentro del estribo, y me solté directamente con los dos brazos, buscando la pelota con la mirada.

Serendipity iba recto y sin dudar. Alargué un poco más el brazo y, en un solo movimiento, recogí la pelota sin perder el equilibrio.

—¡Eso es! Podrías haberlo probado primero al paso, pero estupendo. ¡Ya lo tienes! —exclamó el entrenador, sorprendido—. ¿Seguro que no has hecho esto antes?

—Ni una vez —respondí, riendo.

—Tú lo has hecho muy fácil, Libby, podrías haberme dicho que en realidad era difícil —bromeó Emily, mientras lo intentaba una y otra vez sin éxito, hasta que finalmente lo consiguió desde la parada.

Cuando llegó el turno del otro equipo, Jack intentó recoger la pelota con su característico aire de «a mí se me da bien todo», pero tardó un par de intentos en hacerlo con la misma fluidez con la que lo había hecho yo. Me resultó sorprendente.

—Vaya, Rompenormas, parece que eres mejor que yo en esto —dijo, acercándose a mi lado—. Pero no te emociones demasiado, aún falta que juguemos el partido.

El partido empezó con energía. Todos estábamos concentrados en el juego, pasando la pelota, riendo y disfrutando.

Hacía tiempo que no nos reíamos tanto mientras montábamos.

Era algo muy diferente a la seriedad de la doma, donde las clases transcurrían en absoluto silencio y lo único que se escuchaban eran los cascos de los caballos sobre la pista y las indicaciones que recibías a través del auricular Ceecoach de tu entrenador.

Cuando llevábamos unos diez minutos, en una jugada rápida, Charlotte robó la pelota con un movimiento brusco y, al hacerlo, se quejó:

—¡Auch! —protestó, sacudiendo los dedos.

Jack la miró con el ceño fruncido, desviando por un segundo su atención del juego.

—¿Estás bien? —le preguntó.

—No. No ha soltado la pelota cuando he ido a robársela. ¿Me lo puedes mirar bien? No quiero tener nada roto —respondió ella, acercando su mano a Jack.

—Se trata de no soltar la pelota, Charlotte, para que no la puedas robar. De eso va el juego. Todo parece estar en orden con tu mano —añadió Jack después de palparla.

Jack asintió para que el partido pudiera continuar.

Cada vez que el árbitro lanzaba la pelota y debíamos ir a por ella, Serendipity reaccionaba de manera explosiva.

Con cada intento, tenía más confianza en recoger la pelota del suelo, y ya lo estaba probando al galope.

Realmente, las patas del caballo quedaban muy cerca en cada zancada cuando me tumbaba, pero después de dos recogidas ya parecía como si lo hubiera hecho toda mi vida. Estaba emocionada.

—¡Vamos, Olivia! —gritó Emily.

Giré en un movimiento rápido y le pasé la pelota a Brooke, que se la pasó a Emily mientras Alexander bloqueaba a Jack. El partido se convirtió en un pique intenso entre nosotros, con jugadas frenéticas y giros cerrados.

Jack intentaba robarme la pelota en cada oportunidad que tenía, parecía mi defensa personal, pero me las arreglaba para esquivarlo. En una de las jugadas, en la que tenía toda la pista para galopar y lanzar a canasta, en vez de intentar robarme la pelota, aprovechó para decirme:

—Si sigues así, voy a pensar que has entrenado en secreto para impresionarme.

—¿Y por qué querría impresionarte a ti? —contesté con una sonrisa desafiante, mirándolo por un segundo, antes de volver a centrarme en la canasta y lanzar. La pelota entró sin tocar el aro. Mi cuarto gol.

El entrenador nos observaba con los brazos cruzados, claramente impresionado. En un momento de descanso, se acercó y acarició a Serendipity.

—Olivia, lo tuyo con este deporte es innato. Te falta un poco de fuerza para poder tirar desde más lejos, pero deberías considerar practicarlo en serio.

—¿De verdad? —pregunté, sorprendida.

—Más que en serio. Nunca había visto a alguien aprender tan rápido —contestó el entrenador.

—Tiene práctica en esto de aprender disciplinas en días. Le pasó lo mismo con el salto, tiene facilidad para todo —soltó Jack.

Noté cómo me subían los colores un poco.

Después de la pequeña pausa, solo nos quedaban unos minutos de partido.

Aunque nuestro equipo iba ganando por tres goles, yo aún quería más.

La adrenalina corría por mi cuerpo. Logré interceptar un pase de Charlotte, hice los tres pases obligatorios hasta que me devolvieron la pelota y corrí a toda velocidad hacia la canasta.

Jack intentó bloquearme, pero Serendipity giró hacia el lado contrario con una velocidad increíble, dejándolo atrás. Lancé la pelota y… ¡canasta!

—¡Sí! —gritó Emily, levantando los brazos.

El entrenador tocó el silbato, señalando el final del partido. Emily, Brooke y Alexander se reunieron a mi alrededor, felicitándome entre risas y abrazos por haber ganado.

Jack se acercó con una expresión entre frustrada y divertida.

—De acuerdo, Olivia, admito la derrota, pero solo porque he estado distraído.

—¿Ah, sí? —dije, arqueando una ceja.

—Sí. Es difícil concentrarse estando tú en la pista —soltó con un tono descarado.

Lo miré, sin saber si pegarle o reírme, pero al final opté por poner los ojos en blanco por segunda vez en el día y sonreír.

—Jack —le respondí mientras se giraba para irse—, con un poco de práctica seguro que me atrapas —dije antes de alejarme con mi equipo.