Mi lugar favorito (Academia Rider 2) CAPÍTULO 7
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CAPÍTULO 7

Era finales de enero y las clases y el trimestre transcurrían con tranquilidad.

No me podía creer que ya llevara casi un mes sin ningún tipo de problema y que me sintiera más adaptada a la academia que nunca.

Cada vez me sentía más a gusto, con Harper y Grace nos veíamos más, y Brooke y Emily eran las mejores amigas que podía pedir.

Tal y como nos habían comentado al inicio del trimestre, hoy era el día en que probaríamos una nueva disciplina.

Estábamos todos emocionados. Un par de autobuses nos esperaban en la entrada de la academia, para que tanto alumnos de primero como de segundo subiéramos y pusiéramos rumbo a la Academia Internacional de Horseball, un centro que estaba a no más de dos horas de allí.

—¡Atención, alumnos! —gritó Mr. Arthur para llamar nuestra atención.

El autobús iba lleno hasta arriba y todos estábamos comentando lo que iba a pasar. Era nuestra primera salida oficial de la academia y teníamos muchas ganas de romper un poco con la rutina del día a día.

—Muy bien —prosiguió—, hoy vamos a ir a unas cuadras profesionales de horseball , pero antes vamos a repasar qué es el horseball y cómo nos organizaremos una vez lleguemos allí.

—¡Qué emoción! —dijo Brooke, sentada a mi lado, mientras prestaba aún más atención a Mr. Arthur.

—Recordemos —continuó—, el horseball es una disciplina que podría ser una mezcla entre baloncesto y rugby, pero montados a caballo.

Se juega entre dos equipos de cuatro jinetes o amazonas, y el objetivo es encestar una pelota que tiene asas.

Estas sirven para facilitar el agarre de la pelota cuando está en el suelo, en un aro a tres metros y medio de altura.

Antes de tirar, se deben realizar al menos tres pases entre diferentes jugadores.

La duración de un partido es de dos tiempos de diez minutos cada uno, con un descanso intermedio de tres minutos.

—¿Jugaremos todos? —preguntó Grace, levantando la mano, emocionada también.

—Sí, una vez allí, tendremos varios caballos preparados. Haremos equipos de cuatro, mezclando todas las casas, y cada equipo jugará durante cinco minutos para probar la disciplina.

—¿Aprenderemos a recoger la pelota del suelo? —preguntó Daniel, un jinete de la casa de salto que se sentaba en las últimas filas.

—Eso es. Recordad que, para recoger la pelota del suelo, debéis aprender a colocar el recogedor, una tira que va de un estribo a otro para evitar que volquemos al agacharnos a coger la pelota, ya sea al paso o al galope.

—¡Uaa! ¡Ojalá consigamos hacerlo! Tiene que ser una sensación brutal —comentó Brooke.

—Igualmente, en este centro veréis que también hay unos simuladores especiales que os ayudarán. Mientras unos estén probando, otros estarán en los simuladores, y algunos recibirán explicaciones de los jinetes del centro sobre las jugadas que se pueden realizar.

El resto del trayecto transcurrió tranquilamente.

Brooke no paró de hablar en todo el viaje, pero no me molestaba escucharla ni ayudarla con los problemas que estaba teniendo con su novio, Will.

En el primer trimestre apenas nos había hablado de él.

Solo la habíamos visto hacer algunas videollamadas y, cada vez que le preguntábamos, todo parecía estar bien.

Decía que estaban muy enamorados, y cuando cogía el móvil tenía algún mensaje de él diciéndole lo bonita que era o lo bien que le sentaba el conjunto que llevaba en la foto que le acababa de mandar.

Pero esto de las relaciones a distancia, sumado a una academia que no te dejaba tiempo para respirar, hacía que todo se complicara.

Además, Will no era del mundo del caballo, lo que añadía aún una dificultad más, ya que para la mayoría de la gente es difícil entender que los caballos son nuestra prioridad por encima de todo.

Al cabo de un rato, el autobús se detuvo en un gran aparcamiento. Bajamos todos y nos quedamos esperando hasta que, a lo lejos, apareció un chico de no más de veinticinco años, vestido con ropa de montar, que saludó a nuestro profesor de manera efusiva.

—¡Alumnos! —exclamó Mr. Arthur—, prestad atención un momento. Os quiero presentar a Ethan, uno de los jugadores que se está formando aquí y quien nos acompañará en el día de hoy.

—Bienvenidos, alumnos de la Academia Rider —empezó Ethan—.

Detrás de mí queda la Academia Internacional de Horseball.

Al igual que en vuestra academia se forma al más alto nivel a jinetes de doma, salto y completo, este es un centro de alto rendimiento, diseñado para preparar a los futuros campeones en horseball .

La academia cuenta con instalaciones de última generación que la convierten en un referente mundial.

Vais a poder ver sus amplias pistas cubiertas, equipadas con suelo amortiguado, gradas para los espectadores y tecnología de análisis en tiempo real, lo que permitirá a los jugadores estudiar cada pase, tiro y movimiento de sus caballos —finalizó.

—Guau, no sabía que existían otras academias. Pensaba que solo estaba la nuestra —les comenté a Brooke y a Emily.

—Si me seguís —prosiguió Ethan—, entraremos en el edificio principal y os contaré un poco más sobre lo que hacemos aquí.

Seguimos a Ethan por un camino de piedrecitas blancas, delimitado perfectamente por una hierba verde cortada de manera milimétrica.

Por suerte, hacía unos días que no nevaba y la temperatura empezaba a ser más agradable.

Entramos en un gran edificio y lo primero que vimos fue una enorme cristalera que daba a una pista cubierta.

En el techo colgaban las banderas de todas las nacionalidades europeas, y la pista tenía una de las mejores iluminaciones que había visto hasta el momento (como si hubiera visto muchas pistas cubiertas, también pensé).

En la entrada había varios carteles con direcciones que indicaban: pista rosa, pista azul, pista roja y pista naranja.

Entendí que la originalidad no había sido su fuerte y que simplemente habían nombrado las pistas por colores.

También había carteles con indicaciones hacia la residencia, las salas de formación y los simuladores.

Nos detuvimos en la entrada y Ethan continuó:

—La academia no solo entrena a sus propios estudiantes, sino que organiza regularmente stages internacionales con países europeos, como España o Francia, que son grandes potencias del horseball .

Estos encuentros fomentan la competencia y el intercambio de estrategias entre jugadores de élite, lo que permite consolidar la reputación de la academia como cuna de los mejores talentos del mundo —dijo Ethan con orgullo.

Se acercó a los carteles con indicaciones mientras añadía:

—Además, uno de sus elementos más innovadores son los simuladores de caballos.

Tenemos la suerte de contar con dispositivos mecánicos que simulan el galope y trote para que los estudiantes practiquen recoger la pelota del suelo o perfeccionar la técnica de encestar desde diferentes ángulos y velocidades.

Estos simuladores permiten corregir errores sin la presión de estar en un partido real y sin que el caballo se canse.

—¡Esto lo quiero probar yo! —dijo Emily, que había estado todo el camino muy callada, observando.

—Entiendo que ya os han explicado un poco cómo va a funcionar el día y lo que vamos a hacer —añadió Ethan—, así que formad equipos de cuatro personas y decidid contra qué equipo queréis jugar.

Se generó un revuelo entre todos los alumnos mientras decidían a sus compañeros de equipo.

Obviamente, Brooke, Emily y yo íbamos a estar juntas.

Cuando estábamos pensando en quién podríamos añadir, vi a Jack a lo lejos, acercándose con una sonrisa.

Justo cuando estaba a menos de dos metros y parecía a punto de hablar, Charlotte apareció de la nada, lo cogió del brazo y sentenció:

—Jack, tú te vienes a nuestro equipo, ¡y no admito discusión! —dijo, señalando a otros dos compañeros del equipo de salto mientras lo arrastraba con ella.

—Mmmm… —fue el único sonido que salió de la boca de Jack mientras me miraba, antes de que Charlotte lo soltara del brazo unos metros más lejos de nosotras.

—Charlotte siempre llamando la atención. Pues nada, tendremos que buscar a otra persona.

Entre la multitud, vi a Grace y Harper. Parecían haber formado equipo, pero miraban a su alrededor como si quisieran encontrar a alguien. Cuando nos vieron, se dirigieron directamente hacia nosotras.

—¡Chicas! Nosotras ya estamos completas, pero a Alexander le falta un equipo. ¿Os importa que se junte con vosotras? —preguntó Grace.

—¡Claro que no! Encantada, Alexander. ¿Eres de la casa de completo? —dijo Brooke.

—¡Sí! Grazie por aceptarme, mis niñas. ¡Vamos a darle caña al horseball ! —soltó Alexander, emocionado.

No lo había visto mucho por la academia, pero ahora que nos había saludado, desprendía una vibra brutal.

Gesticulaba de manera amplia y exagerada.

Había algo en la forma en que se movía que le daba un toque de descaro encantador.

Llevaba con mucho estilo la equipación de la academia, aunque le añadía su toque personal con un casco lleno de brillibrilli y unas botas de charol verde militar, a juego con la casa de completo.

—¿Queréis jugar contra nosotros? —le pregunté a Harper.

Antes de que pudiera responder, una voz detrás de mí interrumpió:

—Lo siento, Harper, este equipo ya tiene contra quién jugar.

La reconocí al instante. Jack.

—Jack…, dudo que tu perrito faldero te deje jugar contra nosotras. Por lo visto, te quiere bien lejos —contesté mientras me giraba hacia él.

—¡Bua!, ¿Charlotte? Ya le he dicho que yo decido contra quién jugar. Además, creo que será más divertido estar en equipos opuestos en vez de en el mismo, ¿no, Rompenormas? —añadió con una mirada pícara antes de volver con su equipo.

—¿Rompenormas? ¿Eing? ¿A qué ha venido eso? ¿Por qué te llama así? —preguntó Brooke, alucinada.

—Una historia demasiado larga para contar ahora mismo, pero básicamente me gané ese mote el primer día que pisé la academia —expliqué con una media sonrisa.

—No sé vosotras, chicas, pero he visto algo entre estos dos, y eso que no os conozco de nada…, en eso tengo muy buen ojo —intervino Alexander, que había presenciado la escena.

—Vamos a jugar, anda —zanjé la conversación.