CAPÍTULO 6
Era la segunda semana de enero y, aunque mi cuerpo ya estaba acostumbrado al frío, seguía siendo todo un desafío salir de la residencia por las mañanas.
En el mundo del caballo nada se detenía, ni por frío, lluvia ni nieve, así que me envolví en mi abrigo más gordito, me puse una bufanda alrededor del cuello, unos guantes y salí sin pensarlo mucho.
Era martes y el primer día de clases oficial.
Lo tenía todo preparado: una libreta de cada color para cada asignatura, bolígrafos y lápices recién afilados, un estuche organizado con regla y goma de borrar, la mochila lista con mi botella de agua y un pequeño tentempié.
Nos dirigimos al castillo principal con Brooke y Emily después de hacer nuestros duties matutinos con los caballos.
En la puerta nos encontramos con Harper y Grace, ellas eran de la casa de completo, también de primer año, como nosotras.
Las cinco entramos puntuales a nuestra clase.
Anatomía II no tenía misterio: seguíamos con el temario que habíamos dejado a medias el trimestre pasado.
La clase de Biomecánica Ecuestre fue tal cual la había descrito Emily.
A tercera hora teníamos Disciplinas, y aunque ya la habíamos cursado el trimestre anterior estudiando los reglamentos de las tres disciplinas olímpicas, este trimestre iba a ser diferente, tal y como nos había adelantado el director.
—Bienvenidos al segundo trimestre —empezó Mr. Arthur, el profesor—.
El trimestre pasado repasamos los reglamentos de doma clásica, salto de obstáculos y completo, las tres disciplinas que os tocarán practicar con el intercambio de caballos aquí en la academia.
Este trimestre será diferente: vamos a descubrir y probar tres disciplinas nuevas.
En la clase se formó el mismo revuelo que se había formado en el anfiteatro.
—En primer lugar, dentro de dos semanas, iremos a la Academia Internacional de Horseball para probar el horseball , por lo que esta semana y la siguiente estudiaremos su reglamento —continuó.
—A inicios de marzo, probaremos la disciplina del enganche en Twin Oaks Driving Academy y, por último, a mediados de abril, iremos a Windspire Vaulting School para practicar volteo.
—Definitivamente, se acaba de convertir en mi asignatura favorita —dijo Brooke emocionada.
—Si me cuesta el salto, probar todo esto va a ser un reto —comenté con cierto agobio.
—¡Qué va, Olivia! Si tienes una base de doma, el resto de disciplinas son mucho más fáciles —respondió Brooke.
—¿Habéis probado otras disciplinas vosotras? —pregunté con curiosidad.
—Yo, de pequeña, había hecho de todo —dijo Grace—. Antes de dedicarme al completo, probé pony games , polo, un poco de horseball y volteo.
—¡Madre mía, Grace, has hecho de todo tú! —exclamó Emily, sorprendida.
—Mis padres pensaban que no podía decidirme por una disciplina sin haber probado un poco de todo —continuó Grace—, así que me animaron a experimentar.
Las primeras clases siempre se hacían pesadas, era introducción al temario, métodos de evaluación, etc.
; sin embargo, yo me di cuenta de que las prácticas volvían a ser mi asignatura favorita.
Este trimestre íbamos a entrar más en quirófano para conocer el hospital y, además, tendríamos días dedicados a realizar curas a los caballos ingresados, así como a organizar y dar los medicamentos, siempre bajo la supervisión de un veterinario.
Aunque mi única motivación del día de hoy, era la salida al campo con Jack de esa tarde, y los últimos minutos del día se me estaban haciendo eternos.
Cuando por fin fueron las cuatro y media, preparé a Liberty a toda prisa y me dirigí a la puerta del campo de cross , donde Jack me había dicho que nos encontraríamos.
Llegué diez minutos antes y aproveché para enseñarle a Liberty los diferentes saltos del cross al paso, para que los asimilara con calma.
—¡Ey, Olivia! ¿Cómo ha ido el primer día de clase? —dijo Jack mientras se acercaba con Phoenix.
Iban muy elegantes. Jack llevaba la sudadera azul oscuro de la casa de salto, y Phoenix un sudadero Cavalleria Toscana del mismo tono, a juego. La montura y la brida eran de color marrón avellana, algo muy típico entre los saltarines, mientras que los domeros solíamos preferirlo todo en negro.
—Jack…, sobreviviendo, ja, ja. Las asignaturas no están mal, tengo ganas de probar las diferentes disciplinas.
—Va a ser divertido vernos a todos montando otros caballos que funcionan completamente diferente a los nuestros —contestó, emocionado.
—Jack, antes de irnos… Ayer me crucé con Charlotte y me dijo que le habías dado tu permiso para llevarse a Phoenix… —dije con el tono de voz más sereno que pude.
—¿Y de verdad la crees, Olivia? Habíamos quedado en cargarlos después del examen. Tengo los mensajes que nos cruzamos, si los quieres ver —contestó muy seguro de sí mismo.
—No te preocupes, te creo a ti, solo necesitaba preguntártelo —respondí, viendo en su cara total sinceridad.
—Vale, no te preocupes. ¿Y ahora? ¿Estás preparada para hacer una sesión de campo como los jinetes de salto?
—Mmm… ¿cómo son esas sesiones? Nosotros nos dedicamos a hacer espaldas adentro, cesiones y apoyos en los caminos, y galopamos en suspensión solo en la última recta.
—¿Y eso te parece divertido? Los domeros sois realmente aburridos —contestó Jack, riéndose—. Vamos a ver qué tan entrenados estáis tú y Liberty para seguir saltando, porque… entiendo que vas a seguir saltando, ¿no?
—Mmm… pues lo he puesto en el planning , pero no lo he comentado con ningún profesor.
—Tienes que hacerlo sí o sí, no admito discusión, Olivia —dijo, cerrando la conversación, mirando hacia adelante y añadiendo—: ¿Preparada? —A lo que simplemente asentí.
Habíamos estado andando unos minutos y Jack había cogido un par de caminos que se salían de la ruta que teníamos marcada los domeros para hacer en el campo, porque si, en esta academia estaba todo controlado: los kilómetros de campo que hacíamos, la velocidad que debíamos llevar en cada tramo y los ejercicios que se debían realizar en cada camino según el terreno.
Vaya, otra norma más rota, pensé. Pero no quería que esto me quitara este momento.
Unos metros más adelante se abría un largo camino que subía de manera constante, pero con no mucha inclinación.
El camino estaba rodeado de campos verdes en los que a estas horas no quedaba mucho más que una fina capa de nieve.
A la derecha, había un lago azulado que reflejaba el cielo de tonos rosados, mientras que al fondo se podían ver unas montañas enormes, bien puntiagudas, que dominaban el paisaje.
Todo estaba precioso, y los últimos rayos de sol rebotaban contra la nieve, haciéndola aún más blanca y brillante. Mientras observaba el paisaje, escuché:
—A ver si me sigues el ritmo, Rompenormas —dijo Jack mientras empezaba a galopar con Phoenix.
Empujé a Liberty con las piernas y empezamos a galopar, me coloqué justo detrás de Phoenix, un poco en suspensión.
¿En qué momento no me acorté un poco los estribos?
, pensé. Phoenix llevaba un buen ritmo. Jack lo estaba controlando para que pudiéramos seguirlo, así que decidí apretar un poco y colocarnos a su lado para ver su cara.
—¿Esto es todo lo que sabéis hacer? —le pregunté mientras nos quedábamos a la misma altura. El camino era eterno, aún no podía ver el final.
—Ahora verás —contestó mientras soltaba un poco las riendas de Phoenix y le marcaba con la voz que corriera.
Phoenix empezó a galopar. Más que galopar, parecía que volara. Así que le di rienda suelta a Liberty para poder seguir su ritmo. Lo conseguimos, y la cara de Jack era de sorpresa y satisfacción.
—¡Yuhuuu! —solté, sintiendo el aire congelado en mi cara.
Nunca había galopado así con Liberty.
—Olivia, ya pareces toda una saltarina con estas velocidades.
Galopamos unos metros más hasta que, poco a poco, fuimos aflojando la velocidad y caímos al paso, respirando fuerte los cuatro, con la adrenalina corriendo por nuestro cuerpo. Me había sentido tan libre, tan bien, tan feliz… en estos minutos.
—¿Sabes qué solía preguntarle a mi madre cuando era muy pequeño?
—Sorpréndeme, Jack —pregunté con curiosidad.
—Que por qué montaba —contestó, y luego añadió—: ¿Y sabes qué me respondía siempre?
—Ni idea.
—Para sentirse viva —añadió, mirando hacia arriba—.
Es en estos momentos cuando lo entiendo.
No se trata de competir, de ser el mejor, de tener los mejores caballos, de triunfar, de estar en la mejor academia…
Se trata de sentir lo que estás haciendo y ser feliz con ello.
Y eso es lo que intento conseguir. Por la exigencia y la competitividad en la academia, a veces se me olvida ese objetivo, pero momentos como este me lo recuerdan.
Yo solo podía observarlo mientras daba su speech , Jack estaba tan guapo como siempre, quizá un poco menos prepotente que cuando lo había conocido. Como si me dejara ver más de él. Y eso me encantaba.
Volvimos tranquilamente y nos despedimos en la puerta de la pista de cross para ir cada uno a despreparar los caballos en su correspondiente zona.
Seguía con la adrenalina por dentro, hacía tiempo que no disfrutaba tanto, y quería que esta sensación se repitiera una y otra vez… , y si era con Jack, mejor que mejor.
—Me han dicho que os han visto con Jack corriendo por el campo. ¿Algo que contarnos, Olivia? —dijo Brooke mientras se sentaba al lado de mi cama.
No sabía quiénes nos habían visto, pero no tenía sentido mentir a mis amigas.
—Sí, hemos ido a correr por el campo. Tengo que decir que el recorrido del campo de los saltarines mola mucho más que el nuestro.
—¿Mola mucho más? A ti lo que te mola es otra cosa, no nos engañes, Olivia —dijo Brooke, riéndose.
Nos tiramos en la cama riendo, pero en mi cabeza no dejaba de ver esa imagen: Jack y yo juntos corriendo por el campo y él mirándome. Sabía que algo estaba empezando a surgir en mí y que no iba a quedarse en una simple carrera al aire libre…