CAPÍTULO 5
No había tenido casi tiempo de terminar de ordenar todas mis cosas cuando la energía frenética de un lunes en la academia ya me envolvía.
El movimiento en la residencia a primera hora de la mañana era un caos, solo se escuchaban jinetes correteando arriba y abajo por las escaleras y risas nerviosas; era un ir y venir constante.
Por mi parte, me había preparado un bol de leche con mi marca de cereales preferida (gracias a que Emily y Brooke se la habían aprendido y habían comprado paquetes para casi todo el trimestre), mientras esperaba a que las dos despertaran de lo que parecía un coma.
No entendía cómo podían dormir tanto y tan profundamente a unas horas del inicio del nuevo trimestre.
A las ocho, después de dar el desayuno a los caballos, nos habían citado en el anfiteatro para repartirnos los nuevos horarios y explicar cuándo empezarían los intercambios de caballos. Porque sí…, un trimestre más tocaba intercambio con las otras casas.
Brooke, como siempre, estaba emocionada por empezar.
Las vacaciones en casa le habían ido bien, pero se encontraba en un momento de su vida en el que se había acostumbrado a vivir en la residencia, lejos de sus padres y sus normas, donde podía organizarse como ella quería y hacer un poco lo que quería.
Tantos días en casa con su hermano y sus padres había creado un poco de tensión familiar.
A Emily, la pobre, su familia le había pedido ayuda con los potros nuevos y había tenido que montar cinco o seis caballos al día, incluido el día de Navidad.
Lo de su familia era obsesión, pensé. Normal que no estuviera motivada si lo único que veía eran caballos, caballos y más caballos, debía soñar hasta con ellos y me podía imaginar sus cenas en casa, hablando única y exclusivamente de caballos.
Nos sentamos las tres juntas mientras nos repartían el dosier con toda la información. Charles, el director de la academia, empezó su discurso:
—Bienvenidos al segundo trimestre, alumnos.
Ahora que ya han visto cómo funciona la academia en el primer trimestre, este va a ser mucho más intenso —dijo mientras de fondo se escuchaban algunos murmullos—.
En el dosier que les han repartido tienen el horario de este trimestre y no hace falta recordarles que la asistencia a clase es obligatoria.
Abrí el dosier junto con Brooke y Emily, y empezamos a comentar por encima lo que veíamos.
Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
Sábado
Domingo
7:00-8:30
Desayunos caballos, limpieza cuadra + desayuno jinete
Día libre
8:30-9:00
Prepararse para clase e ir a clase
9:00-9:45
Anatomía II
Cuidados del Caballo II
Anatomía II
Limpieza instalaciones
10:00-10:45
Biomecánica ecuestre
Historia de la Equitación
Trabajo escogido para nuestro caballo
11:00-11:45
Disciplinas II
12:00-12:45
Bienestar Animal II
Redes Sociales, Actualidad II
Bienestar Animal II
Redes Sociales, Actualidad II
13:00-15:00
Comidas caballos + comer jinetes
15:00-17:00
Clases prácticas (saddle fitter, bit fitter, hospital, horsemanship...)
Tarde libre
17:30-18:30
Trabajo con tu caballo
19:00–19:30
Cena caballos + repasar cuadras
19:30-21:00
Estudio / actividades de mantenimiento/gym
21:00
Cena jinetes
22:30
A dormir
—Veo que tenemos la segunda parte de muchas asignaturas que ya teníamos el trimestre pasado, pero la de Historia de la Equitación seguro que me va a gustar —comentó Brooke.
—Yo creo que Biomecánica Ecuestre se va a convertir en mi favorita —dijo Emily, dejándonos a Brooke y a mí sorprendidas.
—¡¿Emily va a tener una asignatura favorita?! —exclamó Brooke con dramatismo—. ¿Te estará empezando a gustar esto?
—Perdonad, chicas… ¿qué es eso de Biomecánica Ecuestre? —pregunté, sintiéndome un poco perdida entre tanta información.
Emily sonrió con paciencia antes de explicarme:
—La Biomecánica Ecuestre se centra en el estudio del movimiento del caballo y del jinete, busca mejorar la conexión y la armonía para optimizar el rendimiento y prevenir lesiones.
Seguramente analizaremos cosas como la distribución del peso, la alineación de las articulaciones del caballo y cómo nuestra manera de montar (cómo usamos las riendas, las piernas y nuestra postura en general) puede influir en su rendimiento.
Así, a grandes rasgos, sería eso —concluyó, mirándome mientras yo cerraba la boca, impresionada.
El resto de asignaturas estaban bien. Seguíamos con las clases de horsemanship en las sesiones prácticas, pero este trimestre también incluían bit fitting, saddle fitting y más horas en el hospital.
En un momento, la sala se había convertido en una olla de grillos mientras todos comentaban las novedades. Mr. Charles pidió silencio para continuar.
—La semana que viene —prosiguió el director—, saldrán los nombres de las personas con las que realizaréis los intercambios de caballo.
Recordad que os puede tocar repetir la disciplina del trimestre pasado.
Adicionalmente, los alumnos de primero y segundo, en la asignatura de Disciplinas, asistirán a diferentes centros para conocer y probar disciplinas menos conocidas, como raid , carreras de caballos, volteo, TREC, entre otras. Espero que lo aprovechéis al máximo.
Un murmullo de emoción recorrió la sala, pero Mr. Charles continuó tranquilamente:
—Por último, recordad enviar hoy el planning con el trabajo que vais a hacer con vuestros caballos esta semana. Tened en cuenta que vienen de un parón navideño y necesitan volver al trabajo de forma progresiva.
En ese preciso instante, noté la vibración de mi móvil.
@Jack.Hawthrone: ¿Has organizado el planning de la semana? Apunta: campo el martes después de clase, Rompenormas.
@Olivia.Thorn: Sin exigencias, eh, ¿dónde quedamos? No te veo por aquí.
@Jack.Hawthrone: Yo a ti sí. Fila 15, 3. a butaca. A las 17:30 en la salida del cross . Sé puntual, que después tengo una reunión como representante de los alumnos con el director Charles.
La reunión se alargó unos veinte minutos más mientras repasaban las normas y nos enseñaban cómo pedir, a través de la aplicación de la academia, la ropa extra que necesitábamos para el trimestre.
Cuando terminamos, nos dirigimos a los paddocks para ver a nuestros caballos y empezar a trabajar con ellos, ya que las clases y la rutina normal no empezaban hasta el día siguiente.
Con el mensaje de Jack, el planning de Liberty había cambiado un poco, pero este trimestre, después de todo lo ocurrido en el anterior, había incluido nuevas formas de trabajo que a Liberty le iban a encantar:
● Lunes: cuerda
● Martes: campo con Jack
● Miércoles: clase
● Jueves: clase
● Viernes: cuerda
● Sábado: salto/ cavalettis
● Domingo: descanso
Estaba emocionada por incluir un poco de salto los sábados en nuestra rutina y seguir aprendiendo juntos.
Aunque aún no lo había comentado con ningún profesor y tampoco sabía si alguien me iba a ayudar o tendría que ser un poco autodidacta.
Siempre podía pedirle ayuda a Jack, pero, de momento, esa opción era la última en mi lista.
Hacía tantos días que no estaba con Liberty que necesitaba unos momentos de tranquilidad con él. Brooke, Emily y yo habíamos decidido darles un poco de cuerda esa tarde a nuestros caballos, así podríamos observar cómo estaban física y emocionalmente después de las vacaciones.
Fui directamente a buscar a Liberty y, cuando llegué a su lado, esperé unos segundos con la cabezada abierta, dejando que él decidiera cuándo ponérsela.
Para mi sorpresa, no estaba muy receptivo; sin moverse del sitio, giraba el cuello en mi dirección, pero sin acercarse.
Segundo día en la academia y Liberty ya está enfadado conmigo, pensé.
Después de tantos días sin verlo ni darle su ración diaria de mimos, era normal que estuviera un poco distante.
Esperé con paciencia hasta que, finalmente, metió el morrito en la cabezada y me dejó cogerlo.
Lo llevé al preparador, el suelo estaba húmedo por la lluvia y la nieve se acumulaba en algunas esquinas, pero quitando eso y algunos cepillos sucios y viejos que se habían quedado fuera, seguía impecable.
El guadarnés tenía una fina capa de polvo; no obstante, estaba tan ordenado como lo había dejado.
Me hacía feliz saber que ese era el hogar de Liberty.
Lo cepillé a fondo mientras lo sobornaba con las últimas chuches de caballo que me quedaban en el guadarnés y unos cuantos azucarillos, esperando que su humor mejorara.
Se le notaba enfadado a la legua. Menos mal que habíamos decidido dar cuerda hoy, así podíamos jugar un rato pie a tierra en lugar de meterlo de lleno en la rutina de trabajo.
Aunque parecía que otros jinetes habían decidido lo contrario.
Subiendo por el camino de los paddocks , con un retrote casi de passage , vi a Charlotte con First Romance.
Pasó por delante del paddock mirándome. Miss Perfecta, pensé.
Llevaba un impecable conjunto de Equestrian Stockholm en granate, a juego con una camiseta de la academia que le resaltaba la figura, y una manta con el logo de la casa de doma, bordado en dorado sobre la grupa de su caballo.
First Romance, el pobre, parecía estresado y tenso; resoplaba fuerte y, sin ni siquiera haber trabajado, ya tenía el cuello sudado.
Pero ella solo lo aguantaba mientras lo guiaba hacia la pista.
No habría estado de más pensar que un poco de cuerda, para que se estirase después del parón de Navidades, podría haber evitado todo ese estrés en él.
—¡Charlotte! —chillé desde el preparador mientras me acercaba al camino.
—Olivia…, no tengo tiempo para ti —dijo con desdén.
—Llevarte a Phoenix antes del examen no estuvo bien —le solté, sintiendo cómo la rabia volvía a quemarme por dentro al recordar el agobio que pasé antes del examen.
—A mí nadie me dijo que tenías un examen —respondió—. Jack me dio permiso para llevármelo.
—Lo sabías perfectamente —repliqué enfadada—. Llevaba meses entrenando y preparándome.
—No tengo tiempo para discutir contigo, Olivia. Ya nos veremos —dijo, mientras First Romance piafaba en el sitio sin parar.
Me hervía la sangre. No solo por ver lo estresado que tenía a su caballo, sino por lo que había dicho de que Jack le había dado permiso para cargar a Phoenix y llevárselo. Pero esa era una conversación que pensaba aclarar en el paseo que teníamos pendiente mañana.
Trabajé a Liberty y jugamos a los siete juegos de Parelli.
Cuando terminamos, lo solté en una pequeña pista redonda con arena de playa por si quería revolcarse o estirar las patas.
Para mi sorpresa, no se separó de mí en ningún momento, pidiendo mimos y atención.
Así que terminamos el día con una sesión de relajación para ambos: rascándole la crin y paseando y trotando en el redondo sueltos, uno al lado del otro.
Ya me había perdonado del todo y volvía a ser él, o al menos ya no había ni rastro de enfado en su semblante.