CAPÍTULO 3
Quedaban pocos días para volver a la academia y aún no había ido a Blackwood a ver a Emma, así que esa mañana me levanté, me puse los únicos breeches que había traído de la academia y me subí a mi bici para reencontrarme con mi lugar favorito.
La verdad, no concebía ir a la hípica con otra cosa que no fueran breeches .
Nunca se sabía cuándo te tocaría montar algún caballo.
El invierno parecía querer quedarse para siempre y las calles cada día estaban más nevadas.
Esquivaba los montículos de nieve acumulada mientras pedaleaba con rapidez.
Tenía unos quince minutos de camino si iba a buen ritmo, y con el frío que hacía, intentar ir lo más rápido posible para entrar en calor no me parecía un problema.
Llegué sobre las diez de la mañana. Se respiraba tranquilidad; los paddocks estaban completamente blancos y el sol que se reflejaba en ellos los hacían brillar.
No había caballos fuera, básicamente porque la nieve les llegaría hasta las rodillas y tener todo el día las patas mojadas sería un criadero de arestines más que un beneficio para ellos; visto así, la hípica parecía completamente desierta.
Al entrar en la nave, sentí mariposas en el estómago, como si fuera la primera vez que viera las filas de cuadras en forma de U de Blackwood.
En la esquina, donde quedaba la oficina, se veía la luz tenue de una estufa y la silueta de alguien dentro.
Sonreí y eché a correr, empujando la puerta con energía.
—¡Hola! ¡He vuelto! —chillé emocionada.
Emma levantó la mirada del escritorio y me sonrió emocionada.
—¡Olivia! Por fin. Qué alegría verte. Entra rápido, hace un frío que pela.
Me quité el gorro y los guantes mientras entraba.
—¡Ay, Emma!, ¡cómo echaba de menos estas cuadras! Y este olor… Es como volver a estar en casa.
—Esta siempre será tu casa —respondió con los ojos iluminados—. ¡Cuéntame! ¿Cómo va todo por allí? Mrs. Sabina me ha mandado algún correo para informarme de tus avances, ya me contó la que liaste con el examen de doma y de salto. Eso solo se os podía ocurrir a ti y a Liberty. ¿Has hecho amigos?
—¡Sí! Emily y Brooke son las mejores amigas que podría tener.
Y bueno, después está Jack…, que ha sido como una montaña rusa.
Y Charlotte, que es…, bueno, en fin. —Recordé el momento en el que cargó a Phoenix en el camión con una sonrisa, porque al final le había salido el tiro por la culata—.
Este trimestre seguro que conozco a más gente.
—¡Qué bien, Olivia! ¿Y estos días Liberty está bien?
—Sí, lo están cuidando superbién. Pasado mañana ya vuelvo a la academia para afrontar la nueva categoría que nos corresponde, y comenzaremos con nuevos ejercicios. ¡No puedo esperar!
—Es verdad, ahora os toca empezar con los cambios de pie. Liberty tiene un equilibrio increíble, seguro que no le costará mucho aprender.
—Eso espero. —Me reí—. ¿Y cómo va todo por aquí?
—Pues ya sabes, como siempre. Tenemos algunos clientes nuevos con sus caballos, la escuela sigue funcionando, pero tampoco está el tema para tirar cohetes. Vamos saliendo adelante, pero sin lujos.
Pasamos un buen rato poniéndonos al día.
Luego, Emma me llevó a ver los nuevos caballos.
Había un par de potros de seis meses recién destetados que pasarían un par de años en los campos antes de empezar su doma.
También habían llegado dos ponis para la escuela, pero de momento Emma no tenía a nadie para domarlos.
Uno de ellos era un welsh A, los ponis A tienen que medir hasta un máximo de uno con diez a la cruz, y yo creo que ese poni estaba al límite. Le habían apodado Lollipop porque lamía a todos los niños que se le acercaban. Su nombre real, como en la mayoría de welsh de raza, era impronunciable.
El otro era un dartmoor castaño oscuro, precioso, tenía todas las características de la raza, mucha crin y cola, cuerpo robusto, perfectamente proporcionado.
Estas características hacían de él un poni muy elegante, perfecto para ser un poni de hunter o para participar en show pony’s con los más pequeños.
Emma me dijo que era un poni C, aunque bastante pequeño para su categoría.
Los ponis C podían medir desde uno con treinta hasta uno con cuarenta centímetros, pero yo creía que él no pasaría de uno con treinta y dos centímetros.
Emma me contó que su nombre oficial era Stormhill Shadow, pero aquí lo llamaban Shadow porque siempre se pegaba a los demás ponis como una sombra.
El día pasó volando entre caballos, clases y risas. Cuando volví a la oficina para despedirme, Emma se levantó de su silla y me miró con una sonrisa traviesa.
—Antes de que te vayas, tengo algo para ti.
Fruncí el ceño, intrigada, y la vi sacar una caja del armario, envuelta con un papel rosa y un gran lazo.
—No hacía falta, Emma… —dije mientras abría la caja con curiosidad.
Dentro, envueltas en papel fino, había unas botas de cuero negro, preciosas, de charol brillante duras, con cuatro brillantes en la parte superior y un cierre lateral, eran de la marca Petrie y me parecían lo más bonito que había visto nunca.
—¡Feliz Navidad! Sé que llevas usando las mismas botas desde hace tiempo y que Liberty no es el único que merece equipación nueva —dijo con una sonrisa—. Son un regalo por todo lo que has ayudado aquí durante años.
Me quedé sin palabras, emocionada.
—Emma… Son increíbles, de verdad. Muchísimas gracias.
—Quiero verte competir con ellas —me dijo.
—Lo haré. Lo prometo —dije, mientras nos dábamos un abrazo fuerte para despedirnos.
Llegué a casa sobre las ocho de la noche. Después de contarles a mis padres todas las novedades de Blackwood y terminar de bajar las cajas de la mudanza al garaje, me dispuse a hacer la maleta, pero la procrastinación me ganó. Ya la terminaría al día siguiente cuando me levantase.
A la mañana siguiente, me desperté con un mensaje de Brooke y Emily.
Ya casi hemos llegado a la academia. Vamos a revisar a los caballos y comprar algo de comida en el supermercado para todas. Luego pondremos sábanas limpias en las camas para que todo esté preparado cuando llegues.
Sonreí. Gracias. Después de siete horas de viaje, lo último que me apetecía era limpiar mi habitación tras dos semanas vacía.
A las cuatro de la tarde, y con solo unas pocas horas por delante antes de salir a primera hora de la mañana, la maleta seguía sin estar hecha. Entonces, mi teléfono vibró con una notificación de Instagram.
@Jack.Hawthrone te ha enviado un mensaje.
No pude evitar sonreír. Ya estaba otra vez molestando. Aunque… me encantaba.
@Jack.Hawthrone: ¿Te has rendido? ¿Ya no sabes qué norma más romper? Aún no te he visto por aquí.
Pensé en mi respuesta durante unos segundos y la conversación fue un constante bombardeo de mensajes.
@Olivia.Thorn: No seas dramático Jack. Voy mañana. Seguro que estás mejor sin mí.
@Jack.Hawthrone: Mmm, ni confirmo ni desmiento. Pero dime ¿tienes pensado coger el protagonismo otra vez este trimestre? No se para de comentar tu «hazaña» en los finales.
@Olivia.Thorn: No es mi culpa que el protagonismo me persiga. Aunque entiendo que te cueste aceptarlo.
@Jack.Hawthrone: Oh, claro. Porque llamar la atención saltándote las normas es un talento digno de admirar.
@Olivia.Thorn: Te recuerdo que NOS saltamos las normas JUNTOS. Varias veces, además…
@Jack.Hawthrone: En fin, Rompenormas. Técnicamente, yo solo vi tus grandes ideas y te ayudé a llevarlas a cabo. Así que el título de Rompenormas te pertenece con honores.
@Olivia.Thorn: ¡Vamos, admítelo! Soy tu fuente de inspiración para querer romper las normas.
@Jack.Hawthrone: Si por «inspirar» te refieres a meterme en líos, entonces sí, eres toda una musa.
@Olivia.Thorn: Sé que estás deseando que llegue a la academia para que nos metamos en más líos. Eres más divertido conmigo, no me lo puedes negar.
@Jack.Hawthrone: Divertido no es la palabra que usaría… Más bien, estoy ocupado cubriéndote las espaldas.
@Olivia.Thorn: ¿Cubriéndome las espaldas? Qué considerado. Aunque juraría que eres tú quien se cuela en los paddocks para dejarme la montura y me espía a las seis de la mañana mientras entreno.
@Jack.Hawthrone: Alguien tiene que asegurarse de que no te pase nada. ¿Ves? Siempre pensando en ti.
@Olivia.Thorn: Pensando en mí… claro. Solo que, no te confundas, no necesito que me salves. Aunque admito que es adorable ver cómo lo intentas.
@Jack.Hawthrone: Adorable, ¿eh? Qué sería la academia sin ti, Olivia. Aburrida. Eso sería. Ahora prepárate, porque este trimestre prometo superarme. Rompenormas y rompecabezas. Eres todo un desafío, Olivia.
Suspiré con el móvil en la mano. Me encantaba picarle y que me escribiera, pero no tenía claro hacia dónde nos llevaba esto. Había notado un cierto cambio en Jack desde el examen de salto. Estaba viendo cómo, poco a poco, dejaba caer esa coraza de chico malote y chulo.
Pero por ahora, lo único que tenía claro era que tenía muchas ganas de ver a Liberty. Estos días sin él se me estaban empezando a hacer eternos.