Mi locura de CEO inglés Capítulo 44
90%

Capítulo 44

Daniela

No sabía con exactitud quién era la mujer que acababa de oír decir aquellas palabras, esa misma que estaba dentro del despacho de Landon agarrándolo por la parte de atrás de la camisa, pero la puerta estaba abierta y no tuve que pensar demasiado para imaginarlo.

Tampoco creí que llevara mucho rato allí, porque para subir hasta esa planta había tenido que esperar a que el ascensor bajara y volviera a subir, así que aquello acababa de pasar o casi.

Me quedé en la puerta sin hacer ruido.

Ninguno de los dos se había dado cuenta de que había alguien más en la planta.

Ella porque estaba completamente centrada en él y él porque ni siquiera se había molestado en girarse para mirarla.

Y qué queréis que os diga, ese gesto, o más bien la falta de él, me gustó.

Aunque tampoco voy a mentir: si me quedé en silencio, fue porque quería oír la respuesta de Landon.

Podéis llamarlo como queráis, desconfianza o amor propio, eso ya depende desde dónde se mire.

Porque sí, al ver la escena supe enseguida quién tenía que ser esa mujer y me dio miedo. Me lo dio porque, desde que Landon me contó toda la historia con ella, siempre supe que existía la posibilidad de que, al volver a verla, se diera cuenta de que aún quedaba algo dentro de él.

Por mucho que me hubiera dicho que no era así, cuando te habías pasado tantos años enganchado a una persona, no era fácil despegarte de ella. Y en el caso de Landon no hablaba solo de amor, sino de la obsesión que había tenido durante demasiado tiempo.

—Claro que cambia…

Al oírla decir eso, sentí cómo se me encogía el corazón.

Dios.

Estaba a un segundo de notar cómo se me hacía trizas dentro del pecho y de esta, estaba segura, no me iba a recuperar en la vida.

—Pero no por lo que tú crees —continuó él, y entonces todo cambió dentro de mí—.

Cambia porque he encontrado a una mujer maravillosa que, sinceramente, está tan por encima de ti que ni siquiera pienso compararla contigo, porque hacerlo sería rebajarla a la altura de alguien demasiado insignificante.

Mi corazón dejó de latir unos segundos, pero esta vez por algo bueno.

Por algo tan bonito que hasta me mareó.

Joder, era la primera vez en mi vida que un hombre que no fuera de mi familia hablaba así de mí.

—No digas tonterías —soltó ella con una seguridad que me dio ganas de arrancarle las extensiones una a una—. Sé que ahora estás hablando desde la rabia. Podrás follarte a mil si quieres, pero ninguna va a importarte lo mismo que yo.

Aquello me escoció, no voy a decir lo contrario.

Porque, por mucho que mi autoestima no tuviera nada que ver con la de hace unos años y por mucho que ahora sí supiera quererme, todavía había algo dentro de mi cabeza que no podía evitar compararme con otras mujeres.

Y, siendo sincera, en la mayoría de esas comparaciones yo no salía especialmente favorecida.

Supongo que la mente era una gran hija de puta y que, aunque hubieras superado casi todo, siempre quedaban heridas enquistadas, de esas que duelen como si te apuñalaran por la espalda cuando menos te lo esperas.

—Desde luego que no —le respondió él—, porque quiero que te quede claro una cosa: lo que me importa Daniela, no me has importado tú jamás.

Sentí que me podía explotar el corazón de pura felicidad.

Me había quedado como aturdida, como si flotara en una nube, tan feliz que hasta me sentí un poco mal por estar escuchándolos. Aunque tampoco estaba escondida.

Estaba en la puerta, con ella abierta.

Ellos eran los que no se habían dado cuenta de que yo estaba allí.

—Gracias, cariño. Tú también me importas mucho.

Decidí intervenir.

No iba a dejar que Landon siguiera soportando aquello, ni mucho menos iba a permitir que esa mujer siguiera tocando al hombre del que estaba completamente enamorada.

Porque si antes me quedaba alguna duda sobre lo que sentía por él, en ese instante se esfumó la última. Aquel hombre se había convertido en mi mundo entero.

Así que, antes de hablar, respiré hondo y me repetí a mí misma que yo valía mucho más que esa mujer.

Y, joder, no fue fácil hacérmelo creer, porque la tía tenía un cuerpo de escándalo.

Pero el mío tampoco se quedaba atrás.

Vamos, que yo no iba a ser menos que ella ni en sus mejores sueños, porque como yo no había nadie.

Shhh… no digáis lo que estáis pensando, que hasta yo era consciente de que aquello sonaba a ego por las nubes, pero es que necesitaba repetírmelo si no quería venirme abajo.

Los dos se giraron de golpe, cada uno con una expresión distinta, aunque, sinceramente, mis ojos se fueron directos al rostro de Landon, que era el único que de verdad me importaba.

Porque esa mujer me daba igual.

O, mejor dicho, solo me importaba en la medida en que era la culpable de tantas cosas rotas dentro de él: de que le costara abrirse, demostrar cariño o incluso dejar que se lo dieran.

—Preciosa… —se apartó de ella como si le quemara—. No sabía que ibas a venir.

Miré de reojo a la otra y juraría que pude ver cómo echaba humo por las orejas.

—Estaba aburrida en casa y he querido venir para echarte una mano, así terminamos antes entre los dos.

Dejé que me rodeara la cintura con el brazo y, llamadme tonta si queréis, pero me encantó que dejara claro con ese gesto lo que yo significaba para él.

—¿Por esta me has cambiado? —escupió ella.

La miré con una ceja arqueada, con esa actitud de quien quiere dejar claro que puede decir lo que quiera, que no le va a dar el gusto de verla hundirse, aunque por dentro sí doliera un poco.

—No, cariño —y que se notara bien la ironía—. No te ha cambiado por mí. Simplemente, se ha dado cuenta de que yo le aporto mucho más.

Puse la palma de la mano en el centro del pecho de Landon.

Digo yo que, si ella era una descarada, yo podía serlo todavía más. Nunca me había gustado eso de marcar territorio, pero por una vez en la vida me iba a permitir el lujo de decir con el cuerpo, sin necesidad de palabras, que ese hombre era mío.

—Te vas a arrepentir —me soltó con una mirada cargada de veneno—, porque cuando menos te lo esperes va a volver a mí. Yo he sido, soy y seré el amor de su vida.

No voy a negarlo.

Esas palabras dolieron.

—Lo que pasa es que ahora ha encontrado un agujero nuevo donde meterla…

—¡Basta! —la cortó Landon de golpe—. No vas a venir a mi empresa a faltarle el respeto a mi mujer.

¿Perdón?

¿Había oído bien?

¿De verdad había dicho «mi mujer»?

Porque, si aquello había salido de su boca de verdad, a mí me podía dar un infarto allí mismo.

—¿Tu mujer? —Se rio la muy hija de puta—. No, querido, solo es la novedad. Tarde o temprano volverás a mí y, si no lo haces por voluntad propia, ya me encargaré yo de que lo hagas.

Mira que me consideraba una persona con bastante paciencia, pero aquella ya me estaba tocando demasiado las palmas. Y cuando digo que me las estaba tocando, quiero decir que estaba a nada de ponerme a cantar y a bailar encima de la mesa.

Se notaba el sarcasmo, ¿verdad?

Miré a Landon y él debió de leerme la intención en la cara, porque el brazo con el que me sujetaba la cintura se tensó todavía más.

—Vete y no vuelvas más —dijo él, soltando un suspiro largo antes de seguir—.

Scarlett, no juegues con mi paciencia, porque sabes perfectamente que puedo hundirte en un abrir y cerrar de ojos.

Así que te aconsejo que no vuelvas a acercarte a mí, ni a los míos ni a nada que tenga que ver conmigo.

Haz tu vida y búscate a otro al que engañar.