Capítulo 22
Landon
—Tengo que ir a mi casa. —Me señaló con un dedo, sin borrar la sonrisa que tenía en la cara—. Landon, te lo digo en serio.
Sonreí.
—No puedo quedarme todo el día con tu ropa interior y una camiseta.
No podía dejar de mirarla.
La manera en la que fruncía las cejas, cómo se mordía el labio o movía las manos al hablar… todo eso, además de muchas otras cosas, me tenía completamente atrapado.
Y no de la manera en la que me atrapó Scarlett en su momento.
Lo de Daniela era distinto. Sobre todo porque ellas no podían parecerse menos, y precisamente eso era lo mejor de todo: que Dani no tenía nada que ver con ella.
Donde una era cálculo, control y necesidad de manejarlo todo para que el mundo girara a su alrededor; la otra era espontaneidad, caos, impulso y verdad.
Puede que hubiera personas que intentaran apagarla. Incluso puede que durante un tiempo lo hubieran conseguido.
Lo importante era que había salido de eso.
Y lo había hecho con fuerza, más guerrera que nunca y dispuesta a plantarle cara a quien hiciera falta.
Tal y como había demostrado con su ex.
Era verdad que al principio se quedó paralizada, y precisamente fue eso lo que me llamó la atención. Pero estaba seguro de que, aun sin mí, ella misma habría terminado plantándose y poniéndolo en su sitio.
Dejando todo eso atrás, porque ya le había dado demasiadas vueltas, el caso era que Daniela estaba protestando porque yo había conseguido que aceptara quedarse el fin de semana en mi casa.
Y decir que había aceptado a la primera sería mentir descaradamente, porque si Harper era cabezota, Daniela no se quedaba atrás ni lo más mínimo. Aunque, gracias a mi hermana, tenía experiencia de sobra tratando con mujeres así, por lo que sabía más o menos por dónde tirar para convencerla.
Al final cedió.
Aceptó pasar el fin de semana conmigo.
Eso sí, no pensaba hacerlo entero vestida solo con mi ropa, y la verdad es que tampoco era plan. Sobre todo teniendo en cuenta que Carter iba a venir con su amiga a pasar el día.
Al menos eso era lo que me había escrito en un mensaje después de preguntarme si Daniela seguía en casa o ya se había marchado.
No me había dado tiempo a decírselo a ella cuando mi hermana me mandó otro mensaje diciendo que también iban a venir a pasar el día.
Y sí, no me he equivocado al decir «iban a venir». Porque, por lo visto, no venía sola.
Venía con el hermano de Daniela.
—Mi hermana me ha dicho que puedes coger de su habitación lo que necesites —le dije para que se quedara más tranquila.
—Esa no es la solución. Voy a seguir con ropa que no es mía y yo me siento mucho más cómoda con la mía.
Se cruzó de brazos, como si estuviera enfurruñada, y ese gesto me hizo gracia. Me pareció tierno, casi infantil, a pesar de la edad que tenía.
—Solo es por hoy. Además, no nos da tiempo a ir a tu casa y volver.
—¿Y por qué se supone que no nos da tiempo? No tenemos nada que hacer, así que podemos ir y volver sin prisa.
Sonreí de medio lado.
Sabía que iba a llevarse una pequeña sorpresa cuando le dijera por qué, pero no me dio tiempo a hacerlo.
Antes de poder abrir la boca, oímos cómo se abría la puerta de entrada.
Joder.
Solo esperaba que no fuera Carter, porque como fuera él iba a sacarle los ojos.
¿Qué cojones estás pensando, Landon?, me pregunté al instante.
¿Desde cuándo me importaba cómo iba vestida una mujer? ¿O desde cuándo me preocupaba que otro hombre la viera así?
Con la única mujer con la que había llegado a ser algo posesivo había sido con Scarlett.
Entonces, ¿por qué me nacía ese instinto con Daniela?
No tenía ni idea.
Solo sabía que no me hacía ni puta gracia imaginar a mi amigo viéndola con una camiseta mía y un bóxer.
Era una gilipollez pensarlo, sobre todo cuando Daniela no era nada mío. Por no decir que, aunque lo fuera, podría vestirse como le diera la gana.
De hecho, la noche anterior había llevado bastante menos ropa con aquel vestido que como estaba en ese momento. Y, sin embargo, verla con mi ropa, así, recién levantada y en mi casa, me parecía algo demasiado íntimo.
—¡Ya estamos aquí! —gritó mi hermana desde la entrada.
Desde luego, le encantaba hacerse notar cada vez que llegaba a un sitio.
—Por esto mismo no nos daba tiempo a ir a tu casa y volver —le dije a Daniela, dando un paso hacia ella—. Porque mi hermana me escribió antes para decirme que venía con tu hermano y, antes de que ella lo hiciera, Carter me mandó otro mensaje diciéndome lo mismo.
—Ya lo podías haber dicho antes —me reprochó.
—No me ha dado tiempo a hacerlo.
Más que no haberme dado tiempo, lo cierto era que se me había ido la cabeza a otra parte y me había quedado dándole vueltas a todo lo anterior.
—Pues no me apetece que me vean con tu bóxer y una camiseta.
—Por eso mismo te he dicho que cojas algo de mi hermana. Con un bikini tienes más que de sobra. Creo que vamos a pasar el día en la piscina, y además, ya que está aquí, te puede ayudar mejor.
Si por mí hubiera sido, desde luego me habría encantado pasar el día entero a solas con ella, tal y como estábamos en ese momento.
Con mi camiseta puesta o sin ella. Y si me daban a elegir, desde luego me quedaba con la segunda opción.
No era solo que me tuviera embobado y que no pudiera apartar los ojos de encima.
Era el conjunto.
Mi ropa sobre su cuerpo, esa cara recién lavada y sin maquillaje, el pelo recogido en un moño mal hecho, con más mechones fuera que dentro…
Así era exactamente como me habría gustado pasar el día con ella. Disfrutándola, disfrutándonos, aprovechando todo el tiempo que pudiéramos.
Porque algo me decía que aquello no podía ser tan fácil ni durar para siempre.
Hablando con ironía, claro.
Estaba claro que estar bien con una mujer, enamorarme de ella y que ella sintiera lo mismo… eso no era precisamente algo que se me hubiera dado bien.
Y si no lo había tenido, había sido por mi culpa. No había nadie más responsable de eso que yo.
Y ahora que me daba la impresión de haber encontrado a alguien capaz de sacarme de toda aquella mierda, algo me decía que, tarde o temprano, todo iba a torcerse.
—Cuñada, a ver si para la próxima estás un poco más presentable.
Me quedé sin palabras al oír a mi hermana.
Yo, que la conocía, sabía perfectamente que lo decía de broma, pero Daniela no la conocía de nada. Bueno, de lo poco que la había tratado la noche anterior.
Y encima tenía todo el descaro del mundo llamándola cuñada.
Ahora bien, no sabía si se lo estaba diciendo por mí o por lo que fuera que estaba pasando entre ella y Gonzalo.
Menudo lío iba a ser todo aquello como una de las relaciones saliera adelante y la otra no.
No quería ni imaginarme la tensión en las comidas familiares o en cualquier reunión.
—Estoy todo lo presentable que tengo que estar para lo que tenía pensado hacer con tu hermano —contestó Daniela.
No.
Desde luego, no se cortaba un pelo.
Y, lejos de molestarme su respuesta, me encantó.
—Dani, córtate un poco —le dijo su hermano.
—No creo que tenga que cortarse en nada. De hecho, me encanta que sea así.
Le rodeé la cintura con un brazo.
Daniela apoyó la cabeza en mi hombro y, al mirarla de reojo, me la encontré sacándole la lengua a su hermano antes de sonreírle.