Mi locura de CEO inglés Capítulo 14
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Capítulo 14

Landon

—No sé si este local cada vez se está haciendo más famoso, pero hoy está mucho más lleno —comentó Carter nada más entrar.

—Qué bonito es, y qué buen gusto han tenido los dueños —dijo mi hermana, admirando el sitio como si acabara de descubrir un pequeño paraíso.

Sí, Harper acababa de sacar su vena pija. No es que fuera una pija insoportable, ni mucho menos, pero sí era de esas personas a las que les gustaban las cosas bonitas, elegantes y con clase.

Yo, en cambio, estaba distraído mirando a mi alrededor.

Supongo que, de forma inconsciente, la estaba buscando con la mirada, y eso que sabía que había pocas posibilidades de que estuviera allí aquella noche.

Tampoco tenía claro si quería encontrarla o no.

Bueno, en realidad sí lo sabía. Si era sincero conmigo mismo, me apetecía verla.

—Hoy esto está demasiado lleno. Creo que vamos a estar mejor en la barra de fuera —dije al ver el ambiente del interior.

Esa era una de las cosas que más me habían gustado de aquel local: la terraza y la barra que tenía fuera.

—Creo que me voy a hacer clienta fija de este sitio.

Mi hermana se entusiasmaba con una facilidad pasmosa. No solo por lo que acababa de decir, sino porque ella era así con todo. Se ilusionaba rápido, se entregaba enseguida y luego venían los golpes y las decepciones.

—Enana, llevas aquí cinco minutos. Ni siquiera te ha dado tiempo a probar una copa —le contestó Carter.

—No seas tonto, las copas son iguales aquí que en cualquier otro sitio.

Me reí.

—Tienes que reconocer que en eso Harper lleva razón.

—Os estáis equivocando, porque yo estaba hablando de los cócteles. El resto de bebidas, sé perfectamente que saben igual aquí que en cualquier otro lugar —nos corrigió.

Miré a mi hermana y los dos sonreímos sin abrir la boca. Cuando Carter tenía razón, había que dársela.

Llevábamos más o menos una hora en la terraza cuando me giré para buscar a Harper. Ya me había pedido que la acompañara tres veces al baño desde que habíamos llegado, así que al no verla donde la había dejado, empecé a buscarla con la mirada.

Y fue entonces cuando me pareció ver a alguien que no había conseguido sacarme de la cabeza en toda la semana.

—Me cago en la puta.

La expresión me salió sola, y encima sonó más española que inglesa.

No fue para menos. Afiné la vista y, cuando me aseguré de que era ella, sentí que se me tensaba todo el cuerpo.

Si la otra vez estaba impresionante, aquella noche había salido directamente a matar. Y lo estaba consiguiendo.

Por lo menos a mí me estaba matando.

Me estaba matando verla vestida así y, sobre todo, ver cómo medio local se la comía con la mirada.

Llevaba el pelo recogido en una cola alta, algo que la hacía todavía más atractiva, y con aquellos labios rojos resultaba imposible apartar los ojos de ella.

Pero cuando bajé la vista desde su cara hasta el escote, pensé que me iba a dar un puto infarto.

Aquello no era un escote, era poco menos que una provocación en forma de pista de aterrizaje.

Me pasé una mano por la cara y luego por el pelo, intentando contener la desesperación.

Joder, es que me entraron ganas de cerrarles los ojos a todos aquellos tíos a base de puñetazos.

—¿Qué pasa? —preguntó Carter al verme así—. ¿Dónde está la enana? ¿Has visto algo? ¿Le ha pasado algo?

—Si no paras de hacer preguntas, no te puedo contestar —le solté sin dejar de mirar a Daniela.

—Pues dilo ya.

Sabía que se ponía nervioso al pensar que pudiera pasarle algo a mi hermana. Normal. Yo también lo haría si no supiera que Harper estaba perfectamente y que la que me tenía el corazón acelerado era otra mujer.

El corazón y bastantes más cosas.

—Mira quién está allí —le dije al fin—. Y algo me dice que, si está ella, la otra no debe andar muy lejos.

Carter siguió mi mirada y soltó un silbido bajo.

—Hostia, Landon, te lo digo en serio, tú no querrás nada con ella, pero te aseguro que todos esos tíos estarían encantados de pegarse a puñetazos por una mujer así.

Lo miré serio.

Y justo en ese momento Daniela se giró y nos dio la espalda.

—Joder, no puede ser.

Parecía un gilipollas abriendo y cerrando los ojos, intentando comprobar si aquel escote en la espalda era real o si me lo estaba imaginando.

—Sí que puede ser, sí —dijo Carter, como si le faltara poco para empezar a disfrutar con mi sufrimiento—. Rectifico. Hasta yo estaría encantado de pegarme a puñetazos por una mujer como ella.

Lo miré con ganas de matarlo.

—Cállate ya y busca a la rubia.

A ver si el primero con el que me iba a tener que pelear no iba a ser un desconocido, sino él.

—Yo me callo, pero mira con quién está.

Volví a mirar y entonces vi al mismo tío que la había recogido dos veces aquella semana en la puerta de la empresa. Estaba sonriéndole. Y yo me puse rígido en el momento exacto en que aquel hombre se inclinó y le besó la frente.

Ya no pude aguantar más.

Las ganas de acercarme a ella me pudieron, y fueron tantas que, por mi cabeza, no pasó otra cosa que no fuera llegar hasta allí.

—¿Qué haces?

Carter me agarró del brazo justo cuando empecé a andar.

—Voy a saludarla —contesté sin apartar los ojos de Daniela—. ¿No se supone que somos compañeros de trabajo?

—Landon, está con otro hombre.

Como si no me hubiera dado cuenta.

Y por si faltaba algo, en ese mismo momento apareció Alma. Llegó, se enganchó al brazo del tipo y le plantó un beso en la mejilla.

—¿Quieres acercarte tú ahora? —le solté con ironía a Carter.

—Joder, ¿y si a las amigas les van los tríos? Porque a mí eso de compartir a la mujer con la que estoy no me va.

—No te preocupes, que aquí nadie va a compartir nada.

Si a Carter no le gustaba la idea, a mí bastante menos.

Solo de imaginarme a otro hombre haciéndole a Daniela lo mismo que le había hecho yo, ya se me estaba poniendo la sangre mala.

Empecé a caminar hacia ellos.

Me faltaba poco más de un metro para llegar cuando, de pronto, apareció Harper y se colgó de mi brazo. Justo en ese instante, Daniela levantó la cabeza y se dio cuenta de mi presencia.

Nuestros ojos se encontraron al momento.

Los míos, llenos de deseo. Los suyos, de ese verde amarronado imposible de ignorar, también dejaban ver algo de eso, pero en su caso venía mezclado con rabia.

Primero miró a Carter. Después, a mi hermana. Y cuando se fijó en que Harper iba colgada de mi brazo, la rabia que tenía dentro pareció crecerle de golpe.

No sé si lo hizo por impulso, por fastidiarme o porque, sencillamente, le salió del alma. Solo sé que se abrazó más fuerte al brazo de aquel hombre y apoyó la cabeza en él.

—Buenas noches —saludé al llegar.

Los tres nos miraron. Uno con curiosidad, otra con cautela y Daniela con esa mezcla de rabia y orgullo que empezaba a conocer demasiado bien.

Sonreí por dentro.

No porque me alegrara verla incómoda, sino porque me había dado un placer absurdo interrumpir aquella escena y romper la cercanía entre ellos.

—Buenas noches —contestaron Alma y el hombre.

Daniela no dijo nada. No me sorprendió. De hecho, me lo esperaba.

Y como ya sabía que lo que iba a hacer no le iba a gustar nada, me recreé un poco más de la cuenta.

—Landon, compañero de trabajo. Él es Carter y ella mi hermana Harper —dije, estirando la mano hacia el hombre para hacer una presentación formal.

En cuanto escuchó que la mujer que iba colgada de mi brazo era mi hermana, la expresión de Daniela cambió un poco. Fue mínimo, casi imperceptible, pero se le suavizó la mirada.

Intentó disimularlo.

Conmigo no pudo.

—Encantado. Soy Gonzalo, el hermano de Dani.

La madre que la parió. Era su hermano.

Y yo llevaba días poniéndome de mala hostia por un tipo que ni siquiera podía considerarse competencia.

Aunque aquello no era lo peor. Lo peor era que la muy cabrona había estado disfrutando al verme rabiar.

Desde luego, mala leche tenía para regalar dentro de aquel cuerpo pequeño.

—Voy un momento al baño —dijo Daniela.

Los cojones. Lo que quería era quitarse de en medio.

Disimulé lo mejor que pude. Esperé un poco, lo justo para que no pareciera demasiado evidente, y en cuanto consideré que había pasado el tiempo suficiente, los dejé allí y me fui detrás de ella.

Ninguno de los cuatro se dio cuenta de que me marchaba. Fui directo hacia la zona de los baños, que era adonde supuestamente había ido.

Esperé fuera un rato. Ya estaba a punto de marcharme cuando la puerta se abrió y por ella salió Daniela.

Atractiva, no; lo siguiente.

—Parece que había mucha gente dentro. Aunque me resulta raro, porque llevo un buen rato aquí y no he visto salir a nadie —le dije, cortándole el paso.

—Apártate, que voy a pasar.

Con aquel vestido era imposible que llevara sujetador, así que me di cuenta al instante de que se había excitado. No necesité más que ver cómo se le marcaban los pezones bajo la tela para saberlo.