Mi locura de CEO inglés Capítulo 3
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Capítulo 3

Landon

Podía haber mandado a otro o, simplemente, haber contratado a alguien de allí, exactamente igual que había hecho hasta entonces.

Y, sin embargo, me había mandado a mí en su lugar.

Según mi padre, lo hacía por mi bien. Se suponía que un cambio de aires y quitarme de en medio me iba a hacer ver las cosas de otra manera.

No sé cómo quería que las viera.

Acepté. No tenía por qué hacerlo; aunque mi padre siguiera siendo el dueño de todo, yo tenía acciones de todas las distintas empresas que teníamos repartidas por varios países.

Por lo que podía vivir cómodamente sin necesidad de hacer lo que mi padre quería.

Si iba a cumplir con lo que me había pedido era porque sabía que lo estaba haciendo con buena intención, creyendo que con aquella decisión me iba a ayudar.

Solo puse una condición: que Carter tenía que venir conmigo y que, durante el primer mes, como mínimo, de cara a mis trabajadores, el jefe iba a ser mi amigo y yo pasaría a ser su ayudante.

Quería hacerlo así para que, al principio, mis trabajadores se mostraran tal y como eran o, si no lo hacían del todo, al menos que fueran más naturales ante mi presencia.

Aunque los de aquella sede pensaban que iba un nuevo directivo a ocupar el puesto, no se imaginaban, ni iban a saber, que quien lo haría sería el hijo del dueño de todo.

El futuro dueño, porque en el momento en que mi padre dejara el cargo, pasaría a ser mío.

Mi hermana no quería saber nada de la presidencia, por lo que mi padre le iba a dar unos cuantos millones y otras tantas acciones de la empresa principal.

Así que todo quedaría en mis manos, pero para eso aún quedaban unos pocos años. A mi padre ni se le pasaba por la mente jubilarse.

¿Para qué se iba a jubilar?

Si, sin estarlo, ya llevaba yo casi todo, y cada vez aparecía menos por la empresa.

Sonreí al pensar que eso era algo en lo que él no había caído, que al mandarme a España iba a tener que ir a diario a la empresa y, si no lo hacía todos los días, tendría que hacerlo mínimo una o dos veces por semana.

Y eso porque teníamos un buen equipo y porque, aunque yo estuviera en otro país, iba a seguir pendiente de todo.

—Cariño, que te tengas que ir no significa que tengas que hacerlo hoy mismo —me dijo mi madre.

Había ido a casa de mis padres para despedirme de ellos, aunque de mi padre podría haberlo hecho por la mañana. No lo hice porque no tenía sentido, no cuando iba a ir a su casa para ver a mi madre.

—Prefiero hacerlo hoy —le contesté.

Mi idea era llegar aquel día, colocar la ropa —podría esperar a que me la colocaran al día siguiente, pero, si lo hacía yo, sabía dónde estaba cada cosa y no tenía que pasar los primeros días como un loco buscando cada prenda—.

Y, para qué mentir, quería salir el fin de semana a conocer un poco aquella ciudad, ver por dónde se movía la gente más o menos de mi edad. No porque quisiera socializar, ni mucho menos.

Pero sí quería evitar la zona por la que se movía la juventud. Lo que menos me apetecía, si salía con Carter a tomarme una copa, era tener a mi alrededor a toda esa chiquillería.

—Pero si te vas hoy, no vas a poder despedirte de tu hermana —insistió.

—Mamá, no hace falta que lo haga, ya sabes que voy a tener a Harper más veces allí de las que me gustaría.

Conociendo a mi hermana, lo que le había dicho a mi madre era quedarse corto, sobre todo gustándole el sur de España tanto como le gustaba.

—Eso es verdad, yo creo que tu hermana es más española que inglesa —dijo sonriendo.

Lo decía porque sus abuelos eran españoles que emigraron a Londres y, aunque mi abuela nació allí y mi madre también, por lo que parecía, mi hermana había heredado el amor por ese país de mis bisabuelos, y eso que no los conoció.

De hecho, era tanto lo que le gustaba que mínimo iba tres veces al año y, cada vez que iba, como poco se quedaba entre dos y tres semanas.

Supongo que podía hacerlo. Después de todo, era la hija del dueño. Además, no iba a llamar a mi hermana niña mimada porque no lo era.

Ella trabajaba, con más ventajas, sí, pero lo hacía. Estoy seguro de que otra en su lugar ni se molestaría en hacerlo.

—Yo también lo creo. A ver si tenemos suerte y la próxima vez que vaya conoce a alguien y se queda allí para siempre —dije bromeando.

Puede que en la calle fuese serio, pero con mi madre y mi hermana sí que bromeaba de vez en cuando.

—No digas eso ni en broma, y no es porque no quiera cerca de ningún español a mi hija, es porque no quiero que se quede a vivir tan lejos de mí.

Desde luego, Grace era una de esas madres protectoras a las que les gustaba tener a sus hijos cerca.

Por eso mismo sabía que el que yo me fuese por un tiempo le iba a costar más trabajo a ella que a mí.

—Tienes un jet privado a tu disposición, así que podrías ir a verla siempre que quisieras.

Mi padre y yo viajábamos mucho, mi hermana también, pero nosotros lo hacíamos por trabajo y ella por gusto.

Al principio lo hacíamos en vuelos comerciales, pero perdíamos demasiado tiempo, por lo que comenzamos a alquilar jets privados. También nos dimos cuenta de que no nos convenía; se nos iba demasiado dinero.

Y, aunque no nos faltase, no quería decir que lo fuéramos a tirar tontamente, por lo que nos salió mucho más rentable hacer una gran inversión de muchos millones, sabiendo que en unos cuantos años habríamos recuperado el dinero.

Y, como era normal, teniendo un jet , mi hermana o mi madre lo iban a utilizar siempre y cuando no hiciera falta para algún viaje de trabajo.

—No es lo mismo y lo sabes.

Entendía lo que quería decir, pero si mi hermana decidía hacer su vida allí, no le quedaría otra que aceptarlo.

—Lo sé, como también sé que tendrás que aceptar la decisión que llegue a tomar.

Hizo una mueca, como diciendo que no le quedaría más remedio que apoyar a mi hermana en lo que decidiera hacer.

—Contigo estoy tranquila, sé que nunca te quedarías allí.

No podía decir que no me conociera bien, porque lo hacía.

No, no me iba a quedar nunca, sobre todo teniendo aquí lo que más me importaba, aparte de mi familia.

—No, y si me voy en estos momentos es porque mi padre me lo ha pedido. Si no, no me iría.

—Sabes que lo ha hecho pensando en ti. Tanto él como yo creemos que marcharte una temporada te va a hacer bien, por mucho que me duela tenerte lejos.

No quería seguir hablando de lo mismo, así que lo mejor que podía hacer era cambiar de tema.

—Se suponía que también me iba a despedir de mi padre, pero, por lo que parece, no va a ser posible.

—Tiene que estar al llegar. Es que tu hermana lo ha llamado para que se pasara por su casa. Por lo visto, no se acordaba de si había dejado la puerta de la terraza abierta.

Harper y sus despistes. Era tan inquieta y quería hacerlo todo a la vez, que la mayoría de las veces se le olvidaba algo, sobre todo porque lo dejaba a medias para ponerse con otra cosa.

Si antes hubiera preguntado por él, antes habría llegado.

—Creía que no iba a llegar antes de que te hubieras marchado —dijo cuando entró en el salón.

—A punto estaba. He quedado con Carter dentro de una hora y el piloto nos espera en dos.

Me acerqué para darle un abrazo.

Tenía unos padres cariñosos. Nunca nos había faltado una muestra de cariño, un abrazo o un beso, y siempre había sido por parte de ellos.

Es cierto que fuera de casa aquellas muestras no eran tantas. Por desgracia, la alta sociedad a la que pertenecíamos y el ambiente en el que, por obligación, teníamos que movernos no veían demasiado bien esas demostraciones de afecto.

—Hijo, ya sé que lo hemos hablado, pero sabes por qué lo he hecho, ¿verdad?

—Lo sé, papá, no te preocupes —le dije para que se quedara tranquilo.

—Mira, antes he dicho que estaba tranquila porque sabía que no te ibas a quedar allí, pero ahora que lo he pensado mejor, deseo con todo mi corazón que conozcas a una española y te enamores de ella.

Eso iba a ser imposible. No iba a entregar mi corazón a nadie. Ya había tenido dueña y no era agradable sentir dolor cuando te hacían daño.

No le contesté. Habíamos hablado tantas veces de lo mismo, que no tenía sentido seguir haciéndolo.

Me despedí de ellos, aunque no creía que tardáramos mucho en volver a vernos.