Mi jefe provocador (Jefes Insoportables 6) CAPÍTULO 16
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CAPÍTULO 16

DRAKE

Llamo a Hannah a las nueve de la noche del martes, tumbado en el sofá de mi suite con una tónica que no me estoy bebiendo. Llevo todo el día dándole vueltas a la conversación del día anterior con Hailey, en busca de una estrategia que funcione.

Y no tengo ni puta idea de qué hacer.

—¿Qué has hecho ahora? —dice Hannah a modo de saludo—. Tú nunca me llamas un martes por la noche porque sí.

—Yo también me alegro de oírte.

—Perdona, pero la culpa es tuya. La última vez que me llamaste a estas horas fue para cancelarme una cena alegando una reunión urgente, y luego te vi en Instagram en una fiesta en el Soho. —Su tono es de reproche, pero también de diversión.

—Vale, me lo merezco. —Hago una pausa, buscando las palabras—. Oye, necesito tu consejo sobre algo.

—¿Mi consejo? —Suena sorprendida—. ¿Tú necesitas mi consejo? Esto va a ser bueno. Espera, déjame coger palomitas.

—Hannah, va en serio.

—Lo sé, lo sé. Perdona. —Oigo ruido de fondo, como si se estuviera poniendo cómoda—. Vale, dispara. ¿Qué pasa?

Respiro hondo, porque esto va a sonar ridículo viniendo de mí.

—¿Cómo se enamora a una mujer?

El silencio al otro lado de la línea es absoluto. Dura tanto que pienso que se ha cortado la llamada.

—¿Hannah?

—Perdona, estoy procesando. —Suelta una carcajada—. ¿Drake Harris, el hombre que ha pasado años evitando cualquier cosa que se parezca remotamente a una relación, me está preguntando cómo enamorar a una mujer?

—Sí.

—¿Es una broma? ¿Hay cámaras? ¿Estoy en uno de esos programas donde te gastan una broma?

—Hannah, joder, va en serio.

Otro silencio. Y luego su voz cambia por completo: se vuelve suave, con un interés genuino.

—Dios mío. Hablas en serio.

—Sí.

—Hay una mujer. Una mujer que te gusta de verdad.

—Sí. —Lo admito con más facilidad de la que esperaba—. Y sé lo que quiero, conocerla de verdad, pero no tengo ni idea de cómo hacerlo, porque todo lo que he intentado hasta ahora ha sido un desastre.

—Cuenta. Cuéntamelo todo. —Ahora suena emocionada—. ¿Quién es? ¿Cómo la conociste? ¿Por qué no me has dicho nada antes?

—Es… complicado.

—Drake, somos mejores amigos desde la universidad. He visto tu pijama de Spiderman. Nada puede ser más humillante que eso. Así que cuenta.

No puedo evitar sonreír ante el recuerdo. Hannah me conoce mejor que nadie. Si hay alguien que puede ayudarme con esto, es ella.

—Se llama Hailey. La conocí hace poco más de un mes en el bar del hotel. Pasamos una noche increíble juntos y ella desapareció al amanecer sin dejar rastro. Contraté a un detective para encontrarla y no pudo. Y ahora resulta que es mi nueva secretaria ejecutiva.

—¿QUÉ? —Hannah casi grita—. ¿Tu secretaria? Drake, eso es…

—Lo sé. Es una locura. Pero Hannah, esta mujer… —Dejo la tónica en la mesa—. Es diferente. Es lista, tenaz, divertida, y se niega en redondo a tener nada que ver conmigo. Me rechaza cada vez que lo intento.

—Espera, espera. —Hannah suena confundida—. ¿Te rechaza? ¿A ti? ¿Al hombre que solo tiene que sonreír para que las mujeres caigan rendidas?

—Sí. Me rechaza una y otra vez. Y no porque no sienta atracción. La siente. Sé que la siente. Pero tiene miedo.

—¿Miedo de qué?

—De convertirse en su madre. Su padre era un mujeriego que las destrozó. Y yo… bueno, yo era justo ese tipo de hombre. —Las palabras salen con dificultad—. Y por mucho que le diga que he cambiado, que con ella es diferente, no me cree.

Hannah guarda silencio durante un momento, y cuando habla, su voz es seria.

—¿Has cambiado de verdad?

—Sí.

—¿Estás seguro? Porque, Drake, si vas a jugar con esta chica, si solo es un reto para ti…

—No lo es. —La interrumpo—. Joder, Hannah, no puedo dejar de pensar en ella. Desde aquella noche no he estado con nadie más. No he querido estar con nadie más. Y ayer tuvimos una conversación y me dijo algo que me hizo darme cuenta de que lo he estado haciendo todo mal.

—¿Qué te dijo?

—Que nunca me he molestado en conocerla de verdad. Que solo me centro en la atracción física. Y tiene razón. He estado tan obsesionado con lo que sentí aquella noche, con recuperar eso, que no me he parado a preguntarle nada real sobre su vida.

—Ay, Drake. —Hannah suena entre divertida y compasiva—. Eres un desastre.

—Lo sé. Por eso te estoy llamando. Necesito tu ayuda. Necesito saber cómo demostrarle que me importa ella, no solo su cuerpo. Cómo hacer que confíe en mí.

—Vale. —Hannah toma aire—. Primero, tienes que darle espacio. Dejar de presionarla. Si no paras de acosarla, solo conseguirás que se cierre más.

—Espacio. Vale. ¿Y luego?

—Luego tienes que conquistarla poco a poco. Nada de grandes gestos dramáticos. Nada de intentar seducirla en la oficina. Tienes que ir despacio, demostrarle que te interesa conocerla. Pregúntale cosas. Escúchala de verdad. Sé su amigo primero.

—¿Su amigo?

—Sí. Y ve propiciando situaciones donde ella quiera pasar tiempo contigo fuera de la oficina. Cosas casuales. Un café. Una comida. Situaciones donde pueda conocerte sin presión. Donde vea que eres más que el mujeriego del que tiene miedo.

Sopeso sus palabras, pero algo no me cuadra.

—Hannah, no puedes imaginarte lo cabezota que es esta mujer.

—¿Cabezota?

—Es la persona más terca que he conocido en mi vida.

Y me vuelve loco de remate. —Me levanto del sofá, incapaz de quedarme quieto—.

Si le pido que tomemos un café o que comamos juntos, me va a mandar a la mierda.

No va a querer pasar tiempo conmigo fuera de la oficina.

Se niega incluso a estar en la misma habitación que yo más tiempo del necesario.

Hannah se ríe. Se ríe tanto que tengo que apartarme el teléfono de la oreja.

—¿Qué es tan gracioso?

—Tú. —Apenas puede hablar entre risas—. Dios, Drake, estás perdido del todo por esta mujer. Nunca te había oído así. Es adorable.

—No es adorable. Es frustrante.

—No, es perfecto. —Ya no hay burla en su voz—. Estoy deseando conocerla. Suena increíble. Cualquier mujer que sea capaz de ponerte así de nervioso tiene que ser especial.

Sus palabras me hacen sonreír a pesar de mi frustración.

—Lo es. Es la mujer más especial que he conocido nunca. Por eso necesito que esto funcione.

—Y funcionará. Solo tienes que ser paciente.

—La paciencia no es lo mío.

—Lo sé. —Hannah suena divertida otra vez—. Pero por ella tendrás que aprender.

Me quedo en silencio, pensando. La idea de Hannah de propiciar situaciones fuera de la oficina me gusta. Me gusta mucho. Imaginar a Hailey en un entorno diferente, sin el estrés del trabajo, sin tener que mantener esa profesionalidad estricta… sí. Eso podría funcionar.

Pero Hailey no va a acceder por las buenas. No si se lo pido a las claras.

Así que tengo que ser más listo que ella.

—¿Sabes qué? —digo despacio, y una idea empieza a cuajar en mi cabeza—. Tienes razón. Hacer cosas fuera de la oficina es buena idea. Conocerla en un entorno diferente. Ver quién es cuando no está en modo profesional.

—Exacto. —Hannah suena complacida—. ¿Ves? Sabía que podrías…

—Así que voy a tener que obligarla.

—¿Qué? No, Drake, eso no es…

—Puedo disfrazarlo de trabajo. —La idea va tomando forma, cada vez más clara—. Decirle que necesito su opinión sobre algo fuera del hotel. Que es parte de sus funciones. Y cuando menos se lo espere, zas, está en una cita conmigo.

—Drake Harris, eso es exactamente lo contrario de lo que te acabo de decir.

—¿Sí? —Sonrío, porque sé que tengo razón—. A mí me suena de maravilla.

—Suena a manipulación.

—Suena a estrategia. —Me dejo caer de nuevo en el sofá, ya más tranquilo—. Nunca se ganan las batallas jugando limpio, Hannah. Tú deberías saberlo.

—Esto no es una batalla. Es una mujer con la que quieres tener una relación.

—Exacto. Y ella es terca y está asustada y no va a darme una oportunidad a menos que la obligue a ver que no soy el hombre que cree que soy.

—Me recuesto, ya visualizando cómo va a funcionar—.

Así que voy a hacer exactamente eso. Voy a crear situaciones donde tenga que pasar tiempo conmigo.

Donde tenga que conocerme. Y no va a poder huir porque técnicamente será trabajo.

Hannah suelta un largo suspiro.

—Eres incorregible.

—Soy efectivo.

—Eres un manipulador.

—Prefiero el término estratega. —Se me escapa una sonrisa—. Vamos, Hannah, sabes que tengo razón. Si espero a que Hailey decida darme una oportunidad por su cuenta, voy a esperar hasta que me salgan canas. Esta es la única forma.

—La única forma de conseguir que te odie más, querrás decir.

—No me odia. Me desea y eso le aterroriza. Hay una diferencia.

—Drake…

—Confía en mí. Sé lo que estoy haciendo.

—Eso es exactamente lo que me preocupa. —Pero noto que lo dice sonriendo—. Vale, está bien. Haz lo que tengas que hacer. Pero cuando esto explote en tu cara, que sepas que te lo advertí.

—No va a explotar. Va a salir redondo.

—Eso dijiste cuando decidiste aprender a hacer surf en Malibú y acabaste en urgencias.

—Aquello fue diferente. Y la ola salió de la nada.

—Claro que sí. —Hannah se ríe—. Oye, hablando en serio un segundo. Sea cual sea tu plan, asegúrate de que la escuchas, de que prestas atención a lo que necesita. Porque si de verdad te importa tanto como dices, su felicidad tiene que ser más importante que ganar.

Esa última frase se me clava más hondo de lo que esperaba.

—Lo es. Su felicidad es lo más importante.

—Bien. Entonces todo irá bien. —Ahora su voz es más cálida—. Y Drake… me alegro mucho por ti. De verdad. Después de todo lo que has pasado, después de ver cómo era el matrimonio de tus padres, me alegra que hayas encontrado a alguien que te haga querer intentarlo.

Se me encoge el pecho ante la mención de mis padres. Hannah lo sabe todo de mi infancia: del matrimonio tóxico de mis padres, de cómo me marcó, de por qué llevo años esquivando el amor.

—Yo también me alegro. Aunque me esté volviendo loco.

—Los mejores lo hacen. —Se ríe—. Bueno, te dejo. Tengo que terminar un artículo para mañana. Pero llámame si necesitas más consejos. O si necesitas que alguien te diga que estás haciendo el idiota. Lo que llegue primero.

—Trato hecho. Gracias, Hannah.

—De nada. Y Drake… suerte. La vas a necesitar.

Colgamos y me quedo ahí tumbado, con el teléfono en la mano, pensando en todo lo que hemos hablado.

Hannah tiene razón en muchas cosas: necesito darle espacio a Hailey, escucharla, demostrarle que me importa su felicidad.

Pero yo también llevo parte de razón: si espero a que ella dé el primer paso, nunca va a pasar nada. Hailey está demasiado asustada, convencida de que voy a hacerle daño.

De modo que me toca a mí mover ficha: crear oportunidades, empujarla con suavidad a pasar tiempo conmigo fuera del hotel. A conocerme de verdad.

Y la mejor manera de hacerlo es camuflarlo de trabajo.

Puedo pedirle que me acompañe a ver una propiedad. O a una reunión con un cliente. O a cualquier compromiso que exija salir del hotel y pasar tiempo juntos.

Y una vez allí, cuando se relaje y se olvide del trabajo, voy a conocerla: preguntarle por su vida, escucharla, demostrarle que me importa quién es, no solo cómo se ve.

Que no soy como su padre. Que no soy el hombre del que tiene que huir.

Y si tengo suerte, si lo hago bien, quizás empiece a confiar en mí. A ver que esto podría ser real.

Porque Hailey no tiene ni idea de lo tenaz que puedo ser cuando quiero algo.

Y la quiero a ella. Sin reservas.

Solo tengo que convencerla de que me dé una oportunidad. Y si tengo que ser un poco manipulador para conseguirlo, bueno, nunca he sido bueno jugando limpio de todas formas.

Sonrío ante mi propio reflejo en la ventana. Prepárate, Hailey. Porque voy a por ti. Y esta vez voy a hacer las cosas bien.