CAPÍTULO 1
DRAKE
Soy un hombre nuevo.
Me lo repito mientras voy en el ascensor privado hasta la planta ejecutiva de The Legacy, y esta vez va en serio.
Nada de distracciones. Nada de fiestas que terminen a las seis de la mañana.
Nada de despertarme en una cama que no es la mía sin recordar el nombre de la persona que duerme a mi lado.
He visto la luz y no pienso volver atrás.
Las puertas del ascensor se abren y salgo al pasillo con la sensación de estar estrenando una versión de mí mismo que va a arrasar.
Llevo un traje impecable de tres piezas, sin una arruga.
El pelo peinado hacia atrás, aunque me he dejado un poco de despeinado estratégico porque tampoco se trata de parecer un robot.
Incluso he llegado diez minutos antes de la hora.
Diez minutos. Royce va a pensar que me han sustituido por un clon o que estoy enfermo.
Pero no. Estoy mejor que nunca.
Porque resulta que cuando tu hermano mayor, el hombre más serio del planeta, encuentra el amor, se casa con tu mejor amiga y decide confiar en ti lo suficiente para dejarte su hotel, algo hace clic en tu cerebro. Y miras tu vida y piensas: «Joder, Drake. Puedes hacerlo mejor.»
Y aquí estoy. Haciéndolo mejor.
Paso por delante del escritorio de Claire, que levanta la vista y parpadea dos veces seguidas como si estuviera viendo un fantasma.
—Buenos días, señor Harris. Ha llegado pronto.
—Lo sé. Impresionante, ¿verdad? —Le dedico mi mejor sonrisa y señalo la puerta del despacho de Royce con el pulgar—. ¿Está dentro?
—Sí, pero está en una reunión previa…
—Genial. Gracias, Claire.
No espero respuesta. Llamo dos veces a la puerta, la abro y entro como si el despacho fuera mío. Porque en cinco semanas, técnicamente, lo será. Bueno, no este despacho exactamente, pero uno parecido. El caso es que tengo derecho a entrar cuando me dé la gana.
Royce está sentado detrás de su escritorio, tan impecable como siempre, con esa expresión de «estoy resolviendo los problemas del mundo» que lleva grabada en la cara desde que tenía quince años.
Laura Kendall, la directora de marketing, está sentada frente a él con una carpeta en el regazo y cara de eficiencia absoluta, de quien sabe muy bien lo que hace.
Los dos alzan la cabeza cuando entro.
—Buenos días, familia —digo, y me dejo caer en la silla al lado de Laura—. Espero no llegar tarde. Ah, no, espera. He llegado pronto. Qué novedad, ¿verdad?
Laura contiene una sonrisa. Royce me observa un segundo más de la cuenta, como si buscara algún fallo en el sistema.
—Has llegado pronto —dice, y suena casi acusatorio.
—Lo sé. Es increíble. A lo mejor estoy madurando.
—A lo mejor estás enfermo.
—O a lo mejor —digo mientras me reclino en la silla y cruzo las piernas— he decidido tomarme esto en serio. Ya sabes, demostrarle al mundo que Drake Harris no es solo una cara bonita con buen gusto para la ginebra.
Laura suelta una carcajada que intenta disimular con una tos. Royce le lanza una mirada, pero esta vez su expresión es distinta. No es el ceño fruncido habitual de «mi hermano es un desastre». Es más bien un «no sé qué está pasando pero me da curiosidad».
—¿Estás seguro de que te encuentras bien? —pregunta Royce, y juraría que hay un deje de preocupación sincera en su voz.
—De maravilla. —Me inclino hacia delante y apoyo los codos en las rodillas—.
Mira, Royce. Sé que llevo años siendo el hermano ligón y despreocupado que llega tarde a las reuniones y se pasa las noches en clubs.
Pero tú has encontrado a Hannah, te has casado, eres feliz, y has decidido confiar en mí para dirigir este hotel.
Eso significa algo. Significa que es hora de que yo también dé un paso adelante.
Se me queda mirando un momento y luego asiente despacio.
—De acuerdo.
—¿De acuerdo? ¿Eso es todo? ¿No vas a decirme que lo creeré cuando lo vea o algo así?
—No. —Se reclina en su silla y entrelaza las manos sobre el escritorio—. Si dices que estás listo, confío en ti.
Un calor inesperado me llena el pecho. Royce nunca ha sido de los que dicen «te quiero» o «estoy orgulloso de ti», pero esto es lo más cerca que va a estar de decirlo. Y joder, significa más de lo que jamás admitiré en voz alta.
—Bien —digo, carraspeando para deshacer el nudo que se me ha formado en la garganta—. Entonces, ¿cuál es el plan?
Laura abre su carpeta y se inclina hacia delante con el brillo en los ojos de quien está a punto de lanzarse a explicar su tema favorito.
—Hemos preparado una estrategia completa para posicionar The Legacy como el hotel de referencia del lujo en Manhattan —dice—. Necesitamos establecer relaciones con la alta sociedad de la ciudad. Eventos, galas, cenas privadas. El tipo de cosas en las que tú destacas.
—El tipo de cosas que a Royce le dan urticaria —añado, y Laura vuelve a contener una sonrisa.
—Exacto —dice—. Y por eso eres perfecto para esto. Tienes el carisma, los contactos y la capacidad de hacer que la gente se sienta cómoda. Eso es justo lo que necesitamos.
—Vaya. —Miro a Royce—. ¿Has oído eso? Laura acaba de decir que soy perfecto. A lo mejor deberías traerla a más reuniones para que me diga cosas bonitas.
Royce pone los ojos en blanco, pero hay un destello de diversión en su mirada.
—Laura cree que deberíamos empezar por El Círculo —dice, volviendo al tema—. Es el club privado más exclusivo de Manhattan. Si conseguimos posicionarnos allí, el resto vendrá solo.
—El Círculo. —Silbo por lo bajo—. Eso es jugar en primera división.
—Es ahí donde necesitamos estar —dice Laura—. Lo hemos analizado a fondo. Los miembros de El Círculo son los hombres más influyentes de la ciudad. Empresarios, magnates, celebridades. Si ellos nos toman en serio, todos los demás les seguirán.
—Hannah es miembro —dice Royce, y su voz se suaviza cuando pronuncia el nombre de su mujer. Es increíble cómo cambia cuando habla de ella. De témpano andante a ser humano en dos segundos—. Puede ayudarte a establecer los contactos iniciales.
—Fantástico. —Me froto las manos—. Así que a partir de ahora me voy a codear con la élite de Manhattan, voy a encandilar a todo el mundo con mi encanto natural y voy a convertir este hotel en el lugar donde todos quieren estar. Suena a un buen plan.
—Tienes cinco semanas —dice Royce—. Después de eso, me voy a Los Ángeles. Vamos a abrir un nuevo Legacy en la costa oeste y necesito estar allí para supervisar la apertura.
—¿Cinco semanas? —Parpadeo—. Eso es un poco justo, ¿no?
—Es suficiente para que metas la cabeza. Luego lo puedes compaginar con tu puesto oficial como director de este hotel. —Desliza una carpeta hacia mí—. Aquí está todo lo que necesitas saber. Estrategia de marketing, calendario de eventos, contactos clave. Laura te va a acompañar en todo el proceso.
Abro la carpeta y echo un vistazo a los documentos. Está todo organizado al milímetro, por supuesto. Royce no hace nada a medias.
—¿Y si la lío? —pregunto, levantando la vista—. Ya sabes, hipotéticamente.
—No la vas a liar. —Royce me sostiene la mirada—. Confío en ti, Drake. No te estoy pidiendo que cambies quién eres. Te estoy pidiendo que uses exactamente eso, quién eres, para hacer que este hotel triunfe.
Vuelvo a sentir ese nudo en la garganta. Joder. ¿Desde cuándo mi hermano dice cosas así?
—Gracias —digo, y lo digo en serio—. No te voy a decepcionar.
—Lo sé.
Laura cierra su carpeta y se levanta.
—Voy a repasar el calendario de eventos de las próximas cinco semanas —dice—. Y voy a coordinarme con Hannah para organizar tu entrada en El Círculo. Esto va a salir redondo.
—Eso espero. —Le sonrío—. Siempre he querido comerme el mundo. Ahora tengo la excusa perfecta.
Laura se ríe y le tiende la mano a Royce.
—Señor Harris. Un placer, como siempre.
Royce le estrecha la mano con un gesto seco y profesional, y Laura sale del despacho. Cuando la puerta se cierra, me quedo mirando a mi hermano.
—¿Qué? —pregunta, levantando una ceja.
—Nada. —Me encojo de hombros—. Solo estaba pensando que igual deberías sonreír más. Ya sabes, para que la gente no piense que estás planeando dominar el mundo.
—No planeo dominar el mundo. Solo el mercado hotelero de lujo.
—Ah, claro. Eso es mucho más modesto.
Royce pone los ojos en blanco, aunque se le insinúa una sonrisa. Cuánto ha cambiado desde que conoció a Hannah. Sigue siendo el mismo hombre serio y controlado de siempre, pero ahora hay una grieta. Algo humano.
—Una cosa más —dice Royce—. Mi secretaria Claire está embarazada. Necesita una sustituta. Ella misma se va a encargar de buscar candidatas, pero quería que lo supieras.
—¿Claire está embarazada? —Sonrío—. Eso es genial. ¿Se lo has dicho?
—¿El qué?
—Que es genial. Que felicidades. Ese tipo de cosas que la gente normal dice cuando alguien va a tener un bebé.
Royce me mira como si acabara de sugerirle que se pusiera a bailar en medio de la Quinta Avenida.
—Claire sabe que me alegro por ella —dice con ese tono seco que usa cuando está incómodo.
—Ah, claro. Seguro que tu expresión de estatua de hielo lo dejó clarísimo.
—Drake.
—¿Qué? Solo digo que no te vendría mal trabajar un poco tus habilidades sociales. Ya sabes, fingir que tienes emociones humanas de vez en cuando. Aunque ya sé que Hannah está haciendo un trabajo excelente en ese sentido.
Royce entrecierra los ojos, pero no puede ocultar la sonrisa que se le escapa.
—¿Has terminado?
—Por ahora. —Me levanto y me ajusto la americana—. Aunque seguro que se me ocurren más cosas en los próximos cinco minutos. Es un don.
—Un don muy molesto.
—El mejor tipo de don. —Le guiño un ojo y me dirijo a la puerta—. Venga, admítelo. Te encanta que te haga reír.
—No me haces reír.
—Claro que sí. —Me vuelvo antes de abrir la puerta—. ¿Y sabes qué, Royce? Ahora que lo pienso, deberíamos traer a Hannah a las reuniones de transición. A ver si así dejas de gruñir y se te pone cara de persona normal.
Royce me lanza una mirada que podría congelar el infierno, pero antes de que pueda decir nada, añado:
—Piénsalo. Estaría aquí, tú te pondrías todo derretido y acaramelado, y el resto de nosotros podríamos trabajar sin sentirnos intimidados por Su Frialdad. Es un planazo.
—Hemos terminado la reunión —dice Royce, con voz cortante.
Me echo a reír y salgo del despacho antes de que me mande a la mierda. Fuera, Claire aparta los ojos del ordenador con expresión curiosa.
—¿Todo bien, señor Harris?
—Mejor imposible. —Me detengo frente a su escritorio—. Y felicidades, por cierto. Por el bebé. Es una noticia estupenda.
Se le ilumina la cara.
—Oh. Gracias. Es muy amable.
—Nada de eso. Vas a ser una madre de diez. —Le guiño un ojo—. Y si alguna vez necesitas que alguien le enseñe al bebé a hacer travesuras, ya sabes dónde encontrarme.
Claire se ríe y yo sigo caminando hacia el ascensor, con una sonrisa que no puedo borrar de la cara.
Cinco semanas. Cinco semanas para demostrarle a Royce, a mí mismo y al mundo entero que Drake Harris puede ser algo más que el hermano despreocupado. Cinco semanas para ponerme al frente de The Legacy con todas las de la ley. Nuestro buque insignia en Manhattan.
Puedo hacerlo. Voy a hacerlo.
Porque he visto la luz, y esta vez va en serio.
Soy un hombre nuevo. Y esta vez, nada puede salir mal.