Mi jefa es un algoritmo Capítulo 20
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Capítulo 20

Sin Leo

El martes descubrí que era perfectamente posible trabajar con Leo sin hablar con Leo.

Técnicamente.

A las nueve y ocho recibí un correo.

Asunto: Revisión AURA — prioridades martes

Cuatro puntos.

Dos documentos.

Una fecha límite.

Ninguna palabra que no pudiera enviarse con veinte personas en copia.

Respondí:

Recibido. El bloque de experiencia de empleado tendrá borrador mañana a las 16:00.

Treinta segundos después:

Perfecto. Gracias.

Perfecto.

Gracias.

Una relación humana completa en cuatro palabras.

Cerré Outlook.

—Eso ha dolido —dijo Clara.

—¿Qué?

—Lo que sea que acabas de leer.

—No ha dolido.

—Has cerrado el correo como si te debiera dinero.

—Estoy trabajando.

—Yo también.

—Pues estupendo.

Clara volvió a su pantalla.

Por una vez, consiguió quedarse allí.

• • •

Nuestro trabajo de aquella mañana consistía en convertir tres semanas de problemas en algo que cualquier empleado pudiera entender sin necesitar conocimientos de inteligencia artificial, Derecho administrativo corporativo o una relación sentimental mal definida con el hijo del fundador.

La tercera competencia seguía sin aparecer en ninguna descripción de puesto.

A las diez nos reunimos con Nuria.

Sin Leo.

No porque yo lo hubiera pedido. Nuria había convocado una sesión específica sobre información y revisión para empleados y la coordinación ejecutiva no tenía nada que hacer allí.

Lo agradecí igualmente.

—Quiero probar una estructura —dije.

Proyecté una diapositiva.

SI AURA HACE ALGO QUE AFECTA A TU TRABAJO, DEBERÍAS PODER RESPONDER A CINCO PREGUNTAS:

¿QUÉ HA HECHO?

¿POR QUÉ?

¿QUÉ DATOS HA UTILIZADO?

¿QUIÉN PUEDE REVISARLO?

Nuria leyó.

—Falta una.

—Naturalmente.

—¿Qué puede hacer la persona si no está de acuerdo?

Añadí:

¿PUEDES PEDIR QUE SE REVISE O CAMBIE?

Clara, que llevaba varios minutos recolocando bloques de texto, hizo una mueca.

—Cinco preguntas son muchas preguntas.

—Puedes hacerlas bonitas.

—Ese argumento ha destruido profesiones enteras.

Nuria ignoró la tragedia de Diseño.

—Hay que explicar bien la última. Esto no significa que cualquier persona pueda rechazar cualquier automatización porque no le guste.

—No —dije—. Significa que tiene que saber qué opciones existen.

—Eso sí.

Clara empezó a reorganizar la pieza.

—Eso cabe.

Seguimos trabajando.

La campaña empezaba a parecer menos una campaña y más unas instrucciones que una persona podía utilizar.

Mucho mejor.

• • •

A las once y media tuvimos reunión con Sistemas.

Leo estaba.

Por supuesto.

No éramos adolescentes y NEXORA no iba a reorganizarse alrededor de dos besos y una conversación desagradable.

Se sentó al otro extremo de la mesa.

—Buenos días.

Para todos.

—Buenos días.

También para todos.

Durante cuarenta y cinco minutos hablamos de registros de trazabilidad.

Leo se dirigió a mí dos veces.

—Emma, ¿la explicación para el empleado debería mostrar el criterio completo o un resumen?

—Resumen, con acceso al detalle.

—De acuerdo.

Más tarde:

—¿Te sirve el prototipo el jueves?

—Sí.

—Perfecto.

Ahí estaba otra vez.

No reaccioné.

Cuando terminó la reunión recogió el portátil.

—Gracias.

Y salió.

Nada más.

Yo había pedido aquello.

Seguía sin gustarme recibirlo.

Ambas cosas podían coexistir sin necesidad de una reunión extraordinaria.

• • •

Dani se quedó.

—Necesito hablar contigo del informe.

Eso era suficientemente poco peligroso.

—Dime.

—El bloque de experiencia de empleado tiene que alimentar el documento final. Javier quiere un primer índice mañana.

—Lo sé.

—Quiero que lo lideres tú.

Lo miré.

—¿El bloque?

—El informe.

—¿Yo sola?

—Con Nuria, Sistemas, Jurídico y quien necesites. Pero alguien tiene que conseguir que el resultado pueda leerlo una persona normal.

—Qué imagen tienes de Dirección.

—Trabajo aquí.

No pude discutirlo.

—¿Por qué yo?

Dani recogió un cable del suelo y lo dejó sobre la mesa.

—Porque llevas tres semanas obligándonos a explicar lo que hacemos hasta que se entiende.

Pensé un momento.

—Vale.

—¿Vale que lo haces?

—Sí.

—Bien.

Cogió el portátil.

—Índice mañana.

—Lo sé.

Se marchó.

Abrí un documento nuevo.

• • •

A las cinco y cuarto seguía con él cuando Clara apareció junto a mi mesa.

—Bajamos.

—Tengo trabajo.

Miró mi taza.

—Eso ya no es café. Es un yacimiento.

—Puedo hacerme otro.

—Tres minutos.

—Cinco.

—Cuatro.

Cogí el bolso.

• • •

En la cafetería nos sentamos junto a la ventana.

Clara esperó hasta que me había bebido medio café.

—¿Estás enfadada?

—Sí.

—¿Con Leo?

Tardé un poco más.

—Sí.

Asintió.

—¿Qué?

—Nada.

—Esa cara significa algo.

—Estás pensando demasiado antes de contestar.

Miré la calle.

—Estoy intentando averiguar cuánto de esto es suyo y cuánto tiene que ver con Dani.

Clara dejó la taza.

—¿Y si son las dos?

La miré.

—No te pongas razonable ahora.

—Lo siento.

—Lo que hizo Leo me habría molestado aunque Dani no hubiera existido.

—Vale.

—Pero probablemente no me habría golpeado igual.

—También puede ser.

Y siguió bebiendo.

Esperé alguna conclusión.

No llegó.

—¿Eso es todo?

—Sí.

—Te estás volviendo muy poco útil.

—Gracias.

Luego añadió:

—¿Le echas de menos?

—Habías prometido cuatro minutos.

—Han pasado seis.

Odiaba trabajar con gente que controlaba el tiempo.

—Sí.

Clara asintió.

No sonrió ni dijo que ya lo sabía.

Eso ayudó más.

• • •

El miércoles por la mañana envié el índice.

No desarrollé todavía el informe. Solo siete epígrafes en una página: qué puede hacer AURA, qué datos utiliza, cuándo necesita intervención humana, cómo queda trazado lo que hace, cómo se solicita revisión, cómo se aprueban experimentos y usos nuevos y quién responde de cada decisión.

Nuria contestó primero.

Añadir participación/consentimiento cuando proceda en pilotos. Buen punto de partida.

Dani:

Lo vemos a las 12.

Leo:

En responsables, distinguiría responsable técnico y responsable de negocio.

Leí su comentario.

Tenía razón.

Esperé a terminar el párrafo que estaba escribiendo y respondí.

Sí. Lo incorporo.

Nada más.

No había necesitado hacerle esperar.

Tampoco contestar en treinta segundos.

• • •

A las doce nos reunimos Dani, Nuria y yo.

Leo estaba con la auditoría externa.

Nuria cambió uno de los títulos:

EXPERIMENTOS, PILOTOS Y USOS NUEVOS

—No quiero que una cosa pueda evitar controles simplemente porque alguien deje de llamarla piloto —dijo.

—Tiene sentido.

—Y hace falta dejar claro qué funciones no pueden entrar en producción sin revisión previa.

Lo anoté.

Dani señaló el último epígrafe.

—Y quién autoriza antes, no solo quién responde después.

—Responsable técnico y responsable de negocio —dijo Nuria.

—Sí.

Eso era suficiente para el índice.

Las respuestas vendrían después.

• • •

Dani cerró el portátil cuando terminamos.

—¿Comemos?

—¿Es una reunión?

—Es comida.

—Contigo nunca se sabe.

—Necesito comer y quiero comentar dos cosas del borrador.

Fuimos a la cafetería del edificio.

Los primeros quince minutos fueron realmente sobre trabajo.

Después dejó el tenedor.

—Voy a decir algo que no tiene que ver con el informe.

Suspiré.

—Has aguantado bastante.

Dani miró el plato.

—Cuando acepté el trabajo de fuera, lo hice mal.

No respondí.

—No por aceptarlo.

—Ya.

—Porque cuando te lo planteé, yo ya llevaba demasiado tiempo organizándolo como si el resto fuera a encajar después.

Ahí sí levanté la vista.

—Habías mirado fechas, pisos, números…

—Sí.

—Y luego hablaste de lo que «podíamos» hacer.

Dani hizo una mueca.

—También.

No necesitábamos recorrer el resto.

Lo conocíamos los dos.

—¿Por qué me lo cuentas ahora?

Tardó un poco.

—Porque fui yo quien hizo aquello.

Esperé.

—No sé exactamente qué ha pasado con Leo —continuó—. Ni necesito saberlo. Solo no uses mi error para decidir de antemano qué significa el suyo.

—Eso suena bastante bien para ti.

—Sí.

Al menos no intentó negarlo.

—Leo sabía que yo estaría en el equipo antes de aceptar —dije.

Dani frunció el ceño.

—¿Y no habló contigo?

—No.

—Entonces hizo mal esa parte.

—Gracias.

—No le estoy absolviendo.

—Ya.

—Ni condenando.

—Eso ayuda menos.

—No trabajo para ayudarte con eso.

Me salió una risa breve.

—Por fin dices algo sensato.

Dani volvió a coger el tenedor.

—Además siempre me ha parecido un poco raro.

—Idiota.

—Mucho mejor.

Y ahí acabó.

Sin nostalgia.

Sin la conversación que deberíamos haber tenido tres años atrás.

Aquella ya la habíamos tenido bastante.

• • •

Llamé a Lucía esa noche mientras guardaba la cocina.

—¿Qué ha pasado? —preguntó.

—Hola a ti también.

—Llamas un miércoles.

Le di la versión corta.

Muy corta.

Leo había aceptado la coordinación sabiendo que yo formaría parte del equipo y había hablado conmigo después.

—Eso está mal —dijo.

—Sí.

—Y seguro que Dani está metido por algún sitio en tu cabeza.

—También.

Se oyó ruido al fondo.

—Una cosa no quita la otra.

—Ya.

—Pues entonces no me necesitas.

—Gracias por tu entrega.

—De nada.

Otro golpe.

—Tengo que colgar.

—¿Todo bien?

—No lo sé.

Colgó.

Mucho más propio de Lucía.

• • •

El jueves trabajé casi todo el día con Nuria.

Leo estaba con Sistemas y la auditoría.

No pasó por mi mesa.

No apareció con ninguna excusa razonable para hablar.

No llegó ningún mensaje que no fuera necesario.

A las cuatro, Nuria y yo teníamos dieciséis páginas bastante feas.

—Faltan ejemplos —dije.

—Sí.

—Uno útil.

—Anonimizado.

—Uno en el que una acción tenga que revisarse.

—También anonimizado.

—Y otro sobre un uso nuevo que no deba llegar a producción sin aprobación.

Nuria lo anotó.

—Necesitamos además una vía de revisión que la gente entienda.

—No me gusta «apelación».

—A Jurídico sí.

—Puede usarla en su versión.

—No hay dos versiones.

—Entonces tendremos que luchar por ella.

Nuria siguió escribiendo.

—Esto explica muchas cosas de tu relación con Diseño.

A las cinco y veinte las dieciséis páginas seguían siendo feas.

Pero ya se podían trabajar.

• • •

A las cinco y treinta y dos llegó un correo de Leo a todo el equipo.

La auditoría confirma que no se han identificado nuevas ejecuciones asociadas a reglas Atlas desde las medidas de contención. Sistemas terminará mañana el primer mapa de dependencias. Gracias por priorizar la revisión esta semana.

Nada más.

Lo leí.

Pensé por un instante en contestarle algo que no perteneciera al correo.

No encontré qué.

Lo cerré.

• • •

El viernes por la mañana Dani entró en la reunión con el borrador impreso.

—Diecinueve páginas.

—Dieciocho y media.

—La portada existe.

—La portada no argumenta.

Nuria llegó detrás con comentarios de Jurídico.

—¿Muchos?

—Sí.

—Bien.

—No has sonado convencida.

—No lo estaba.

Leo entró el último.

—Buenos días.

—Buenos días.

General.

Para todos.

Durante dos horas desmontamos buena parte de lo que habíamos escrito.

Jurídico quería precisión.

Sistemas quería excepciones.

Dani quería que alguien pudiera terminar una página sin sufrir.

Nuria quería garantías que pudieran aplicarse de verdad.

Yo quería las cuatro cosas.

En la página doce, Leo levantó la mano ligeramente.

—Aquí falta algo.

—¿Qué?

—Quién autoriza que una función nueva entre en producción.

Miré el apartado.

—Está en responsables.

—Está quién responde cuando ya existe.

Volví a leerlo.

Tenía razón.

—Entonces añadimos autorización previa.

Nuria asintió.

—Con responsable identificable.

—Técnico y de negocio —dijo Leo.

Lo anoté.

Seguimos.

No necesitaba que Leo estuviera equivocado para seguir enfadada con él.

Y tampoco necesitaba discutir una idea correcta solo porque fuera suya.

• • •

A las doce y media salí al pasillo para estirar las piernas.

Me quedé junto a la ventana.

No estaba esperando a nadie.

Esta vez de verdad.

Durante la semana había pensado bastante menos en la comparación con Dani de lo que esperaba.

Quizá porque Dani había hecho algo inesperadamente útil: hacerse responsable de su propia historia y dejar la de Leo sin tocar.

Lo que Leo había hecho seguía molestándome.

Eso no había cambiado.

Pero ya no necesitaba saber si dos errores se parecían lo suficiente para decidir qué venía después.

Todavía no sabía qué venía después.

Podía soportarlo.

—¿Estás usando mi ventana?

Me giré.

Dani.

—¿Tu ventana?

—Vengo aquí a evitar reuniones.

—Trabajas aquí desde hace cinco minutos.

—Detalles.

—¿Qué quieres?

—Javier ha aprobado que lideres oficialmente la redacción del informe final.

Parpadeé.

—¿No la estaba liderando ya?

—Ahora consta que sí.

—Ah.

—Enhorabuena.

—Qué emocionante.

—El lunes quiero el borrador completo.

—Ha durado poco la celebración.

—Lunes por la tarde.

Se marchó.

Abrí el documento en el móvil.

En la cabecera seguía:

INFORME DE REVISIÓN Y GOBERNANZA AURA

BORRADOR DE TRABAJO

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Responsable de redacción: Emma Martín

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