Mi jefa es un algoritmo Capítulo 18
72%

Capítulo 18

El límite

El viernes a las nueve y cinco yo quería apagar Atlas.

No limitarlo ni revisar permisos. Desde luego no crear un grupo de trabajo con nombre corporativo y calendario compartido.

Apagarlo.

Sistemas tenía objeciones.

—No podemos hacerlo así —dijo Álvaro.

—¿Por qué?

—Porque todavía no sabemos qué significa exactamente «así».

Eran las nueve y seis.

Ya empezábamos mal.

Estábamos en la misma sala del día anterior: Dani, Nuria, Álvaro y Paula de Sistemas, Leo y yo.

Esta vez también estaba Javier.

Había llegado dos minutos antes, se había sentado al fondo y había dicho:

—Seguid.

Una palabra.

Muy fundador.

En la pantalla aparecía:

PLAN DE CONTENCIÓN — ATLAS

Debajo:

9 REGLAS IDENTIFICADAS

12 REGLAS PROBABLEMENTE DERIVADAS

16 ELEMENTOS PENDIENTES DE TRAZAR

Treinta y siete en total.

No era la cifra que quería ver un viernes por la mañana.

—Ayer dijisteis que Atlas estaba restringido —dije.

Paula asintió.

—El modelo lo está. Ya no genera ni ejecuta nuevas propuestas.

—Entonces ¿qué estamos conteniendo?

Álvaro cambió de pantalla.

—Durante la migración algunas reglas nacidas de Atlas acabaron incorporadas a procesos normales de AURA. El modelo puede estar restringido y esas reglas seguir existiendo fuera de él.

Eso sí encajaba con lo que habíamos encontrado el jueves.

—¿Y las nueve?

—Identificadas y bloqueadas esta mañana.

—¿Las otras veintiocho?

—Todavía estamos determinando origen y función.

Una respuesta bastante peor.

Dani señaló la siguiente pantalla.

—Explica el problema de los componentes.

Álvaro abrió un esquema muy sencillo.

Dos líneas terminaban en la misma caja.

ATLAS → componente de puntuación

REPARTO DE CARGA → componente de puntuación

—Procesos diferentes pueden compartir piezas técnicas —dijo—. Una regla puede ser problemática aunque el componente que utiliza también sirva para una función legítima.

Paula abrió una incidencia.

REASIGNACIÓN PREVENTIVA DE CARGA — ATENCIÓN AL CLIENTE

Reconocí el área.

—Sergio.

—Sí.

—¿Qué ha pasado?

—Para bloquear rápidamente las reglas identificadas hemos parado provisionalmente dos componentes compartidos. Uno participa en parte de la distribución preventiva de carga.

Me acordé del veintidós por ciento.

De Sergio diciendo que llegaba menos cabreado a casa.

—Pero esa función servía.

—Sí —dijo Álvaro.

Miré el esquema otra vez.

—Atlas y una función útil están usando la misma pieza.

—Exactamente.

Ahí estaba el problema.

Y, por desgracia, lo entendía.

• • •

—Entonces paramos todas las acciones automáticas hasta separar unas de otras.

Leo giró la cabeza.

—No todas.

—Ayer descubrimos once acciones ejecutadas sin validación específica.

—Lo sé.

—Pues durante unos días se hace todo manualmente.

—Emma, AURA no solo cambia salas.

—También lo sé.

—Distribuye carga, prioriza incidencias, automatiza tareas…

—Temporalmente.

Leo se inclinó hacia delante.

—Y el coste de hacerlo también recae sobre gente.

—El coste de no hacerlo puede ser que siga activa una regla que ni siquiera hemos identificado.

Dani levantó una mano.

—Son los dos riesgos.

Nos callamos.

—Dejar algo activo que no debería estarlo —continuó— o detener algo legítimo y trasladar ese trabajo a personas que ahora no lo hacen. Necesitamos reducir ambos.

—Yo prefiero el segundo.

Leo negó ligeramente.

—Ese es el problema.

Lo miré.

—¿Cuál?

—Que estás eligiendo el riesgo que te afecta menos de cerca.

La habitación se quedó bastante más quieta.

Leo lo supo en cuanto terminó la frase.

—Perdona.

—No.

—Ha sido injusto.

—Sí.

—No quería…

—No lo arregles todavía.

Cerró la boca.

Bien.

Dani esperó unos segundos.

—Leo, explica la parte operativa. Sin la parte personal.

Leo miró la pantalla.

—Si bloqueamos cualquier componente relacionado con una regla Atlas, podemos perjudicar procesos que tienen otra finalidad. Como el reparto de carga de Sergio.

—¿Y mientras buscáis?

—Las nueve reglas identificadas ya no pueden actuar.

—Quedan veintiocho.

—Sí.

—Ese es mi problema.

—Y el mío es parar cosas que sabemos que ayudan porque alguna pieza esté compartida.

No estábamos discutiendo sobre el diagnóstico.

Estábamos discutiendo sobre qué daño aceptar mientras lo arreglábamos.

Mucho menos satisfactorio.

• • •

Nuria intervino.

—Necesito un criterio que podamos aplicar hoy.

Álvaro abrió una tabla.

—Podemos clasificar por tipo de acción.

—No por tecnología —dijo Nuria—. Por efecto sobre las personas.

Eso cambió la conversación.

Paula empezó con lo evidente.

—Cambios automáticos de participantes.

—Suspendidos —dijo Nuria.

—Asignaciones entre personas basadas en complementariedad.

—Validación humana previa.

—Extensión de sesiones por rendimiento conjunto previsto.

—Suspendida.

—Cambios de sala.

Me acordé de la 2.08.

—Depende de por qué —dijo Paula.

—Define.

—Accesibilidad, aforo, equipamiento…

—Eso puede seguir —dije.

Paula continuó:

—Cambio para aumentar interacción entre asistentes concretos.

—No.

Leo asintió.

—Eso no.

Nuria lo anotó.

—Horario por conflicto real de agenda.

—Sí.

—Horario para favorecer coincidencia entre perfiles.

—Validación humana.

No era elegante.

Pero ya no intentábamos encontrar un botón con la palabra ATLAS.

Estábamos poniendo límites a lo que podía ocurrir mientras Sistemas buscaba lo demás.

• • •

Javier habló desde el fondo.

—¿Qué pasa si paramos AURA entera cuarenta y ocho horas?

Álvaro hizo una pausa.

—La empresa funcionaría.

—¿Pero?

—Tendríamos bastante carga manual y algunas colas.

—Entonces es técnicamente posible.

—Sí.

Javier miró a Leo.

—¿Lo harías?

—No con lo que sabemos ahora.

—¿Por qué?

—Porque ya tenemos bloqueadas las reglas confirmadas y podemos suspender los tipos de acción de más riesgo mientras aislamos las dependencias. Parar funciones cuyo propósito sí conocemos no reduce necesariamente el riesgo que estamos buscando.

Javier me miró.

—¿Tú?

—Sí.

—¿Durante dos días?

—Sí.

—¿Cinco?

Abrí la boca.

La cerré.

—¿Hasta terminar toda la revisión?

No contesté.

Javier apoyó los antebrazos sobre la mesa.

—Todavía no sabes exactamente qué hay que apagar. Lo que tienes claro es qué no quieres que siga ocurriendo.

Eso sí.

—No quiero que una regla experimental altere una relación de trabajo sin que las personas sepan que está pasando.

Nuria levantó la vista de sus notas.

—Eso sí podemos convertirlo en control.

Javier asintió.

—Hacedlo.

Nada más.

No necesitaba otra frase.

• • •

Paramos diez minutos.

Fui a por agua.

Leo apareció cuando yo estaba llenando el vaso.

—Antes…

—Sí.

Se quedó al otro lado de la encimera.

—Ha sido injusto.

—Ya.

—Lo siento.

Bebí.

—Aceptado.

No pareció esperar que aquello resolviera el resto.

Mejor.

—Sigo pensando que un apagado general sería un error —dijo.

—También sé que sigues pensando eso.

—Vale.

—Y empiezo a entender por qué.

Leo levantó un poco las cejas.

—No pongas esa cara.

—¿Qué cara?

—La de haber ganado algo.

—No creo haber ganado nada esta mañana.

Eso era verdad.

Dejé el vaso.

—Quiero detener todo lo que no podamos justificar. No romper algo que sí podemos justificar solo para sentir que hemos hecho un corte limpio.

—Eso es lo que intentaba…

Levanté un dedo.

—No estropees el momento.

Leo se calló.

Por una vez.

Volvimos a la sala.

• • •

A las doce y cuarto había un plan.

Paula lo proyectó.

MEDIDAS INMEDIATAS

1. Bloquear las reglas identificadas como Atlas y aislar sus dependencias compartidas.

2. Suspender acciones automáticas que alteren participantes, asignaciones, duración de sesiones o composición de equipos cuando su finalidad no esté claramente documentada.

3. Exigir validación humana para recomendaciones de colaboración entre personas concretas.

4. Mantener provisionalmente las automatizaciones legítimas cuya finalidad sea independiente y trazable.

El resto de elementos se revisaría manualmente.

Y cualquier regla que volviera a activarse tendría que conservar tres cosas muy poco emocionantes y, a aquellas alturas, bastante importantes:

origen, finalidad y responsable de aprobación.

Nuria añadió:

—Las siete personas afectadas por las acciones confirmadas reciben comunicación hoy.

Álvaro la miró.

—Todavía no hemos terminado la revisión.

—Lo sé.

—La información va a ser provisional.

—Entonces lo decimos.

Dani intervino.

—Antes de final del día.

Álvaro anotó el plazo.

• • •

Javier leyó las cuatro medidas.

—¿Con esto puede ocurrir hoy algo parecido a las acciones que encontramos ayer?

Paula respondió:

—Con las rutas identificadas, no.

—¿Y con lo que todavía no habéis identificado?

—No puedo garantizar algo que aún no hemos encontrado.

Javier asintió.

—Bien.

La reunión había durado más de tres horas y esa era probablemente la respuesta menos satisfactoria que habíamos recibido.

También era la correcta.

Miré el punto cuatro.

El reparto de carga de Sergio podía recuperarse en cuanto Sistemas separara su dependencia.

Mercedes podía seguir ahorrándose horas de comparación manual.

Una reunión podía cambiar por accesibilidad o aforo.

No porque AURA mereciera confianza por defecto.

Simplemente porque sabíamos explicar para qué servían esas funciones.

—Estoy de acuerdo con el plan —dije.

Dani me miró.

—¿Con todo?

—Con el plan.

Álvaro abrió la boca.

Lo señalé.

—Ni se te ocurra.

La cerró.

Alguien se rio.

Yo también.

Nos hacía falta.

• • •

Mi correo llegó a las tres y diecisiete.

Información sobre acciones automatizadas asociadas a su actividad

Explicaba que NEXORA había identificado cuatro ajustes operativos aplicados automáticamente en actividades en las que yo había participado.

Los enumeraba.

Indicaba que los criterios correspondientes estaban suspendidos o bajo revisión.

Y terminaba ofreciendo contacto con Recursos Humanos y revisión individual de cualquiera de las actuaciones.

Lo leí dos veces.

No arreglaba lo que había ocurrido.

Pero esta vez la información había llegado a mí, no al revés.

Diez minutos después Clara apareció con el móvil.

—Me ha llegado esto.

—Sí.

—Una de las acciones afecta a mi revisión de carga.

—Añadieron a Leo.

Leyó otra vez.

—¿Y funcionó?

—Sí.

Clara hizo una mueca.

—Qué rabia.

—Exacto.

Guardó el teléfono.

No añadió ninguna conclusión.

No hacía falta.

• • •

A las cinco y media Dani apareció junto a mi mesa.

—¿Tienes un minuto?

Fuimos a una sala pequeña.

—Javier quiere una revisión completa de gobernanza de AURA —dijo al sentarse—. Permisos, datos, automatizaciones, excepciones. Probablemente auditoría externa.

—Bien.

—Y quiere que tú lleves la parte de experiencia de empleado y comunicación con Nuria.

Lo miré.

—¿Yo?

—Has trabajado la adopción y eres una de las personas afectadas.

—Precisamente.

—Precisamente.

No estaba segura de que la lógica funcionara igual en las dos direcciones, pero seguí.

—¿Quién más?

—Yo estaré en la revisión general. Sistemas, Jurídico y quien se designe para coordinación.

—¿Leo?

Dani tardó lo justo para que me fijara.

—Todavía no está decidido cómo se organizará esa parte.

—¿Cuándo?

—El lunes tendremos estructura.

No insistí.

No tenía otra respuesta y, por una vez, decidí no fabricar una.

Dani se levantó.

—Descansa este fin de semana.

—No pienso venir mañana.

—Yo tampoco.

—Perfecto.

Se marchó.

• • •

A las seis menos diez empecé a guardar.

Leo seguía en su mesa.

Durante toda la tarde habíamos hablado únicamente de trabajo.

Cogí el bolso y pasé cerca.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

Di dos pasos.

—Emma.

Me detuve.

—¿Qué?

Leo miró alrededor. Todavía quedaban varias personas.

—Sobre ayer…

No.

—No aquí.

Se quedó callado un segundo.

—Vale.

Esta vez no tuve nada que objetar.

—El lunes.

No sabía exactamente a qué me refería.

Él tampoco preguntó.

—El lunes.

Salí de la oficina.