Capítulo 16
Datos insuficientes
El miércoles a las ocho y cincuenta y cuatro descubrí que besar a un compañero de trabajo no modificaba automáticamente la distribución de una oficina.
Las mesas seguían en el mismo sitio. La impresora seguía pidiendo tóner por tercer día consecutivo y el ficus junto a la ventana mantenía su aspecto habitual de haber renunciado a todo.
Leo estaba dos filas más allá hablando con alguien de Sistemas.
Como si la noche anterior no hubiera tenido una mano en mi cara.
Dejé el bolso y encendí el ordenador.
Muy bien.
Podía trabajar.
Probablemente.
Clara apareció poco después con un café.
—¿Cenaste?
—Sí.
—¿Bien?
—Sí.
Dejó el vaso junto a su teclado.
—Perfecto.
Esperé.
Ella empezó a trabajar.
—¿No vas a preguntar nada más?
Clara me miró.
—Ahora sí tengo ganas.
—Olvídalo.
—Como quieras.
—Hubo un pollo interesante.
—No quiero saberlo.
—Pues te lo pierdes.
Volvió a su pantalla.
Aquello había salido bastante peor para mí de lo previsto.
• • •
A las nueve y veinte apareció un mensaje de Teams.
LEO: Buenos días.
Miré hacia su mesa. Seguía con Sistemas.
EMMA: Ya me has saludado esta mañana.
La respuesta tardó unos segundos.
LEO: Te he dicho hola al pasar.
EMMA: Es funcionalmente equivalente.
LEO: No según mis datos.
Sonreí antes de poder evitarlo.
EMMA: No conviertas esto en una métrica.
LEO: Lo intentaré.
Después llegó otro mensaje.
LEO: ¿Estás bien?
Dejé las manos sobre el teclado.
EMMA: Sí.
Un minuto más tarde:
LEO: Yo también.
De momento, estaba bien.
• • •
A las diez teníamos reunión del equipo de adopción.
Dani, Nuria, Clara, Leo y yo.
Me senté junto a Clara. Leo quedó enfrente.
Nadie comentó nada.
Una maravilla.
—Campaña y Atlas —dijo Dani—. En ese orden.
Clara abrió la nueva propuesta.
ENTIENDE QUÉ HACE. CONOCE TUS OPCIONES.
Mucho mejor que CONFÍA EN AURA, frase que esperaba que algún día pudiéramos negar haber escrito.
La pieza explicaba qué datos utilizaba AURA, qué podía recomendar, qué acciones necesitaban revisión y cómo impugnar una decisión.
Leo recorrió la pantalla.
—Añadiría qué no utiliza.
Nuria asintió.
—Sí.
Fuimos cerrando la lista una sola vez: AURA no accedía a dispositivos ni mensajería privados, no utilizaba ubicación fuera del trabajo, no escuchaba conversaciones físicas y no incorporaba información externa que no perteneciera a fuentes corporativas autorizadas.
Clara lo anotó.
—Eso visualmente funciona.
—Y tiene que ser exacto —dijo Nuria.
—Eso visualmente funciona menos.
—Lo superarás.
Dani pasó a la revisión de Atlas.
• • •
Sistemas había localizado una parte de la configuración que faltaba.
La buena noticia era que Atlas no había conseguido acceso clandestino a nuevas fuentes de información.
La menos buena era que reutilizaba información que AURA ya procesaba por otros motivos.
—Misma información, otro uso —dije.
—En parte —respondió Nuria.
Dani abrió el esquema.
Había dos tipos de señales que nos interesaban.
La primera era relativamente sencilla: datos sobre que una interacción ocurría, no sobre lo que significaba.
Frecuencia de colaboración.
Tiempo de respuesta.
Número de trabajos revisados juntos.
Continuidad después de una tarea compartida.
—Metadatos —dijo Leo—. Cuándo, cuánto, con qué frecuencia.
—No qué nos contamos.
—No en esa parte.
La segunda categoría era distinta.
AURA ya procesaba contenido laboral para funciones normales: resumir reuniones, detectar tareas, clasificar incidencias. Atlas había reutilizado algunos resultados de ese procesamiento.
Correcciones.
Preguntas y respuestas.
Confirmaciones.
Desacuerdos que acababan resolviéndose.
Nuria se inclinó hacia la pantalla.
—¿Hay inferencia emocional o análisis de sentimiento?
Dani negó.
—No aparece ninguna variable de ese tipo.
—¿Personalidad?
—Tampoco.
—Bien.
Lo anotó.
—Pero esto sigue siendo un uso distinto del que originó parte del análisis.
Ahí estaba su problema.
No qué podía ver la herramienta.
Para qué estaba usando después lo que veía.
• • •
Dani abrió un ejemplo anonimizado.
PERFIL A + PERFIL B
Habían trabajado juntos en catorce ocasiones asignadas.
Después habían seguido interactuando voluntariamente dentro de herramientas corporativas.
El sistema detectaba correcciones mutuas frecuentes y una resolución conjunta por encima de la media.
—En castellano —dije.
Leo señaló la pantalla.
—Trabajan juntos, siguen hablando después y algunas cosas salen mejor cuando revisan el trabajo del otro.
—Gracias.
—De nada.
—¿Y sabe por qué siguen hablando?
—No.
—Puede ser trabajo.
—Sí.
—Puede ser que uno le mande al otro un meme horrible.
Dani levantó la vista.
—Si es por Teams corporativo, el sistema puede registrar que hubo interacción. Eso no significa que el indicador sepa que era un meme.
—Me tranquiliza muchísimo la precisión de esta empresa.
Leo me miró.
—Eso cuenta como un uso legítimo de «muchísimo».
—No te acostumbres.
Clara levantó la cabeza.
—¿Podemos volver a la parte en la que mi mensajería corporativa podría contribuir a una estadística incomprensible?
Nuria señaló el registro.
—Precisamente por eso se está revisando.
Dani pasó al siguiente caso.
Yo ya no lo estaba mirando.
—Quiero ver el nuestro.
Se hizo un pequeño silencio.
No dramático.
Solo el tiempo necesario para que todos recordáramos que aquel registro existía.
—Podemos consultarlo —dijo Dani.
—Hazlo.
Esta vez no necesité que nadie me aconsejara leer antes de decidir qué significaba.
El resultado apareció sin mensajes ni contenido concreto.
MARTÍN, EMMA / VEGA, LEONARDO
Colaboración asignada: alta
Interacción corporativa voluntaria: media
Corrección mutua: alta
Resolución conjunta: superior al promedio
Y:
Persistencia de interacción: creciente
Me quedé mirando la última línea.
Leo fue el primero en preguntar:
—¿Hasta qué momento llegan los datos?
Dani abrió el detalle.
—Ayer a las seis.
Antes de la cena.
Antes del beso.
—Entonces solo incluye oficina —dije.
—Sí.
Bien.
No porque lo demás fuera secreto para mí.
Porque no estaba dentro del sistema.
Dani bajó un poco más.
Había una recomendación:
Aumentar interacción directa durante fases de revisión compleja.
—Eso sigue siendo profesional —dijo Leo.
—Sí.
—¿Ha ejecutado alguna modificación?
—No desde que restringimos Atlas.
Esa era la parte que más importaba.
Desde la restricción, recomendaba.
No actuaba.
Nuria tomó nota.
—Que siga así.
• • •
Al salir de la reunión, Leo y yo caminamos juntos unos metros.
—«Persistencia de interacción creciente» —dije.
—No es una gran frase.
—Parece el diagnóstico de una enfermedad.
—No creo que la campaña vaya a utilizarla.
—Qué pena.
Llegamos a una zona más tranquila.
—¿Estás bien? —preguntó.
—Sí.
Esta vez no añadí nada.
Él tampoco.
Unos pasos después dije:
—No me gusta que mida esas cosas.
—A mí tampoco.
—Aunque sean laborales.
—Sí.
—Y aunque no sepa por qué ocurren.
Leo se metió las manos en los bolsillos.
—Lo que ha medido existía.
Lo miré.
—Trabajábamos bien juntos antes de saber que lo estaba midiendo. Nos corregíamos. Seguíamos hablando después de algunas tareas.
—Ya.
—Que pueda medirlo no significa que sea suyo.
Me quedé con la frase.
—Esa te ha salido bien.
—Puedo retirarla.
—No.
Seguimos caminando.
—Y no sabe nada de ayer —añadí.
—No.
Eso bastaba.
No necesitábamos discutir el beso con una tabla abierta entre los dos.
• • •
Después de comer volví a la campaña.
Clara acercó su silla.
—¿Qué tenemos que cambiar?
—Quiero explicar los usos secundarios.
—Sin decir «usos secundarios».
—Complicado.
—Es mi única condición.
Busqué una formulación.
—Que una herramienta tenga una información para hacer una cosa no significa que cualquier otro uso sea equivalente.
—Demasiadas «cosas».
—Lo sé.
—Ejemplo.
—Puede resumir una conversación de trabajo porque le hemos dado acceso para esa función. Eso no significa que automáticamente deba utilizar lo aprendido para decidir quién tendría que colaborar más con quién.
Clara asintió.
—Eso sí.
Escribió una nota.
—Luego hacemos que Nuria lo convierta en algo jurídicamente correcto.
—Y tú otra vez en algo que quepa en un cartel.
—Ese es el ciclo natural de la empresa.
No intentamos convertirlo en una frase memorable.
Ya teníamos suficiente trabajo.
• • •
A las cuatro llegó el documento preliminar de Sistemas.
La mayoría de variables de Atlas seguían siendo claramente operativas: carga, tareas, proyectos, disponibilidad.
El problema estaba en las derivadas.
Sistemas proponía suspender tres mientras Nuria y Jurídico revisaban la finalidad para la que se estaban utilizando:
Patrones lingüísticos
Persistencia de interacción
Continuidad colaborativa inferida
Abrí la última.
Era una estimación construida a partir de colaboración voluntaria posterior, reciprocidad de respuesta y mejora conjunta de resultados.
Nada mágico.
Nada sentimental.
Y aun así demasiado cerca de intentar convertir una relación de trabajo en una predicción sobre lo que debía ocurrir después.
Leo apareció junto a mi mesa.
—Lo has visto.
—Sí.
—Van a suspender las tres.
—Bien.
—Atlas sigue limitado a recomendaciones mientras revisan el resto.
Asentí.
También bien.
Leo no se movió.
—¿Necesitas algo?
—Sí.
Esperé.
—Quiero volver a invitarte a cenar.
Lo miré.
—¿Otra vez?
—Creo que así funcionan las segundas citas.
—¿Es una segunda cita?
—Sí.
Había aprendido.
—¿Cuándo?
—Mañana.
—Tengo reunión hasta las siete.
—Después.
Pensé un momento.
—Vale.
—Vale.
No abrió el calendario.
Yo tampoco.
• • •
A las seis empecé a recoger.
Antes de cerrar AURA apareció una notificación.
Recomendación de colaboración pendiente
MARTÍN, EMMA + VEGA, LEONARDO
Nivel de confianza estadística: insuficiente para ampliar recomendación actual.
La leí una vez.
Después cerré la ventana.
Por una vez, no tenía ninguna objeción.
Datos insuficientes.