Capítulo 4
El sesenta y uno por ciento
Dani tardó exactamente cuatro minutos en decirme que nadie iba a perder su trabajo por culpa de AURA.
Tardó otros siete en conseguir que dejara de parecerme una respuesta preparada por Recursos Humanos.
—No hay ningún proceso de reducción de plantilla asociado a la implantación —repitió.
—Eso no es lo que he preguntado.
—Has preguntado si AURA puede provocar que alguien pierda su puesto.
—He preguntado qué significa «reasignación de funciones».
Dani dejó el bolígrafo sobre la mesa.
Eran las tres y cuarenta y dos y yo llevaba doce minutos en su despacho.
La buena noticia era que todavía no habíamos discutido sobre nuestra relación.
La mala era que habíamos encontrado material suficiente para discutir sin necesitarla.
—Significa reorganizar determinadas tareas entre proyectos —dijo—. De forma temporal y con validación humana.
—¿Y si reorganizas suficientes tareas hasta que una persona deja de tenerlas?
—Eso es bastante hipotético.
—Estamos preparando una campaña para convencer a doscientas cincuenta personas de que confíen en un sistema. Me gustaría llegar al viernes sabiendo qué les estoy pidiendo que confíen.
Dani se levantó.
Fue hasta la ventana.
Lo recordaba haciendo aquello cuando necesitaba pensar y no quería que se notara.
Antes me irritaba.
Seguía haciéndolo.
—No quiero que mientas —dijo.
—Bien.
—Pero tampoco quiero que conviertas cada posibilidad técnica en una amenaza.
—Eso ya es más difícil.
Se giró.
—AURA recomienda. La responsabilidad final sigue siendo humana.
—Entonces eso es lo que voy a decir.
—Eso es lo que tienes que decir.
—Y si recomienda algo absurdo, alguien tendrá que darse cuenta antes de aprobarlo.
—Sí.
Cogí la libreta.
Dani frunció el ceño.
—¿Eso era todo?
—¿Querías hablar de otra cosa?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.
Dani me miró.
Yo bajé los ojos hacia la libreta.
Muy profesional.
Excelente trabajo, Emma.
—No —dijo finalmente.
—Pues ya está.
Me levanté.
—Emma.
Me detuve junto a la puerta.
—¿Sí?
—No tienes que confiar en AURA para hacer bien este trabajo. Pero tampoco puedes empezar habiendo decidido que va a fallar.
Lo miré.
—No lo he decidido.
Y era verdad.
Todavía.
• • •
A las nueve y doce de la mañana siguiente, AURA decidió que Clara trabajaba demasiado poco.
No utilizó exactamente esas palabras.
Utilizó unas mucho peores.
OPTIMIZACIÓN DE CAPACIDAD DISPONIBLE
Debajo:
CLARA SERRANO — DISEÑO
Índice de utilización estimado: 61 %
Capacidad temporalmente reasignable: 30 %
Clara estaba de pie delante de mi monitor.
Yo estaba sentada.
Ninguna de las dos decía nada.
—¿Qué significa «capacidad temporalmente reasignable»? —preguntó finalmente.
No me gustó cómo sonaba su voz.
Abrí el detalle.
AURA proponía asignar hasta un treinta por ciento de su jornada a un proyecto de Ventas durante las siguientes tres semanas.
No cambiaba su puesto ni sus funciones permanentes.
Según el sistema, simplemente tenía tiempo disponible.
El problema era que Clara no tenía ese tiempo.
—Que cree que tienes hueco —dije.
—No tengo hueco.
—Lo sé.
—Esta semana he salido dos días a las siete. Tengo cinco piezas de la campaña de AURA, la newsletter del viernes, los materiales de onboarding y todavía no hemos terminado el vídeo de Seguridad.
—Lo sé.
—¿Sesenta y uno por ciento?
—Es una estimación.
—¿Basada en qué?
Abrí la explicación.
Reuniones. Tareas registradas. Tiempos de entrega. Comunicaciones.
Clara leyó por encima de mi hombro.
—Trabajo en Illustrator seis horas al día.
Seguí bajando.
—Illustrator no está integrado.
Se quedó callada.
AURA veía los briefs, los correos, las reuniones y cuándo Clara entregaba un archivo.
No veía casi nada de lo que ocurría entre recibirlo y entregarlo.
Las pruebas. Las versiones descartadas. Los cambios que nadie registraba porque registrar cada cambio llevaba casi tanto tiempo como hacerlo.
Para AURA había huecos.
Para Clara había trabajo.
—¿Pueden aprobar esto sin preguntarme?
Busqué la letra pequeña.
Pendiente de validación del responsable de área.
—Todavía no está aprobado.
—Pero alguien puede verlo y pensar que estoy al sesenta y uno por ciento.
Eso era peor.
No le preocupaban solo tres semanas ayudando a Ventas. Le preocupaba que un número pudiera convertirse en la versión oficial de cuánto trabajaba.
—Antes de que alguien valide nada, averiguamos qué ha pasado.
Mi teléfono vibró.
Reunión programada — 09:30
Optimización de recursos: Comunicación / Diseño
Asistentes:
Emma Martín.
Clara Serrano.
Leonardo Vega.
—No me lo puedo creer.
Clara miró la pantalla.
—¿Qué hace Leo ahí?
—Supongo que hoy viene en el paquete de implantación.
• • •
Leo entró a las nueve y veintinueve.
Clara ni siquiera esperó a que se sentara.
—Según AURA me sobra casi el cuarenta por ciento de la jornada.
Leo dejó el portátil sobre la mesa.
—He visto la propuesta.
—Y dice que está al sesenta y uno por ciento —añadí.
—Dice que su utilización registrada es del sesenta y uno.
—No empieces.
—No estoy diciendo que tenga razón. Estoy diciendo que el número mide otra cosa.
—El resultado es el mismo —dije—. La considera disponible.
—Porque hay trabajo que no está entrando en el cálculo.
—Exacto.
—Entonces hay que corregir los datos.
Me apoyé en la mesa.
—No. Hay que corregir el sistema.
Leo frunció el ceño.
—El sistema calcula con la información que tiene.
—Ese es precisamente el problema.
—Si conseguimos reflejar correctamente la carga de Clara…
—¿Y cuántos Claras hay?
Se detuvo.
—Personas cuyo trabajo no deja una huella bonita en Teams. Gente que piensa, diseña, revisa, habla con clientes, resuelve cosas por teléfono o ayuda a un compañero sin abrir una tarea para dejar constancia.
Clara añadió:
—O que hace veinte versiones y entrega una.
Leo la miró.
—Eso tampoco puede convertirse en veinte tareas.
—Gracias.
—No era una crítica.
—Ha sonado bastante a crítica.
—Quiero decir que necesitamos reflejar el trabajo sin obligar a todo el mundo a documentar cada movimiento.
Ahí seguíamos sin estar de acuerdo.
Y me alegré.
Empezaba a preocuparme que aquel hombre tuviese siempre una respuesta razonable.
—Entonces quizá haya cosas sobre las que no debería recomendar nada.
Leo se echó hacia atrás.
—Puede ser. Pero eso tampoco te dice cuándo alguien está realmente saturado.
—Clara nos lo acaba de decir.
—Porque la conocemos. Otra persona puede decir lo mismo y no tener la misma carga.
Clara levantó una ceja.
—Me encanta ser el ejemplo práctico de esta conversación.
Leo hizo una mueca.
—No me refería a ti.
—Nunca mejora cuando añades esa frase.
Abrí una página nueva antes de que aquello se eternizara.
—Tenemos dos problemas. AURA no ve bien determinados trabajos y no podemos solucionarlo haciendo que la gente pierda media jornada demostrando que trabaja la otra media.
Leo asintió.
—Eso sí.
Clara señaló la pantalla.
—Mi propuesta sigue siendo que Ventas se busque otro diseñador.
—La tengo apuntada.
—Es la mejor hasta ahora.
Probamos varias alternativas.
Registrar horas manualmente añadía trabajo. Integrar más herramientas seguía dejando fuera parte del proceso. Excluir Diseño evitaba una mala recomendación, pero también impedía detectar cargas reales.
Después de un rato, Leo dejó de escribir.
—Quizá estamos midiendo la variable equivocada.
—Explica.
—En lugar de intentar calcular cuánto tiempo trabaja Clara, podemos mirar cuántos compromisos tiene abiertos y cuándo vencen.
Clara frunció el ceño.
—Eso tampoco sabe cuánto tarda en diseñar algo.
—No. Pero antes de declararte disponible puede comprobar si tienes dieciséis entregas pendientes.
Abrimos los datos.
Clara tenía dieciséis.
Dos ni siquiera aparecían vinculadas directamente a ella.
—Eso me interesa más —dije.
—Proyectos abiertos, fechas y dependencias.
—Sin vigilar cuánto tarda alguien en mover el ratón.
—Exacto.
Los dos fuimos a coger el ratón a la vez.
Nuestras manos chocaron.
Un roce.
Aparté la mía.
—Adelante —dije.
—Es tu ordenador.
—Pues deja de apropiártelo.
—Llevas diez minutos diciéndome qué hacer con él.
—Y estaba funcionando.
Volvimos a la pantalla.
La prueba era rudimentaria, pero suficiente para recalcular el caso de Clara.
CLARA SERRANO — DISEÑO
Carga estimada según compromisos activos: ALTA
Reasignación temporal no recomendada.
Clara leyó dos veces.
—Eso se parece bastante más a mi semana.
Leo seguía mirando los resultados.
—Hay que probarlo con otros equipos. Puede dar problemas si las tareas no se cierran o las dependencias están mal registradas.
—Ya aparecerán.
—Esa no es una metodología.
—Es la metodología oficial de NEXORA desde 2004.
Clara señaló la pantalla.
—¿Podemos disfrutar primero de que ya no me sobra un treinta por ciento?
Apareció una nueva línea.
Se ha detectado una mejora potencial del modelo de asignación de recursos.
—Mira —dijo Clara—. Hasta ella está de acuerdo conmigo.
Leo negó.
—Dice que hemos encontrado un problema en una regla.
—No me estropees el momento.
AURA actualizó la recomendación.
La recomendación de reasignación temporal de Clara Serrano ha sido retirada.
Clara levantó los brazos.
—Gracias.
—Seguía pendiente de validación —dijo Leo.
Clara volvió a bajarlos.
—De verdad tienes un talento.
—¿Para qué?
—Para llegar siempre medio segundo antes de la felicidad.
• • •
A mediodía estábamos otra vez en el despacho de Dani.
Leyó el informe completo sin interrumpir.
—¿Cuántas recomendaciones de reasignación se han generado con el criterio anterior?
Leo consultó el sistema.
—Once.
—¿Validadas?
—Tres.
Se me tensó el estómago.
—¿Tres personas ya están trabajando para otros proyectos?
—Parte de su jornada, sí —dijo Leo.
Dani se volvió hacia él.
—Revísalas hoy.
—Sí.
Después nos miró.
—Buen trabajo.
—Ha sido cosa de los tres —dije.
—Cuatro —corrigió Clara—. Mi treinta por ciento de capacidad imaginaria ha contribuido bastante.
Dani sonrió.
—De los cuatro.
Dejó el informe sobre la mesa.
—Pero esto no sale todavía del equipo.
—¿Por qué?
—Porque antes quiero saber si esas tres recomendaciones son incorrectas.
—La gente debería saber que hemos encontrado un problema.
—Y lo sabrá cuando sepamos el alcance.
—Sabemos que ha fallado en Clara.
Leo intervino.
—Necesitamos revisar las otras tres antes de decir qué efecto ha tenido.
Me giré hacia él.
—No estoy proponiendo ocultarlo.
—Entonces, ¿qué quieres comunicar ahora?
Abrí la boca.
La cerré.
Odiaba cuando una pregunta razonable interfería en mi enfado.
—Que el modelo se está revisando.
—Eso sí —dijo Leo.
Dani asintió.
—En cuanto tengamos los resultados.
—Hoy.
—Hoy.
• • •
A las cinco y doce recibí el informe.
De las tres reasignaciones validadas, dos seguían teniendo sentido.
Una no.
Un analista de Operaciones llevaba semanas cubriendo informalmente parte del trabajo de un compañero de baja. Como nadie había actualizado el reparto de tareas, AURA lo consideraba más disponible de lo que estaba.
Otra carga de trabajo que existía perfectamente para la persona que la soportaba y bastante peor para los datos.
Abrí el panel de AURA.
El modelo de estimación de carga ha sido actualizado.
Debajo:
Se recomienda incorporar compromisos activos y dependencias en futuras propuestas de asignación.
Escribí:
¿Por qué recomendaste reasignar a Clara?
La respuesta apareció unos segundos después.
Los datos disponibles indicaban capacidad no utilizada.
Pero estabas equivocada.
La animación circular giró.
La recomendación era consistente con la información disponible y los criterios configurados.
Escribí:
Eso no responde.
Otra pausa.
La recomendación no habría producido el resultado esperado.
Me quedé mirando la frase.
Era probablemente lo más parecido a «me equivoqué» que iba a conseguir.
He actualizado el modelo para incorporar la nueva información.
Eso me bastaba por hoy.
Entonces apareció otra notificación.
Nueva asignación recomendada.
Abrí por puro reflejo.
Revisión de anomalías de carga y procesos no registrados
Responsables:
EMMA MARTÍN
LEONARDO VEGA
Duración estimada:
5 días
Debajo apareció la justificación.
Complementariedad demostrada en identificación y resolución de incidencias.
Clara se acercó con el abrigo puesto.
—¿Qué pasa?
Giré el monitor.
Leyó.
—Cinco días.
—Gracias por fijarte en lo importante.
—Yo ya he recuperado mi treinta por ciento. Ahora puedo ser generosa.
Cogí el bolso.
Al parecer, conseguir que AURA entendiera que una persona no cabía en un sesenta y uno por ciento tenía premio: cinco días revisando a quién más había calculado mal.
Apagué el monitor.