Capítulo 3
Compatibilidad operativa
A las ocho y cuarenta y siete del miércoles, Dani me convocó a una reunión.
Un minuto después, AURA la había marcado como prioridad alta y yo estaba considerando fingir una gastroenteritis.
Daniel Salvatierra / Emma Martín
Objetivo: estrategia interna de adopción de AURA
Me quedé mirando la pantalla.
Clara apareció detrás de mí con un café.
—¿Qué has hecho?
—Nada.
—Tienes cara de haber recibido una citación judicial.
Giré el monitor.
Leyó el asunto.
—Tu ex quiere hablar contigo sobre la inteligencia artificial que se está apropiando del edificio.
—Cuando lo dices así parece que mi vida tiene argumento.
Clara dejó el café sobre mi mesa.
—¿Y qué significa «adopción de AURA»?
—Espero que no implique llevarla a casa.
• • •
Dani había conseguido un despacho provisional en la cuarta planta.
Por supuesto, era uno de esos despachos que parecían exactamente iguales a todos los demás hasta que alguien importante se instalaba en ellos y, de repente, aparecían una cafetera decente, una planta que seguía viva y dos sillones que nadie recordaba haber comprado.
Llamé.
—Pasa.
Entré.
Dani estaba delante de una pantalla revisando algo.
—Buenos días.
—Depende.
Levantó la mirada.
—Sigues siendo una persona de mañanas.
—Nunca he sido una persona de mañanas.
—Los domingos sí.
Me detuve.
Aquello había salido con demasiada naturalidad.
Tres años sin hablarnos y todavía recordaba que los domingos yo podía levantarme a las siete para desayunar fuera pero consideraba una violación de los derechos humanos cualquier alarma antes de las ocho entre semana.
Dani apartó la vista primero.
—Siéntate.
Sobre la mesa había una carpeta.
AURA — PLAN DE ADOPCIÓN INTERNA
—Necesito que Comunicación lidere esto.
—Qué sorpresa.
—Emma.
—Estoy escuchando.
Abrió el documento.
—La implantación está generando más resistencia de la prevista.
—¿De verdad?
Dani me miró.
—Necesitamos evitar que se convierta en un problema.
—También podríais dejar de reorganizar plantas enteras sin avisar.
—La reorganización estaba prevista.
—Para nosotros no.
—Porque se adelantó cuarenta y ocho horas.
—Detalles.
Dani apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—Precisamente por eso quiero que estés tú. Conoces a la gente. Sabes qué mensajes funcionan aquí y cuáles no.
—Eso ha sonado peligrosamente parecido a un cumplido.
—No dejes que se te suba a la cabeza.
Tuve que bajar la vista hacia la carpeta.
La réplica me había resultado demasiado familiar.
Dani pasó de página.
—Quiero una campaña sencilla. Qué hace AURA, qué no hace, cómo utilizarla y qué cambios puede esperar cada departamento.
—¿Y qué no hace?
Dani levantó la vista.
—¿Perdona?
—Has dicho que expliquemos qué hace y qué no hace. La segunda parte me interesa.
—No toma decisiones laborales sin validación humana.
—¿Seguro?
—Sí.
—Porque ayer decidió dónde me sentaba.
—Eso no es una decisión laboral.
—Mi espalda discrepa.
Dani soltó el aire por la nariz.
—No estamos hablando de mesas.
—Yo sí.
—Emma.
—Daniel.
Se reclinó en la silla.
—Esto es lo que está pasando fuera de este despacho. Cada conversación acaba mezclando dudas reales con bromas sobre si AURA va a despedir a alguien.
—Pues quizá deberíais resolver las dudas reales antes de hacer la campaña.
Me observó durante un momento.
—Por eso estás aquí.
—¿Para resolverlas?
—Para encontrarlas antes de que publiquemos respuestas que nadie se crea.
Eso sí tenía sentido.
Y me molestó que lo tuviera.
Dani giró la pantalla hacia mí.
Había preguntas frecuentes, incidencias, comentarios recogidos desde la implantación y una gráfica titulada:
ÍNDICE DE CONFIANZA EN AURA
—Treinta y ocho por ciento —dije.
—Cuarenta y uno esta mañana.
—Imparable.
Seguí leyendo.
El problema no era que todo el mundo odiara AURA. Muchos empleados reconocían que les estaba ahorrando tiempo: había eliminado reuniones duplicadas, reorganizado recursos y encontrado errores de calendario que llevaban meses generando problemas.
Pero casi nadie sabía exactamente qué información utilizaba para hacerlo.
—Necesito acceso al equipo de implantación —dije.
—Lo tendrás.
—Y a la documentación técnica que pueda entender una persona normal.
—También.
—Y quiero hablar con empleados de varios departamentos sin que Dirección esté delante.
Dani levantó una ceja.
—¿Algo más?
—Un poni.
—Eso va a ser complicado.
—Entonces nos quedamos con lo anterior.
Hizo una anotación.
—AURA ha propuesto una estructura de equipo.
—¿Tengo derecho a negarme?
—Tienes derecho a decirme por qué no funciona.
—Mira. Casi democracia.
Dani activó la pantalla lateral.
—AURA, muestra la propuesta para el proyecto de adopción interna.
Aparecieron cuatro nombres.
El mío.
Clara.
Nuria, de Recursos Humanos.
Y:
LEONARDO VEGA — OPERACIONES E IMPLANTACIÓN
Intenté que mi cara no hiciera nada.
No sé si lo consiguió.
—¿Por qué él? —pregunté.
—Está en implantación y conoce el trabajo operativo.
—Hay más consultores.
—Y AURA lo ha incluido en la combinación propuesta.
Miré la pantalla.
—¿En función de qué?
La respuesta apareció debajo de los nombres.
Experiencia, disponibilidad, complementariedad de competencias y resultados observados.
—Leo y yo hemos trabajado juntos exactamente una vez.
AURA corrigió:
Dos tareas diferenciadas: reorganización inicial y vaciado de la sala 3.06.
Dani me miró.
—¿Ya os conocéis?
—Ha movido mis cajas.
Aquello sonó peor de lo que pretendía.
Dani decidió, por una vez, no comentar.
En la pantalla apareció un último dato.
Rendimiento conjunto observado: +26 % respecto a la estimación inicial.
—Me alegra saber que hasta mover archivadores genera métricas.
• • •
La primera reunión del equipo se celebró a las once.
Clara llegó conmigo.
—¿Por qué está Leo?
—Compatibilidad operativa.
—Perdona?
—Luego.
Leo ya estaba sentado cuando entramos, con camisa, acreditación temporal y un portátil abierto delante.
Al verme levantó la vista.
—Emma.
—Leonardo.
Entrecerró los ojos.
—Eso es preocupante.
—AURA.
—Claro.
Nuria ocupó uno de los extremos de la mesa. La conocía de varias campañas y tenía la costumbre de llevar los documentos ya subrayados antes de que el resto supiéramos que existían.
Dani no perdió tiempo con presentaciones largas.
Yo coordinaría el proyecto. Clara llevaría la parte visual. Nuria revisaría la información laboral y de privacidad. Leo sería el enlace con implantación.
—¿Enlace? —pregunté.
Leo alzó la vista del portátil.
—Al parecer.
—¿Eso significa que respondes preguntas?
—Las que pueda.
Por lo menos no prometía todas.
Dani continuó.
—Quiero un primer planteamiento el viernes.
Clara consultó el calendario.
—¿Este viernes?
—Este viernes.
—Son dos días —dije.
—Dos días y medio.
—Gracias. Ya parece razonable.
Dani repasó entregables, fechas y responsables con la velocidad de quien consideraba que poner algo en un calendario era prácticamente haberlo terminado.
Después se marchó a otra reunión.
Nuria también salió al poco rato para recopilar documentación.
Clara abrió el archivo de diseño.
—Necesitamos saber qué queremos decir antes de diseñar nada.
—Exacto.
Leo se recostó ligeramente en la silla.
—¿Qué queréis decir?
—Que AURA es maravillosa, que nadie debe preocuparse y que nuestros datos están en manos responsables.
—Eso no parece lo que piensas.
—Porque no lo es.
Abrí el documento con las preguntas de empleados.
—No pienso hacer propaganda.
—Entonces no la hagas.
Clara dejó de escribir.
Yo señalé la pantalla.
—Dirección quiere subir el índice de confianza.
—Eso no obliga a decir que todo funciona bien.
Leo acercó el portátil.
—Empezaría por las preguntas que ya está haciendo la gente.
—Privacidad —dije.
—Puestos de trabajo —añadió Clara.
—Decisiones automatizadas —dijo Leo—. Y qué información utiliza.
—También qué pasa cuando se equivoca —añadió Clara.
Leo asintió.
—Sí.
Lo miré.
—No pareces muy interesado en vender AURA.
—No estoy aquí para venderla.
—¿Entonces?
Se tomó un segundo.
—Para intentar que la implantación funcione.
Era una respuesta bastante menos grandiosa que las anteriores.
Me gustó más.
La pantalla de la sala se iluminó.
PROPUESTA DE MENSAJE CENTRAL
AURA NO SUSTITUYE PERSONAS. ELIMINA FRICCIONES.
Clara hizo una mueca.
—Suena a folleto de consultoría.
—Lo es —dije.
Leo siguió mirando la frase.
—Yo tampoco la usaría.
—¿Por qué?
AURA mostró una advertencia bajo el eslogan.
La formulación omite determinados escenarios de reasignación de funciones.
Los tres nos quedamos mirando la pantalla.
Clara fue la primera.
—¿Reasignación de funciones significa que puede sustituir a alguien?
Apareció la respuesta:
No es una equivalencia exacta. Las mejoras de eficiencia pueden modificar la distribución de determinadas tareas entre puestos.
Miré a Leo.
—Esto debería aparecer en la campaña.
Negó despacio.
—No así.
—¿Por qué?
—Porque sin contexto van a leer «despidos».
—¿Y no puede ocurrir?
—No lo sé.
La respuesta me hizo callar.
—Entonces necesito averiguarlo.
—Sí.
Abrió de nuevo el portátil.
—Y yo necesito comprobar qué podemos afirmar con seguridad.
—Eso suena bastante a que no puedes contestarme.
—Ahora mismo, no.
No me encantaba.
Pero era una respuesta.
Clara levantó la mano sin apartar la vista de su pantalla.
—Solo para saber si empiezo a buscar otro grupo: ¿seguimos siendo un equipo?
—De momento —dije.
Leo volvió al documento.
—Compatibilidad operativa.
—No abuses.
• • •
A la una y cuarto, Clara tenía que terminar un diseño urgente y Nuria seguía fuera, así que acabé bajando al bar de la esquina con Leo.
—¿Siempre comes aquí? —preguntó.
—Cuando quiero vivir peligrosamente.
Miró el menú del día pegado en la puerta.
—Hay merluza.
—Exacto.
Entramos.
Llevamos las preguntas del proyecto con nosotros y, antes de que llegaran los primeros platos, ya habíamos reducido dos páginas de notas a una lista bastante manejable y tres cosas que necesitábamos confirmar con Nuria.
Funcionaba bien.
No tenía por qué significar nada más.
—¿Cuánto llevas trabajando con AURA? —pregunté.
Leo dejó el tenedor.
—Unos meses.
—¿Y qué opinas?
—Es buena.
Esperé.
—Eso ha sido dolorosamente breve.
Se encogió ligeramente de hombros.
—Hace bien lo que le pides. El problema empieza cuando nadie quiere hacerse responsable de lo que le ha pedido.
—Eso suena a experiencia.
—La tengo.
—Dani confía mucho en ella.
Leo levantó la vista.
—¿Daniel?
—Sí.
—Parece que lo conoces.
Cogí el vaso.
—Trabajamos juntos hace tiempo.
—Vale.
Volvió al plato.
Esperé un poco.
Nada.
—¿Vale?
—No sé qué más quieres que diga.
—Nada.
—Entonces vamos bien.
Me encontré sonriendo.
—Eres raro.
—Puede ser.
Mi móvil vibró sobre la mesa.
15:30 — Reunión de seguimiento con Daniel Salvatierra.
Leo vio el nombre antes de que yo pusiera el teléfono boca abajo.
Siguió comiendo.
Y se lo agradecí.
• • •
A las tres y veintisiete volví a mi mesa.
Tenía tres minutos antes de la reunión con Dani.
Abrí el ordenador y entré en el panel de AURA para revisar las asignaciones del proyecto.
Había una actualización.
Recomendación: mantener la colaboración entre Emma Martín y Leonardo Vega en próximas tareas.
Abrí el detalle.
Motivo: tasa de resolución conjunta superior a la media observada del equipo.
Escribí:
Solo llevamos un día trabajando juntos.
La respuesta apareció enseguida.
Los datos disponibles permiten una recomendación provisional.
Eso me gustaba un poco más.
Unos segundos después, el encabezado cambió.
RECOMENDACIÓN PROVISIONAL: MANTENER ASIGNACIÓN CONJUNTA
Cerré la ventana.
Desde la mesa de al lado, Clara levantó la cabeza.
—¿Adónde vas?
Miré el aviso de las tres y media.
—A conseguir respuestas antes de que tengamos que explicárselas a doscientas cincuenta personas.
—Suerte.
Cogí la libreta.
Dani quería un primer planteamiento el viernes.
Antes de eso, iba a tener que contestarme unas cuantas cosas.