Mi irresistible enemigo Capítulo 58
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Capítulo 58

Marlon

Gracias a los informes que Luna nos hizo llegar, y también al trabajo de los abogados confirmando que todo era real y legal, tanto Steph como yo conseguimos frenar aquel despropósito. Y, con ello, el final trágico de mi empresa.

Los japoneses habían salido de la sala de juntas con las caras pálidas y sus abogados balbuceando excusas.

La demanda alemana, los informes de adquisiciones hostiles, el patrón sistemático de desmantelamiento…

todo había salido a la luz en el momento exacto.

Después de eso, no les quedó más remedio que retirarse.

Las acciones que pretendían controlar acabaron en manos de Steph, tal y como habíamos planeado en los últimos veinte minutos de la reunión.

Limpio. Legal. Y definitivo.

Con el poder de esas acciones en manos de mi socio, no correríamos más el riesgo de que otras personas u otra empresa nos pusieran contra las cuerdas. Y lo conseguimos gracias a una oferta suculenta.

Como los japoneses se echaron hacia atrás en el último momento, los accionistas minoritarios que habían anhelado cerrar el acuerdo se quedaron sin nada. Hacerles una contraoferta fue pan chupado.

Cuando la puerta se cerró detrás de que abandonara la sala el último de ellos, me dejé caer en la silla y solté el aire que llevaba conteniendo desde hacía semanas.

El alivio fue tanto físico como mental. Por fin la empresa estaba a salvo.

El control seguía siendo nuestro. Ya no estaba la espada de Damocles sobre mi cabeza.

Steph se rio por lo bajo desde el otro lado del escritorio, aflojándose la corbata.

—Hay que joderse. Llevábamos días buscando una grieta y resulta que tu “chica medusa” nos la regala en bandeja.

—Me miró con una ceja levantada, a la espera de que se me escapase algún comentario jugoso sobre ella.

No ocurrió—. ¿Cenamos? Hay que celebrarlo.

Aunque sea con un filete y una botella de vino.

O dos. He pasado tantos días con el culo apretado que lo único que me apetece es cogerme una cogorza.

Negué con la cabeza, ya levantándome y recogiendo la chaqueta del respaldo de la silla para echármela sobre el brazo.

—No puedo, lo siento. Mañana sí que podríamos celebrar que ahora estamos casi a la par. Pero hoy tengo cosas que hacer.

—¿Y qué es más importante que celebrar que no vas a perder tu empresa? —preguntó con cierta curiosidad.

—Tengo que ir a agradecérselo a ella. En persona.

Steph soltó una carcajada, entendiendo a la primera lo que le estaba diciendo.

—Por fin. —Señaló hacia la puerta con la barbilla—.

Vete, anda. Y no hagas el tonto, Marlon.

Has tenido suerte de que esa mujer todavía quiera mirarte a la cara después de todo.

No la cagues otra vez, o yo misma te echaré de aquí y la pondré a ella en tu lugar.

Luna Rivera ha demostrado más valentía que tú en todo esto.

No se lo negué, porque era cierto.

Gracias a esa mujer no perdería el legado de mi familia ni me pondrían contra las cuerdas nunca más. Ella fue quien movió los hilos para conseguir —ignoraba si legal o ilegalmente— toda la información sobre los japoneses, y me la cedió sin exigir nada a cambio.

Dios, la quería tanto.

—Gracias por todo el trabajo que has hecho, Steph —le di una palmadita en el hombro.

Mi mejor amigo sacudió la cabeza.

—Para eso estamos. No quería que te jodieran la boda de tu hermana y también tu trabajo. Hice lo que cualquier buen amigo haría.

Y por eso siempre sería un hermano para mí.

Abandoné la sala de reuniones con la sensación de estar flotando en el aire. El corazón me latía con una mezcla extraña de adrenalina residual de la reunión y la necesidad urgente de tener a Luna entre mis brazos.

Quería agradecerle como era debido todo lo que había hecho por mí.

¿Me recibiría ella con la misma necesidad? Esa era la duda que me carcomía mientras subía al coche y le murmuraba al chófer la dirección de Luna.

Observé el paisaje a través del cristal tintado. San Francisco era bonita, pero nada que ver con la isla donde perdí esa parte fría y oscura de mí, y encontré una mucho más humana. Con la capacidad de amar de verdad.

Solo esperaba que no fuese muy tarde para evitar perder lo que más me importaba en el mundo.

Mi chica medusa.