Mi irresistible enemigo Capítulo 53
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Capítulo 53

Luna

El día de la boda me obligué a sonreír desde el momento en que abrí los ojos. Me duché con agua más caliente de la necesaria, me sequé el pelo con cuidado y me metí en el vestido de dama de honor que la novia eligió semanas atrás.

Era de un color azul claro que nos quedaba muy bien a todas.

O al menos eso intenté creer mientras me miraba al espejo y veía las ojeras que el maquillaje apenas conseguía disimular.

El pecho me seguía pesando, pero hoy no podía permitirme derrumbarme a unas horas del día más importante de mi mejor amigo.

El salón de las damas de honor estaba lleno de estilistas que habían contratado expresamente para nosotras. También apestaba a laca que echaba para atrás.

Daphne estaba en el centro de la habitación, con el pelo recogido en un peinado perfecto y el vestido de color azul marino que había decidido ponerse. Le quedaba tan bien. Como si lo hubiesen diseñado sobre su cuerpo.

Las demás chicas reían, se hacían fotos y comentaban lo preciosa que estaba la novia. Yo intenté seguirles el ritmo pese a que no las conocía mucho, que digamos.

Daphne se acercó a mí mientras la maquilladora le daba los últimos retoques en los labios.

—Oye —me dijo en voz baja, tocándome el brazo con suavidad—. Hoy no tienes que estar perfecta. Disfruta lo que puedas. Yo estoy aquí, ¿vale?

Le apreté la mano con gratitud genuina.

—Estoy bien —mentí a medias—. De verdad. Luego nos beberemos hasta la copa de los árboles, bailaremos y nos olvidaremos de por qué los hombres son lo peor del mundo.

Daphne se echó a reír.

—A mí no me digas eso, porque soy lesbiana. No los soporto desde nunca.

—Eso es porque no has probado una buena polla —puse la voz grave, imitando el clásico comentario que algunos neandertales —porque me negaba a llamarlos hombres— le decían a Daphne.

—Por dios, no. Para. Acabo de sentir que algo se rompía dentro de mí —exageró a propósito, alejándose.

—Vamos, Daphne. Si seguro que cuando pruebes un buen pepino te dejarán de gustar las chirlas —seguí riéndome a carcajadas.

—¡Que te calles! Nooooooooo.

Estábamos carcajeándonos las dos al punto de casi llorar cuando la puerta se abrió y entró Angy.

Todo el ambiente se enfrió de golpe. Como si ella hubiese traído el invierno consigo.

—Luna… ¿puedo hablar contigo un momento? A solas —me pidió una vez se acercó a donde nos encontrábamos.

Asentí, sorprendida, y me aparté con ella hacia un rincón más discreto; lejos de las risas y los flashes de las demás.

Angy se cruzó de brazos, luego los descruzó, clarmente incómoda.

Ya iba con el vestido de novia puesto, y también el velo.

Se veía tan hermosa. Como una princesa de cuento.

El pelo oscuro y suelto en ondas perfectas, los labios pintados de melocotón, las pestañas larguísimas y un rubor que la hacía parecer incluso más joven de lo que era.

No se me pasó por alto lo mucho que se parecía a Marlon a pesar de la diferencia de edad y de que solo compartían madre.

—Quería disculparme —empezó, mirándome a los ojos como un cachorrito abandonado—. Por lo de la otra noche. No sabía que estabas escuchando, pero eso no cambia nada. Me pasé. Mucho. Fui cruel. Y lo siento de verdad.

Me quedé callada, dejándola continuar. Parte de mí todavía estaba a la defensiva. Otra parte, la que estaba demasiado cansada de cargar con rencores, solo quería escuchar y ver si había una forma de limar asperezas. Había mochilas que era mejor soltar antes de que te dejasen la espalda hecha polvo.

—No quería echarte mierda encima —siguió Angy.

Sonaba sincera—. De verdad que no. Solo estaba frustrada y enfadada con lo del esguince, y lo pagué con Marlon porque fue el que se quedó en la habitación conmigo.

Y es mi hermano, a fin de cuentas. Le di donde más le dolía porque sabía que así reaccionaría y discutiría conmigo, y yo podría soltar todo lo que llevaba dentro.

Infantil y patético, ya lo sé —se añadió a añadir, muerta de vergüenza—.

Yo sabía qué botones apretar y que así reaccionara, y lo hice.

Fui una estúpida. No merecías que te metiera en algo que nada que ver contigo, y encima con un tema tan escabroso.

Tragué saliva. El recuerdo de esa noche todavía me quemaba un poco. Sí, se comportó como una idiota conmigo solo por un berrinche puntual. Entendía su ataque de frustración, claro, pero no que arremetiese contra mí solo porque era la forma fácil de dañar a Marlon.

—Mira, si lo que te preocupes es q…

—Déjame terminar —pidió ella, levantando una mano—. Sé que no tengo derecho a pedirte que lo olvides, y que lo que dije fue feo. Pero necesito que sepas que no pensaba realmente esas cosas sobre ti. Estaba enfadada y ya. Fue una mierda por mi parte.

La miré en silencio unos segundos. Sentí cómo una parte de la tensión que llevaba días acumulando dentro de mi pecho se aflojaba un poco.

Por lo menos Angy era capaz de asumir sus errores, y mucho más rápido que su hermano, cabía decir. No se le caían los anillos por disculparse cuando la cagaba y eso me animó a enterrar el hacha de guerra.

—No pasa nada, Angy —respondí al fin, las comisuras de mis labios curvándose en una pequeña sonrisa—.

De verdad. Todos estábamos al límite esos días.

Yo también he dicho y hecho cosas de las que no estoy orgullosa.

Cosas que dije con rabia y que después me pesaron.

Así que… lo entiendo. Gracias por venir a decirlo.

Ella soltó el aire, claramente aliviada, y por primera vez desde que había entrado en la habitación sonrió de verdad.

—Jo, eres la tía más guay que conozco —aseguró, sorbiendo por la nariz y lanzándose a mis brazos. Envolvió mi cintura con los brazos—. Marlon no se merece que alguien como tú se fije en él.

—Creo que llegas tarde —bromeé, nerviosa.

Mis manos se posaron sobre su espalda, sin apretar demasiado por si le arrancaba el velo en un descuido.

—Bueno —se rio ella, apartándose y mirándome a los ojos—, nunca se sabe. En realidad, no me molesta que os hayáis liado. A Nico sí, porque es un poco exagerado. Pero si te convirtieras en mi cuñada, no me quejaría en absoluto.

Noté un pequeño cosquilleo en el abdomen. ¿Angy me quería en la familia? Eso lo cambiaba todo. No significa que fuese a pasar, pero me tranquilizó muchísimo escuchar sus palabras. Sentirme bienvenida en el hipotético caso de que Marlon y yo decidiéramos dar ese paso tan importante.

—Estás preciosa —me dijo Angy, mucho más tranquila—. De verdad. Vas a dejar a todos sin palabras. Hasta a mi hermano, y eso ya es difícil.

—A estas alturas de la vida, que Marlon se quede callado es una victoria para mí —dije, y ella se rio a carcajadas—. Tú también estás preciosa. La novia más guapa del mundo.

Angy sonrió tanto que sus ojos se empequeñecieron hasta formar dos medialunas.

—Gracias —murmuró—. ¿Nos vamos ya?

—Claro. Estoy deseando ver qué cara se le queda a Nico cuando te vea llegar así al altar.

—¿Sabes? A mí también.