Mi irresistible enemigo Capítulo 52
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Capítulo 52

Marlon

La nueva habitación de Luna estaba al final del pasillo del ala este.

Había tardado veinte minutos en encontrarla. Veinte minutos de caminar por pasillos que no conocía, preguntando a empleados que me miraban con curiosidad, sintiéndome como un idiota. Pero al final, allí estaba.

El alivio que me invadió fue tan grande que las rodillas casi se me doblaron de golpe.

La puerta era igual que la de todas las habitaciones del resort: blanca, con un número dorado y un pomo de latón. Pero para mí, en ese momento, era la puerta más importante del mundo.

Respiré hondo y llamé.

Nada.

Esperé unos segundos. Llamé otra vez.

—Luna, sé que estás ahí.

Silencio.

Apoyé la palma de la mano en la madera, sintiendo cómo mis dedos se quedaban ligeramente marcados en la superficie. Podía imaginarla al otro lado —sentada en la cama, o de pie junto a la ventana—, con los brazos cruzados y la mirada fija en la puerta.

Sabía que estaba ahí. Y lo sabía porque la conocía. Porque, a pesar de todo, había aprendido a leerla.

—Lo siento —empecé a decir, sin saber hacia dónde me dirigía; porque no había preparado ningún discurso.

Todo me salía del corazón—. Por todo. Por haberte acusado durante dos años sin comprobar una sola puta cosa.

Por haber asumido que eras tú solo porque era más fácil odiarte a ti que enfrentarme a la posibilidad de que alguien de mi propio círculo me hubiera traicionado.

Por haber destruido tu carrera, tu nombre, tus oportunidades…

y por haberlo hecho con la certeza absoluta de que te lo merecías.

»Lamento haberte tratado como si fueras un monstruo sin corazón capaz de todo por una exclusiva.

Por haberte hecho mil feos y desplantes en nombre de mi orgullo.

No te merecías nada de eso —añadí con la sensación de que mis pulmones se estaban inundando de golpe y me faltaba el aire—.

He estado… revisando tu trayectoria, y nunca más has vuelto a hablar de famosos.

Jamás me había querido informar a propósito, porque te odiaba; pero si lo hubiese hecho, todo sería tan diferente…

Aquella entrevista que me hiciste a mí era la primera que le hacías a un empresario de la ciudad.

Te estabas estrenando en una nueva sección, y Emily y yo te lo jodimos. Mierda —solté—, lo siento tanto.

Apoyé la frente en la puerta, sintiéndome el hombre más pequeño del mundo. El hombre más idiota, también.

Y lo peor es que las palabras, a mi parecer, no cambiaban nada.

Porque, cuando alguien te hacía daño durante tanto tiempo, una disculpa no borraba lo vivido.

Ni las noches sin dormir. Ni el miedo, la rabia o la desesperación.

El perdón se convertía en una tirita sobre una herida mal cicatrizada; tal vez cubría la parte fea, pero no sanaba la podredumbre de dentro.

—Fue mi ex quien nos vendió a los dos. Quería vengarse porque cuando terminamos no le di lo que pedía.

Ni la casa, ni las acciones, ni el control que creía merecer.

Me amenazó. Me dijo que iba a hacer que todo el mundo viera quién era yo realmente.

Y lo hizo. Usó tu nombre, tu artículo, tu reputación…

y yo caí como el mayor de los idiotas. —Cuanto más lo pensaba, peor me sentía—.

Ambos fuimos víctimas de la misma persona, Luna.

Lo sé. Lo entiendo ahora con una claridad que me enferma.

Y aun así… yo solo pensaba en salvar la empresa.

En no perder el control. En no parecer débil.

Y mientras tanto te estaba perdiendo a ti sin ni siquiera darme cuenta de que me había enam…

No acabé la frase. Sentí que era demasiado y que Luna no me creería si se lo decía en ese instante, aunque fuese verdad.

Durante aquella semana, a pesar del odio, me había enamorado por completo de la mujer más hermosa, inteligente, divertida y sexy del mundo. Y no me asustaba. Al contrario, me llenaba de un orgullo y una fuerza inmensos que me ayudaba a salir de la cama y enfrentarme a lo que fuese.

Gracias a la luz que se filtraba por la rendija de la puerta, fui capaz de ver cómo Luna se acercaba a la puerta. La sombra de sus pies se proyectó sobre el suelo, y eso me dio algo de esperanza.

Quizás ella sentía lo mismo. O tal vez me odiaba más que nunca.

—Lo de nosotros nunca habría funcionado de todos modos —respondió al fin.

La voz le salió ronca por el llanto contenido—.

Hay demasiado daño que sanar, Marlon. Demasiados años de rencor.

Demasiadas noches en las que me pregunté qué fue lo que te hice para que acabases con todo lo que me importaba —pausa—.

No puedo simplemente hacer como si nada hubiera pasado.

Necesito tiempo, un poco de espacio. No puedo mirarte ahora mismo sin recordar todo lo que perdí por tu culpa…

aunque ahora sepa que no fue del todo tuya.

Apreté los puños contra la madera hasta que los nudillos me dolieron.

—Lo sé —admití, y por primera vez no intenté discutir ni llevar la razón—.

Sé que te hice un daño enorme. Sé que no tengo derecho a pedirte nada.

Pero… ábreme la puerta. Por favor. Solo déjame verte un momento.

No voy a entrar si no quieres. No voy a tocarte.

Solo… necesito mirarte a los ojos mientras te pido perdón.

Porque si no lo hago ahora, siento que me voy a ahogar con todo esto que llevo dentro.

Pasaron varios segundos, que se me antojaron eternos, en los que me pregunté una y mil veces si Luna alguna vez me permitiría volver a acercarme a ella.

Por suerte para mi corazón, un momento después oí el ruido de la cerradura girando.

La puerta se abrió apenas un palmo. Luna estaba al otro lado, con el pelo revuelto, la camiseta arrugada y los ojos tan hinchados y rojos que me removieron algo muy hondo en el pecho.

No me dejó pasar. Se mostró un poco más, con una mano todavía apoyada en el borde de la puerta. Su actitud defensiva me dolió incluso más que ver toda esa tristeza que le salía a raudales por sus bonitos ojos verdes.

—Luna… —empecé, pero la voz se me quebró—. Lo siento.

Ella no apartó la mirada. Esperó paciente, atrapada entre la rabia y el agotamiento.

—Perdóname. De verdad. Perdóname por cada día que te odié sin motivo. Por cada oportunidad que te arrebaté. Por no haberte creído cuando todavía estábamos a tiempo de arreglarlo. Perdóname, Luna.

Me incliné despacio, dándole tiempo a rechazarme si quería, y le besé la frente. Un gesto que podría haberme costado todo.

Mis labios permanecieron ahí un segundo más de lo necesario, inhalando el olor de su piel, memorizándolo como si fuera la última vez que pudiera hacerlo. Sentí cómo ella contuvo la respiración.

—Cuando empecé a convivir contigo, me di cuenta de que eras un hombre divertido y amable. Eso no casaba nada con la imagen que tenía de ti. Yo… —se le quebró la voz—. Hubiese sido mejor no liarnos ni nada de eso. Lo hicimos todo más difícil.

—No me arrepiento de nada —me apresuré a dejarle claro—.

De nada. Incluso cuando te odiaba… me seguías haciendo reír.

Conseguías que me interesaran cosas nuevas a las que nunca había prestado atención.

Convertías cualquier pequeño detalle en un recuerdo increíble.

Ese es tu poder, Luna. Y por eso mismo no deseo que esto se transforme en otro ciclo de odio y rencor.

Los surcos de sus ojos estaban enrojecidos por el llanto que contenía. Luna hizo un pequeño puchero. Me habría encantado besárselo. Abrazarla mientras le suplicaba que me perdonase por todos mis errores.

La echaba tanto de menos.

—Yo… necesito tiempo, Marlon. Para pensar, no sé.

Es que si me quedo cerca de ti, te voy a perdonar a los cinco minutos, y no quiero —admitió con los ojos cristalizados—.

Mi cabeza está hecha un lío. Por una parte, entiendo que tu ex fuera la mente maestra detrás de todo.

Y por otro… me da muchísima rabia que nunca te plantearas esa posibilidad, joder.

¡Tú habías convivido con ella! ¡Sabías de lo que era capaz!

—Lo siento.

—Sentirlo no cambia nada —protestó Luna—. Ninguno de los dos somos adivinos, pero… maldita sea —se abrazó a sí misma con fuerza, como si necesitara una coraza—. Era tu ex. Tu vida. Y yo una simple desconocida. ¿Todo esto fue porque me rechazaste aquella noche? ¡Si a mí nunca me importó!

—A mí sí. Me jodió mucho porque, en el fondo de mi ser, quería follarte aquella noche —reconocí al fin en voz alta—.

Emily me dejó muy tocado y llevaba meses sin estar con una mujer porque temía acercarme a alguna, y que acabara igual.

Pero aquella noche… Dios, llevabas el vestido blanco más bonito y sexy del mundo.

Tenía demasiado escote, y fue un puto milagro que tus tetas no acabaran en mi cara.

Luna se ruborizó entera.

Qué adorable.

—Estuve duro toda la entrevista. Bebía más para controlarme que porque me apeteciera. Fui incapaz de quitar mi mirada de esas tetitas preciosas en toda la noche. De tus labios. De ese cuello largo y precioso. De tus manos. Las quería sobre mí, Luna. Y te rechacé por miedo.

—¿P-Por qué me cuentas esto ahora?

—Porque estoy harto de fingir que no me gustabas de antes.

Y que, si me enfadé tanto contigo, aparte de por creer que habías destapado —añadiendo ciertas mentiras por el camino— el secreto de mi familia, fue precisamente por la atracción que despertabas en mí.

¿Cómo una mujer tan sexy y divertida e inteligente…

era capaz de tantas cosas horribles? No casaba con la imagen que tuve de ti aquella noche, y eso me escoció también.

—Pues ya ves que no tuve nada que ver. Y quizás es mejor así, ¿no? Tampoco soy la gran cosa, Marlon. No me estoy desvalorando ni mucho menos; sé que soy una buena persona, divertida y un poco lunática. Pero tampoco es para que te sintieras así.

—Entonces es que no te ves como yo lo hago. —Acaricié su mejilla con los nudillos. Por suerte, Luna no se alejó—. A mis ojos, eres la mujer más increíble del mundo.

Luna exhaló un profundo suspiro.

—Nada de esto cambia lo demás. Sigo necesitando tiempo.

A pesar de que mi corazón se encogió dolorosamente dentro de mi pecho, asentí con la cabeza.

—Lo entiendo.

—Gracias —murmuró ella.

—Hablaremos cuando estés preparada.

Luna no dijo nada, pero se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla.

Me obligué a girarme antes de hacer algo estúpido como rogarle que me dejara entrar o abrazarla contra su voluntad. La puerta se cerró a mis espaldas con un clic suave, casi definitivo, y entonces ya no supe si había ganado o perdido esta guerra. O solo estábamos en tregua.