Mi irresistible enemigo Capítulo 50
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Capítulo 50

Luna

Emborracharse por la mañana no estaba en el top tres de mejores decisiones que había tomado ese año. Pero sí en el cuarto lugar. Por delante iba el haberme acostado con Marlon, haber confiado en él y haberme colado hasta las trancas.

Al menos el alcohol no me había jodido la vida por un malentendido.

—Así que... —Daphne se inclinó sobre la mesa, con los ojos brillantes y la voz espesa.

Ella solo bebía café, pero parecía igual de ida que yo tras escuchar lo ocurrido entre Marlon y yo—.

¿Me estás diciendo que todo fue culpa de una tal Princess?

Recuerdo que nos hablaste de ella en el pasado, pero nunca conseguimos averiguar su identidad.

—Exacto. —Bebí otro sorbo de mi mojito—. Una mujer que quería vengarse de Marlon porque terminaron como el culo. ¿Gracioso, eh?

—Flipante —murmuró mi amiga, desubicada totalmente.

—Ya te digo.

—¿Y él no lo sabía? —preguntó Nico, que estaba sentado frente a mí con una cerveza a medio terminar—.

¿No sabía que era ella? Porque si terminaron tan mal, tendría que haber sospechado, aunque fuese de pasada, de que ella te pasó la información o algo así.

Que sé que no es lo que pasó, pero al menos yo habría dudado.

Porque tú usas la cabeza de arriba, pensé, y me terminé lo que quedaba en el vaso de un trago. ¿Cuántos mojitos llevaba ya en la última hora? Cuatro, probablemente. Y necesitaba un quinto.

—No. —Dejé el vaso sobre la mesa con un golpe seco—. Pensaba que era yo. Y me odió durante dos años. Me destruyó. Me...

—Vale, vale. —Daphne me cogió la mano, apretando con fuerza—. Respira hondo, que te va a dar algo.

—Estoy respirando.

—No, no lo estás. Estás hiperventilando.

—Da igual.

—Luna, beber alcohol hasta caerte redonda en el sitio y maldecir a Marlon no va a cambiar nada de lo sucedido.

Por desgracia, hay mucha gente en el mundo mala de verdad.

Víboras que necesitan morder a otros por puro capricho.

Y te tocó a ti, y es una mierda, y no te lo merecías. Pero… ¿qué cambia eso?

Cerré los ojos y respiré hondo.

—Lo siento —murmuré—. Es que... es que todavía no me lo creo. Dos años, tía. Dos años odiándolo. Y ahora resulta que... que él también es una víctima. Que los dos lo somos.

—Pero él te hizo daño. —Nico se inclinó sobre la mesa, negando con la cabeza ante las palabras de nuestra amiga—. Aunque no supiera la verdad, te hizo daño. Te despidieron y te humillaron por su culpa. Perdiste tu carrera.

—Lo sé.

Cuando recordaba la mirada de Marlon, su expresión de arrepentimiento, un agujero negro se abría en mi pecho y me inundaba de dolor. Ambos habíamos estado tan ciegos.

—¿Y eso lo cambia todo? —preguntó Nico—.

Marlon es un hombre adulto, maduro y con dinero, y el estatus perfecto para salirse con la suya.

En todo momento actuó desde la desesperación y la rabia, y no se detuvo a plantearse otras opciones.

Tal vez sea una víctima más, pero no cambia cómo se comportó.

Embistió contra ti como un toro y te hizo daño.

—Pero ¿tú no estabas a favor de que se llevaran bien? —Daphne enarcó una ceja.

—Sí. Cometí el error de creer que sería guay que se llevasen bien. Ahora me doy cuenta de que Marlon es un gilipollas. ¿No tengo derecho a cambiar de opinión?

—Tú sabrás. Es tu cuñado —repuso Daphne.

—Y Luna es como mi hermana. Me duele más ella que él, honestamente.

—Si en eso estamos de acuerdo —insistió mi amiga—. El punto aquí es que los malentendidos existen, y que ya ha pasado mucho tiempo. ¿No es mejor dejar el pasado atrás?

—No lo sé. —Me encogí de hombros, luchando contra el impulso de pedir otro mojito—. Supongo que... supongo que sí. O no. No sé. Todo es confuso.

—Confuso es poco —bufó Daphne.

—Ya —murmuré—. Es una mierda.

Nico me dio una palmadita cariñosa en el hombro.

Daphne, por el contrario, pidió unos mini sándwiches con la excusa de que así me daría menos resaca después.

—¿Y qué vas a hacer ahora? —preguntó Daphne, cuando el camarero trajo la comida.

Cogí uno de los sándwiches de ensalada de pollo y le pegué un bocado.

—No lo sé. —Respondí con la boca llena—. Ahora mismo, lo único que sé es que no puedo estar en esa habitación. No puedo estar cerca de él sin sentir que mi piel quema. Que mi corazón se rompe. Es… absurdo, ya lo sé.

—Y más con el historial que tenéis —dejó caer Nico.

Daphne nos miró a los dos de forma intermitente.

—¿Me he perdido algo?

—No —respondí yo.

—Sí —dijo Nico—. Se ha tirado a Marlon.

—¡Pero bueno! ¿Cuándo ha pasado eso? —Daphne dio un golpe en la mesa de la impresión—. ¿En qué cabeza cabe que te folles a Marlon?

—Grítalo más alto, que creo que sus tíos, a dos mesas de aquí, aún no se han enterado —siseó Nico.

Daphne le dio un puntapié por debajo de la mesa.

—Cállate, traidor. Que os habéis estado guardando la información.

—No es eso —me defendí yo—. Es que me daba mucha vergüenza admitirlo en voz alta.

Daphne se cruzó de brazos y nos dedicó una mirada desdeñosa. Muy típico de ella eso de hacer drama.

Narré rápidamente cómo empezó todo y lo que escuché que le dijo Angy a Marlon la noche anterior, afectándome profundamente. Más que nada porque era injusto que se me echara mierda cuando yo no hice nada. Jamás traicioné a Marlon. Nunca mentiría sobre algo tan importante.

—¿Angy dijo eso? —Nico se veía algo turbado.

Asentí con la cabeza.

—No estoy enfadada con ella. Entiendo que quiera proteger a su hermano…

—Un capullo, déjame decir —bufó Daphne—. Te folla como si nada y luego te deja caer que necesita tu ayuda porque eres magnífica a la hora de encontrar información. ¿Es para darle una patada en los cojones o no? Es que flipo.

—Al final nada es blanco o negro —dejé caer la cabeza sobre la mesa, olvidándome del sándwich, los mojitos y de todo lo demás—.

Lo que peor me sienta es que toda mi vida se fue a la mierda porque una mujer fue incapaz de solucionar las cosas con su ex…

Yo no pintaba nada en esa historia —cerré los ojos con fuerza en un intento desesperado por contener las lágrimas—.

Solo quería trabajar en el periódico de mis sueños, comprarme un apartamento más grande y… ser feliz.

—La parte buena es que por fin se sabe la verdad —Nico intentó consolarme acariciándome la mano—. Y él se ocupará de su ex y de lo que hizo.

—Dudo bastante que Marlon vaya a mover un dedo.

—O quizás sí —insistió Nico—. Debería, al menos, decirle que sabe la verdad. Y mandarla al infierno por joderle la vida y la reputación a algo tan increíble como tú.

Abrí un ojo y sonreí.

—Gracias.

—Estamos contigo —añadió Daphne, acercándose a nosotros un poco más—. Pase lo que pase. Si necesitas que le plantemos cara, que te ayudemos a mudarte, que le digamos cuatro cosas… lo que sea, tú avísanos y ahí estaremos.

—Eso haré.

No cambiaba nada que ahora la verdad hubiese sido revelada. Marlon seguía siendo Marlon, y yo seguía siendo yo. Ninguno de los dos daría el paso para arreglar este desastre. ¿De qué serviría? Su ex no pagaría por lo que hizo, y a mí no me devolverían el trabajo ni los años perdidos.

Enemigos, amantes, colegas… ya nada importaba. Salvo el hecho de que me había enamorado del hombre equivocado. Y con eso me tendría que ir a casa, una vez la boda finalizara. Con el recuerdo de sus besos y sus caricias, y también de sus palabras hirientes.

—Disculpen… ¿señorita Rivera?

Levanté la vista, intentando enfocar al chico de recepción que se había acercado a la mesa.

—Sí, soy yo.

—Le informo de que por fin ha quedado libre una habitación individual. Si todavía está interesada, puede mudarse a lo largo del día. Solo tiene que pasar por recepción para firmar.

Me quedé mirándolo un segundo. Después solté una risa corta, casi aliviada.

No tendría que volver a dormir con Marlon. El universo por fin me ofrecía algo de tregua.

—Perfecto. Me mudo ahora mismo.

Daphne me miró con preocupación.

—¿Estás segura? A lo mejor no es lo mejor quedarse sola.

—Nunca he estado más segura de algo en mi vida —respondí, levantándome con algo de torpeza—. No puedo seguir compartiendo habitación con él. No después de esto. Necesito distancia. Aunque sea de tres pasillos.

Nico asintió en silencio, comprensivo. Daphne me ayudó a recoger el bolso y me dio un abrazo fuerte antes de dejarme ir.

Caminé hasta recepción con el mundo un poco borroso a mi alrededor, firmé lo que me pusieron delante y subí a recoger mis cosas de la habitación que había compartido con Marlon. Él no estaba. Mejor. No habría sabido qué decirle.

Media hora después ya estaba sola en una habitación mucho más pequeña, con una cama individual y vistas a un patio interior. Dejé la maleta en el suelo, me tumbé encima de la colcha sin ni siquiera quitarme los zapatos y cerré los ojos.

No sé en qué momento me quedé dormida, pero solo soñé con Marlon. Y cuando él me besó en sueños, me eché a llorar.