Mi irresistible enemigo Capítulo 44
75%

Capítulo 44

Luna

Estaba ajustándome el disfraz de gata, con la cola aún desatada y las orejas torcidas, cuando un alarido resonó en la distancia. Marlon se giró al instante, y yo sentí cómo el corazón me daba un vuelco.

—¿Qué ha sido eso? —pregunté.

—No lo sé. —Todo su cuerpo se tensó de golpe—. Vamos. Quizás están asaltando a alguien y nosotros vamos en pelota picada.

No, definitivamente no era una buena idea que me pillasen con las bragas en la mano mientras a alguien le despojaban de todas sus pertenencias. Siempre y cuando ese fuera el caso.

Corrimos entre los arbustos, alejándonos del claro donde habíamos estado, y en pocos segundos llegamos a la zona ajardinada. Allí, en el suelo, estaba Angy.

Estaba sentada sobre la hierba, con el vestido de los años veinte manchado de tierra y el rostro desencajado de dolor. A su lado, Nico intentaba consolarla, pero no parecía funcionar.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Marlon al ver a su hermana en ese estado—. ¿Angy?

—Me he tropezado y me he caído —sollozó ella con fuerza—. Se me torció el tobillo con estos estúpidos tacones, y ahora…

—Estoy intentando que me deje llevarla a la habitación, pero no quiere —explicó Nico.

—¡Es que me duele mucho! Y yo… Dios mío… ¡No puedo casarme así! —gimió, y las lágrimas corrían por sus mejillas—. ¡Voy a llegar al altar coja!

—No vas a llegar coja —dijo Nico, con voz paciente. Le acariciaba el pelo con mucho cariño—. Solo te has torcido el tobillo. Llamaremos al médico y veremos qué se puede hacer, amor.

—¡Me duele muchísimo! ¡Es un esguince! ¡Seguro que es un esguince!

—Angy... tranquilízate —dijo Marlon—. Ponerte en lo peor no te ayuda en nada.

—¡No puedo casarme con un esguince!

Marlon se arrodilló junto a su hermana y le cogió el pie con cuidado. Angy soltó un gemido, y yo vi cómo su tobillo empezaba a hincharse.

—No es grave —dijo Marlon con mucha seguridad—. Pero deberíamos llevarla al hotel para que la vea un médico.

—¡No quiero ir al hotel! —protestó Angy—. ¡Quiero seguir en la fiesta!

—Angy, por favor. Deja de comportarte como una niña pequeña —la amonestó su hermano.

—¡Es mi despedida de soltera! ¡No debería estar en este estado!

—Y seguirá siendo tu despedida de soltera cuando te curen el tobillo. —Marlon la miró directamente a los ojos—. Pero si no te lo curas ahora, mañana no podrás ni caminar. Y entonces sí que no podrás casarte.

Angy se quedó en silencio un momento. Luego, con un suspiro, asintió. Se limpió las lágrimas con el pañuelo que le tendió Nico.

—Vale.

Entre Nico y Marlon la levantaron y la llevaron al hotel. Yo los seguí, con el disfraz aún torcido y una sensación extraña en el pecho. Porque, a pesar de todo, me alegraba que Marlon estuviera allí. De que hubiera tomado el control de la situación.

Por mucho que Angy amase a Nico, seguía siendo su prometido y no su hermano. Y todos sabíamos que un hermano mayor alcanzaba un grado de autoridad mayor que el de cualquier otra persona en el mundo.

El médico llegó al cabo de unos minutos. Era un hombre mayor, con gafas y manos firmes, que examinó el tobillo de Angy con cuidado mientras nosotros rodeábamos la cama, cada uno con su disfraz y el rostro tenso de preocupación.

Ni en las mejores comedias de la Fox se inventarían una cena similar.

—No es grave —dijo finalmente el doctor—. Un esguince leve. Necesita reposo, hielo y mantener el pie en alto. Pero podrá caminar mañana. Con cuidado, eso sí.

Angy soltó un suspiro de alivio.

—¿Podré casarme?

—Podrá casarse. —El médico sonrió—. Y bailar. Pero no haga locuras.

—No haré locuras, lo prometo. Ay, gracias. No sabes cómo me tranquiliza esto. Ya pensaba que iba a parecer la prima de Gregory House el día de mi boda —sollozó de nuevo—. Gracias, doctor. Es el mejor.

El médico se fue después de que Marlon le extendiera un cheque por la visita, y Nico se quedó con Angy en la habitación.

—¿Ves como no era nada? —Nico le dio un beso en la frente.

—¿Te importa ir a decirle a los demás que todo ha salido bien? Es que no quiero recibir muchas visitas ahora mismo.

—Claro, amor.

Nico salió de la habitación tras pedirle que se cambiara de ropa y se pusiera cómoda antes de que él llegase.

Yo me acerqué al baño para recoger las cosas de Angy, que había dejado allí antes de la fiesta, y así ahorrarle más trabajo. Cuanto menos se moviera de la cama en las próximas horas, más rápido se le bajaría la hinchazón del tobillo.

Mientras yo limpiaba, la habitación se abrió de nuevo. Escuché la voz de Marlon al otro lado. Eso me relajó un poco. Adoraba a Angy, pero ella y yo no hablábamos demasiado cuando Nico no estaba presente.

—¿Dónde has estado casi toda la noche? Hueles a perro mojado —comentó Angy.

—Salí a dar una vuelta.

—Pues ya me dirás dónde, y a estas horas.

—¿Qué importa? —el tono de voz de Marlon sonaba cansado—. Preocúpate por tu tobillo, anda. ¿Quieres que vaya a por hielo?

—No, no. Le diré por mensaje a Nico que lo traiga. —Pausa—. ¿Estabas con Luna?

Marlon soltó una risa que intentó que sonara casual e irónica.

—No.

La pausa que siguió me dejó con el corazón en la garganta.

—Oh, dios mío. ¡Estabas con ella! ¡Por eso habéis llegado juntos antes!

Mierda . Se nos había pasado por alto ese detalle.

—Estábamos hablando, nada más.

Qué mal mentía Marlon cuando se trataba de sus emociones. Qué barbaridad.

Le iba a tener que dar una charla sobre cómo esconder las vergüenzas debajo de la alfombra.

—No puedo creer que lo hayas hecho. ¿Qué te pasa?

—Angy, no es el momento ni el lugar —intentó razonar él.

—No, en serio. ¿Qué te pasa? —Escuché un movimiento, como si se incorporara en la cama—. Te he pedido que os llevéis bien y que no haya conflictos. Pero no te he pedido que te la folles.

—En mi vida me he metido en los tíos que te has llevado a la cama, así que te voy a pedir que hagas lo mismo.

Aunque Marlon trataba de mantener la fiesta en paz, en su tono de voz se notaba cada vez más lo irritado que estaba.

—A mí no me vengas con esas a estas alturas. Lo que has hecho es una estupidez. Ella te arruinó la vida, Marlon. Te hizo perder negocios, reputación, todo. ¿Y ahora te acuestas con ella? ¿Tan rápido te olvidas de todo cuando se te pone dura?

Las palabras tan duras que Angy emitió resonaron en toda la habitación como el eco de un disparo. Tuve que cubrirme la boca con ambas manos para no soltar un jadeo y que se dieran cuenta de que me había quedado allí, escuchándolo todo.

¿Por qué era tan cruel? Angy no era ese tipo de personas. Y me esperaba caras largas de todos menos de ella. Pero estaba claro que me equivoqué, y a nadie le parecía bien que Marlon y yo dejáramos de llevarnos mal y tuviéramos una aventura.

—La gente comete errores, ¿vale? —Marlon lo dijo entre dientes, se le notaba la frustración a leguas—. Pasó y ya está. No le des más vueltas a algo que no tiene importancia.

—Es que sí tiene relevancia para todos nosotros. Ella metió la pata contigo y tú con ella, y nunca vais a llevaros bien. No hasta ese punto.

—¿En qué quedamos? Hace unos días dejaste entrever que lo que ocurrió no era tal y como yo creía. Y ahora me dices que Luna es una persona que me jodió. Por dios, Angy; si sabes algo, solo suéltalo.

—¡Es que no me corresponde a mí decirlo! ¡Eso es algo que tendrías que haber hablado con ella antes de tirártela!

—Te he dicho que no tiene más importancia de la que yo quiera darle. Solo ha sido un polvo, nada más.

—Más te vale —Angy hablaba como si le costara respirar—. No me apetece lidiar con más dramas antes de mi boda. Estoy agotada.

Fui incapaz de seguir escuchando la conversación. Solo ha sido un polvo, nada más. Sentí cómo los ojos se me empañaban y me temblaba todo el cuerpo.

Un error.

Un polvo.

Eso era lo que yo era para él. Qué estúpida había sido.

Dejé las cosas de Angy en el baño y salí de la suite sin hacer ruido. Nico me vio salir y me preguntó algo, pero no lo escuché. Solo quería irme. Solo quería alejarme de allí, de él, de todos.

Caminé por el pasillo con el corazón latiéndome con fuerza y las lágrimas corriendo por mis mejillas. No me importaba que me vieran. No me importaba nada.

Me había dejado llevar por mis sentimientos y mi deseo, y todo me había explotado en la cara. Si es que no aprendía ni por las malas. Y como una idiota pensé que Marlon era un tío diferente.

Pero no. Era igual que todos.