Mi irresistible enemigo Capítulo 43
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Capítulo 43

Marlon

Estaba perdido.

Completamente perdido.

La música de la discoteca llegaba amortiguada hasta la zona ajardinada del resort, un eco lejano que se mezclaba con el sonido de las olas y el susurro de las palmeras al mecerse con la brisa nocturna.

Las luces de colores parpadeaban en la distancia, pero a mí me daba igual. No podía apartar los ojos de ella.

Luna llevaba un disfraz de gata negra.

Un mono de terciopelo que se adhería a cada curva de su cuerpo como si hubiera sido pintado sobre su piel.

Las orejas de felpa sobresalían entre su pelo rubio, y la cola larga se balanceaba tras ella con cada movimiento de sus caderas.

Los labios rojos, los ojos verdes brillando bajo la luz de las estrellas.

Nunca la había visto tan hermosa.

Y nunca había deseado tanto estar a solas con ella.

—Estás preciosa —dije, y mi voz salió más grave de lo que pretendía.

—Tú no estás mal. —Sonrió, y sus ojos brillaron con malicia—. Para ser un lobo, quiero decir.

—¿Un lobo?

—Sí. —Señaló mis orejas, mi cola, mi traje gris—. Un lobo feroz.

—¿Sabes lo que les pasa a las gatitas cuando se cruzan con un lobo?

—No. —Retrocedió un paso, y su sonrisa se amplió—. ¿Qué les pasa?

—Que se las comen.

Luna soltó una risa, y ese sonido bastó para sacarme de aquel embrujo al que me tenía sometido.

—Pues parece ser que este lobo no tiene hambre…

—Eso te gustaría a ti.

—Entonces… ¿vas a darme caza?

Se giró y empezó a caminar hacia la vegetación que rodeaba la zona ajardinada. Los arbustos eran altos y frondosos, y las sombras se espesaban a medida que nos alejábamos de las luces.

—¿A dónde vas? —pregunté.

—A ningún sitio. —Se giró hacia mí, y su sonrisa era un desafío—. Solo camino, como una buena gatita. A ver si es verdad que este lobo feroz quiere comerme.

Sentí cómo se me tensaba toda la mandíbula. Dios mío, esta mujer será mi ruina siempre.

—Corre.

Ella soltó una risita y echó a correr entre los árboles. La seguí. No corrí a tope, sino que disfruté de la persecución. De verla moverse. De oír su risa entre la música lejana.

Estaba embelesado. Completamente perdido en ella.

La alcancé cuando intentó esquivarme por un lado. La atrapé por la cintura, la levanté del suelo y la empujé de espaldas contra el tronco de un árbol grueso. Luna jadeó, todavía riéndose, pero la risa se le apagó en cuanto le atrapé las muñecas y se las alcé por encima de la cabeza.

—Te tengo —murmuré contra su boca—. ¿Qué pasa ahora con esa bravuconería de gatita, mh?

Le comí la boca como si llevara días sin probarla. Luna se arqueó contra mí, gimiendo, y aproveché para meter una pierna entre las suyas y frotarme contra su centro. Estaba muy mojada.

—Joder, Luna… —gruñí, bajando la boca a su cuello—. Este disfraz debería ser ilegal.

Le mordí el cuello y chupé su piel. Lugo le bajé la cremallera al disfraz para poder tener acceso al resto de su cuerpo.

Luna se retorcía entre mis manos, pero no para escapar. Lo que ella buscaba era más fricción entre nosotros.

Solté una de sus muñecas solo para meter la mano bajo el mono del disfraz. No llevaba bragas. El descubrimiento me arrancó un gruñido animal.

—¿Así de preparada venías? —pregunté, rozándole el coño con los dedos—. Tan mojada… y ni siquiera te he tocado de verdad.

—Nunca se sabe quién puedo rondar por ahí… —respondió como si nada.

Sonreí contra su piel y le metí dos dedos de golpe. Luna soltó un gemido tan alto que la música lejana casi no consiguió tapar.

—Eres una gatita muy sucia.

Le froté el clítoris con el pulgar mientras la penetraba con los dedos, una y otra vez, hasta que las piernas de ella empezaron a temblar y mi mano quedó empapada.

—Marlon… por favor…

—¿Por favor qué?

—Fóllame. Aquí. Ahora.

No me lo pensé dos veces. Me desabroché el pantalón lo justo, me saqué la polla —ya dura y mojada— y la froté entre los labios hinchados de Luna. Ella intentó empujar las caderas hacia delante, buscando más, pero la mantuve presionada contra el árbol.

—Mírame —ordené—. Qué obediente eres cuando te conviene, ¿verdad? —murmuré, rozándole el labio inferior con el pulgar. Ella lo lamió con la punta de la lengua—. ¿Así de provocadora vas a estar?

—Solo uso mis armas.

—Agáchate y demuéstrame lo buen gatita que eres.

El verde de sus ojos brilló con intensidad cuando captó lo que le estaba ordenando. Luna, con el disfraz totalmente bajado, se agachó y lamió la punta de mi polla.

Esa simple visión casi me hizo llegar al orgasmo, como un adolescente que nada sabía de la vida.

Acaricié su máscara y su pelo recogido en una coleta. Lo aferré con fuerza para así guiarla en el ritmo que debía seguir. Pero Luna siguió lamiendo y jugando a aprisionar la punta de mi polla entre los labios, luego la soltaba, lamía y vuelta a empezar. Me estaba matando.

—Trágatela toda, cariño —murmuré—. Sé una buena chica.

Luna cerró los ojos un segundo antes de meterse casi toda mi polla de golpe en la boca. Su calor y humedad me envolvieron de forma deliciosa. Unos segundos después, ella volvió a liberarme.

Eché la cabeza hacia atrás y solté un gemido. Tan bueno.

Luna bajó hasta donde pudo por segunda vez, ahogándose un poco, con lágrimas asomándole por debajo de la máscara.

El sonido húmedo y obsceno que hacía al chupármela me subió por la columna como una descarga.

Apreté los dientes y moví las caderas hacia delante, follándole la boca con cuidado, pero sin dejarle mucho margen.

Ella se dejó, gimiendo alrededor de mi polla, y esa vibración casi me hizo terminar ahí mismo.

—Joder, Luna… —gruñí, tirándole un poco más de la coleta.

Ella me miró directamente a los ojos y siguió moviendo la cabeza. Esa simple imagen iba a ser mi ruina. Era demasiado sexy.

Quería seguir hundiéndome en su boca, pero no podría aguantar mucho más. Si seguía, me iba a correr en su garganta y todavía no había terminado con ella ni su disfraz.

La aparté con suavidad, abandonando su boca con un sonido húmedo. Luna levantó la vista, con los labios hinchados y brillantes, y la respiración agitada. Estaba preciosa.

—Lo estás haciendo muy bien, chica medusa. Pero quiero acabar dentro de ti —gruñí, ayudándola a levantarse del suelo.

La giré de un tirón y la empujé contra el tronco del árbol más cercano. Ella apoyó las manos en la corteza por instinto. Le di una palmada seca en el culo cuando ella hizo ademán de darse la vuelta solo para verme.

—Quédate así. De espaldas a mí.

Luna, mordiéndose el labio inferior, se arqueó un poco, ofreciéndome ese culo perfecto en bandeja. La visión casi me hizo llegar al orgasmo como un adolescente que nada sabía de la vida. Tuve que agarrarme la base de la polla para no correrme solo de mirarla.

Acaricié sus pliegues con la punta roma, de arriba hacia abajo. Ella gimoteaba sin parar. Menuda suerte la nuestra de estar totalmente aislados, sin que nadie nos viera ni nos escuchara. Quería adueñarme de ella por completo.

Entré hasta el fondo tras rodearle la cintura con un brazo. Luna soltó un grito ahogado contra el árbol y yo tuve que morderle el hombro para no gemir demasiado alto. Estaba tan apretada. Tan caliente.

—Eso… —jadeé contra su oído, empezando a embestirla con fuerza—. Preciosa… Estás preciosa cuando gimes mi nombre.

—Marlon…

Agarrándola de la cadera con una mano y de la coleta con la otra, la embestí contra el árbol una y otra vez; profundo, rápido, sin piedad.

Cada golpe hacía que ella gimiera más alto y que el tronco crujiera bajo nosotros.

El bosque alrededor seguía en silencio, solo roto por el sonido de nuestra piel chocando y por los gemidos rotos de Luna.

No iba a durar mucho. No con esa visión, ni con la forma en que me apretaba cada vez que llegaba al fondo. Pero todavía no había terminado con ella.

Llené de besos cada porción de piel que alcanzaba en esa posición: su nuca, sus hombros, su espalda. Bajé la mano que tenía en la cadera hacia su coño empapado y le froté el clítoris con los dedos. El aullido de Luna me la puso más dura aún.

—Tan preciosa… —gruñí contra su oído—. Mira cómo me acoges en tu interior. Estabas deseando que esto pasara, ¿verdad?

—Sí, sí —gimoteó ella.

Luna se tensó de golpe.

—Voy a… voy a correrme… ¡Marlon!

—Hazlo. Córrete para mí.

Luna se contrajo alrededor de mí con fuerza, gritando mi nombre mientras el orgasmo la sacudía.

La follé a través de las contracciones, más duro, más desesperado.

No dejé de moverme hasta que me aseguré de que ella había exprimido cada gota de su clímax.

Y solo entonces me salí de ella y la coloqué de rodillas.

Luna me miró con los ojos vidriosos, llenos de hambre.

—Por favor… —rogó—. Quiero tragarlo todo.

—Abre la boca —gruñí.

Ella obedeció y separó sus labios. Me bastaron un par de embestidas más para correrme. Luna se tragó hasta la última gota, y yo no dejé de estremecerme mientras lo hacía.

Joder, ¿cómo se superaba a esta mujer? Iba a costarme media vida poder olvidar este momento.

Acaricié su mejilla con cariño y ella ladeó la cabeza para besar mi palma.

El corazón se me encogió dentro del pecho.

La ayudé a levantarse y a colocarse bien el disfraz para que no se enfriara.

Pero como aún seguía débil por el orgasmo, Luna se dejó caer sobre mí.

Apoyando la cabeza contra mi hombro, cerró los ojos y murmuró:

—Me haces sentir tan real…

La frase me dio de lleno en el pecho, como un golpe limpio. No supe qué responder. No supe ni cómo encajarlo. Solo apreté un poco más los brazos alrededor de ella y escondí la cara en su cuello, porque de repente las palabras se me habían atascado en la garganta.

No, definitivamente jamás podría superar a Luna River.

Se me había metido bajo la piel como un veneno letal… y ya no quería antídoto alguno.