Mi irresistible enemigo Capítulo 25
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Capítulo 25

Luna

Marlon me había rechazado dos veces en mi vida. Y si una era mala, dos ya rozaba lo ofensivo.

Pero lo peor es que la culpable había sido yo por intentar besarle delante de todos. Por intentar besarlo, en general. Se suponía que lo odiaba y era mi enemigo, ¿no? ¿En qué momento me pareció buena idea seguirle el juego al DJ y retarlo a que me comiera la boca?

La sensación de humillación no se borraría de mi cuerpo ni aunque me diese una ducha de diez horas seguidas.

Bendita mi suerte que no tuve que sufrir el escarnio completamente sola. Mis amigos me acogieron en su grupo una vez más —esta vez sin Anthony, menos mal— y me obligaron a seguir jugando y pasar de todo.

—Mañana nadie se va a acordar de esto —me dijo Daphne al oído—. Olvídate de ese perdedor.

Me había besado con dos chicas en la pista de baile. Había visto a hombres desnudarse y subirse a la barra. Había reído, gritado y bailado como si no hubiera un mañana.

Solo esperaba que el maldito fotógrafo que se dedicaba a capturar los momentos más bonitos y divertidos de esa semana no hubiera aparecido por la discoteca en toda la noche. A este paso se hacía un álbum completo conmigo, dejándome en evidencia delante de todos.

En evidencia no. Como mucho señalarán que te pone cachonda Marlon Jones.

El camino hacia la habitación fue un borrón de luces y sombras. No me detuve a despedirme de nadie. Solo quería llegar a la cama y tirarme en plancha, a ver si conseguía dormir diez horas seguidas.

La habitación estaba a oscuras, apenas iluminada por la luz de la luna que se colaba entre las cortinas. Marlon ya estaba en la cama, dormido; su cuerpo musculoso enterrado bajo las sábanas.

Me quedé un momento en la entrada, observándolo. Él no se movió ni un poquito. Ojalá yo pudiera dormir así. Ojalá pudiera cerrar los ojos y olvidar todo lo que había pasado.

Me cambié en silencio, quitándome el vestido turquesa —que olía a alcohol que echaba para atrás— y poniéndome un pijama de seda. Frente al espejo del baño solo me froté la cara con agua para quitarme todo el maquillaje, me recogí el pelo en una coleta y me lavé los dientes sin hacer mucho ruido.

Una vez acabé, me deslicé bajo las sábanas con cuidado, intentando no hacer ruido. El colchón se hundió ligeramente bajo mi peso, y cerré los ojos, esperando que el sueño llegara rápido.

El cuerpo de Marlon, grande y musculoso, me pareció demasiado imponente. Aunque me daba la espalda, eso no quitaba que se viera… joder, muy bien.

Noté que se me secaba la boca y se me aceleraba el corazón a medida que recorría su figura con la mirada. Esta sería mi vista a partir de entonces. Dormiría con él, bajo las mismas sábanas, durante siete días consecutivos. Sobrevivir a eso sonaba demencial.

Pues no haberle seguido el juego. Tendrías que haberte quedado quietecita . El pensamiento intrusivo me golpeó igual que una maza.

Cerré los ojos, obligándome a dormir.

Apenas un par de minutos más tarde, una sombra se movió sobre mí, y antes de que pudiera reaccionar, un peso me inmovilizó contra el colchón. Manos firmes atraparon mis muñecas, apretándolas contra la almohada, y un cuerpo caliente se presionó contra el mío.

Traté de descubrir de quién se trataba, pero todo estaba muy oscuro. Aun así, solo podía ser una persona. Solo estaba él en la habitación.

—¡Marlon! —grité, y mi voz resonó en la oscuridad con un tinte de pánico—. ¡Suéltame!

Forcejeé, intentando liberarme, pero su agarre era demasiado fuerte. Su rostro estaba cerca del mío, sus ojos abiertos pero vacíos, como si no estuviera realmente despierto.

—¡Marlon, despierta! ¡Me haces daño!

Sus dedos se presionaron todavía más alrededor de mis muñecas.

En cualquier otra situación, me habría parecido un movimiento atrevido, aunque erótico, de su parte.

Pero en ese instante solo me provocó cierto vértigo.

Como si mi mente tuviese claro que Marlon era capaz de hacerme daño cuando nadie lo veía.

—Marlon, joder. Despierta —murmuré, tratando de apartarlo al alzar las caderas.

Eso no sirvió de nada. Solo me puso la cara roja. Porque… joder, ese hombre estaba hecho de puro acero. El peso de su cuerpo se sentía jodidamente bien. O mal. O las dos cosas.

Sudando y con la piel caliente, traté de liberar mis manos para así apartarlo. No quería tener a Marlon encima de mí, recordándome lo que algune vez deseé y nunca se materializó.

Tras varios gruñidos más, Marlon por fin reaccionó. Parpadeó unos segundos… y sus ojos se enfocaron en los míos. El agarre de sus manos se aflojó.

—¿Luna? —dijo con voz ronca, confusa—. ¿Qué...?

—Suéltame ahora mismo.

Las manos que me aprisionaban se soltaron en el preciso instante que se lo ordené. Marlon retrocedió tan rápido que casi se cayó de la cama, y yo me incorporé, llevándome las manos al pecho, sintiendo cómo el corazón me latía con fuerza.

—¿Qué coño te pasa? —pregunté, todavía temblorosa—. ¿Estás loco?

—Lo siento —dijo él, y su voz sonaba tan desconcertada como la mía—. Lo siento mucho. No fue a propósito. Yo… —Se pasó una mano por el rostro—. Lo siento.

—¿Cómo que no fue a propósito? —Me alejé hacia el borde de la cama, sin quitarle la mirada de encima—. Me has atacado de la nada, y me has inmovilizado. ¿Has perdido la cabeza?

—Son las pesadillas —murmuró. Ni siquiera me miraba, como si le diese vergüenza admitirlo frente a mí—. A veces tengo pesadillas. Y cuando alguien duerme a mi lado, y no sé quién es, mi cuerpo reacciona así. No fue a propósito. No sabía que eras tú.

—¿Pesadillas? —balbuceé, sin saber si se estaba cachondeando de mí o no.

—Sí. —Se pasó una mano por el pelo, y su gesto era tan vulnerable que por un momento olvidé que estaba enfadada—. Desde hace años. Desde que... desde que todo pasó.

—¿Desde la entrevista?

No quería hablar de eso con él, y menos estando borracha y enfadada, pero necesitaba saber a qué me enfrentaba. Si de esa forma evitaba que me atacase de nuevo, en mitad de la noche, entonces aceptaría poner las cartas sobre la mesa.

Pero Marlon negó con la cabeza.

—Desde antes. —Su voz tembló ligeramente—. Pero desde entonces han empeorado.

El silencio que siguió fue tan pesado que casi podía sentirlo en los hombros. Porque en sus palabras había algo que no esperaba. Algo que no encajaba con la imagen del hombre arrogante y seguro de sí mismo que había conocido.

Su vulnerabilidad me dejó a mí en bragas —figuradamente, claro—, y sin saber qué decirle para que se sintiera mejor.

—No sabía que tenías pesadillas —dije finalmente.

—No es algo que vaya contándole a la gente —repuso él, esquivo.

Me dejé caer sobre la cama, y tapé mis piernas con la sábana.

—¿Y qué pasó con Sarah? —pregunté—. A lo mejor me confundiste con ella, y por eso se te ha ido la pinza.

—No. —Se levantó de la cama y caminó hacia el sofá—. No estaba con ella.

—¿Por qué? Oye, si es porque estoy en tu habitación… Me las puedo apañar una noche. —Tragué saliva con fuerza—. No quiero joderte un polvo que te apetecía mucho.

Marlon ni siquiera se giró a mirarme. Siguió de espaldas a mí, aunque se detuvo antes de alcanzar el sofá de la suite.

—Porque no quería estar con ella. Por eso no está aquí Sarah.

Vaya. ¿Qué le habría hecho cambiar de parecer? Porque dudaba bastante que Marlon fuera tan buena persona como para joder una cita solo porque yo había colonizado su habitación.

—¿Y qué querías? —lo pregunté sin pensar, por curiosidad.

—No lo sé —susurró—. No sé qué quiero.

Se tumbó en el sofá, dándome la espalda, y la habitación volvió a sumirse en el silencio.

Y yo me quedé allí, en la cama, sintiendo cómo el corazón me latía con fuerza en el pecho.

¿Qué mosca le habría picado?

Froté mis muñecas con los pulgares, el recuerdo de su agarre aún sobre mi piel. Las mejillas me ardieron de nuevo. Tendría que hacer un esfuerzo titánico por borrar ese recuerdo de mi cabeza.

Odiaba a Marlon Jones.

Pero qué putada que él fuese tan irresistible.