Capítulo 23
Luna
La multitud se giró para mirar a Marlon, que no movió un solo músculo ni dejó entrever emoción alguna. Como si la fiesta no fuese con él.
—Entonces —dijo el DJ, con una sonrisa— vas a tener que besar a ese hombre, chica guapa. Eso o te tocará pagar prenda.
Me mordí el labio inferior con fuerza, dudando de pronto.
Comportase como una cría en una fiesta de universidad no me dejaría en mejor lugar que él tras lo ocurrido la noche anterior.
Empujarlo al límite, invadir su espacio personal, me hacía ver como una lunática.
Pero la idea de besar a Marlon no me resultó desagradable en ningún momento.
Quería besarle.
A Marlon.
Definitivamente he perdido el norte, el sur y las bragas.
La gente empezó a corear mi nombre, y yo caminé hacia Marlon con la intención de comerle la boca y demostrarles a todos que de cobarde no tenía nada. Me detuve frente a él, tan cerca que no me costó nada de esfuerzo contar las pequeñas pecas que tenía sobre las mejillas después de tomar tanto sol.
Definitivamente era el mismísimo diablo reencarnado.
—No voy a besarte —dijo él, intuyendo mis intenciones.
—No te he pedido que me beses —respondí—. Te he dicho que te odio.
—Entonces, ¿por qué has dicho mi nombre?
—Porque te odio —repetí, y le mantuve la mirada con toda la entereza de la que fui capaz—. Te odio más que a nadie. Y odio que me jodieras la vida por culpa de tu ego y tus mentiras. Eres… el hombre más despreciable que he conocido jamás.
Y ese odio me consumía a la misma velocidad y temperatura que el deseo.
Despacio, como un gatito asustado, me acerqué a él. Dispuesta a cumplir mi parte del juego. Porque besar a Marlon Jones no era tan difícil. Lo jodido sería convencerme a mí misma —y a mis seres queridos— de que no había sentido nada al probar sus labios.
—No voy a besarte —repitió él.
Descruzó los brazos y dio un paso hacia atrás, listo para largarse.
No me detuve. Caminé hacia él y me alcé sobre las puntas de mis pies, dispuesto a robarle un beso.
A probar el veneno de esa serpiente que me tentaba y me castigaba todo el tiempo.
Pero Marlon no se dejó. Antes de que pudiera conseguir mis objetivos, cubrió mi boca con la mano y me echó hacia atrás.
Todo mi cuerpo se tensó al mismo tiempo que la vergüenza me inundaba por dentro.
—Si tanto me odias, sé consecuente con eso, chica medusa. Nunca beses a un hombre que te desprecia en la misma medida en que tú lo haces.
—Pero solo es un juego —fue lo único que salió de mi boca.
—Eso lo hace mucho peor.
Marlon se largó antes de que pudiese decir algo más, dejándome sola en mitad de la discoteca. Con todos mirándome con cierta lástima por la cobra que él acababa de hacerme. Pero eso ni siquiera me dolió.
Lo que más me jodió del asunto, al punto de echarme temblar, fue que sí odiaba a Marlon. Odiaba todo lo que tuviera que ver con él. Entonces… ¿por qué me moría de ganas de darle un beso?