Mi irresistible enemigo Capítulo 2
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Capítulo 2

Marlon

Me dolía la cara de tanto sonreír.

Llevaba cuarenta y cinco minutos de pie junto a mi hermana, saludando a cada nuevo invitado que bajaba de la furgoneta con la misma cortesía estudiada con la que recibía a los clientes potenciales de mi empresa.

Apretón de manos aquí, beso en la mejilla allá, comentario educado sobre el vuelo, sobre el calor, sobre lo preciosa que estaba la isla… y luego vuelta a empezar.

Por dentro, solo quería que todos se fueran al infierno.

—Hermano, relájate —dijo Angy a mi lado, con el ceño fruncido—. Parece que te están haciendo una extracción de muelas o metiendo un dedo por el culo.

—Estoy relajado.

—Estás apretando los dientes tan fuerte, que voy a tener que pagarte la factura del dentista.

Aflojé la mandíbula y forcé una sonrisa más amplia. No funcionó. Angy me dio un codazo en las costillas y se rio.

Por lo menos ella se lo estaba pasando bien.

—Marlon, te prometo que esto va a ser divertido. Una semana en una isla paradisíaca, una boda increíble, la familia unida… ¿Qué más se puede pedir?

—Que no hubiera invitados.

—Muy gracioso.

No estaba siendo gracioso. Llevaba un día en la isla y ya estaba harto de las sonrisas falsas, las conversaciones vacías y la sensación constante de estar siendo observado por todo el mundo.

Cada vez que alguien me miraba un segundo de más, no podía evitar preguntarme si estaría recordando la portada de aquella maldita revista. Si estarían pensando en el escándalo que sacudió mi nombre y apellido, y también mi empresa.

Dos años y todavía no podía quitarme esa sensación de encima. Dos años y cada vez que veía una cámara, mi estómago se contraía. Dos años y aún no había logrado confiar del todo en nadie.

—Oye —dijo Angy, y su voz se suavizó—. ¿Estás bien? De verdad, eh. No vayas a mentirme.

—Estoy bien.

—Mientes muy mal para ser un empresario tan exitoso, hermanito.

Sonreí, esta vez sin forzarlo.

Angy siempre había tenido esa habilidad, la de ver a través de mis defensas como si estuvieran hechas de papel de fumar. Quizás por eso era la única persona en el mundo en la que confiaba de verdad.

—Es solo que... —empecé, y luego me detuve. No quería arruinar su boda con mis problemas—. No es nada. Trabajo acumulado. Ya sabes cómo soy —encogí un hombro—, me cuesta mucho desprenderme de las responsabilidades. Por eso no me cojo vacaciones nunca.

—Sí, sé cómo eres. Por eso te voy a decir algo y quiero que me escuches bien. —Se giró para mirarme directamente a los ojos. Eran del mismo tono de azul que nuestra madre, pero en ella siempre parecían más cálidos—. Va a venir Luna. Y quiero que te portes bien, ¿de acuerdo?

Sentí cómo la tensión volvía a mi mandíbula, cómo mis dedos se crispaban ligeramente al recordar ese nombre como la maldición de mi vida.

—Luna… ¿Esa Luna? ¿Cómo va a estar aquí esa…? —no terminé la frase, aunque no fue por falta de ganas.

—No digas su nombre con ese tono. La conozco desde hace meses, es la mejor amiga de Nico, y es una de las personas más increíbles que he conocido. Y te voy a decir algo que quizás no quieras oír.

—¿Cómo es posible que te hayas hecho amiga de esa malnacida? ¿En serio? —todo mi cuerpo se tensó de golpe—. ¡Sabes lo que me hizo!

—Ella no es la persona que tú crees que es —soltó mi hermana, con una expresión bastante más tranquila que la mía—. Y ni siquiera sabe que soy tu hermana. Siempre hemos mantenido las distancias en ese aspecto, pero con la boda es diferente. Nico y yo queríamos que estuvierais aquí. Los dos.

No me podía creer que mi hermana hubiese jugado tan sucio. Se suponía que ella conocía toda la historia, cómo me afecto la maldita entrevista que Luna manipuló en el periódico al que demandé por difamación justo después.

—Angy… ¿cómo es posible que hayas engañado a Luna? ¿Y a mí? ¡Ella es una manipuladora! ¿Qué hace en tu boda? ¿Te haces una idea de lo que hará con toda la información que recopile?

—Y tú tampoco sabes lo que ella cree que pasó. Nico me ha contado su versión, y te aseguro que no coincide con la tuya.

—Me importa una mierda.

Me giré para mirarla, y por un momento olvidé que estábamos en medio de una recepción, con invitados a nuestro alrededor. Solo existíamos ella y yo.

—¿Su versión? —repetí—. ¿Me estás diciendo que ella cree que es la víctima? ¿Que tiene alguna versión de los hechos que justifique que vendiera mi confianza a la prensa? ¿Que mintiera de forma tan rastrera solo por venganza?

—Ella cree que… —Mi hermana se echó a un lado y me arrastró con ella, bajando la voz—.

Mira, eso ya da igual. Sé que estuvo feo que os mintiéramos, pero no queríamos crear conflictos innecesarios.

Luna no sabía que yo era tu hermana porque se lo ocultamos.

Como tenemos distinto padre y apellido, no ató cabos.

No es que la gente sepa que estamos emparentados —me recordó con un suspiro—.

Luna lleva dos años odiándote tanto como tú la odias a ella, hermanito.

Pero no queremos que ese rencor empañe el día más importante de nuestra vida, ¿lo comprendes?

Las palabras de Angy se quedaron flotando en el aire, y por un momento, el mundo a mi alrededor se desvaneció.

Luna era la mujer que me había jodido la vida, y mi hermana quería que obviara eso a favor de su boda. Con el mejor amigo de esa… Tragué saliva y me pasé la mano por el pelo en un intento por tranquilizarme. No perdería los papeles delante de los invitados.

—Así que has fingido que todo era perfecto hasta que la mentira ya no daba para más.

Angy apretó los labios, lanzándome una mirada que venía a decir «lo aprendí de ti». Lo cual no era mentira.

—Pues mira, sí. En efecto, hemos mentido.

Y aunque está mal, fue por un propósito noble: que vuestras diferencias no nos separasen a Nico y a mí.

Lo amo, ¿vale? Es el hombre con el que voy a formar una familia —insistió ella.

Y me di cuenta de que no dijo “con el hombre que quiero formar una familia”, sino que lo daba por hecho—, y tus rencillas con Luna no van a empañar nuestro día más bonito. ¿Queda claro?

Apreté los puños en un intento por tragarme la amarga y dolorosa réplica que quería ofrecerle. Y solo porque era mi hermana.

—Me has mentido —dije de forma acusatoria.

—Marlon —dijo en voz baja ella—, no te estoy pidiendo que la perdones.

Ni siquiera te estoy pidiendo que la entiendas.

Solo te pido que la trates con educación.

Durante cinco días. Por mí. Puedes hacer eso, ¿verdad?

Puedes comportarte como un adulto civilizado durante cinco días, aunque ella sea la mujer que crees que te traicionó.

Solo es una semana y luego… Luego podéis seguir manteniendo las distancias.

Forcé una sonrisa. No llegó a mis ojos.

—Cinco días.

—Cinco días —repitió ella—. Luego te vuelves a casa, te encierras en tu oficina y te olvidas de que existe.

Pero durante estos cinco días, quiero que seas el hermano mayor que yo sé que eres.

El que cuida de todos, el que mantiene la calma incluso cuando todo se está quemando a su alrededor… y el que me quiere y me respeta.

—Eso suena a un superhéroe, no a un hermano mayor.

—Eso es lo que eres para mí. —Me besó en la mejilla y se alejó para saludar a unos invitados que acababan de llegar—. Por favor, no me lo pongas más difícil. Nico ha tenido que convencer a Luna para que se quede. Ella también planeaba huir al saber que vendrías y que eras mi hermano.

»Sé que Nico y yo no hemos hecho las cosas bien con vosotros, pero no sois tan estúpidos como para no comprender por qué tomamos esa decisión tan drástica.

Lo peor es que empatizaba con ella… hasta cierto punto. Y es precisamente por eso que no me largué como si nada. En cualquier otro momento y situación no hubiese dudado en coger un avión y regresar a San Francisco. Dispuesto a mantener a aquella víbora lo más alejada posible de mí.

Pero era la boda de mi hermana, toda la familia estaría allí, y no se merecía que se la amargase por culpa de mis desavenencias con la periodista con menos honor del mundo.

Tal vez podía hacer una excepción. No sería la primera vez que fingía que alguien me agradaba solo para asestarle un golpe por la espalda en cuanto se daba la vuelta. Por algo era un empresario de éxito; me faltaban escrúpulos y me sobraba ingenio.

—Solo espero que no se siente a la misma mesa que nosotros —le espeté—. Es mi único requisito. No la quiero cerca.

Mi hermana sonrió y me besó la mejilla otra vez.

—Sabía que entrarías en razón. ¡Eres el mejor!

No, solo te quiero mucho porque eres mi única familia , pensé con hastío.

—Voy a por una copa —le dije, arremangándome la camisa por el calor que hacía ya—. Nos vemos luego.

—¡Vale!

Me quedé solo en medio de la entrada, viendo cómo el sol de las Bahamas se alzaba sobre el horizonte. El calor era sofocante, y el olor a mar y a flores tropicales me envolvía como una manta demasiado pesada.

No me gustaba el calor. Y aún menos me agradaba la idea de tener que compartir mi espacio y tiempo con Luna Rivera.

Solo son diez días , me recordé a mí mismo.

Era más fuerte que eso.