8 #2
Por mi parte, le confieso que tengo una carpeta secreta en el ordenador con diecisiete versiones distintas de la misma escena de mi guion porque no me decido con el ritmo.
—Ya no me suena tanto a perfeccionismo ¿eh? —se burla ella.
—Puede que sea un poquito mi obsesión.
En un momento dado de la conversación, hablando de eventos culturales en la ciudad, surge el tema casi por casualidad.
—Espera un momento. —Gemma deja la copa a mitad de camino hacia su boca—. ¿Vas a ir a Nébula Norte este año?
Nébula Norte es la convención más grande de fantasía, ciencia ficción y videojuegos de toda la región, y se celebra en el recinto ferial de las afueras de Santander.
Tres días seguidos de mesas de rol, torneos de consolas retro, concursos de cosplay, talleres y charlas de creadores.
Este año yo tenía ir de cabeza, pero Pol tiene una entrega de trabajo insalvable.
—La idea era haber ido con mi hermano y nuestros amigos. Pero como no pueden…
—¿Me vas a convertir en tu segundo plato? —bromea Gemma.
—Bueno… tienes que ganarte el puesto de titular —secundo yo. Después, le doy un sorbo a la copa de vino—. Tengo un sistema de puntos muy severo.
—Ya veo… A ver si con esto te convenzo.
Gemma no se lo piensa dos veces. Se levanta un poco de su silla, acorta la distancia entre las dos y, antes de que me dé tiempo a reaccionar, me atrapa el labio inferior con un mordisco deliciosamente juguetón, para rematarlo con un beso corto que me deja sin aliento.
Mi cerebro se desconecta por completo. Pantalla azul de Windows.
Ella vuelve a sentarse, y me guiña un ojo mientras yo me quedo congelada, sintiendo cómo la cara me arde a niveles nucleares.
Genial, treinta y cuatro añazos encima y me pongo roja como un tomate porque una mujer guapísima me ha mordido el labio en medio de un restaurante.
—¿Ha funcionado o no?
—No pienso darte esa satisfacción tan pronto —respondo intentando poner cara de póker, aunque fracaso estrepitosamente.
Bebo un trago largo para esconderme detrás de la copa y recuperar un poco la dignidad.
La verdad es que Gemma me atrae muchísimo, y unas ganas feroces de saber quién es y cómo es en todas sus facetas.
Cuando está cansada, qué música escucha cuando va al volante, qué cosas la hacen enfadar o si habla durante las películas en el cine.
Esto último, desde luego, será un factor decisivo para su permanencia en mi vida.
—¿Y qué es lo que más te apetece ver de la convención? —pregunta retomando el tema.
—La charla principal de Elena Varga —respondo sin dudarlo. Seguro que la cara se me ha iluminado—. Es la guionista principal de Eclipse Protocol , un videojuego narrativo indie español que, según mi hermano, es una puta obra de arte.
—Pues a mí también me encantaría —responde Gemma.
Esta mujer sí que sabe cómo captar mi interés.
—También hay una exposición retrospectiva de efectos prácticos de las películas de ciencia ficción de los ochenta. Criaturas, maquetas a escala, escenarios pintados a mano… Cosas de verdad, sin tanto CGI. Necesito oler el látex y la pintura.
—Y si vamos vestidas en plan temática, mejor que mejor ¿no? —propone, y mueve las cejas con entusiasmo.
—Quizás exista una gabardina estilo Blade Runner al fondo de mi armario… pero no podría confirmarlo.
Gemma suelta una carcajada que se me contagia al instante.
—Pues ahora quiero verla con mis propios ojos.
—Bueno… eso necesita subir un nivel en mi escala de confianza, Gemma.
—Necesito ver esa gabardina con mis propios ojos, Miri. Me da igual todo.
—Perfecto —comenta y roza mi mano por encima de la mesa—. Tengo poco más de una semana para ganarme esos puntos.
Cuando nos terminamos la segunda copa de vino, ninguna de las dos tiene la más mínima prisa por marcharse a casa. Salimos a la calle y caminamos hacia el centro por las calles iluminadas del ensanche, donde los restaurantes y las terrazas siguen llenos de gente apurando lo que queda de sábado.
De pronto, sin mediar palabra, Gemma me toma de la mano.
—¿Te molesta? —pregunta al notar mi silencio repentino.
Hace el amago de soltarme.
—No —respondo al instante, apretando sus dedos—. De hecho…, me gusta.
Mientras caminamos, hablamos de la convención, de cómo nos vamos a organizar para no perdernos ninguna charla importante y de si debería apuntarme al torneo retro de Street Fighter solo para humillar a adolescentes engreídos usando la ventaja de la nostalgia.
Cuando llegamos cerca del cruce que da a mi calle, Gemma se detiene bajo la luz cálida de una farola.
—Bueno… Supongo que aquí termina el diseño perfecto de esta segunda cita.
Gemma sonríe con dulzura y me acerca hacia ella tirando suavemente de nuestra mano entrelazada.
Esta vez el beso no me coge por sorpresa.
Cierro los ojos y le correspondo desde el primer segundo.
Mis manos terminan de forma natural en las solapas de su abrigo y las suyas se acomodan en mi cintura, sujetándome.
Cuando nos separamos, me quedo a escasos centímetros de su boca, sintiendo su respiración agitada contra la mía.
—Entonces… ¿nos vemos estos días antes de Nébula Norte? —murmura sobre mis labios.
—Claro que sí.
Gemma vuelve a besarme, un toque breve y tierno en los labios.
—Buenas noches. Gracias por venir y, sobre todo, por no salir corriendo cuando te he dicho que me gustabas.
—No se me ocurriría.
Me quedo en la acera viéndola alejarse calle abajo hasta que dobla la esquina.
Y, para mi sorpresa, no saco el teléfono del bolsillo enseguida.
Eso también es nuevo en mí. Subo las escaleras de mi portal de dos en dos, luciendo una sonrisa boba en la cara que haría que Pol me hiciera un tercer grado si me viera ahora mismo.
Al entrar en casa dejo el bolso en la entrada, me quito el abrigo y me apoyo unos segundos de espaldas contra la puerta.
Estoy contenta. De verdad que lo estoy. Y no es porque haya dejado de sentir mágicamente todo lo que llevo años sintiendo por Adela, ni porque Gemma haya venido con un borrador gigante a eliminar mi pasado de un plumazo.
Estoy contenta porque empiezo a comprender, por fin, que el corazón humano no funciona como una habitación con una sola silla a ocupar.
Tal vez se pueda ampliar el espacio. Tal vez se puedan abrir las ventanas de par en par, dejar que corra el aire fresco y permitir que entren cosas nuevas y maravillosas.
Mi teléfono vibra en el bolsillo, y veo que es un mensaje de Gemma.
Gemma : Lo de la gabardina de Blade Runner pienso exigirlo.
Me quedo mirando la pantalla durante un buen rato, sintiendo un calorcito reconfortante en el pecho. Estoy deseando encontrarme con ella en esa convención llena de frikis. En otra cita. En la posibilidad emocionante y todavía frágil de que algo totalmente nuevo esté empezando en mi vida.
Porque quizá, solo haga falta tener el valor de permitirte mirar hacia otro lado de vez en cuando.