Capítulo 4 #2
Sin pensarlo, me puse de puntillas y le besé la mejilla, ignorando la chispa que pasó entre nosotros cuando mis labios le rozaron la barba incipiente.
—Yo tampoco quiero que te despidan —dijo Theo, que inclinó la cabeza hacia mí y se señaló la mejilla.
Le lancé una mirada.
—No tientes a la suerte, Theo. Sé que esto es culpa tuya en su mayor parte. Quitaos la ropa los dos y quedaos con lo que os resulte cómodo.
Salí al salón y me quedé de pie junto al piano, de espaldas a la puerta del dormitorio. Detrás de mí, el pantalón de pijama cayó al suelo. El agua chapoteó, luego Caleb pegó un grito y Theo se echó a reír, y después hubo mucho más chapoteo.
—Vale —dijo Theo—. Estamos decentes, más o menos.
Me di la vuelta y entré en el dormitorio.
Theo estaba sentado contra los chorros, con los brazos extendidos sobre el borde de la bañera y la piel morena brillando a la luz de la mañana.
Caleb estaba de pie entre los muslos abiertos de Theo, con el agua por las espinillas, los bóxers empapados y las manos ahuecadas sobre sus partes, sin saber dónde ponerse.
—Esta bañera no es para dos personas —dijo.
Theo movió las cejas con picardía.
—Lo es si nos acurrucamos.
—Estás desnudo —masculló Caleb con los dientes apretados.
—Siéntate —dije.
Caleb intentó sentarse de frente a Theo y se chocaron las rodillas. Luego intentó sentarse de lado y acabó con el codo en la cara de Theo. Theo se reía con tantas ganas que quise capturarlo, y una ola enorme se desbordó por el borde de la bañera.
—Tienes la rodilla en mi riñón —dijo Caleb.
—Tienes el riñón en mi rodilla —dijo Theo.
—Caleb, date la vuelta —dije—. De espaldas a Theo. Theo, abre las piernas.
Theo separó las rodillas tanto como le permitía la bañera.
Caleb se dio la vuelta, se agachó y se sentó despacio entre los muslos de Theo, con cuidado de dejar unos quince centímetros de agua entre su espalda y el pecho de Theo.
Le sobresalían las rodillas por encima del agua.
El agua subió hasta el borde y se quedó ahí.
Levanté la cámara y miré, parpadeando, la vista previa en la pantalla. Joder, estaban buenísimos, pero salían demasiado rígidos.
—Theo, ¿puedes rodear a Caleb con el brazo y atraerlo hacia ti?
Theo le cruzó el brazo por el pecho.
—Caleb, échate hacia atrás —dije—. Relájate contra el pecho de Theo. Tranquilo, es tu mejor amigo. Esto es solo actuar. Quince minutos y tenéis unas vacaciones gratis.
Caleb me miró con los ojos entornados.
—Solo para que no te despidan —dijo.
Luego se fue recostando contra Theo, centímetro a centímetro, hasta que tuvo los omóplatos pegados a los pectorales de Theo y la cabeza apoyada hacia atrás en su hombro.
El pelo mojado se le quedó adherido al cuello de Theo.
La barba incipiente de Theo quedaba justo contra su sien, y Caleb exhaló despacio por la nariz y los hombros se le destensaron un poco.
—Bien. Ahora cierra los ojos —dije—. Theo, mira a Caleb como si…
No se me ocurría ninguna palabra para describir lo que estaba pensando, pero su expresión me dejó sin aliento. Tenía esas pestañas ridículas bajadas y la boca relajada, como mirarías a alguien que se ha quedado dormido sobre tu pecho un domingo por la mañana, y era perfecto.
Hice la foto. Y luego otra, con cuidado de encuadrar las vistas de la montaña detrás de ellos, los pétalos de flores y el agua.
No podía retroceder más, porque todavía se intuían los bóxer de Caleb a través del agua, así que alargué la mano y encendí los chorros.
Las burbujas llenaron la bañera y les taparon la mitad inferior del cuerpo, y a Theo se le escapó un gemido. Disparé otra foto.
—Más cerca —dije.
Se pegaron el uno al otro. El agua se derramó por el borde y empapó la alfombrilla del baño.
—Theo, la mano en su pecho. Deslízala hacia arriba, despacio —dije, y disparé una y otra vez.
No confiaba mucho en mis habilidades como fotógrafa, pero me dije que haría un montón de fotos y luego elegiría la mejor.
A Caleb se le cerraron los párpados y se le abrió la boca, y al verlos así sentí una oleada de calor entre las piernas.
Theo empezó a masajear a Caleb: le hundía los dedos en el músculo del pecho, se lo amasaba despacio, le trabajaba con el pulgar un nudo bajo la clavícula.
A Caleb se le cortó la respiración. Soltó un gemido suave y se recostó con más fuerza contra Theo mientras seguía el masaje, y sacó una mano del agua para apoyarla en la rodilla de Theo.
Hice diez fotos más. Tenía la cara encendida, y no era por el vapor. El coño me había empezado a palpitar, lento y pesado, y apreté los muslos sin dejar de disparar.
Sabía que estaban interpretando un papel a cambio de una habitación de hotel gratis. Era falso, todo. No debería estar excitada.
Pero joder.
—¿Nos besamos? —preguntó Theo.
—No —dijo Caleb.
—Sí —dije, y luego negué con la cabeza—. Quiero decir, si queréis.
Caleb abrió los ojos y me miró directamente.
—No queremos.
Theo no dijo nada. Alzó las cejas y me miró por encima de la cabeza de Caleb, con la mano todavía extendida sobre el pecho de Caleb, y sonrió.
Bajé la cámara. ¿Qué estaba haciendo?
—Seguro que con esto hay de sobra. Gracias, chicos —dije—. Esto me va a ayudar un montón a quitarme a mi jefa de encima. Vestíos, ¿vale? Casi es hora de prepararse para la clase de snowboard.
Caleb se levantó de golpe, con el agua cayéndole por los hombros y por los músculos largos y fibrosos de la espalda, se lanzó a por uno de los albornoces y metió los brazos en las mangas a toda prisa.
Theo no le quitó los ojos del culo en ningún momento.
Caleb murmuró algo sobre que el desayuno se estaba enfriando y salió del dormitorio a zancadas mientras se ataba el cinturón, y dejó huellas mojadas por el mármol.
Miré a Theo y articulé en silencio: «Lo siento».
Theo se limitó a sonreír.
—Ha sido divertido. Deja de poner esa cara de culpabilidad. A mí no me importa que te haya puesto.
Se levantó del agua y quedó a la vista que, en efecto, estaba completamente desnudo. Tenía un pétalo de rosa pegado en la punta de la polla, pero no era eso lo que yo estaba mirando, porque la tenía gruesa y dura como una piedra, separada del cuerpo.
Y era enorme, joder.
Me pilló mirando y sonrió de medio lado.
—¿Por eso se ha levantado tan rápido? ¿Le… le has clavado esa cosa?
Theo se rio.
—No. Caleb se ha levantado tan rápido porque él también la tenía dura.