Capítulo 21. Celos reales y crisis emocional.
Volvimos a la villa al atardecer. El sol teñía el mar de rojo sangre, pero dentro de mí todo era negro.
Laura caminaba delante, desnuda bajo un pareo transparente, con el culo y los muslos todavía marcados por las manos de Luka. Yo la seguía como un fantasma, con la cara aún oliendo a su semen y mi dignidad hecha mierda.
Nada más cerrar la puerta, me derrumbé. Me senté en el borde de la cama y empecé a llorar en silencio. Lágrimas reales, calientes, de pura desesperación.
Laura me miró sorprendida al principio, luego con esa expresión sádica que ya conocía demasiado bien.
—¿Ahora qué te pasa, cornudo? —preguntó cruzando los brazos bajo sus tetas.
Levanté la vista, con los ojos rojos y la voz rota:
—Esto ya no es un juego, Laura. Te estoy perdiendo de verdad.
Hoy cuando te follaba el culo… cuando gritabas como nunca has gritado conmigo…
sentí que nuestro matrimonio se estaba muriendo delante de mis ojos.
Te quiero, joder. Te quiero con toda mi puta alma.
Y me estoy volviendo loco viéndote convertida en su puta.
Laura se quedó callada unos segundos. Por un momento vi un destello de culpa real en sus ojos. Pero enseguida lo reemplazó esa frialdad excitada.
—Pues claro que me estás perdiendo —dijo sin piedad—. ¿Creías que esto iba a ser solo un juego limpio? Luka me folla mejor de lo que tú nunca podrás. Me hace sentir deseada, usada, llena. Tú me das cariño… y yo ya no quiero cariño. Quiero que me destruyan.
Se acercó, me agarró la cara con fuerza y me obligó a mirarla.
—Cuando me metía la polla por el culo, solo pensaba en una cosa: que ojalá fuera más grande para abrirme más. Que ojalá me partiese. Y tú estabas ahí, mirando como un imbécil con la polla dura. ¿Eso no te dice nada?
El conflicto me estaba destrozando por dentro. Quería abrazarla, quería pegarle, quería desaparecer.
—Siento celos que me queman las tripas —confesé entre sollozos—. Celos reales. No fantasía. Celos de que te toque, de que te bese, de que te llene. Celos de que ya prefieras su polla a todo lo que hemos construido juntos.
Laura se sentó a horcajadas sobre mí, completamente desnuda, y empezó a frotarse lentamente contra mi polla aún dura.
—Bien. Quiero que sientas celos de verdad. Quiero que te duela el alma. Porque cuanto más te duele, más me mojo yo.
Me agarró la polla y se la metió despacio, pero sin pasión. Solo para controlarme.
—Mientras me follaba hoy —susurró mientras subía y bajaba—, pensaba en dejarte. En quedarme aquí con él y mandarte solo a Madrid. Imaginarte llegando a casa vacío, sabiendo que yo estoy aquí abriendo las piernas para un ruso… ¿te excita eso, cornudo?
Gemí de dolor y placer. Las lágrimas seguían cayendo.
—Te odio… —susurré—. Te odio por lo que me estás haciendo. Pero te quiero tanto que no puedo irme.
Laura aceleró el movimiento, follándome con desprecio.
—Dilo más fuerte. Dime que te odio por follarme mejor.
—¡Te odio por follarte mejor! —grité entre lágrimas.
—Dime que soy una puta asquerosa.
—Eres… una puta asquerosa.
Laura se corrió encima de mí con un gemido corto y frío. Luego se levantó, dejando que mi polla saliera de ella sin dejarme acabar.
—No te corres —ordenó—. Hoy no. Solo Luka puede correrse dentro de mí.
Se tumbó en la cama y abrió las piernas.
—Ven a dormir con la cara entre mis piernas. Quiero que duermas oliendo a él.
Me acurruqué entre sus muslos, con la cara pegada a su coño aún hinchado. Ella me acariciaba el pelo casi con cariño.
—Te quiero —susurró en la oscuridad—. Pero cada día te quiero menos como marido… y más como mi cornudo personal.
Me quedé allí, llorando en silencio contra su coño usado, mientras los celos reales me consumían vivo.
Ya no era solo excitación.
Era una crisis emocional profunda.
Y todavía quedaban muchos días de vacaciones.