Mi esposa ya no es mía (La hotwife y el cornudo nº 1) Capítulo 20. Empiezo a limpiar a mi esposa.
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Capítulo 20. Empiezo a limpiar a mi esposa.

Laura estaba tirada boca abajo sobre la cama, con el culo aún abierto y rojo, semen espeso de Luka saliendo lentamente de su ano y mezclándose con los jugos de su coño destrozado. El olor a sexo crudo llenaba toda la cabaña.

Luka se subió el bañador y me miró con asco.

—Ahora te toca trabajar, limpiador de pollas. Chúpale el culo y el coño hasta que quede reluciente. Quiero que tragues todo lo que le he metido.

El conflicto me golpeó como una ola asfixiante:

Esto es el fondo del pozo. Estoy a punto de lamerle el culo lleno de semen a mi propia mujer. La persona con la que he dormido doce años. La amo. La amo tanto que duele respirar. Y aquí estoy, convertido en un trapo humano. Debería vomitar. Debería pegarle. Pero mi polla está tan dura que me duele.

Me arrodillé detrás de ella. Laura separó las nalgas con las manos, ofreciéndome su agujero abierto.

—Lame, cornudo —ordenó con voz ronca y satisfecha—. Chupa la leche que Luka me dejó en el culo. Quiero sentir tu lengua recogiendo lo que un hombre de verdad descargó dentro de mí.

Me acerqué. El olor era intenso, animal. Empecé a lamer. Primero alrededor del ano hinchado, luego metiendo la lengua dentro. El sabor era fuerte, amargo, espeso. Semen caliente mezclado con el sabor de su culo.

Laura gimió de placer y empujó el culo contra mi cara.

—Más adentro… Mete la lengua bien profundo. Saca todo. Joder… se siente humillante y rico al mismo tiempo.

Luka se rio desde la silla.

—Míralo. El maricón comiendo mi corrida del culo de su mujer. ¿Te gusta el sabor, perdedor? ¿Sientes cómo te he marcado el territorio?

—Sí… —murmuré contra su carne, sin dejar de lamer.

Laura giró la cabeza para mirarme, con los ojos brillantes de sadismo.

—Esto es lo que eres ahora. Mi limpiador personal. Mientras Luka me folla como una puta, tú limpias los restos. Su polla me abre, la tuya solo sirve para esto: comer semen ajeno.

Cambió de postura, se puso a cuatro patas y me presentó el coño y el culo juntos.

—Los dos. Límpialos los dos. Quiero que pruebes la mezcla.

Lamí todo. Coño hinchado, ano abierto, los labios, hasta el último hilo de semen que resbalaba por sus muslos. Laura se corrió otra vez solo con mi lengua, temblando y apretando mi cabeza contra ella.

—Dios… me encanta esto —jadeó—. Me encanta que seas tan patético. Me encanta que me quieras tanto que aceptes ser menos que nada.

Cuando terminé, tenía la cara completamente cubierta de fluidos. Laura se giró, me miró y me escupió en la boca.

—Traga.

Tragué.

Luego me agarró la polla con dos dedos, casi con asco.

—Mírate… sigues duro. Patético. Luka me destroza y tú te corres limpiando. Dime qué eres.

—Soy tu cornudo… —respondí con la voz rota—. Tu limpiador de semen.

—Exacto. Y vas a seguir siéndolo. Porque aunque me des asco como hombre, me encanta tenerte así: roto, humillado y obediente.

Luka se acercó, me dio una palmada en la cabeza como a un perro y salió de la cabaña.

Laura me abrazó desnuda, pegando su cuerpo caliente y usado contra el mío. Me besó en la frente con una ternura retorcida.

—Te quiero —susurró—. De una forma enferma, pero te quiero. Y por eso quiero que sigas sufriendo. Porque cuanto más te rompo, más mía eres.

Me quedé allí, abrazado a mi mujer follada, oliendo a otro hombre, con el alma hecha pedazos y la polla aún dura.

El descenso se estaba acelerando.