Mi esposa ya no es mía (La hotwife y el cornudo nº 1) Capítulo 19. Segunda cita con Luka.
76%

Capítulo 19. Segunda cita con Luka.

La mañana del undécimo día me desperté con el pecho apretado y la cabeza hecha un puto caos. Laura dormía plácidamente a mi lado, desnuda, con marcas frescas de mordiscos en las tetas y el cuello. El conflicto me golpeaba sin piedad:

Esto tiene que parar. La estoy perdiendo de verdad. Ya no es mi mujer, es una puta en manos de ese ruso. Debería cogerla ahora, hacer las maletas y largarnos de esta isla de mierda. Pero no muevo ni un dedo. Porque en el fondo quiero ver cómo la destroza más. Soy un enfermo de los cojones.

Laura abrió los ojos, me miró y sonrió con esa mezcla de cariño y desprecio que ya empezaba a reconocer demasiado bien.

—Hoy Luka quiere más —dijo sin preámbulos—. Me ha escrito. Dice que va a follarme como se folla a una zorra de verdad. ¿Estás preparado para ver eso, cornudito?

No contesté. Solo asentí con la cabeza, derrotado.

Bajamos a la misma cabaña privada. Luka ya estaba dentro, sin camiseta, con la polla semierecta marcándose en el bañador. En cuanto Laura entró, la agarró del pelo con violencia y la tiró contra la cama.

—Desnúdate, puta. Hoy no voy a tener piedad.

Laura se quitó el bikini en segundos. Luka me miró de reojo.

—Tú siéntate ahí y no te muevas, maricón. Vas a ver cómo se folla a una mujer como Dios manda.

Me senté. El corazón me latía tan fuerte que parecía que se me iba a salir del pecho.

Luka no perdió tiempo. Le abrió las piernas de un manotazo y le escupió directamente en el coño.

—Este coño ya es mío —gruñó, y le metió tres dedos de golpe, removiendo con fuerza.

Laura soltó un grito ahogado.

—¡Joder, Luka! ¡Vas muy profundo!

—Cállate, guarra —le respondió él, follándola con los dedos brutalmente—. Tu marido nunca te ha tocado así, ¿verdad? Dilo.

—¡No! ¡Nunca! —gritó Laura entre gemidos—. ¡Tú me follas como una cerda! ¡Él solo me da polvitos de mierda!

Luka se sacó la polla, ya completamente dura y venosa, y se la metió de un solo empujón salvaje hasta el fondo. Laura arqueó la espalda y soltó un alarido.

—¡Me estás rompiendo! ¡Tu polla es una puta bestia!

Él empezó a embestirla con furia animal. Cada golpe era seco, profundo, violento. Los huevos le golpeaban el culo con fuerza. El sonido de carne chocando era brutal.

—Mira cómo se la come tu mujer, cornudo —le dijo Luka sin dejar de follarla—. ¿Ves cómo le tiemblan las tetas? ¿Ves cómo abre la boca como una puta en celo?

Laura giró la cabeza hacia mí, con los ojos en blanco y la voz rota por las embestidas:

—¡Me está destrozando el coño! ¡Cada vez que me la mete siento que me llega al estómago! ¡Su polla es el doble de grande que la tuya! ¡Me está haciendo suya a golpes!

Luka le dio una fuerte palmada en la cara y luego en las tetas.

—Dile qué quieres que haga, zorra.

—¡Quiero que me folles el culo también! —suplicó Laura entre gritos—. ¡Quiero que me abras entera! ¡Quiero que mi marido vea cómo me conviertes en tu puta personal!

Luka sonrió con crueldad, sacó la polla chorreando y la puso boca abajo. Le escupió en el culo y empezó a metérsela por el ano sin piedad, centímetro a centímetro.

Laura gritó de dolor y placer.

—¡Me duele! ¡Pero no pares, cabrón! ¡Rómpeme el culo!

Yo observaba todo con lágrimas en los ojos y la polla dura como piedra. El conflicto me estaba matando:

Está sufriendo y disfrutando. Mi mujer está siendo destrozada analmente delante de mí. Y yo no hago nada. Solo miro. La amo. La odio. Me odio a mí mismo por permitir esto.

Luka la folló el culo con fuerza salvaje durante varios minutos, gruñendo como un animal. Finalmente se corrió dentro con un rugido, llenándole las tripas.

Cuando sacó la polla, el culo de Laura quedó abierto, rojo, con semen espeso saliendo.

—Ven aquí, limpiador —ordenó Luka—. Lame el desastre que le he dejado a tu mujer.

Laura, aún jadeando, me miró con ojos vidriosos.

—Ven, amor… limpia el culo de tu esposa. Prueba lo que un hombre de verdad deja dentro.