Mi esposa ya no es mía (La hotwife y el cornudo nº 1) Capítulo 17. Laura vuelve y me obliga a escuchar todo.
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Capítulo 17. Laura vuelve y me obliga a escuchar todo.

Laura estaba tirada en la cama de la cabaña, con las piernas abiertas de par en par, jadeando como una perra recién follada. Su coño era un desastre: rojo, hinchado, abierto, con semen espeso de Luka saliendo a borbotones y resbalando por su culo hasta manchar las sábanas.

Luka se levantó, se limpió la polla en las tetas de mi mujer y me miró con desprecio.

—Tu turno, limpiador. Ven a comer mi leche del coño de tu esposa.

El conflicto me desgarraba el alma mientras me arrodillaba entre las piernas temblorosas de Laura:

Acabo de ver cómo otro hombre le destroza el coño. Mi mujer. La persona que más amo en este mundo. Y yo… yo estoy aquí, con la boca abierta, listo para lamer su corrida. Soy un puto despojo humano.

Laura me agarró del pelo con fuerza y me hundió la cara contra su vulva destrozada.

—Lame, cornudo. Chúpalo todo. Quiero que pruebes lo que un ruso de verdad deja dentro de mí.

Empecé a lamer. El sabor era fuerte, salado, amargo. Semen espeso mezclado con sus jugos. Luka se rio mientras se vestía.

—Traga, maricón. Eso es lo único que vas a probar de tu mujer de ahora en adelante.

Laura gemía bajito mientras yo limpiaba, apretándome más contra ella.

—Más adentro… mete la lengua. Saca todo lo que te ha metido Luka. ¿Sientes cómo me ha abierto? Mi coño ya no es el mismo. Está más suelto. Más usado.

Levanté la vista un segundo, con la cara brillante de fluidos.

—Te quiero… —susurré con la voz rota—. Pero esto me está matando, Laura. Te estoy perdiendo delante de mis ojos.

Ella sonrió con crueldad tierna y me escupió en la cara.

—Cállate y lame, cariño. Mientras limpias, te voy a contar exactamente cómo me sentí.

Laura empezó a hablar con voz ronca y visceral, sin filtro:

—Cuando me metió la polla de golpe… creí que me partía en dos.

Es tan gruesa que sentí cómo me estiraba las paredes.

Cada embestida me llegaba al fondo, golpeándome el útero.

Me folló como a una cerda barata. Me dolió y me encantó al mismo tiempo.

Me corrí como nunca en mi vida, gritando su nombre como una puta en celo.

Hizo una pausa y apretó mi cabeza más fuerte contra su coño.

—Mientras me follaba, solo pensaba en una cosa: que tu polla de mierda nunca más va a servirme. Luka me hizo sentir llena. Completa. Dominada. Tú solo me das cariño de maridito aburrido.

Luka, ya vestido, se acercó y le dio una palmada fuerte en la teta a Laura.

—Dile la verdad completa, zorra.

Laura me miró directamente a los ojos mientras yo seguía lamiendo.

—Cuando se corrió dentro… sentí sus chorros calientes disparando contra mi útero. Me corrí otra vez solo con eso. Quiero que me preñe, ¿sabes? Quiero que me llene tanto que salga por mi boca. Y tú… tú vas a seguir limpiando cada puta gota como el esclavo que eres.

Terminé de lamerlo todo. Su coño seguía abierto, palpitando, con un agujero visible donde antes estaba apretado.

Laura se incorporó, me agarró la cara con las dos manos y me besó profundamente, saboreando la mezcla de Luka y ella en mi boca.

—Te quiero —susurró contra mis labios, casi con cariño—. Te quiero de una forma rara y enferma. Pero ya no soy tu mujer en la cama. Soy su puta. Y tú eres mi cornudo favorito.

Luka soltó una risa baja y salió de la cabaña, dejándonos solos.

Laura me miró fijamente, aún desnuda y marcada.

—¿Sigues queriendo esto? ¿O vas a romperte del todo?

No respondí. Solo bajé la cabeza, derrotado, con lágrimas y semen seco en la cara.

El amor seguía allí.

Pero estaba sangrando.