Capítulo 16. Luka la reclama.
La noche del décimo día ya no había vuelta atrás.
Después de la mamada en la playa, Laura regresó a la villa con la cara manchada y el aliento oliendo a polla rusa. No se lavó. Quería que yo durmiera con ese olor.
A la mañana siguiente, apenas amaneció, me despertó empujándome con el pie.
—Hoy es el día, cornudo. Luka me va a follar de verdad. Y tú vas a mirar cómo me abre el coño como nunca tú has podido.
El nudo en mi estómago era puro veneno. Amor, asco y una excitación enfermiza me revolvían las tripas. Quería huir. Quería quedarme. Quería morir y correrme al mismo tiempo.
Bajamos a la playa. Luka esperaba en una cabaña privada del resort, de esas con cortinas medio abiertas y vistas al mar. En cuanto entramos, cerró la puerta y miró a Laura como quien mira carne fresca.
—Quítate el bikini, puta. Enséñame ese coño que ya no le pertenece a tu marido.
Laura obedeció temblando de excitación. Se quedó completamente desnuda, tetas pesadas, coño depilado e hinchado. Luka se bajó el bañador. Su polla gruesa saltó fuera, venosa y brutal.
—Mírala bien, maricón —le gruñó a Laura mientras me señalaba con la cabeza—. Quiero que tu cornudo vea cada centímetro que le va a entrar.
Laura se acercó, escupió en su mano y empezó a masturbarlo.
—Es enorme… —jadeó—. Me va a destrozar.
Luka la agarró del pelo con violencia y la tiró sobre la cama.
—Separa las piernas, zorra casada. Quiero que tu marido vea cómo te parto en dos.
Yo estaba sentado en una silla a dos metros, con las manos temblando y la polla dolorosamente dura. El conflicto me quemaba las venas: quería saltar, quería golpearle, quería gritar que era mi mujer… pero solo me quedé ahí, mirando.
Luka se colocó entre sus piernas abiertas. Frotó la cabeza gorda de su polla contra el coño empapado de Laura, provocándola.
—¿Quieres esto más que la polla inútil de tu marido? —preguntó con voz ronca.
—Sí… —gimió Laura—. Métemela. Rómpeme. Quiero sentir lo que es que me folle un hombre de verdad.
Luka empujó. De un solo golpe brutal metió más de la mitad. Laura soltó un grito ahogado, arqueando la espalda.
—¡Joder! ¡Me estás abriendo! ¡Es demasiado gruesa!
—Calla y toma polla, puta —gruñó Luka, empujando más profundo hasta enterrarse hasta los huevos—. ¿Sientes cómo te lleno, zorra? Tu marido nunca te ha llegado tan adentro, ¿verdad?
—¡No! ¡Nunca! —gritó Laura, con los ojos en blanco—. ¡Me estás follando el útero, cabrón! ¡Más fuerte!
Luka empezó a bombear con fuerza salvaje. El sonido de carne contra carne era obsceno: chap, chap, chap. Los huevos pesados golpeaban contra el culo de mi mujer.
—Dile a tu cornudo lo que sientes —ordenó Luka sin dejar de follarla como un animal.
Laura giró la cabeza hacia mí, con la cara desencajada de placer y la voz rota:
—¡Me está destruyendo, cariño! ¡Su polla es muchísimo más grande! ¡Me está reventando el coño! ¡Cada embestida me llega donde tú nunca has llegado! ¡Soy su puta ahora!
Luka le dio una fuerte palmada en la teta y aceleró.
—Esto es lo que mereces, guarra. Un coño usado y abierto. Tu marido solo sirve para limpiar mi leche después.
Laura se corrió con un grito animal, apretando las sábanas, temblando entera. Luka no paró. Siguió follándola más duro, sudando, gruñendo como una bestia.
—Voy a llenarte, zorra. Voy a correrme dentro de tu coño de casada.
—¡Sí! ¡Lléname! ¡Lléname entero! —suplicó Laura entre sollozos de placer.
Luka soltó un rugido gutural y se corrió profundamente dentro de ella. Empujó hasta el fondo mientras descargaba chorros espesos. Laura se corrió por segunda vez, arañándole la espalda.
Cuando Luka salió, un río de semen blanco y espeso empezó a brotar del coño rojo e hinchado de Laura. Ella jadeaba, destrozada, con una sonrisa de puta satisfecha.
—Míralo, cornudo —dijo Luka, señalando el desastre entre las piernas de mi mujer—. Eso es lo que queda de tu matrimonio. Ahora ven y limpia.
Laura me miró, aún con la respiración agitada, y extendió la mano hacia mí.
—Ven aquí, amor… ven a lamer lo que un hombre de verdad le hizo a tu esposa.