Mi esposa ya no es mía (La hotwife y el cornudo nº 1) Capítulo 15. Mamada en la playa de noche.
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Capítulo 15. Mamada en la playa de noche.

La tarde del noveno día transcurrió en una bruma de humillación constante. Luka no se separó de Laura ni un segundo. La tocaba con posesión absoluta: mano en el culo, dedos dentro del bikini, besos largos y sucios delante de cualquiera que pasara. Yo me había convertido en un simple accesorio.

Mientras recogíamos las cosas para volver a la villa, Laura se acercó a mí. Su expresión era una mezcla peligrosa de cariño y sadismo.

—Cariño —dijo con voz baja y suave—, esta noche quiero que veas algo real. Luka me va a llevar a la playa después de cenar. Tú nos seguirás a distancia. No te acerques. Solo mira. ¿Podrás con eso?

El conflicto interno me golpeó con fuerza brutal:

Esto ya no es fantasía. Va a chupársela de verdad.

Mi mujer, la misma que me juró fidelidad eterna, va a arrodillarse delante de ese ruso.

Debería prohibírselo. Debería acabar con esta locura ahora mismo.

Pero… solo de imaginarla con su polla en la boca se me revuelve el estómago y se me pone dura.

Soy un cobarde. Un enfermo. Un hombre roto.

—Puedo… —respondí con la voz quebrada—. Pero me estás matando, Laura. Poco a poco me estás matando.

Ella me acarició la mejilla con ternura fingida.

—Lo sé. Y eso es exactamente lo que más me excita.

Esa noche, pasadas las once.

La playa estaba casi desierta. Solo se escuchaba el rumor de las olas y alguna música lejana. Yo me escondí entre las dunas, a unos quince metros, tumbado en la arena fría, con el corazón latiéndome en la garganta.

Luka y Laura caminaban por la orilla. Él la llevaba de la mano como si fuera suya. De repente, la detuvo, la empujó suavemente contra una roca grande y la besó con violencia. Laura respondió con el mismo hambre, gimiendo contra su boca.

—Arrodíllate —ordenó Luka con voz grave y autoritaria—. Quiero esa boca de esposa infiel alrededor de mi polla.

Laura no dudó. Se arrodilló en la arena, justo frente a él. La luz de la luna iluminaba la escena con claridad cruel.

—Joder, Luka… es tan grande —susurró ella mientras le bajaba el bañador.

La polla del ruso saltó fuera: gruesa, venosa, con una cabeza hinchada y pesada. Mucho más imponente que la mía. Laura la miró con auténtica adoración.

—Esto es lo que merezco —murmuró antes de abrir la boca y metérsela.

Empezó despacio, lamiendo toda la longitud, besando la cabeza, bajando hasta los huevos pesados. Luka la agarró del pelo con fuerza.

—Más profundo, zorra. Quiero follarte la garganta. Quiero que tu marido sepa qué clase de puta eres en realidad.

Laura gimió y se la tragó más. Se escuchaban sonidos húmedos y arcadas suaves mientras Luka empujaba sus caderas. Le corrían lágrimas por las mejillas, pero no se apartaba. Al contrario, intentaba meterse más.

—Así, buena puta… —gruñó Luka—. Chúpala como nunca se la has chupado a tu cornudo. Quiero que sientas cómo te humilla saber que él está mirando.

Laura sacó la polla un segundo, jadeando, con hilos de saliva colgando de su boca.

—Me encanta… Me encanta ser tu puta. Su polla nunca me ha hecho sentir así. Tú me haces sentir deseada de verdad.

Luka le dio una ligera bofetada en la cara y volvió a metérsela hasta el fondo.

—Dilo más alto. Quiero que él te oiga.

Laura, con la polla aún medio dentro de la boca, levantó la voz entre arcadas:

—¡Me encanta chuparte la polla, Luka! ¡Es mucho mejor que la de mi marido! ¡Soy tu zorra… su mujer ya no existe!

El conflicto me estaba destrozando mientras observaba desde las sombras:

Está disfrutando. De verdad está disfrutando humillándome. La mujer que amo se está convirtiendo en una puta delante de mis ojos. Y yo… yo sigo aquí, escondido, mirando. No merezco ni llamarme hombre.

Luka empezó a follarle la boca con más fuerza. Sus huevos golpeaban contra la barbilla de Laura. Ella se tocaba el coño con una mano, completamente empapada.

—Voy a correrme —avisó él con voz ronca—. Y te lo vas a tragar todo, ¿entendido?

Laura asintió ansiosa, sin sacar la polla de su boca.

Luka gruñó como un animal y se corrió con fuerza. Vi cómo Laura tragaba convulsivamente, intentando no derramar nada. Parte de la corrida le escapó por la comisura de los labios y cayó sobre sus tetas.

Cuando Luka terminó, le limpió la polla en su cara y sonrió.

—Buena chica. Mañana te voy a follar el coño y el culo delante de él.

Laura se levantó tambaleándose, con la cara brillante de saliva y semen. Miró directamente hacia donde yo estaba escondido, como si supiera exactamente dónde me encontraba.

—Te quiero… —susurró hacia la oscuridad—. Aunque ya casi no te merezcas que te quiera.