Mi esposa ya no es mía (La hotwife y el cornudo nº 1) Capítulo 14. Primera humillación verbal de Laura.
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Capítulo 14. Primera humillación verbal de Laura.

La mañana del noveno día me desperté con un sabor amargo en la boca: restos de mi propia corrida mezclada con la de Luka. Laura estaba de pie junto a la cama, ya vestida con un bikini rojo microscópico que apenas tapaba nada. Se miraba en el espejo, girando para verse el culo.

—Buenos días, perdedor —dijo sin siquiera mirarme, con un tono nuevo, más frío y dominante.

El conflicto me golpeó nada más abrir los ojos:

¿Perdedor? Esta es la mujer que juré proteger y amar. La que me consolaba cuando las cosas iban mal. ¿Cómo hemos llegado a esto? Debería levantarme, gritarle y acabar con esta mierda. Pero mi polla ya está dura solo con oírla insultarme. Soy un puto enfermo.

—¿Qué has dicho? —pregunté con voz débil.

Laura se giró, se acercó a la cama y me miró desde arriba como si fuera un insecto.

—He dicho “perdedor”. Porque eso es lo que eres. Un cornudo consentido, un maricón sin huevos que se corre viendo cómo otro hombre usa a su mujer. ¿O vas a negarlo?

Tragué saliva. Las palabras dolían como ácido.

—Laura… te quiero. Joder, te quiero más que a mi vida. Esto me está destruyendo. Siento que cada día pierdo un pedazo más de ti… y de mí mismo.

Ella soltó una carcajada cruel y se sentó a horcajadas sobre mi pecho, aplastándome ligeramente con su peso. Su coño, aún hinchado de ayer, quedó a pocos centímetros de mi cara.

—Claro que me quieres. Por eso estás aquí, oliendo a corrida ajena y con la polla tiesa como un idiota. Ayer lamiste el semen de Luka de mi coño como un perro hambriento. ¿Eso es amor, cariño? ¿O eres simplemente un subnormal que disfruta siendo humillado?

El conflicto rugía dentro de mí como una bestia:

La odio. La odio por hablarme así. La odio por disfrutar destruyéndome. Pero Dios… sus palabras me están poniendo más cachondo que nunca. La amo tanto que prefiero que me pisotee antes que perderla.

—Sí… —admití con vergüenza—. Me excita. Pero también me duele. Me siento menos hombre. Un fracaso.

Laura sonrió satisfecha y se bajó un poco hasta sentarse directamente sobre mi boca.

—Lame, cornudo. Lame mientras te humillo con la verdad.

Empecé a lamerle el coño despacio. Ella se frotaba contra mi cara mientras hablaba con voz clara y cruel:

—Luka tiene una polla que tú nunca tendrás. Gruesa, larga, venosa… me abrió ayer como si fuera virgen. Grité su nombre mientras me corría. Tú nunca me has hecho gritar así. Eres flojo. Rápido. Patético en la cama. Por eso necesito a un hombre de verdad como él.

Gemí contra su coño. Lágrimas de humillación corrían por mis sienes.

—Dime que soy mejor puta para él que esposa para ti —exigió, apretando más fuerte.

—Eres… mejor puta para él —repetí, ahogado en su humedad.

Laura se rio y se corrió en mi cara con un gemido largo y teatral.

—Buen chico. Hoy vamos a la playa y voy a dejar que Luka me toque todo lo que quiera delante de ti. Y tú vas a agradecerle que me folle como merezco.

Bajamos a la playa. Luka ya estaba esperándonos con una sonrisa de depredador. En cuanto llegamos, agarró a Laura por el pelo y la besó brutalmente, metiendo la mano dentro del bikini y metiéndole dos dedos de golpe.

—Esta zorra ya está mojada otra vez —gruñó Luka—. ¿Le contaste a tu maricón cómo te reventé el coño ayer?

Laura miró hacia mí mientras Luka la manoseaba sin piedad.

—Se lo conté todo. Y lamió tu corrida como un buen perrito.

Luka me miró con asco y diversión.

—Patético. ¿Te gusta que te llame maricón, eh?

El conflicto me consumía mientras los observaba:

Esto ya no es un juego. Me está humillando verbalmente delante de él. La mujer que amaba me está convirtiendo en un trapo. Y yo lo permito. Porque una parte enferma de mí necesita esto. Necesita ser destruido.

—Sí… —murmuré.

Laura se acercó, me agarró la cara y me escupió suavemente.

—Dilo más alto, cornudo. Dile a Luka lo que eres.

—Soy un cornudo consentido… un maricón que disfruta viendo cómo te follan mejor que yo.

Luka soltó una carcajada fuerte y le dio una palmada fuerte en el culo a Laura.

—Esta noche te voy a follar delante de él. Quiero que vea cómo hago gritar a su mujer.

Laura me miró con una mezcla de amor retorcido y desprecio puro.

—Te quiero, mi pequeño perdedor. Pero cada vez me gusta más tratarte como la mierda que eres.