Capítulo 13. Regreso con el bikini torcido y el olor a hombre.
Laura se quedó sentada en la tumbona con las piernas bien abiertas, exhibiendo su coño hinchado y lleno de semen espeso de Luka. El olor a sexo llegaba hasta mí con claridad: una mezcla asquerosa y excitante de corrida rusa, coño usado y sudor masculino.
Yo seguía arrodillado en la arena, con la cara entre sus muslos, lamiendo como un perro desesperado. El conflicto interno me estaba matando vivo.
Esto es lo más bajo que he caído en mi puta vida.
Estoy limpiando la leche de otro hombre del coño de mi esposa.
La mujer que amo más que a nada. Doce años de matrimonio reducidos a esto…
Soy un puto asco. Un degenerado sin dignidad.
Pero no puedo parar. Su coño sabe diferente ahora.
Más salado. Más sucio. Y me pone cachondo como nunca.
—Más profundo, cornudo —ordenó Laura, agarrándome del pelo con fuerza y apretándome contra su vulva—. Chupa bien toda la leche que Luka me dejó dentro. Quiero que te tragues hasta la última gota de lo que un hombre de verdad le echa a tu mujer.
Luka estaba sentado al lado, bebiendo una cerveza y riéndose con esa voz grave y arrogante.
—Míralo… el maricón lamiendo mi corrida. ¿Te gusta el sabor de un ruso de verdad, eh? Tu polla de mierda nunca va a llenarla así.
Gemí contra el coño de Laura mientras lamía más fuerte. Ella gemía y se frotaba contra mi cara.
—Sabe mucho mejor que la tuya —le dijo Laura a Luka, mirándome con desprecio y amor retorcido—. Su polla es pequeña y se corre rápido. La tuya… joder, todavía me duele lo profundo que me la metiste.
Cuando terminé de limpiarla, tenía la cara brillante de fluidos. Laura me miró desde arriba y me escupió suavemente en la boca.
—Buen chico. Ahora siéntate y huele. Huelo a él, ¿verdad?
Asentí, derrotado. Olía fuertemente a Luka: a su colonia cara, a sudor de macho y a sexo crudo.
El bikini estaba completamente torcido. Una teta casi fuera, el tanga metido entre los labios hinchados de su coño, lleno de manchas blancas secas. Parecía exactamente lo que era: una esposa infiel recién follada.
—Cariño… —dijo ella con voz más suave, casi cariñosa, mientras me acariciaba el pelo—. Te quiero. De verdad te quiero. Pero esto… esto me está gustando demasiado. Ver cómo te rompes por dentro me moja como nunca.
El conflicto explotó de nuevo dentro de mí mientras volvíamos caminando a la villa:
Debería acabar con esto ahora. Cogerla del brazo, gritarle, pegarle a ese ruso de mierda y largarnos de aquí.
Pero no lo hago. Me quedo aquí, oliendo su corrida en mi boca, con la polla dura como una piedra.
¿Qué clase de hombre soy? Un cornudo consentido de mierda.
Un cobarde que prefiere ver a su mujer convertida en puta antes que perderla.
En la villa, Laura no me dejó follarla. Me hizo sentarme en una silla mientras ella se duchaba con la puerta abierta. Luka le había mandado un mensaje:
“Mañana te voy a follar el culo, zorra. Prepárate.”
Cuando salió de la ducha, se tumbó en la cama desnuda y me obligó a masturbarme delante de ella mientras le contaba lo que sentía.
—Dime la verdad —exigió—. Dime cómo te sientes ahora mismo.
Respiré hondo, con la mano subiendo y bajando por mi polla.
—Te odio… un poco. Odio que te dejes usar así. Odio que te guste más su polla que la mía. Odio que me hayas convertido en esto. Pero te amo tanto que prefiero verte feliz siendo su puta antes que perderte. Me odio a mí mismo por no parar esto. Me siento menos hombre. Un puto perdedor.
Laura sonrió con placer sádico y abrió las piernas, tocándose el coño aún sensible.
—Esa mezcla de amor y odio es lo que me vuelve loca. Mañana voy a dejar que Luka me folle delante de ti. Quiero que veas cómo me abre el coño de verdad. Cómo me hace gritar como tú nunca has conseguido.
Me corrí con fuerza sobre mi mano, sollozando de placer y vergüenza.
Laura se acercó, recogió un poco de mi corrida con un dedo y me la metió en la boca.
—Traga. Esto es lo único que vas a correrte dentro de mí de ahora en adelante.
Me besó en la frente con ternura mientras yo lloraba.
—Te quiero, mi cornudito. Aunque ya casi no seas mi marido… solo mi esclavo.