Mi esposa ya no es mía (La hotwife y el cornudo nº 1) Capítulo 8. Ella me cuenta los primeros toques mientras me masturba.
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Capítulo 8. Ella me cuenta los primeros toques mientras me masturba.

Volvimos a la villa cuando el sol ya se estaba ocultando.

El silencio entre nosotros era denso, cargado de mentiras y deseo podrido.

Laura caminaba delante, con el bikini torcido y esa marca roja en el cuello que parecía gritar lo que había pasado.

Yo cargaba las cosas como un puto esclavo, con el estómago revuelto de celos y la polla tan dura que me dolía.

Nada más cerrar la puerta, Laura se giró hacia mí. Sus ojos brillaban con una mezcla de culpa y lujuria salvaje.

—Siéntate en la cama —ordenó con voz ronca.

Obedecí. Ella se quitó el pareo lentamente y se quedó solo con el bikini blanco, que ya estaba manchado de arena y humedad. Se acercó, se arrodilló entre mis piernas y me bajó el bañador sin decir nada. Mi polla saltó fuera, tiesa y palpitando.

—Mírate… ya estás como un puto perro en celo solo de imaginar lo que hice —se burló con una sonrisa cruel.

Empezó a masturbarme despacio, con la mano llena de aceite solar que aún olía a ella y a él.

—Quieres que te cuente la verdad, ¿no? —preguntó, apretando mi polla con más fuerza—. Porque antes te mentí en la playa. No solo “hablamos”.

Tragué saliva, con el corazón destrozado.

—Cuéntamelo todo… por favor.

Laura soltó una risa baja y sucia. Sus dedos subían y bajaban por mi verga, torturándome.

—Cuando nos fuimos a “pasear”, Luka no perdió el tiempo. Apenas nos alejamos cincuenta metros de donde estabas sentado como un cornudo de mierda, me agarró del culo con esa mano enorme y me apretó contra él. Me dijo al oído: “Tienes un coño que huele a que necesita una polla de verdad, zorra”.

Gemí fuerte. El dolor era brutal, pero su mano me estaba volviendo loco.

—Seguimos caminando hasta unas rocas apartadas. Allí me empujó contra una piedra y me metió la mano directamente dentro del bikini. Dos dedos gordos, cariño. Me abrió el coño sin piedad mientras me besaba como un animal. Estaba empapada, joder. Chorreando.

—¿Le tocaste la polla? —pregunté con la voz rota.

Laura aceleró el movimiento de su mano. Sus tetas se movían con cada sacudida.

—Sí, cornudito. Se la saqué del bañador.

Es enorme. Mucho más gruesa y más larga que la tuya.

Pesada, venosa, con una cabeza gorda y roja.

La masturbé mientras él me metía los dedos hasta el fondo.

Me dijo: “Esto es lo que necesitas, no la polla de mierda de tu marido. Yo te voy a reventar este coño de puta casada”.

Las lágrimas me corrían por las mejillas. El amor que sentía por ella se mezclaba con una humillación tan profunda que apenas podía respirar. Y sin embargo, mi polla estaba a punto de explotar en su mano.

—Sigue… —supliqué.

—Puso mi mano en sus huevos. Son grandes, pesados.

Me hizo olerlos. Olían a hombre de verdad.

Luego me escupió en la boca y me dijo que abriera las piernas.

Me metió tres dedos mientras me chupaba las tetas.

Me corrí como una guarra en su mano, llamándolo por su nombre. “Luka… joder, Luka, no pares”.

Laura se inclinó y escupió saliva gruesa sobre mi polla para lubricarla más. Su voz se volvió aún más cruel y cruda:

—Mientras me corría, él me miró a los ojos y me dijo: “Dile a tu maricón que pronto voy a llenarte el coño de leche rusa de verdad. Y que él va a lamer hasta la última gota”.

Me estremecí entero. El orgasmo se acercaba rápido.

—¿Te besó mucho? —pregunté, casi ahogándome.

—Nos comimos la boca como dos perros. Me mordió el labio y el cuello. Por eso tengo esta marca. Me dijo que mañana quiere comerme el coño entero y que tú te quedes mirando como el cornudo consentido que eres.

Laura aceleró la mano brutalmente. Con la otra me apretaba los huevos con fuerza.

—Dime que te gusta esto —exigió—. Dime que te encanta que tu mujer sea una puta para un ruso.

—Joder… me encanta —admití entre sollozos y gemidos—. Te quiero tanto, Laura… pero me está destrozando.

Ella sonrió con ternura sádica y se inclinó para lamerme la punta de la polla mientras seguía masturbándome rápido.

—Te quiero yo también, mi cornudito. Te quiero tanto que quiero que sufras viendo cómo Luka me folla como una cerda. Quiero que oigas cómo grito su nombre cuando me corra en su polla grande. ¿Lo entiendes?

No aguanté más. Me corrí con violencia, soltando chorros gruesos sobre su mano y mis abdominales. Laura no paró de masturbarme hasta sacarme la última gota.

Cuando terminé, se levantó, se limpió la mano en mi pecho y me miró desde arriba.

—Esto solo es el principio —dijo con voz fría y excitada—. Mañana voy a dejar que me coma el coño. Y tú vas a estar allí cerca, sufriendo como el puto cornudo que eres.

Se inclinó, me dio un beso suave en la frente lleno de amor falso y susurró:

—Ahora límpiate. Y piensa en cómo su polla va a abrirme de verdad muy pronto.

Se metió en la ducha canturreando, dejándome solo en la cama, cubierto de mi propia corrida, llorando de celos, culpa, amor y una excitación enfermiza que ya no podía controlar.

El descenso estaba siendo mucho más rápido y sucio de lo que jamás imaginé.