Capítulo 15 #3
La abrazó con fuerza. —Gracias, gracias…
—No, gracias a ti, has cambiado mi vida. —La besó en la mejilla y se apartó para coger la mano de Holk. —Por cierto, tienes tres minutos para acabar la misión.
Parpadeó de la sorpresa.
—Lo que se empieza se acaba, luego podrás irte. Ah, y no le digas a Uno que esto lo hemos hecho nosotros, no quiero que me coja rabia por quitarle a sus mejores agentes. —Le guiñó un ojo. —Suerte.
—¿Tres minutos? —Corrió hacia el ascensor haciéndoles reír. Mientras la puerta se cerraba gritó —¡Gracias, gracias! ¡Os quiero!
Ellos rieron mientras se cerraban las puertas y Kaya miró la carta entre sus manos pensando que era lo más preciado que tendría nunca.
La dobló con cuidado y se la metió en el bolsillo de la chaqueta antes de respirar hondo levantando su rostro para mostrar sus ojos verdes listos para la acción.
Entró en las oficinas y vio que era el sitio correcto por el nombre de la empresa.
Se acercó a la recepcionista. —¿Ben Mayers?
—Al fondo a la derecha —dijo sin mirarla siquiera.
Caminó entre las mesas y encontró enseguida el despacho de ese tipo.
Entró sin llamar, el muy gilipollas estaba jugando con el ordenador.
—Vaya, vaya… Qué suerte que te pillo antes de que te fueras a comer…
—Levantó el arma haciendo que el tipo dejara caer el boli que tenía en la boca.
—Al parecer te diviertes mucho, ¿verdad?
—Pues… —Empezó a sudar y todo.
—¿Sabes quién soy?
—No.
—¡Soy la novia a la que a una semana de su boda, le has perdido sus billetes de avión a las Bahamas, idiota!
—¿De veras?
Se acercó por detrás y se agachó apuntándole a la cabeza. —Mira por dónde… ¿Juegas en línea?
—Sí —dijo muy nervioso—. Con uno de Nueva Zelanda.
—Ah, qué bonito… —Le fulminó con la mirada. —¡Apaga eso!
Él sobresaltado lo hizo de inmediato y la miró de reojo mientras se meaba encima. —Mira, no te lo voy a decir otra vez… Quiero vuelos en primera clase y los quiero para la fecha que te dije, ¿me has entendido? ¡Tú no me vas a joder la luna de miel!
Tartamudeando preguntó —¿Su nombre?
—¡Kaya Walker! ¿Tienes muchas Kayas en tu base de datos?
—No, no…
—Eso suponía. No, no puedes tener muchas clientas como yo, soy de las que se toman la justicia por su mano con el amparo de la ley, no sé si me entiendes. Nadie te echaría de menos, me aseguraría de ello. Por cierto, nos harás un descuento.
—Por supuesto.
—¡Y que no vuelva a pasar! —Le miró sanguinaria. —O tendré que volver. —Agachó la mirada a sus pantalones y puso cara de asco. —Qué suerte tengo con mi prometido.
—Los tendrá en una hora.
—Más te vale —dijo yendo hacia la puerta—. O volveré.
Salió de la oficina escondiendo su arma y sacó su móvil mientras caminaba hacia el ascensor. —Solucionado, cariño.
—Sabía que lo solucionarías. Nena, ¿qué ha pasado con el pinganillo?
—Oh, no sé, de repente ha dejado de funcionar. Necesitamos unos nuevos.
—Los cogeré hoy del almacén. Por cierto, nos ha llamado Uno.
Sonrió. —¿Cuándo tenemos que ir?
—En una hora.
—Bajo enseguida.
Entraron en el despacho de Uno y les sonrió. —Perfecto, ya estáis aquí. Como siempre puntuales.
—Ese es mi chico, que siempre está pendiente del reloj.
—Muy graciosa, nena. —Dean se sentó frente a su jefa. —En una semana nos vamos de luna de miel, así que espero que sea algo muy rápido de hacer.
Uno colocó las manos encima del escritorio y cruzó los dedos mientras la miraba a los ojos. —Así que ya lo has conseguido.
—Veo que ya te lo han comunicado.
—Hace una hora. Felicidades.
—Gracias, jefa.
Dean la miró sin entender. —¿Nena?
Sonrió a Dean y sacó la hoja del bolsillo entregándosela. —Es lo que tanto esperábamos.
Él desdobló la hoja rápidamente y después de leer se quedó tan sorprendido que ella rio. —Hostia, somos libres.
Uno sonrió. —No sé qué amigo ha intercedido por vosotros, pero ya podéis darle las gracias. Ahora… os quiero pedir un favor.
—Ah, no… —dijo Dean levantándose—. Vamos, nena.
—Espera…
—No dejes que te líe, joder.
—Quiero escucharla. —La miró a los ojos. —¿Qué es?
—No es para ti. —Miró a Dean. —¿Aceptarías un trabajo de ojeador en los Grizzlies?
Sorprendida miró hacia él que se había quedado de piedra. —¿Qué?
—Buscan un segundo ojeador y les he hablado de ti, ¿te interesa?
Sin saber qué decir la miró a ella. —Cielo, si quieres hacerlo por mí perfecto, te seguiré a donde tú quieras.
Dean sonrió. —Sí, lo aceptaré.
Uno le devolvió la sonrisa. —Bien, pues llama a ese número antes de las cinco. —La miró a los ojos. —Te deseo mucha suerte.
Emocionada se levantó y rodeó el escritorio para abrazarla. —Eres dura de pelar, jefa.
Uno rio por lo bajo. —No volveré a tener una agente como tú.
—Claro que sí, siempre llega sangre nueva. —Se apartó mirándola a los ojos. —Cuídate mucho.
—Lo haré.
Kaya se alejó y cogió la mano de Dean para salir de la oficina. —Gracias.
Uno sonrió. —Ha sido un placer.
Caminando por el pasillo del almacén se miraron a los ojos. —Al fin —dijo ella.
—¿Lista para una nueva vida, cielo?
—¿Lista? Contigo siempre, mi amor.