Mi corazón no se equivocaba Epílogo
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Epílogo

—¡Corre! —gritó Kaya sentada al lado de su marido en el estadio—. Son unos mantas.

—Nena, ¿desde cuándo sabes tanto de fútbol americano?

—Desde que me casé contigo y tengo que ver cada partido que sale en la televisión. Ninguno de estos sirve para nuestro equipo.

Dean sonrió divertido y su primo se sentó a su lado con unas hamburguesas.

—Uy, qué rico —dijo ella cogiendo la bandeja y mostrando el tatuaje en el antebrazo que se había hecho con su marido. Sus manos unidas ante un mar infinito con un atardecer al fondo, representando el futuro que tenían por delante. Empezó a comer con ganas. —¿Y la bruja de tu mujer?

—Echándole la bronca al niño, al parecer ayer se escapó y se acaba de enterar por una vecina.

Miraron hacia la zona de descanso de jugadores para ver que su queridito James aguantaba la bronca con aburrimiento mientras su madre intentaba meterle en vereda. Le pasó la bandeja a su marido que dijo —Nena…

—Es evidente que necesita ayuda. —Caminó por las gradas mostrando su embarazo y bajó los escalones ágilmente para acercarse a Lucy. —¿Qué pasa, amiga?

—¡Este idiota, que ayer se escapó, cogió un coche del garaje y se fue de fiesta con el pendón de Kelly Vazquez! Me tienes harta, ¿crees que porque el primo de tu padre sea ojeador de los Grizzlies tienes el futuro asegurado?

—¿No? —preguntó con descaro.

Lucy jadeó indignada. —Me sacas de quicio.

—Déjamelo a mí. —Le agarró por la oreja antes de que pudiera evitarlo y se lo llevó sin ningún esfuerzo hasta el túnel de vestuarios mientras él chillaba como una niña.

—Escúchame bien, malcriado de mierda. —James abrió los ojos como platos.

—¡Cómo no hagas caso a tu madre y te dejes el culo por llegar a la NFL, te voy a patear de una manera que no te vas a levantar en una semana!

—Como no la creía, giró su muñeca sin esfuerzo tirándole al suelo antes de poner su bota en su cuello.

—¡Kaya! —gritó su madre horrorizada.

—Me tiene harta, siempre está disgustándote. —Se agachó apretando la bota sobre su cuello. —Igual deberías probar a tener otro hijo a ver si tienes más suerte.

—Ah, no, yo me quedo con este, que ya me ha dado mucho trabajo como para tirarlo todo por la borda.

—¿Mami?

—¡Nada de mami! ¡Vuelve a meterte en líos o vuelve a escaparte y te rompo las piernas, así se ha acabado el asunto! —Le soltó y James se levantó asustado abrazando a su madre. —¡Arreando para el campo! ¡Y ya puedes correr!

—Sí, sí…

Corrió hacia el campo y miró maliciosa a Lucy. —¿Lo he hecho bien?

Soltó una risita. —Vas a ser una madre increíble.

—Gracias, aunque he practicado con mi Jenna.

—Por cierto, ¿cómo está?

—Vendrá para navidades, tiene mucho que estudiar.

Su amiga levantó una ceja. —¿Estudiar con todas esas fiestas universitarias?

—Pero es que mi hermana cree que la vigilan, así que sabe que no puede pasarse de la raya. Y no está demasiado equivocada, porque Uno le echa un ojo de vez en cuando para asegurarse de que va por buen camino.

—Qué suerte tienes, ¿puedes prestarme a esos amigos tuyos para que me vigilen a James?

Rieron demostrando lo fuerte que se había hecho su relación desde que habían llegado al pueblo.

Lucy había aceptado que Dean había quedado atrás y había ganado una amiga.

Kaya al fin pudo relajarse a su lado. Se acarició el vientre y se miró la barriga.

—Enseguida empiezo yo el seguimiento. Ya queda poco.

—Me asombra que estés tan calmada. Yo estaba de los nervios.

Se acarició el vientre. —Estoy deseando verle la carita.

Lucy sonrió. —Y yo.

Subieron a las gradas y se sentaron al lado de sus maridos.

Estaban a punto de dar un touchdown cuando su marido se acercó y susurró —Nena, ¿estás de parto?

Su marido miró hacia abajo y ella hizo lo mismo. Juró por lo bajo porque sus mallas se habían mojado. —Eso parece —dijo haciendo una mueca—. Ahora que el partido estaba tan interesante.

Él rio por lo bajo. —No disimules conmigo, no estás disfrutando del partido.

—Claro que sí —dijo sinceramente.

—¿Entonces qué pasa?

—Es que estaba pensando… —Le miró a los ojos. —¿No lo echas de menos? La adrenalina, el peligro, las noches sin dormir…

—Vamos a tener una hija, según me han dicho se va a parecer mucho.

Kaya sonrió. —Dímelo.

—No, nena, no lo echo nada de menos. Levantarme a tu lado todos los días es lo único que me importa.

Le miró enamorada. —Entonces fue la decisión correcta.

—Absolutamente. —Cogió su mano y se la apretó mientras todos gritaban de la alegría porque James había marcado. —Esta es la vida que quiero tener ahora, a tu lado. Y seguro que nuestro futuro estará plagado de sorpresas. Y ahora dime tú, ¿lo echas de menos?

Emocionada negó con la cabeza. —Solo temo que no estés a gusto en esta nueva vida que hemos construido juntos, que necesites más.

—Te aseguro que soy más feliz que nunca, mi amor. —Se acercó y la besó en los labios. —Y sé que lo seré para siempre.

—Te amo.

—Y yo a ti. —Él se levantó y la cogió en brazos. —Nena, ¿cada cuánto las tienes?

Le miró maliciosa. —Cada cinco minutos. ¿Estás oxidado para llevar el coche hasta el hospital y llegar a tiempo?

—¿Ves cómo contigo tengo emoción suficiente?

Kaya se echó a reír demostrando lo feliz que era a su lado.

FIN