Mi corazón no se equivocaba Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

—Los que llevan el proyecto de Martha han leído tu expediente y el de Dean, saben que sois de fiar.

Por supuesto les tuve que explicar la deserción de Dean, pero les dije que todo era un plan predeterminado para que aceptaras formar equipo.

Os permiten volver a la agencia, pero a Holk hay que eliminarlo y Martha sería trasladada a otra sección.

Se le cortó el aliento. —¿Por qué quieren matar a Holk?

—Es un mercenario que se vende al mejor postor. No le quieren cerca de Martha.

—Pero ella le ama —dijo impresionada—. ¿No se dan cuenta de que la desestabilizarán de nuevo?

—Ese es el trato —dijo fríamente—. ¡No sabes todo lo que he tenido que hacer para que lo acepten, joder!

¿Sí o no? Y te aseguro que si es no, todos terminaréis muertos.

Les dará igual arrasar este maldito bosque.

—Uno le rogó con la mirada. —A lo largo de los años he visto a muchas muchachas pasar por la agencia.

He sentido la muerte de muchas, pero la tuya la sentiría más que ninguna, Kaya.

Sus ojos se llenaron de lágrimas. —¿Por qué?

—Porque eres valiente, luchas por lo que amas y nunca te rindes.

Pero hay que saber cuándo rendirse, niña.

Y este es el momento. Por favor, no me hagas ir a tu entierro.

Sé que metí la pata al no dejarte actuar como te pedí, sé que me precipité al solicitar la muerte de Martha y te arrastré con ella, déjame arreglarlo. Confía en mí.

Se miraron a los ojos durante varios segundos y Kaya de repente la abrazó intentando reprimir las lágrimas. —Lo siento, lo siento muchísimo, pero no puedo hacerlo. No voy a dejar que le matéis.

—Al parecer él tiene otro pensamiento.

Sorprendida se volvió para ver a Holk saliendo de la casa sin armas, Martha las había oído y al parecer él estaba dispuesto a sacrificarse.

—¡No, no! —gritó Martha desde el interior de la casa.

—Dios mío, Dean lo sabía, ¿no es cierto?

—No lo he hablado con él, pero sabiendo en que trabajaba Holk, seguro que se lo ha imaginado.

—¡No, no! ¡Holk no lo hagas!

Él se acercó y forzó una sonrisa. —Es lo mejor para todos, a veces hay que sacrificarse por el equipo. —Miró a Uno. —Estoy listo, solo pido que no se haga aquí.

Uno asintió. —Tranquilo, no verá nada. —Miró hacia ella. —Mañana vendrá uno de los números y os dará instrucciones.

—No es justo —dijo entre dientes sintiendo una impotencia terrible.

—La vida es muy injusta, Kaya —dijo él—. Tranquila, no esperaba vivir tanto tiempo y me alegro de haberla conocido. Si mi muerte sirve para que ella viva y haga cosas extraordinarias, me doy por satisfecho, porque es lo mejor que me ha pasado nunca. Cuídala, ¿quieres?

Reprimiendo las lágrimas asintió. —Haré lo que pueda.

—Eso me basta, eres una mujer de palabra.

Se volvieron y empezaron a caminar alejándose.

—¡No! —gritó Martha desgarrada.

Kaya caminó hacia la cabaña y cuando abrió la puerta la encontró tirada en el suelo maniatada. Las cuerdas estaban a punto de romperse y Dean intentaba retenerla poniéndole una cadena alrededor del cuerpo. —¡Ayúdame!

Viéndola allí desgarrada y pidiendo ayuda con su mirada susurró —No puedo. Si fuera yo…

—¡Holk ha tomado una decisión!

—¡Si fuera yo querría salvarte! ¡Dale una oportunidad!

Dean la miró fijamente antes de soltarla. —Nos matarán a todos.

—A veces hay que luchar por lo que es justo, ¿no es ese nuestro cometido? —Miró a su amiga. —No hagas daño a Uno. Huid y no miréis atrás.

—Lo siento, lo siento, pero le amo. —Martha consiguió soltarse y salió por la puerta como una exhalación.

Fueron hasta la ventana para ver que casi había llegado a Uno. Holk se volvió y ella se tiró a sus brazos. Kaya sollozó al ver como la abrazaba como si fuera la última vez en la vida que pudiera tocarla y verlo era desgarrador. —Dios mío…

De repente les rodearon decenas de militares y Martha gritó volviéndose dispuesta a matarles a todos, pero Holk le dijo algo que hizo que le mirara sorprendida.

Holk cogió su mano y se volvieron hacia Uno, que asintió antes de seguir caminando.

Se fueron con ella escoltados por todos aquellos soldados. —Dios mío…

—¿Qué le habrá dicho? —susurró Jenna.

—Que la amaba y no quería verla morir. —Kaya sollozó y Dean la abrazó con fuerza.

—Cálmate nena…

—No me dejes nunca.

Él mirando por la ventana susurró —No podría, nunca te dejaría. Te amo demasiado como para pensarlo siquiera. —La besó en la coronilla desesperado por tenerla a salvo. Pero sentía que ese momento no llegaría nunca.

Seis meses después

Vestida con un traje rojo entró en la empresa. —Estoy dentro —dijo quitándose las gafas de sol.

—Nena, vas con dos minutos de retraso.

Sonrió yendo hacia el ascensor. —¿No me digas?

—Disciplina, disciplina. La puntualidad es esencial —dijo a su oído.

—Que alguien le quite el transmisor a este pesado. —Salió en la segunda planta y levantó una ceja al ver que las oficinas estaban vacías. —Ya se han largado o no era aquí, una de dos.

—¿Qué coño dices?

—Míralo tú mismo —dijo poniéndose las gafas. Dio una panorámica y él juró por lo bajo—. Cielo, no sé qué está pasando últimamente, pero no dan ni una.

—Muy bien, baja al primer piso a ver si hay suerte.

—¿Es coña? —preguntó quitándose las gafas.

—¿Qué quieres que te diga? Me lo dijeron tan rápido que puede que me equivocara. Tienes diez minutos antes de que se largue.

Iba a volverse cuando algo le dio mala espina.

A toda prisa sacó su arma y apuntó al fondo de la sala.

Pasó entre las columnas y de repente Martha salió de detrás de una de ellas.

Sonrió. Kaya separó los labios de la impresión porque estaba bien.

Se quitó el pinganillo a toda prisa y lo tiró al suelo pisándolo antes de hacer lo mismo con las gafas.

Martha se acercó y se abrazaron emocionadas. —Estás bien.

—Muy bien, siento no habértelo dicho antes.

La apartó para mirarla. —Estás preciosa.

—Es que nunca he sido más feliz.

La miró sin comprender y Martha volvió la vista. Ella hizo lo mismo y allí estaba Holk. —Oh, Dios mío… —dijo llevándose la mano al pecho—. Estás vivo.

—Gracias a ti.

—¿A mí?

—Por tu insistencia Uno hizo todo lo que pudo y nos dieron otra oportunidad. Al parecer a los de arriba les gustó que quisiera sacrificarme por ella. Ahora trabajamos juntos en Europa.

Sonrió emocionada. —Me alegro muchísimo, no dejaba de pensar que tenía que haber hecho mucho más por vosotros.

—Has hecho muchísimo por nosotros —dijo Martha—. No sabíamos cómo darte las gracias, así que… —Abrió su bolso y se lo tendió. —Aquí tienes.

—¿Qué es?

—Tu libertad. Vuestra libertad.

Se le cortó el aliento y cogió la hoja. La desdobló casi temblando y vio que era una carta del presidente de los Estados Unidos. Se llevó la mano al pecho de la impresión leyéndola a toda prisa. —¿Esto va en serio?

Martha rio. —Muy en serio. Le conocimos en su gira europea, sacamos de un lío a su hija y nos dijo que podíamos pedirle lo que quisiéramos. Y le pedimos eso. Eres libre, Kaya. Dean y tú podéis iros a donde queráis, nunca más podrán tocaros.