Mi corazón no se equivocaba Capítulo 15
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Capítulo 15

Tensa se bajó de la ambulancia y miró a los alrededores. —Nena…

—No quiero hablar de eso, voy a comprobar el perímetro. —Se alejó de él furiosa. Jenna la siguió. —Cielo, puedes entrar en la casa.

—Yo voy contigo.

Dieron una vuelta por detrás de la casa, que estaba rodeada de árboles centenarios. —¿Estás cabreada?

—¿Tú qué crees?

—Estos dos últimos días está muy raro, ¿no crees?

Se detuvo en seco. —¿También te has dado cuenta?

—Y antes le vi hablando con Holk a escondidas. Como si tramaran algo.

—Martha hubiera escuchado algo si fuera importante.

—No lo creas —dijo Martha llegando hasta ellas—. Aprovecharon que estaba en la ducha.

—¿No me digas?

Jenna asintió.

—Esos dos traman algo, te lo digo yo, hermana.

Preocupada miró a Martha. —¿Tienes idea de qué puede ser?

—Uno herido y el otro casi no puede pegar un tiro porque estoy yo, creo que su orgullo masculino puede hacer que decidan actuar sin nosotras. Lo que sería un error mayúsculo.

—¿Actuar sin nosotras?

—Ya les conoces, están programados para proteger.

—Pues a mí no me van a dejar a un lado.

Furiosa caminó rodeando la casa y Martha la miró divertida. —Sabía que iría de frente, siempre lo hace.

—Esa es mi hermana.

Les encontró sacando algunas cosas de la ambulancia. —Muy bien, ¿qué estáis pensando hacer?

Holk la miró sin comprender. —¿Sobre qué?

—¡A mí no me la dais y a estas tampoco, vosotros tramáis algo y quiero saber lo que es! ¡Y como tenga algo que ver con largaros y dejarnos aquí para hacer algún plan que desconozco, ya estáis cantando!

Dean apretó los labios mirando a Jenna que se sonrojó. —No tenemos ningún plan para dejaros aquí, hablabamos de otra cosa.

—¿Qué cosa? Vamos, quiero saberlo.

Él suspiró dejando la bolsa con los medicamentos dentro de la ambulancia. —Nena, ¿no puedes esperar? Quería que fuera especial.

Le miró sin comprender. —¿Especial? ¿El qué?

Para su sorpresa arrodilló una pierna en el suelo y cogió su mano.

Jenna abrió los ojos como platos mientras que Kaya se quedaba de piedra.

—Mi preciosa guerrera, he pensado mil veces en cómo hacer esto y debido a estas circunstancias pensaba esperar un poco, pero eres muy impaciente, así que ahí va.

—Cogió su mano. —Lo arriesgué todo por ti y fue la mejor decisión que tomaré nunca.

Eres todo lo que siempre he querido en mi pareja y no puedo dejarte escapar porque me arrepentiría lo que me queda de vida.

Por eso… —Sacó un anillo del bolsillo del vaquero.

—Por eso quiero pedirte que seas mi esposa, mi pareja, mi amante y que siempre cubras mis espaldas como yo cubriré las tuyas. ¿Aceptas?

Sus ojos se llenaron de lágrimas, no podía dejar de mirar el anillo. —¿Es para mí?

Martha sonrió emocionada.

—Solo para ti, siempre ha sido para ti, mi amor.

—¡Sí, sí! —Él se lo puso en el dedo sonriendo. —Te quiero. —Le abrazó por el cuello y le besó por toda la cara. —Te quiero.

—Y yo a ti, mi vida. —Dean cerró los ojos pegándola a él todo lo que podía. —Y yo a ti.

Estaban haciendo la cena y Martha se acercó a lavar la lechuga. —¿Te lo has tragado?

—Claro que no —susurró—. Ha aprovechado las circunstancias para taparlo.

Martha asintió antes de volverse y decirles a los chicos. —¿La aliñáis? Voy a traer más madera para la chimenea, empieza a hacer frío.

—Te acompaño —dijo Holk.

Salieron de la cabaña y Dean se acercó por detrás para abrazarla. —Preciosa, ¿contenta? —La besó en el cuello.

—Mucho. —Le sonrió y le besó en los labios. —Ha sido una sorpresa preciosa, es una pena que no podamos celebrarlo.

Él rio por lo bajo. —Desgraciadamente tendremos que esperar y no solo por mi herida. —La besó en el lóbulo de la oreja. —Demasiada gente a nuestro alrededor que puede oír algo.

Entonces escucharon una especie de crujido y los dos se volvieron hacia la radio. —Dean, ¿me escuchas? —preguntó su primo.

Dean la cogió a toda prisa. —Aquí estoy, cambio.

—Ha llegado un coche negro a la ciudad, son tres tipos. Están comiendo en la cafetería y están haciendo preguntas sobre ti.

—¿Dónde está mi madre?

—En nuestra casa. Se quedará hasta que todo sea seguro. He dicho en la cafetería que se había mareado. La he llevado al médico para no levantar sospechas y me la he llevado a casa con la excusa de que quiero que esté bien cuidada.

—Gracias, primo. No sé cómo agradecértelo.

—No es nada. ¿Qué hago?

—Nada, irán a hablar contigo.

—La sirena —dijo Kaya.

—Joder, sí, deshazte de la sirena de la ambulancia.

—Eso ya está hecho.

—Eres el mejor, tío.

—Que revise todo por si nos hemos dejado algo —dijo Jenna—. Me falta una pulsera —dijo mostrando su muñeca—. La debí perder cuando estábamos pintando.

—¿Lo has oído?

—Sí. Buscaré por aquí, aunque Lucy ya lo ha limpiado todo a fondo, nunca he tenido esto tan limpio.

—Gracias, sois los mejores. Corto. —La miró a los ojos.

—¿Nunca ha tenido el taller tan limpio? A ver si le dejas las cosas claras de una vez.

—Creo que cuando se entere de lo del anillo de compromiso, le quedará claro.

Se miró la mano, el hermoso diamante en talla brillante relució con la luz del fuego. Eso le hizo soltar una risita. —Sí, es imposible no verlo.

Él sonrió. —Me alegra que te guste tanto, me costó un montón escogerlo.

—¿De veras?

—Nunca he visto a un francotirador con anillo de compromiso.

—Mierda, las armas, tu primo no las ha traído.

—Me ha dicho que se las va a conseguir uno que conocemos. Su padre tiene una armería a cien kilómetros de aquí y él las vende bajo manga.

—Eso costará caro.

—Mi madre tenía dinero, le ayudará a pagarlo.

—Espero que no saque el dinero del banco.

—Nena, no te preocupes por eso.

Le observó ir hacia la chimenea y meter dos leños en el fuego. Kaya susurró —Empieza el invierno, dentro de poco nevará.

—No estaremos aquí tanto tiempo —dijo él levantándose. Fue hacia la ventana para vigilar el exterior.

—No hemos hablado de lo que haremos ahora.

—De momento esperar, puede que la solución llegue sola.

—¿Qué quieres decir?

—Lo he pensado mucho durante estos días y creo que Uno intentará arreglar esta mierda. De hecho, estoy convencido.

—Cielo, estamos así por su culpa.

—Ella hizo lo que le pedimos en el garaje, ¿recuerdas? Solo les convenció para que la liquidaran, a nosotros nos han pillado en medio y Uno no querrá perdernos. Y ahora que está Holk no querrán perdernos a ninguno si con eso Martha es feliz.

Entonces se dio cuenta de lo que quería decir —Crees que no quieren matar a Martha.

—¿A su bien más preciado? No, en absoluto. Solo quieren matarnos a nosotros porque lo sabemos todo. Sabemos lo de Europa y su procedencia, temen filtraciones. Por eso entraron pegando tiros en lugar de tirar un misil que nos destrozara a todos.

—Porque sabían que si la herían, no sería algo de importancia…

—Exacto. Lo que no contaban era con la potencia de ataque de Martha.

—Porque la había ocultado toda su vida.

—Precisamente.

—¿Y si Uno no puede hacer nada?

—Seguro que ya se lo están pensando, nena. Ahora saben que tienen una Martha aún superior, ¿quién no la querría en su equipo?

—¿Y si luego no cumplen el trato?

—Pues como había planeado en un principio, habrá que luchar.

Una semana después estaban en el salón jugando al Scrabble como si fueran una familia normal, mientras Kaya miraba por la ventana atenta a cada movimiento.

Los del coche negro se habían ido hacía días y no parecía haber enemigos cerca, pero Kaya no podía confiarse.

Miró a Dean que reía, ya estaba casi al cien por cien, de hecho esa mañana le había visto cortar leña y no había mostrado ningún signo de que le doliera la herida.

Volvió la vista al frente y suspiró. Deberían ponerse en contacto con Uno, pero al parecer nadie quería salir de aquellas idílicas vacaciones, aunque ella estaba que se subía por las paredes.

Lo que le extrañaba, es que Martha no estuviera igual, era evidente que al lado de Holk se le iban sus ansias de matar.

Les observó unos minutos y vio como Martha no perdía detalle de cada gesto de Holk y parecía que él se dejaba querer por ella.

De hecho, era muy protector y caballeroso, hasta le abría la puerta si salían de la casa.

Justo en ese momento Holk levantó los brazos mostrando su victoria y de la emoción cogió a Martha de las mejillas para plantarle un beso que la sonrojó hasta la raíz del pelo.

Kaya sonrió mirando por la ventana. —Se merece ser feliz —susurró.

Entonces la vio, subiendo por la carretera llegaba Uno caminando.

Abrió los brazos mostrando que no estaba armada y para que se aseguraran dio la vuelta mostrando su espalda. —Chicos —dijo levantándose.

Dean y los demás se acercaron ya con las armas en la mano.

—Joder —dijo Holk—. ¿Esa es quién creo que es?

—Sí, es Uno.

—No va armada —dijo Martha.

—Voy a salir.

—Ni de coña, nena.

—Ha venido a hablar y pienso hacerlo.

—Saldré yo, soy tu superior.

—Cariño, mi rango es superior a cualquiera de los que están aquí y lo sabes de sobra. No voy a discutir esto contigo, es mi jefa y saldré yo. Cuidad de Jenna.

Su hermana asustada se apretó las manos. —¿Kaya?

—No pasará nada —dijo muy en serio—. Ella está corriendo mucho más riesgo que yo, no sabe si la estamos apuntando.

—Pues es lo que voy a hacer —dijo Martha—. Y como se pase un pelo, me la cargo.

—Se lo diré, no te preocupes.

—Nena…

—Sabes que tengo razón. —Abrió la puerta mostrando su arma en la mano y se acercó a Uno que aparentemente no mostraba ningún miedo. —¿Lo has conseguido?

—No ha sido fácil.

—¿Lo has conseguido o no?

—Con condiciones.

Se tensó. —¿Qué condiciones? Ni siquiera sabéis…

—Lo sabemos todo, Kaya.

—¿Sabéis lo de las chicas?

—Eso da igual, ellas no eran órdenes, actuó por iniciativa propia.

—¿Y no debemos tener iniciativa?

—Ella no, puede ser peligroso.

—Muy bien, ¿qué quieren?