Mi corazón no se equivocaba Capítulo 13 #2
83%

Capítulo 13 #2

—Yo cubriré esa zona —dijo Dean pegado a la pared. Se miraron a los ojos—. Nena, te amo. Te amé desde la primera vez que te vi y siempre supe que mi corazón no se equivocaba.

Emocionada susurró —Han sido los días más maravillosos de mi vida. Te amo, mi vida y porque te amo sé que saldremos de esta. Ellos cumplen una misión, nosotros nos jugamos un futuro lleno de felicidad, no podrán con nosotros.

Martha que lo había escuchado todo miró de reojo a Holk y susurró —Siento haberte metido en esto.

Él sonrió de medio lado preparando un cargador. —Preciosa, te aseguro que me he visto en peores circunstancias. —Le guiñó un ojo. —Además, necesitaba un poco de acción.

—Y yo. Prepárate, ya vienen. —Para sorpresa de Holk ella se levantó y disparó a través de una ventana antes de girarse y disparar por la puerta en dos direcciones distintas.

—¡Tres menos! —Se agachó y le guiñó un ojo mientras él la miraba con la boca abierta.

Se levantó otra vez y disparó al piso de arriba atravesando el techo. —¡Cuatro arriba!

Escucharon los disparos de Dean hacia las escaleras y Martha dijo —Igual quieres ir a echarles una mano.

—Pues…

A Martha no le dio tiempo a contestar porque disparó al techo tres veces en distintas direcciones antes de apuntar a la puerta y disparar dos veces a una velocidad que le dejó sin habla.

Holk se sentó en el suelo para observarla mientras ella no dejaba de pegar tiros a sitios donde no se veía nada.

Entonces empezaron a disparar a las ventanas con una ametralladora recorriendo toda la pared y Martha se tiró al suelo rodando hasta él. Cogió su pistola. —¿Me la prestas?

—Toda tuya, preciosa.

—Creo que voy a salir. Para asegurar el perímetro.

Él iba a decir algo, pero antes de que pudiera impedirlo se tiró por la ventana. Dispararon hacia ella, Holk se pegó a la pared pensando que ya estaba muerta y tirada en el suelo del jardín, pero cuando echó un vistazo no vio nada. —Hostia.

Dean llegó hasta él. —¿Dónde está Martha?

—¡Ha salido! —gritó por encima de los sonidos de los disparos del exterior.

—¿Qué?

Señaló la ventana. Dean se acercó a la pared y echó un vistazo fuera para ver a Martha saltando el muro del jardín de un solo salto. —Hostia, es superwoman.

—Es más que eso —dijo Holk saliendo tras ella.

—¡No, tío!

—¡Alguien tiene que cubrirle las espaldas, cuida de tu familia!

Salió por la ventana corriendo entre las balas y Dean regresó con Kaya. —¡Tengo que cubrir atrás, han salido!

Ella disparando a través de la ventana gritó —¡Ten cuidado!

De repente dejaron de dispararle y Kaya le miró asombrada. —No puede ser.

—Si hubieras visto lo que yo, no dirías eso. Ve a por Jenna, nos vamos.

Corrió hacia la cocina y gritó —¡Jenna soy yo, ya puedes subir! —Cogió más munición y su hermana subió corriendo. —Ve a por los pasaportes, deja el móvil y el ordenador, todo lo que sea electrónico, ¿me has entendido?

—Sí. —Jenna corrió escaleras arriba y Kaya se acercó a Dean que miraba por la ventana. —Han dejado de disparar.

—Nunca había escuchado tanto silencio en esta ciudad —dijo ella con los pelos de punta.

De repente se escucharon dos disparos en el piso superior y Kaya gritó temiendo por Jenna. Corrió hacia las escaleras y de pronto apareció un hombre de negro que llevaba a Jenna agarrada del cuello mientras la apuntaba a la cabeza con una pistola. —Ella es una inocente, no puedes matarla.

—Me han ordenado matar a todo el que estuviera en la casa.

—¡Si le haces daño no saldrás vivo de aquí! ¡Deja a mi hermana!

—¿Kaya? —preguntó Jenna muy asustada.

De repente se escuchó un disparo y el tipo la miró sorprendido antes de caer al suelo mostrando a Martha. —Nada como un tiro en la nuca, les deja secos. —Miró hacia Jenna que estaba llena de sangre. —Lo siento.

—No es nada.

—Bien, tenemos que irnos —ordenó Dean—. Rápido, rápido…

El motor de un coche rugió en la calle y bajaron las escaleras a toda prisa para salir por la puerta llena de agujeros.

Holk estaba al volante de un BMW gris y Kaya abrió la puerta para pasar primero. —¡Ahora tú, Jenna! —Su hermana se sentó y después entró Martha. Cuando Dean se aseguró de que todas estaban dentro, entró en el coche y Holk aceleró quemando yanta.

Holk miró por el espejo retrovisor. —Preciosa, ¿nos siguen?

—No, no quedaba nadie —contestó Martha.

—Perfecto. —Giró a la derecha. —Muy bien, ¿a dónde vamos? ¿Tenéis algún piso franco donde podamos escondernos?

—En Panamá —dijo su hermana.

Holk rio. —Nos queda un poco lejos.

Entonces escucharon el sonido de un helicóptero y este les alumbró. —Perfecto —dijo Dean—. Nos siguen.

De repente sonó un móvil y todos miraron a Martha que se sonrojó. —Perdón… —Miró la pantalla. —Es la jefa.

—Cógelo —dijo Holk divertido—. A ver qué quiere.

Ella descolgó poniéndolo en manos libres. —Jefa, ahora estoy ocupada.

—Muy graciosa.

—¡Dígales que se vayan!

—¿Crees que no lo he intentado ya?

Martha apretó los labios. —Tiene dos segundos para ordenar a ese helicóptero que se vaya. Uno…

—¡No me hacen caso! Debo ser muy buena convenciendo, pero lo han interpretado mal y…

Martha golpeó la ventanilla con el brazo y sacó medio cuerpo apuntando al aparato. Dos disparos y escucharon un chirrido. La explosión contra el edificio hizo reír a Holk. —Me encanta esta mujer.

Se metió en el coche sonriendo. —¿De verdad?

—Tienes esa cita cuando quieras, preciosa.

Se sonrojó de gusto y le dijo al teléfono —¿Ha oído? ¡Tengo una cita! —dijo emocionada.

—¿No me digas? ¿Y estaría dispuesto a dejarte embarazada?

Se hizo el silencio en el coche y Martha apretó el móvil con rabia haciéndolo añicos antes de tirarlo por la ventanilla. —Será cabrona.

—Solo quiere algo para negociar —dijo Dean.

—No pienso dejar que a mi hijo le hagan lo mismo que a mí —dijo entre dientes.

Holk asintió. —Bien dicho. —Metió otra marcha y aceleró a tope. —Salgamos de la ciudad, así evitaremos las cámaras que nos rodean. —Pasaron por el puente de Manhattan evitando el tráfico y Martha mostró en su rostro la admiración por como dominaba el coche. —Lo haces muy bien.

Él rio. —Viniendo de ti es todo un cumplido.

Jenna sonrió y miró a su hermana que aún estaba tensa mirando a su alrededor. —No nos siguen.

—Claro que nos siguen, cielo, en una operación de esta envergadura tenemos un satélite solo para nosotros.

—¿Eso crees?

Dean asintió. —No bajéis la guardia.

Jenna miró hacia Martha y entonces vio la sangre en el brazo. —Te han herido.

—No es nada.

—¿Preciosa? —preguntó Holk.

—No, no es nada, de veras. —Se levantó la manga de la camiseta y metió los dedos en la herida sacando la bala sin mostrar ningún dolor. —Se cerrará enseguida.

—Leche —dijo Jenna con los ojos como platos.

Martha miró al frente muy seria. —¿Dean?

Kaya se tensó. —¿Qué pasa?

—El flujo de su sangre no está como siempre.

—¿Cielo?

Él se miró el costado y gruñó. —No es nada.

Holk le echó un vistazo. —Hostia, necesitamos un médico.

—¿Qué? —Kaya intentó levantarse. —Cielo, ¿es mucho?

—No.

—Está mintiendo, Kaya, puedo sentirlo.

—¡Para el coche!

—¡No puedo parar ahora, joder!

—Nena, puedo aguantar.

Por las luces de las farolas del puente vio que su frente estaba perlada de sudor. —Dios mío —dijo aterrorizada antes de mirar a Martha.

—Lo siento.

—¡No me digas lo siento, quiero una solución! ¡Piensa!

Martha entrecerró los ojos. —Holk da la vuelta, vamos al almacén. Allí siempre hay alguien en la clínica.

—¿Ir a la boca del lobo? —dijo Dean—. ¡Ni hablar, no voy a poner en peligro a mi familia! Holk no te detengas, buscaremos algo de camino.

—¿De camino a dónde? —Holk se pasó la mano por la nuca. —Necesitamos cambiar de coche.

Entonces pasaron por una gasolinera y allí había una ambulancia repostando. —¡Para, para! —gritó Jenna—. ¡Ahí hay una ambulancia!

Holk frenó en el arcén y se bajaron del coche. Kaya se acercó a Dean mientras los demás corrían hacia la ambulancia. —Déjame ver.

—Nena…

—¡Déjame verlo! —gritó perdiendo los nervios.

Él se apoyó en el coche y Kaya le levantó la camiseta. —¿Te han dado en el hígado?

—Preciosa, vete.

Se le cortó el aliento levantando la vista hacia sus ojos. —Ahora no os sirvo de nada, solo os retraso y no iré muy lejos. Salva a Jenna y apártate de ellos en cuanto puedas. Es la única manera de que sobreviváis.

—¡No pienso dejarte y a ellos tampoco! ¡Así que mueve el culo a esa ambulancia!

—Le cogió por la cintura y tiró de él hacia la gasolinera.

Vio como sus amigos rodeaban la ambulancia amenazando a los sanitarios.

Pero entonces Martha se agachó y arrancó algo de cerca de la rueda antes de apuntarles de nuevo gritándoles a aquellos tipos que subieran.

—¿Qué está haciendo? —preguntó Dean.

—Secuestrarlos, básicamente.

—Estupendo, nena.

Llegaron a la puerta trasera y Holk le ayudó a subir.

Cuando estuvo arriba los mismos sanitarios le ayudaron a tumbarse.

Kaya subió con él mostrando su pistola. —Ya podéis salvar a mi hombre, porque sino vamos a tener problemas serios.

—Holk cerró las puertas y en apenas dos segundos ya estaban en camino con la sirena puesta. Levantó la pistola. —¡Rápido!

—Tómale la tensión, Bill —dijo él que llevaba la palabra médico pegada en su chaleco. —Aprisa. —Se puso unos guantes lo más rápido que pudo y dijo —No tiene buena pinta.

—¡Me da igual la pinta que pueda tener, es un marine de los Estados Unidos, está acostumbrado a cosas mucho peores, así que no pierdas el tiempo!

Inquieta vio como le ponían suero y sangre del tipo universal para controlar la tensión mientras el médico revisaba la herida. —¡No puedo operar algo así aquí!

—¿Puedes operarle en el hospital?

—Sí, pero…

—Entonces puedes operarle aquí.

La ambulancia se movió de un lado a otro y Kaya juró por lo bajo. —¡Martha, que no dé vaivenes, van a operarle! —Apuntó al doctor a la cara. —¿Verdad?

—Sí, sí, claro.

—¡Date prisa! ¡Sácale la puta bala de una vez!

El médico casi temblando le dijo a otro tipo —Trae el pentotal.

Le inyectaron algo y ella vio como casi al instante sus ojos se cerraban. Muerta de miedo siseó —Tenéis que salvarle.