Capítulo 12 #3
—Bueno, es muy guapo, pero quiere matarme. —Bufó tirando el hueso en el cubo de la basura y cogió varias lonchas de queso para comérselas ansiosa.
—Y no le liquidaste. —Dean se levantó dejando la pistola sobre la mesa.
A Martha no le pasó desapercibido. Le miró sorprendida. —¿Confías en mí? ¿Después de todo lo que os he contado confías en mí?
Kaya se volvió hacia ella y sorprendiéndola la abrazó con fuerza. —No seas tonta, tú no eres responsable de lo que te ocurre.
—¿Eso crees? —preguntó emocionada.
—Te hicieron así y me parece admirable todo lo que has conseguido. Yo sí que me hubiera vuelto loca.
Martha emocionada la abrazó con fuerza. —Gracias.
—Ay…
Se apartó a toda prisa roja como un tomate. —¿Te he hecho daño?
—Sí que tienes fuerza —dijo impresionada.
—Bah, no es nada.
Kaya pensó en ello. —Ya sé lo que necesitas.
—¿El qué?
—Es evidente que te sientes sola y es lógico porque somos seres sociables por naturaleza. Tus instintos son más fuertes que los de los demás, así que tus ansias también. Debes formar pareja con alguien, pero alguien que sepa la verdad y sepa cómo tratarte.
—¿Quién me va a querer a mí? —Se dejó caer en la silla y miró al infinito. —Me gustaba el tuyo, pero ya está pillado.
—Holk no está pillado —dijo Dean poniéndole el sándwich delante con una lata de refresco con azúcar—. Y no era un hombre que se intimidaba fácilmente, más bien todo lo contrario. Y por lo que me ha dicho mi mujer al parecer tiene la libido a tope.
—No le intereso.
Cogió el sándwich y empezó a devorarlo demostrando que ya no se ocultaba a ellos porque Kaya jamás la había visto comer así. Empezó a hacerle otro sándwich. —Eso no lo sabes. Podría haber intentado matarte y no lo hizo.
—Porque tiene miedo de que la agencia se le tire encima.
—¿Sabes eso?
—Os oí, estaba en el patio trasero.
—¿Nos espiabas?
—Le seguía a él.
Divertida le llevó otro tentempié porque era evidente que ni con otro sándwich quedaría satisfecha. —Cielo trae fruta, necesita vitaminas.
Dean le puso el frutero delante y otro refresco. —Así que le seguías a él. Sabías que había llegado a la ciudad.
—Claro, cuando se estaba tirando a la primera de Los Ángeles fui hasta el hotel, maté a esa zorra que pervertía menores y después entré en la habitación de Holk.
Tenía el expediente de la de Londres, sabía que iba a por mí.
Así que le puse un chip de seguimiento en el portátil que llevaba.
El portátil llegó a Nueva York seis horas después de que aterrizáramos, así que es evidente que me seguía.
Siendo un mercenario no hace falta ser muy inteligente para saber que quiere enviarme al otro barrio.
—Cogió una manzana y le dio un buen mordisco. —¿Qué hago, le mato?
—Tú no quieres matarle —contestó Kaya divertida—. Tú quieres otra cosa. —Entonces se dio cuenta de algo. —Martha, ¿eres virgen?
Se puso como un tomate. —¿Qué? No, claro que no.
—Siempre has alardeado de todos los hombres que has seducido, ¿pero te has acostado con alguien realmente?
Cogió la lata a toda prisa y empezó a beber.
—Ya veo.
Después de tragar la dejó sobre la mesa. Parecía que no sabía lo que debía decir. —No pasa nada. —Kaya se sentó a su lado. —Da igual. —Cogió su mano y se la apretó para que la mirara. —Yo no había tenido un orgasmo en condiciones hasta que conocí a Dean, ¿sabes?
—Era casi virgen —dijo él divertido.
—¿De veras?
—Nuestra vida es algo difícil, es complicado conocer a alguien —dijo Kaya.
—Uff, es complicadísimo. Los que no son idiotas, son unos engreídos, y luego hay otros a los que el aliento les huele fatal —dijo con cara de asco—. Los que huelen bien no me gustan y así hasta los veintiocho que tengo ahora. Me quedaré sola toda la vida y no quiero vivir más así.
—No, no te vas a rendir —dijo Kaya con firmeza—. Has vivido una mierda de vida, pero lo vamos a cambiar.
—¿De veras? ¿Cómo?
—Primero vamos a controlar esos instintos asesinos que tienes. Haré que Uno te dé más trabajo. Y deja de matar y de destripar, por favor. Si tienes que matar a alguien hazlo como siempre, dos tiros y fuera.
—¿Aunque merezcan más que la muerte?
—De lo de las tripas no se enteran, ¿qué más da?
—Me entero yo.
—¿De veras disfrutas con ello?
—Por la cara que pones creo que debo decir que no.
—Quiero la verdad.
Ella apretó los labios y agachó la mirada.
—Martha háblame, no te cierres a mí. Intento entenderte.
—Lo de Londres no fue la primera vez —dijo por lo bajo.
—Ah, ¿no? ¿Dónde empezaste?
—Pues… —La miraron impacientes. —En el hospital. Me cargué al que le hizo la autopsia a mi madre.
—¿De veras? ¿Cuántos años tenías?
—Catorce. Es que salí de administración con una mala leche…
—Y les demostraste que eras lo que ellos querían —dijo Dean.
Hizo una mueca. —Supongo que sí, porque al día siguiente también me cargué al médico que trató su embarazo y al genetista. Todo en seis minutos. La verdad es que ahí quedaron impresionados, tuve que tirar algunas puertas de acero abajo.
—Por eso te metieron en la agencia.
Dean pensó en ello. —¿Y no lo hiciste más hasta llegar a Londres?
—Al principio estaba tan ocupada y contenta de estar fuera del hospital que no pensaba en nada de eso. Después hubo cambios en la agencia y con la llegada de Uno subí de categoría, eran trabajos más interesantes. Pero luego todo se estancó y empecé a agobiarme.
—Nos estás dando la razón, necesitas trabajar mucho más. Hablaré con la jefa para que te dé acción.
—¿Y Holk? —preguntó Dean divertido.
—Bueno, ahora tiene una opinión algo equivocada de ella, tenemos que hacer que la conozca para que la cambie.
Martha la miró incrédula. —¿Crees que la cambiará? Creerá que le estamos metiendo una bola.
—Tú pégale un abrazo de los tuyos para que se le quiten las dudas.