Capítulo 12
En cuanto llegaron a casa arrancaron todos los micros y cámaras. Jenna acostumbrada a hacer barridos desde que era casi una niña pasó el detector por todas las paredes, necesitaban dejar a la agencia a oscuras. Sabían que Uno no protestaría.
Cenaron con su hermana y no hablaron del asunto para no asustarla. Pero horas después tumbada en la cama no dejaba de darle vueltas y susurró —Las veces que te habrá mirado en esas imágenes. Hemos alimentado sus fantasías.
—Nena, Uno tiene responsabilidad en eso, ¿no crees?
Volvió la cabeza hacia él. —¿Crees que Uno sabía que Martha se sentía atraída por ti?
—Por la cara que puso ante la posibilidad de que se quedara preñada, no, no creo que lo supiera. La puso en un puesto fácil para controlarla y le salió mal. —Se quedó en silencio. —Igual que la dejara sin acción fue contraproducente.
—¿Necesita que le den caña?
—Así se desahogaría. Es como tú, nena, si estás inquieta ¿qué haces?
—Ejercicio.
—Exacto. Ella necesita liberar todo lo que tiene dentro. Crearon una asesina, necesita matar.
Separó los labios de la impresión. —¿Crees que necesita trabajar más?
—¿Más? Por supuesto, está reprimiendo parte de su naturaleza, si la liberara parcialmente su interior podría equilibrarse.
—Dios, esto es una locura. —Él suspiró mirando el techo y Kaya preguntó —¿Qué piensas?
—Que ella no tiene la culpa de ser así. La fabricaron, es un bicho raro entre un montón de bichos raros y solo intenta ser como los demás. Me da pena.
—A mí también me da pena, pero también me da pena la chica de Londres y todas las demás.
Dean negó con la cabeza. —No han sabido tratarla, no han sabido criarla, la diseñaron y no la han controlado. Ella lo intenta, de hecho…
—Se ha intentado suicidar varias veces.
—Es aterrador, ¿no crees? No poder controlar tus instintos.
Kaya pensó en ello. —¿Qué desencadenaría todo?
—Supongo que su traslado.
—Sacarla de su ambiente.
—Exacto. —Dean la miró. —Seguro que ya fue un esfuerzo titánico ser Martha, sacarla del país la descolocó, ella misma nos lo dijo. No podía comer, no podía dormir… Se le fue de las manos.
—¿Y por qué esa chica? Hay escoria en cada esquina, ¿por qué ella? Las siguientes eran traficantes o prostitutas, ¿pero ella?
Dean entrecerró los ojos. —¿Crees que tenía algo oscuro que esconder también?
—Aquí hay algo que no me cuadra, cielo. Si quería liberarse, podía haberlo hecho con mil personas que transgredían las reglas. Pero la escogió a ella, alquiló un coche y fue a por ella específicamente. Deberíamos investigarla. Deberíamos investigarlas a todas.
—Lo haremos mañana, nena. Ahora a dormir.
Kaya salió de la cama a toda prisa y él la miró asombrado. —¿Qué haces?
—¿Crees que podré pegar ojo en toda la noche? Yo no me quedo con la intriga.
—¡Pensaba meterte mano y hacerte el amor para que te relajaras!
Se volvió sorprendida. —Si acabamos de hacerlo, cielo.
—Pues necesito más.
—Luego te hago una pajilla —dijo antes de salir de la habitación.
Él gruñó apartando la sábana y se miró su miembro endurecido. —Lo siento, amigo, no está centrada en el tema.
Se puso unos pantalones cortos y salió de la habitación. La luz del salón estaba encendida y bajó los escalones. Ya estaba en la mesa con el ordenador encendido. —Nena, no puedes acceder a la base de datos de la agencia, pueden darse cuenta.
—Tranquilo, solo estoy mirando la prensa. —Tecleó en el buscador Anne Wexler y solo salían artículos sobre su muerte. Dean se sentó a su lado con una botella de agua. —Mira esto… —Era una foto de la iglesia donde oficiaron su funeral. —No hay gente joven.
—A lo mejor era un funeral privado.
Volvió a teclear, pero esta vez con la palabra escándalo. Salieron algunos artículos de su muerte y cuando iba a pasar la página se detuvo en seco. Era una noticia de hacía tres años. David Wexler cierra una fábrica y deja en la calle a mil empleados.
—Nena, es empresario, eso a veces pasa.
Gruñó pasando la hoja y vio que su hija salía en una revista de cotilleos. Abrió la página para verla cubierta de periodistas acosándola. Dean entrecerró los ojos mirando el artículo. —Vaya, no era tan inmaculada como aparentaba.
—La acusaron de matar a su mejor amiga cuando tenía diecisiete años —dijo pensativa—. La fiscalía retiró los cargos.
—Vale —dijo Dean—. ¿Y si Martha puede ver mucho más de lo que pensamos?
—Explícate.
—¿Y si puede ver la verdadera maldad? Es agente, superdotada, ¿y si vio a esa en Londres y se dio cuenta de que podría hacer mucho daño en el futuro? No debemos descartarlo, la mató brutalmente.
—Como a las demás.
—¿Y si sintió algo en su interior que le dijo que debía eliminarla sin piedad?
Pensó en ello. —Tiene sentido, dicen que cuando desarrollemos nuestro cerebro podremos comunicarnos sin hablar, nada impide que ella no pueda sentir el peligro. De hecho, nosotros ya lo sentimos.
—Ella está superdesarrollada, su instinto de supervivencia tiene que estar multiplicado por diez. Si ve el peligro, lo reconoce al instante, por eso la mató, por eso las mató a todas.
—Cielo, igual nos estamos precipitando. Si realmente fuera así, las habría matado sin más, ¿pero ese ensañamiento? Es como si perdiera el control.
—O no.
—¿Qué quieres decir?
—Se ha controlado toda su vida, es muy superior a nosotros, ¿y si quería dejar una firma? Un reconocimiento a su trabajo.
—¿Insinúas que quería que pensaran que lo hacía un asesino en serie?
—Siempre salen en la prensa, siempre hay mil reportajes sobre ellos. Al fin un reconocimiento a su trabajo, siempre oculta, siempre en la sombra, al fin la gente sabría lo que hacía.
—Cielo, eso es de chiflados.
Hizo una mueca. —No sé, sintiéndose toda la vida como un bicho raro, haciendo un trabajo que no conoce nadie…
—Al fin lo sabría la gente.
—Déjalo, igual es una tontería.
—No, no… tiene sentido. Todo empieza a tener sentido. Su rabia porque me habían elegido a mí para estar contigo…
—Cuando ella pensaba que habías transgredido las normas, ¿te compensan por hacerlo mal? Debió ser frustrante para ella. ¿Viste la cara que puso cuando dije que te había elegido yo?
—Se quedó tranquila.
—Lo aceptó en el acto. No lo puso en duda o lo discutió, lo aceptó en el acto y todo su cuerpo se calmó. Era algo que no le encajaba y cuando le dije que había sido yo, su cuerpo pudo relajarse. De hecho, se abrió a nosotros contándonos que en Europa lo había pasado mal.
Se levantó y dio vueltas por el salón pensando en ello mientras Dean seguía en el ordenador. —Se dio cuenta en el acto de que decías la verdad.
—Exacto.
—Es un detector de mentiras con patas.
—Algo así. Nena, mira esto.
Se acercó a toda prisa. Había buscado información sobre Redfield y salía que antiguamente había sido un hospital del ejército.
—¿Cómo que antiguamente?
—Ahora según ellos es un lugar de retiro para soldados heridos en fase de recuperación.
—¿Cómo un lugar de reposo?
—Exacto. ¿Adivina por qué dijeron que cerraban el hospital?
Ella miró la pantalla y leyó a toda prisa lo que él le había subrayado.
—Mataron a una mujer. La destriparon en la habitación donde estaba ingresada.
—Dean tecleó a toda velocidad y un montón de pantallas aparecieron en el ordenador demostrando que sabía muy bien lo que hacía.
De repente salió la foto de esa mujer vestida de uniforme y Kaya se llevó la mano al pecho de la impresión. —Dios mío, son iguales.
—Creo que era la madre de Martha. —Tecleó buscando la noticia de su muerte. —No sale nada más.
—Lo intentaron ocultar, como han hecho con todo el experimento. ¿Sale por qué estaba ingresada allí?
—Dame unos minutos a ver si encuentro algo. Nena, prepara café.
Fue hasta la cocina y se detuvo en seco al ver que Martha estaba allí con una taza en la mano y que bebía tranquilamente mirando por la ventana. —Me encanta esta casa.
—No le hagas daño a mi familia.
Martha sonrió con tristeza. —Dichosa tú que tienes familia. A mí me la quitaron nada más nacer.
Fue hasta la mesa y se sentó. —Cuéntamelo —dijo mientras Dean con un arma en la mano se quedaba en la puerta—. Explícame qué te ocurrió.
—La mayoría ya lo sabes. —Se volvió para sonreír irónica. —Te lo contó Uno, ¿no es cierto?
—Parte nos lo contó Holk y parte Uno. Pero hay muchas lagunas en medio.
—Claro que sí, mi vida es una laguna tras otra para todos.
—Por favor, quiero entenderte.
La miró fijamente. —Veo en ti que eres sincera, siempre lo has sido, eres la única de esa mierda de sitio que siempre dice lo que piensa.
—Tú te has acostumbrado a mentir.
—Aprendí desde muy pequeña. Cuando te clavan cien agujas en el cuerpo para medir la potencia de tus músculos aprendes a disimular.
—Debió ser horrible.
—Horrible es poco. Nací en una habitación y no salí de ese centro hasta los cinco años. Y cuando lo hice fue para que me hicieran más pruebas. No tenían el scánner que necesitaban —dijo divertida.
—¿Qué le pasó a tu madre?
—Lo de mi madre no lo descubrí hasta los catorce años. Me dio por meterme en el ordenador de administración y en menos de tres minutos allí tenía su ficha. Acabó en el hospital después de servir en una misión en el Congo. Una granada le destrozó la pierna. La llevaron allí engañada.
—¿A qué te refieres?
—Podían haberla tratado en cualquier otro hospital militar, pero la llevaron a Redfield porque era especial. Era extraordinaria en su trabajo, muy fiel a nuestra bandera y estaba ovulando. Ah, y no tenía familia.
—Entiendo, la madre perfecta para ti.
—Exacto. Tenían los espermatozoides manipulados genéticamente ya preparados y me fabricaron. Ella no lo sabía. De hecho, cuando se enteró de que estaba embarazada creyó que era de un lío que había tenido en su última misión con su teniente del que estaba enamorada.
—Joder… —dijo Dean entrando en la cocina—. ¿Qué pasó después?
—Los informes dicen que ella sentía que algo no iba bien. A los cuatro meses ya tenía una barriga de nueve, lo que la alarmó y quiso irse porque le decían que todo iba bien.
—No podían consentirlo.