Mi corazón no se equivocaba Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

Dean miró a su antiguo compañero. —¿Así que crees que es Martha?

—Estoy convencido, fue llegar a Los Ángeles y desatarse de nuevo. Y en cuanto aterriza en Nueva York comete el siguiente asesinato.

—La verdad es que son muchas coincidencias.

—Y que lo digas. Solo la puede detener una cosa y temo que si lo hago yo, os tiréis todos sobre mí.

Por eso necesito vuestra ayuda. Necesito que habléis con vuestro superior del problema, no quiero líos con la CIA o con cualquier organización a la que pertenezcáis.

Os hablo claro, esto es lo que hay, o acabáis vosotros con ella o lo hago yo.

—Lo comunicaremos.

Holk se levantó. —Perfecto. —Le dio una tarjeta a Dean que solo tenía un número. —Llámame con lo que decidan.

En cuanto salió de la casa, Dean y Kaya se miraron a los ojos. —Va a ser una reunión con Uno de lo más interesante.

Llegaron al almacén veinte minutos después y Dean metió el coche en el garaje después de pasar el sensor óptico que le permitía el acceso. Al llegar a la plaza frenó en seco porque allí estaba Uno.

—Joder, esto no me gusta nada —dijo Dean por lo bajo abriendo la puerta.

Se bajaron del coche. —Ya puede ser importante para que nos esperes aquí. ¿Has oído lo que ha dicho Holk gracias a los micros que aún no has quitado? —preguntó Kaya con ironía.

—Sí, me han informado de inmediato —dijo muy seria ignorando su pulla—. Afortunadamente estoy a tiempo de pararlo, el agente que lo escuchó hará la vista gorda. De hecho, ya se ha destruido la grabación.

La miraron sin comprender.

—Nadie puede enterarse de esto.

Kaya no se lo podía creer. —¿Piensas encubrirla?

—¡Tengo que protegeros a todas! Si los de arriba se enteran de que una de las nuestras ha perdido la cabeza y va por ahí sembrando el caos, ¿cuánto crees que duraría la agencia?

—Podrías haberla liquidado como hiciste con otras.

—Pero no puede, ¿no es cierto, jefa? Porque Martha es especial.

Kaya le miró sin comprender. —¿A qué te refieres?

—En el ejército vi muchas cosas, nena. Una de ellas fue una institución donde se llevaban a ciertos soldados que destacábamos por nuestras habilidades, y allí nos hacían pruebas. Se llamaba Redfield.

Kaya dijo incrédula —Martha dijo que había salido de allí, pero pensé que era una ciudad o un orfanato, no quise ahondar en ese momento porque estaba hecha polvo.

—En cuanto mencionó el nombre me di cuenta enseguida. Siempre supuse que era una instalación del gobierno para juguetear con el ADN y no me equivoqué.

—¿Por qué no me dijiste nada? —preguntó pasmada porque le hubiera ocultado algo así.

—Porque era evidente que Uno lo sabía, nena. Y no quería más problemas entre vosotras y sobre todo no quería ponernos en peligro —dijo entre dientes.

—¡Tendrías que habérmelo dicho! Sospechaste de ella al instante, ¿no?

—No, te juro que no, hasta que vi el periódico de aquí.

—Tenías que habérmelo dicho, somos un equipo. —Furiosa miró a Uno. —Así que los de arriba no dejan que la mates.

—Martha es la primera de su especie. Quieren analizar su comportamiento hasta el final.

—El final lo puso ella cuando intentó pegarse un tiro, ¡pero la recuperasteis! Y la pusisteis en nuestra vigilancia

—Sois los mejores, si había algo raro lo descubriríais como habéis hecho.

—Hemos tenido ayuda. ¿Y ahora qué? ¿Nos van a matar a todos para que guardemos el secreto?

—No, eso no va a pasar porque nadie sabe que ese tipo os lo ha dicho. ¡Seguiremos igual que ahora y llegará un momento en que alguien decida hacer algo porque se pase de la raya! —dijo de los nervios demostrando que ese tema la alteraba muchísimo.

Dio un paso hacia ella. —Déjame resolverlo a mí, será algo entre tú y yo.

—Nena…

—¡Hay que hacer algo! ¡Está matando a gente inocente!

—¿Crees que no lo he pensado? ¡Lo he pensado millones de veces! ¡Y no se puede acabar con ella!

Dean frunció el ceño. —¿Qué quieres decir?

—Este no fue su primer intento de suicidio. Fue el cuarto.

Kaya separó los labios de la impresión. —¿Qué le han hecho?

—Sus células se reproducen más rápidamente que las nuestras. Su curación es mucho más rápida.

—Así que es difícil de matar porque su cuerpo la cura rápidamente.

—De hecho, cuando se disparó en la cabeza la bala no estaba.

—¿Qué quieres decir con que no estaba?

Uno apretó los labios. —Su propio cuerpo la había desintegrado, su cráneo ya había empezado a recomponerse. Su cerebro se restituyó totalmente a pesar de los daños. No perdió recuerdos, no perdió habilidades motoras, cuando se recuperó a los tres días era la Martha de siempre.

—Dios mío… por eso no permiten que la mates. Cualquier dato es esencial para su investigación. —Pensó en ello. —Pero no es de nivel uno, no es nada especial en la agencia, ¿cómo es eso posible?

—Podría ser una superagente, nena. Pero su cabeza está hecha un lío, ¿no es cierto?

—Es diez veces más fuerte que tú, Kaya. Y se supone que es mucho más inteligente, pero algo en ella le impide demostrarlo.

—¿Le impide demostrarlo o se hace la tonta?

—Buena observación, preciosa. Alguien a quien le han hecho pruebas desde que nació y que es más inteligente de lo normal, es evidente que se ha hecho la tonta para parecer como las demás.

Uno asintió. —Eso es lo que creo yo, pero los científicos dicen que hay dos Marthas.

—¿Cómo el doctor Jekyll y Mister Hyde?

—Una que es la que conocemos nosotros. Hábil, pero sin destacar demasiado. La Martha afable, buena compañera… Pero también hay otra que como ya sabemos es impredecible, violenta, no tiene límites.

—Sí que los tiene, Martha se los pone —dijo ella empezando a entenderla.

—Nena, ¿qué quieres decir?

—No tiene dos personalidades, es solo una. Martha se conoce mejor que nadie e intenta retener su lado violento. Por eso se permite ciertas licencias.

—Como lo de esas mujeres —añadió él.

—Es su manera de que su yo violento esté bajo control. Por eso ha intentado matarse, porque teme no poder controlar ese lado que la aterra. Lucha muy conscientemente de que su lado oscuro puede llegar a dominarla y por eso ha intentado matarse en varias ocasiones.

—Tiene sentido —dijo Uno—. ¿Pero por qué no demostrar que es más inteligente o fuerte?

Dean entrecerró los ojos. —Porque así destacaría y lo que ella quiere es pasar desapercibida.

Kaya frunció el ceño. —Pero se cabreó porque me eligieron a mí para estar contigo. En ese momento no le hubiera importado destacar.

—Cierto, pero es que entraba yo en la ecuación. He notado su deseo por mí desde el principio.

Se le cortó el aliento. —Dios mío, si tiene tan desarrollado su organismo, debe tener unas ansias de procrear muy superiores a las que tenemos las demás.

Uno palideció. —Eso no podemos consentirlo, con lo rápido que se reproducen sus células, pariría antes de una semana. ¡A saber lo que saldría de ahí! ¡Eso no está aprobado!

—¿Qué hacemos?

Su jefa paseó de un lado a otro. —Volved a casa, hablaré con los de arriba. Les diré que he notado que siente una peligrosa atracción por Dean y que su frustración provoca los ataques.

—¡Y una hostia! —dijo Dean muy tenso—. ¿Para que los de arriba decidan que tengo que acostarme con ella para ver qué pasa después? Esto es un experimento y es evidente que todo les da igual. Y no me voy a acostar con ella, señora. Métaselo en la cabeza.

Kaya palideció. —Ah, no, antes me la cargo. La corto en cachitos y los quemo, a ver si hay ADN que resista un buen lanzallamas. Así muerto el perro se acabó la rabia, no irá matando por ahí para satisfacer su maldad.

Uno apretó los labios. —Si doy el ok y la matas, se acabó la agencia.

—Pues… —Ella se encogió de hombros como si le diera igual.

—Estás muy dispuesta a dejarlo cuando lo único que quieres en este momento es salvar a más mujeres. ¿Si no hay agencia quien salvará a las demás, Kaya?

Sabiendo que tenía razón agachó la mirada antes de volverse hacia Dean. —Volvamos a casa.

—Nena, teníamos una misión.

—Iros a casa, enviaré a otras.

Dean abrió la puerta del coche para que Kaya subiera y cerró mientras Uno la miraba a los ojos.

Se le cortó el aliento, no le había dado la orden, pero en ese momento le estaba pidiendo ayuda, se la estaba rogando.

Asintió y Uno se volvió para pasar la mano por el sensor que le daba acceso al almacén.

Dean se sentó a su lado. —Nena, ¿acaba de pasar lo que creo?

¿Te ha dado el visto bueno, por eso has asentido?

—Esto no puede seguir así. Tranquilo, parecerá un suicidio.

—Se volverá a salvar.

—Hay que detener esta locura.