Capítulo 9
Se mordió el labio inferior ya curado y encendió la vela antes de correr al espejo del hall para mirarse de cuerpo entero.
Su vestido negro era igual que aquel con el que la había visto por primera vez.
Se acercó para mirar su rostro que estaba prácticamente curado, solo tenía un ligero morado ya amarillento en el pómulo, pero se iría en unos días, al fin.
Jenna bajó las escaleras hablando por el móvil con una de sus amigas. —Sí, ya voy, pesada. Sí, te veo en el cine, no te voy a dejar tirada con esos. —Se acercó y le dio un beso en la mejilla. —Feliz noche.
—Ten cuidado y te quiero en casa a las doce.
—A las dos —dijo antes de salir casi corriendo.
Gruñó volviéndose y entró en la cocina para ver cómo iba el asado que había aprendido a hacer en internet.
La verdad es que olía de maravilla y estaba en su punto, así que apagó el horno.
Se frotó las manos con ilusión y entonces escuchó que entraba en la casa.
A toda prisa corrió hacia el hall agarrando la botella de champán y sexy se acercó a la puerta.
Dean que llevaba un montón de bolsas en las manos las dejó caer de la impresión.
—Hola, marine. Es el momento perfecto para nuestra noche especial.
—Mirándole a los ojos se acercó a él caminando sobre sus tacones de quince centímetros y besó suavemente sus labios. —Pero antes la cena.
—¿Quién puede pensar en comer ahora? —La cogió por la cintura y la besó apasionadamente. Kaya rodeó su cuello con el brazo libre y le respondió con el alma. Tanto, que dejó caer la botella sobre las bolsas y le abrazó poniéndose de puntillas. Dean apartó sus labios y la cogió en brazos.
—¿Impaciente? —preguntó ella antes de besar su cuello.
—Demasiado.
—Yo también.
—Joder, nena... He pensado mil veces en esta noche. —De repente se detuvo. —¿Jenna está en casa?
—Tenemos hasta las tres. Ha dicho las dos, pero nunca es puntual. —Lamió el lóbulo de su oreja. —Y es hora de estrenar esa caja de condones.
Él gruñó entrando en la habitación y la dejó de pie al lado de la cama. —Déjame verte. He soñado con quitarte ese vestido.
Se volvió mostrando su espalda y por encima de su hombro le miró con picardía. —Pues es todo tuyo, como yo.
Dean acarició los costados de sus caderas y subió esas manos por su espalda hasta llegar a la cremallera.
La deslizó lentamente mostrando su hermosa piel y la besó en el cuello.
—¿Perfume, nena? Me vuelve loco. —Kaya suspiró de gusto inclinando la cabeza hacia atrás buscando sus labios, pero él se los besó suavemente. —¿Recuerdas, preciosa? Aquí mando yo.
—Sí —dijo deseando hacer lo que quisiera.
El vestido se deslizó de sus hombros hasta sus caderas y Dean tiró de él ligeramente para que cayera al suelo mostrando sus braguitas de encaje negro. —Eres perfecta.
—Y tú eres mío. —Se volvió para besar sus labios tirando de su camiseta hacia arriba pues deseaba tocarle y él gruñó en su boca cogiéndola por las caderas para elevarla. Se besaron como posesos hasta que Dean la soltó dejándola caer sobre la cama.
Kaya protestó muerta de deseo y él mirándola como si fuera suya se quitó la camiseta y se abrió los botones del vaquero sacando su miembro.
No era la primera vez que lo veía porque durante ese mes habían jugado de mil maneras, pero sí era la primera vez que todo su cuerpo gritaba porque al fin iba a tenerle dentro.
Su interior se estremecía ya con la anticipación y Kaya supo que nunca desearía nada tanto como le deseaba a él en ese momento. —Abre las piernas, nena —le ordenó.
Ella lo hizo sin quitarse los zapatos. Dean miró sus braguitas y alargó la mano para acariciarla por encima de la seda, antes de apartar la braguita para pasar el pulgar por su sexo. Kaya gimió arqueándose de gusto. —¿Te gusta?
—Sabes que sí —dijo retorciéndose de placer. Se llevó las manos a sus pechos y Dean sonrió—. ¿Quieres que te los lama? ¿Que te los bese hasta que los pezones se te endurezcan con fuerza, hasta que sientas que es una tortura?
—¡Sí!
Su miembro entró en su ser de un solo empellón y Kaya gritó de la sorpresa y del placer que la recorrió.
—Dios, estás tan caliente y mojada que es maravilloso estar dentro de ti —dijo cerrando los ojos como si el placer fuera increíble antes de moverse de nuevo cortándole el aliento—.
Me haces arder. —Abrió los ojos mirándola con tal pasión que multiplicó la suya.
Dean alargó la mano y acarició su pecho.
No fue delicado, su pasión le impedía serlo y a ella le encantó.
Kaya gimió de placer sintiendo que se movía en su interior y cuando la llenó de nuevo creyó que el orgasmo llegaría, pero no fue suficiente.
La tortura de recibirle, de que la llenara por completo y que no la hiciera culminar, empezó a volverla loca y gritó con cada embestida pidiendo más.
Dean sonrió alargando su tortura todo lo que pudo, hasta que sintió que apretaba tanto su miembro que gimió de necesidad.
Perdiendo el control empujó de nuevo y lo hizo otra vez en un ritmo que se volvió frenético.
Kaya ya no pensaba, solo sentía y llegó un punto en que la asustó hasta donde la llevaría.
Otra embestida y rozó el paraíso. Pero en la siguiente su corazón se detuvo estremeciéndose de arriba abajo cuando todo su ser estalló de felicidad.
Una felicidad tan intensa que se alargó cuando él se corrió en su interior.
Dean cayó a su lado y ambos con la respiración agitada ni eran capaces de abrir los ojos. —Nena… Es el mejor sexo de mi vida.
Sonrió medio atontada. —Lo mismo digo.
Él rio por lo bajo. —Eso no era difícil.
—Ja, ja.
Se quedaron en silencio mientras sus corazones se calmaban y de repente ambos se tensaron antes de mirarse con los ojos como platos. —¡El condón!
—¡Me cago en la puta! —dijo Dean levantándose con cara de susto—. ¿Cómo ha podido olvidárseme algo así?
—Eh, eh… No pasará nada. ¿O no?
—Nena, ¿yo qué sé? Vamos a lavarte.
Le miró como si fuera tonto. —¿En serio crees en esos cuentos de viejas?
—¡Muchos cuentos de viejas funcionan! ¡Algo tendremos que hacer!
Corrió hacia el baño, con tacones y todo se metió en la ducha abriendo el agua. Le dio igual que estuviera fría, se puso el agua allí apuntándose con la alcachofa y dijo —¿Así está bien?
—¡Joder, estoy mirando en internet! —gritó desde la habitación—. ¡Salta, nena!
—¿Que salte?
—Para que no suban.
—Menuda noche romántica de mierda. —Saltó y saltó de nuevo, pero se le resbalaron los tacones y se pegó una leche de aúpa. —Mierda.
Dean entró en el baño corriendo. —¿Estás bien?
—Tú y tus ideas.
Él vio que no había soltado la alcachofa y que seguía apuntándose al potorro. De repente Dean se echó a reír a carcajadas.
—No tiene gracia.
—Lo siento, pero es que…
Kaya se echó a reír también porque él seguía con los pantalones por los tobillos. —Cielo, somos un desastre.
—Sí, eso mismo pensará Uno.
En ese momento llamaron al teléfono que tenía en la mano y aun riendo respondió. —¿Sí? —Dean entrecerró los ojos. —Muy bien, se lo diré. —Colgó y la miró. —Nena, han oído tus gritos y me han dicho estas palabras: Píldora del día después. Te la traen mañana.
—¿Eso existe?
—Pues sí, nena.
Suspiró del alivio dejando caer la mano de la alcachofa. —Menos mal. —Entonces le miró con picardía. —Eso significa…
Se la comió con la mirada. —Que vamos a aprovechar esta noche todo lo posible —dijo haciéndola reír.
Horas después tumbados abrazándose, sobraban las palabras. Simplemente se sentían el uno al otro y Kaya nunca fue tan feliz como en ese momento. Acarició su pecho y susurró —Creo que te amo.
Él la miró como si le hubieran salido cuernos. —¿Qué has dicho?
Se sonrojó. —Ah, que no te lo esperabas.
—Te aseguro que esa frase no. Un te amo, un te quiero, ¿pero un creo? No, no me lo esperaba, joder.
Como un tomate carraspeó. —¿Tú me quieres?
—¿Acaso no te lo he demostrado?
—Bueno, cuando me dejaste tirada en la cabaña fue muy feo y…
—¿En serio sacas eso? ¡Me mentiste!
—No, no te dije toda la verdad, que es muy distinto.
—¡Yo fui sincero desde el principio!
—Ja, qué mentira.
En ese momento sonó el teléfono y fue Kaya quien lo cogió. —¿Qué pasa ahora? Estamos discutiendo sobre cuánto nos queremos.
—Doce, vístete, Jenna está en problemas.
Se tensó en el acto al oír la voz de Martha. —¿Cómo en problemas?
—Después del cine fue a casa de uno de sus amigos.
Al parecer trafican, ha entrado un grupo de hombres armados y les retienen como rehenes porque la policía llegó antes de que pudieran irse.
Vístete, tienes que ir a sacarla de allí, Uno quiere que intervengas.
En la octava, encima de una zapatería, es todo lo que sabe, verás a la policía.
—Entendido. —Dejó el móvil y corrió hasta el armario para sacar unos leggins negros y un jersey del mismo color.
—Nena, ¿qué pasa?
—Jenna está en problemas.
—Voy contigo.
Apretó los labios. —Solo me lo han ordenado a mí.
—Me da igual, somos un equipo.
Él se vistió de negro como ella y se estaba poniendo el jersey cuando Kaya ya corría hacia la puerta. Sobre la mesa de centro solo había una pistola y la cogió antes de abrir la puerta. Dean corrió tras ella y levantó una ceja al ver una moto de gran cilindrada. —Nena, conduzco yo.
—¿Conoces esta ciudad tan bien como yo?
Él gruñó viendo cómo se subía y la encendía a toda prisa. —Vamos, sube.
Dean se subió tras ella y se agarró a su cintura antes de que saliera de allí quemando yanta. Mientras ella conducía esquivando los coches, Dean le puso su pinganillo. —Nena, esto no me gusta. ¿Una emergencia y la moto estaba allí? No me cuadra.
—Por eso quiero que estés atento. Llama a Jenna.
Él con el móvil en la mano llamó a su cuñada y se puso el móvil al oído. —Lo tiene apagado.
—La película terminó hace una hora, eso nos cuadra. —Esquivó a un taxi y se pasó un semáforo en rojo.
—Joder, conduces peor que yo y eso ya es mucho decir.
—¿Tienes el cuchillo?