Mi corazón no se equivocaba Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

—Nos servirán de mucho, nena. Si nos separan, el otro podrá saber lo que está ocurriendo.

—Pero, ¿y si nos los ven en el oído?

—Son muy pequeños, tendrían que buscarlos a propósito y dudo que eso pase porque creen que no tenemos nada.

—¿Has guardado el arma?

—La llevo encima.

Ella asintió. —Si nos pillan algo de esto puede que rompan el trato.

—De todas maneras, no pueden tenernos encerrados tres años. Seguro que las cosas cambian después de la primera misión.

—No lo sé, Uno es implacable. No tolera la traición.

—Nunca llegaste a traicionarla.

—Pero iba a hacerlo.

—Hacía meses que tenías esa información y no la usaste.

Ella lo sabe muy bien. Te ha dejado vivir, así que no nos preocupemos por esto.

—La besó en la sien y se metió los auriculares con el receptor en el bolsillo.

—Vístete, ahora tienes que hacerlo, te han visto coger la ropa.

Mientras tanto haré la cama en condiciones.

—Si algo nos enseñan es cómo hacer una cama, ¿verdad?

Él sonrió. —Menos mal que no tengo aquí al sargento de mi instrucción, me tiraría de las orejas.

—Salió del baño y ella se vistió con la puerta entornada.

Dean apretó los labios porque había una cámara que enfocaba toda la habitación y seguramente la estarían viendo.

Le jodía tener que hacerse el tonto, así que se acercó a la cámara y abrió la rejilla para arrancarla. —Aquí no vais a grabar.

Kaya salió del baño y al ver la pequeña cámara en sus manos chasqueó la lengua. —Van a venir.

—Pues mejor, porque necesitamos helado.

Sonrió divertida entrando en el baño de nuevo y dos segundos después escucharon pasos en la escalera.

Dean gruñó al ver que una mujer joven entraba en la habitación sin llamar y le miraba a él con ganas de pegar cuatro gritos —Estaba comiendo y me fastidia que me interrumpan cuando estoy comiendo una deliciosa hamburguesa.

—Tienes una dieta que deberías controlar mejor.

Kaya salió del baño y la miró sorprendida. —¿Pero tú qué haces aquí?

—Vigilaros.

—¿No estabas en Europa?

—Al parecer vuelvo a ser necesaria por la zona.

—Qué mala baba tiene. Esto lo ha hecho porque nos llevamos bien —dijo molesta yendo hacia ella con las toallas en la mano. Veintiocho hizo una mueca por el estado de su cara—. Sí, me han dejado muy guapa. Martha, ¿conoces a Dean?

—No tengo el placer —dijo mirándole de arriba abajo—. Si te fastidia el encierro te sustituyo.

—Muy graciosa.

—¿Soléis llamaros por los nombres? —preguntó él siguiéndolas—. Creía que los números eran por algo.

—Doce es la única que nos llama por los nombres —dijo divertida bajando las escaleras—.

Está prohibido, pero ella nunca se ha llevado bien con las reglas.

Esa paliza no es la primera, ¿sabes? Recibió una lección recién llegada a la agencia por llamar a una compañera por su nombre.

Uno quiso saber cómo lo descubrió o si la chica se lo había dicho, pero la otra no se había chivado. Lo adivinó.

—¿Lo adivinaste?

—Allí me aburría mucho. Averigüé nombres por la reacción de sus caras, pero los nombres auténticos, no los falsos que nos ponen a todas. Me repateaba ser solo un número. —Al llegar abajo miró a su alrededor y vio la cocina.

—Nena, la lavadora está abajo. Déjalo ahí, que lo llevo luego.

—No, ya lo hago yo, así conozco la casa.

—Vio una puerta que daba a unas escaleras y bajó los escalones hasta el sótano que era tan amplio como el piso superior.

Allí estaba un gimnasio con toda la maquinaria que pudieran necesitar y en una esquina había otra puerta.

La abrió para encontrar la lavadora. Les escuchó hablar y miró hacia arriba.

—No quites las cámaras o tendré que volver.

—En la habitación no. Díselo a Uno, por ahí no paso.

—Hablaré con ella, pero volverá a ponerla.

—Así que es especialista en identificar mentiras por el rostro de la gente.

—No es exactamente eso, no es un detector de mentiras, pero tiene un instinto que no es normal. Por eso es tan buena en su trabajo, sabe cuándo está en peligro incluso antes de que alguien se lo demuestre.

—Impresionante.

—Impresionante es su puntería. ¿La has visto disparar?

Él negó con la cabeza. —Es capaz de dar en el blanco a cien metros de distancia con una simple pistola. Con un fusil de última generación es letal a tres kilómetros.

—Nos hubiera venido bien en mi unidad.

—Hubiera desperdiciado su talento en tu unidad —dijo con sorna alargando la mano—. La cámara.

Él se la entregó. —Queremos helado. ¿Nena?

Llegó en ese momento. —De fresa con sirope de fresa y gominolas.

—Yo de chocolate con menta.

—¿En serio? —preguntó su compañera incrédula.

—Lo siento, pero es lo que hay —dijo Kaya divertida.

—¿Me he convertido en la recadera? —preguntó Martha yendo hacia la puerta principal—. Era una agente excepcional y ahora hago recados, es evidente que estoy cayendo en picado.

—Tú al menos puedes salir, no te quejes —dijo siguiéndola.

—Como para salir estás tú, asustarías a los niños.

Hizo una mueca antes de decir con burla —El helado de marca, no nos traigas cualquier cosa.

—Te vas a enterar.

Rio mientras cerraba la puerta y volvió a la cocina. Miró a los ojos a Dean y fue hasta la nevera. —¿Qué quieres comer? —Allí había de todo. —¿Hago unos espaguetis?

—Cualquier cosa estará bien, nena. Voy a terminar de hacer la cama.

—Vale.

Se puso a cocinar la salsa porque se negaba a comerla de bote. No era muy manitas en la cocina, pero lo básico no se le daba mal del todo. Cuando terminó, él no había bajado todavía y eso le extrañó. —¿Dean? ¡La comida ya está! —Salió de la cocina y miró hacia arriba. —¿Dean?

Él empezó a bajar las escaleras y le guiñó un ojo. —Huele de maravilla.

—¿Has hecho la cama?

—Por supuesto. —Apartó su silla para que se sentara y sorprendida por su caballerosidad lo hizo. —Oh, se me ha olvidado la bebida.

—Tranquila, ya la pongo yo. —Sacó una cerveza para él y una cola para ella.

—¿Cómo sabías que quería eso?

—Porque en el pueblo la pediste en la comida y la cena.

—Ya, pero ahora no tengo que trabajar.

—Pero tomas pastillas.