Capítulo 5
Gimió en sueños y Dean la cogió por la nuca para elevar su rostro. —Bebe, nena. Se te ha infectado la herida, tienes fiebre. —Ella lo hizo y cuando se terminó medio vaso apartó los labios cortados por los golpes. —He conseguido que me den los antibióticos, pero nada de sedantes.
Suspiró apoyando la cabeza sobre la almohada.
—Tienes que comer. —Le acercó un sándwich, pero ella lo rechazó. —Eh, come, nena. Hablo en serio. No te van a llevar a un hospital y no voy a dejar que te mueras ahí tirada, ¿me oyes?
Tenía los párpados aún más hinchados y casi no podía verle, pero la decisión de su voz hizo que separara los labios. Él le acercó el sándwich para que le diera un mordisco y Kaya hizo un gesto de dolor. —¿Tienes una herida en la boca?
—En el interior de la mejilla —susurró con la boca llena.
—Joder… Les voy a…
—No —dijo asustada—. Hay micros.
Se acercó más a ella y susurró —Lo sé. Por eso tienes que recuperarte cuanto antes. Te necesito y Jenna también. Espera que vuelvas con ella y volverás. —Le acercó el sándwich de nuevo y le dio otro mordisco. Dean sonrió. —Eso es, nena. No podrán contigo.
No se lo terminó todo, pero al menos había comido algo.
La dejó dormir, su cuerpo necesitaba descansar para recuperarse.
Se tumbó a su lado y ella no protestó. Dean mirando el techo se dijo que saldrían de esa.
Ahora estaban más o menos a salvo, que era mucho más de lo que podía decir de muchas situaciones del pasado.
En sueños Kaya se acercó a él y la abrazó para que se recostara en su pecho porque tenía frío.
Sí, saldrían de esa. Tenía que sacarla de esa vida de mierda.
Kaya se despertó sintiéndose mejor. Necesitaba ir al baño y confundida miró a su alrededor.
Vio una puerta y caminó hacia allí tambaleante.
Suspiró del alivio al ver que sí era un baño y lo usó bajándose las braguitas.
Entonces frunció el ceño mirando hacia abajo para ver que estaba desnuda excepto por ellas.
¿Se había desnudado sola? Lo dudaba mucho.
Bufó cogiendo el papel y limpiándose cuando la puerta se abrió del todo mostrando a Dean. —Buenos días, preciosa.
—¿Ahora no tengo intimidad?
—Por lo visto sigues cabreada. —Se acercó y cogió su mano para ayudarla a levantarse. —Pero eso significa que ya estás mejor.
—Quiero ducharme.
—Ni de coña. Esa herida no puede mojarse todavía y llevas tres días inconsciente, no quiero que empeores o te caigas.
—Tendré cuidado.
Él apretó los labios y abrió el grifo de la alcachofa de la ducha. Kaya dejó caer las braguitas al suelo y entró en la ducha con cuidado de no resbalar. —¿Has encontrado una salida?
—No, nos vigilan por satélite.
—Estupendo.
Él cerró la puerta. —Pero he encontrado algo.
Cogiendo la alcachofa inclinó su cabeza hacia atrás para mojarse el cabello. —¿El qué?
—En realidad lo he fabricado con el intercomunicador que había en la casa y la antigua línea de teléfono.
Se le cortó el aliento. —¿Es coña?
Dean sonrió. —No, y lo he probado en el armario de debajo de la escalera, allí no hay cámaras ni micros como aquí. —Él la observó mientras empezaba a enjabonarse el cabello y vio como una gota de agua caía por su pezón. —Preciosa, tienes los pechos más apetecibles del mundo.
Le miró asombrada. —¡Si estoy hecha un guiñapo! ¿Hace cuánto que no estás con una mujer?
—Ya contesté a esa pregunta. ¡Mucho, demasiado, joder!
—Pues no estoy para fiestas. —Se volvió mostrando su trasero. —Lávame el pelo, que me duele el brazo.
Él gruñó cogiendo el bote de champú y se echó el líquido en la mano mientras ella mirando los azulejos reprimía una sonrisa.
Iba a sudar sangre antes de que claudicara y no solo porque estaba cabreada porque la había traicionado muy rápidamente en cuanto se enteró de que había sido espía doble, sino porque ella no estaba en condiciones de darlo todo y no pensaba quedar como una inútil en su primer encuentro.
No tenía mucha experiencia, pero lo que sabía iba a explotarlo al máximo, le iba a dejar seco.
Dios, iba a estar tres años al lado de ese hombre, si ya estaba colada por él, en tres años dependería de Dean para todo.
—¿Qué vas a hacer con Jenna? —Empezó a masajear su cabello de una manera tan erótica que sus pechos se endurecieron con fuerza.
—Nada.
—Te mintió.
—Era una cría que acababa de perder a su padre. Por una discusión también perdió a mi madre, estaba asustada, se sentía culpable y mintió. Tenía catorce años ¿qué quieres que le recrimine ahora?
—Esa información te hizo desconfiar de la agencia, Kaya. Todo podía haber sido distinto sin esa mentira.
—Ahora ya no hay vuelta atrás. Conozco a mi hermana y sé que está arrepentida de haberme mentido.
Ha intentado compensar su falta durante todos estos años siendo una hermana estupenda, no pienso avergonzarla o disgustarla sacándole un tema que ya no tiene remedio.
—Sintiendo que su cuerpo empezaba a arder de calor siseó —Frota más.
—Nena, me estoy tomando mi tiempo —dijo con la voz ronca.
—¿Quieres que me quede helada?
Él bufó frotando más aprisa. Mejor pensar en otra cosa. —¿Y cómo lo has probado?
—¿El teléfono? Llamando al Pizza Hut. Vi el número en la tele.
—¿No pedirías una pizza? —preguntó volviéndose.
—No. ¿Crees que soy tonto? Les pregunté si había algún otro sistema para pedir la pizza que no fuera por teléfono.
—¿Qué? —No lo pudo evitar, se echó a reír. —¿Y qué te contestaron?
—El chico se quedó en silencio y después colgó. Debió creer que era una broma.
—No me extraña. —Gimió. —Es una pena, me apetece una pizza.
—Pues ya puedes hacerla, porque nos han traído todos los ingredientes. —Se volvió para mirarle. —Nena, la cocina se me da fatal.
—¿No me digas? Pues a mí no se me da mejor. En casa cocinaba Jenna porque sino no comía decentemente.
Él siguió frotando su cabello. —La echas de menos.
—No puedo creer que mi madre dijera eso antes de morir, nunca fue una mala niña.
—No quería esa responsabilidad y la comprendo. Debe ser agotador tener un hijo.
—Eres soldado, tú puedes con todo.
—Nena, ¿me estás queriendo decir algo?
—No. —Se debió sonrojar, pero no se notaba por como tenía la cara, lo que era un alivio.
—Mientes.
Le miró sobre su hombro. —No miento.
—Quieres tener hijos.
—¿Con mi profesión?
Él apretó los labios. —Saldremos de esta y si no es así en tres años seremos libres.
Miró al frente y susurró —Nos matarán antes, como a Rose Anne.
—Eh… —La cogió por el brazo para que se volviera. —No nos pasará nada, ¿de acuerdo? Han pasado muchas cosas por alto porque nos necesitan, así que de momento olvídate de todo lo demás y solo piensa en el objetivo.
—El G20.
—Exacto. Si no podemos escapar antes, haremos nuestro trabajo, en tres años nos largamos y ya está.
—¿Y a dónde iríamos si nos escapáramos?
—De momento necesitamos documentación y se encargarán de que no la consigamos, así que será difícil encontrar un enlace. Después habrá que trazar un plan.
—¿Y Jenna?
—Tendrá que arreglárselas sola hasta que podamos llegar a ella. Se lo dirás al teléfono en cuanto la llames. —Cogió la alcachofa de la ducha. —Inclina la cabeza hacia atrás.
Ella lo hizo a pesar del dolor y Dean aclaró su cabello. Después bajó la alcachofa por su cuerpo evitando la herida —Ya lo sé, Jenna puede conseguir la documentación —dijo mirándole. Ambos sonrieron—. Solo necesita tu foto.
—Perfecto, nena. En Panamá no le costará encontrar un falsificador.
—¿Y la foto? ¿Cómo se la enviaremos? —Abrió más los ojos. —La foto de tu expediente, seguro que lo lleva con ella. No lo dejaría en casa para que cualquiera pudiera leerlo, es lista y si le he dicho que se largue cuando estaba en la misión de encontrarte, es porque tú tienes algo que ver.
Dispuesta a salir de la ducha él se interpuso. —Nena, no has terminado.
—Ya estoy bien, ¿me acercas la toalla?
—Pero no te has lavado ahí abajo.
Ella no se lo podía creer. —¿Qué has dicho?
Carraspeó. —Es una zona que hay que tener en cuenta.
Sintiendo que se le aceleraba la sangre por sus venas susurró —Tienes toda la razón. —Se giró para coger el gel y miró la esponja. —Eso no lo uso. No sé quién la ha tocado antes.
—No, claro que no —dijo él a toda prisa—. Usa la mano.
Reprimiendo una sonrisa echó gel en la mano y se volvió hacia él abriendo las piernas lo que podía. Se pasó la mano por allí mirando su rostro, Dean no perdía detalle y al mirar su entrepierna vio que su pantalón estaba bastante abultado. —Joder, nena…
Kaya gimió y él susurró —¿Te estás excitando?
—¡Pues no! —gritó sobresaltándole—. Estoy hecha un cromo, ¿crees que voy a excitarme así como así? —mintió sin cortarse al borde del orgasmo—. Dame la toalla.
Él gruñó cogiéndola y se la tendió. —Aguafiestas.
Reprimiendo una sonrisa se volvió para rodearse con ella. —Salido.
—Contigo siempre. —La besó en el hombro antes de alejarse y Kaya vio cómo iba hacia la habitación. —Tienes ropa en el armario, lo han debido traer de tu casa, lo que significa que la han revisado.
Le daba igual, allí no tenía nada que pudieran considerar delicado. Pero entonces se le cortó el aliento y salió a toda prisa del baño mojando el suelo de parquet. Corrió hacia el armario con fuerzas renovadas y vio la ropa colgada.
Dean la observaba en silencio y al ver que sacaba unos calcetines, ropa interior y unos vaqueros con un jersey dijo —Nena, avisaré para que nos pongan gasoil en la caldera, es evidente que tienes frío.
—Debe ser por la fiebre. —Impaciente regresó al baño y dejó todo sobre el lavabo.
Dean la siguió y la vio desenvolver los calcetines.
Dentro había un pequeño transmisor del tamaño de una moneda y dos pinganillos.
Él cerró la puerta a toda prisa. —Me había olvidado de ellos, hace años los escondí aquí después de una misión en la ciudad para que Jenna no jugara con algo tan delicado.
Cada vez que veía los calcetines los recordaba, pero al final nunca los devolví —susurró.
Él asintió cogiéndolos.
—¿Crees que nos servirán de algo?