Mi corazón no se equivocaba Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

Reprimió un sollozo apartando la mirada y desesperado dijo —Nena, no van a matarme.

—Vete…

—No, no, te juro que saldremos con vida. Solo quieren recuperar esa información y volverás al trabajo.

—¡No te creas nada de lo que te digan, ahora vete! —gritó con las pocas fuerzas que tenía.

—Kaya, por favor escúchame, no ves con claridad lo que está ocurriendo, pero te aseguro que saldremos de esta. Dime dónde está.

—Eres tú el que no se da cuenta de lo que ocurre, en cuanto lo diga estaré muerta. Si aún me mantienen con vida, es porque quieren esa información. Vete —dijo furiosa—. ¡Aléjate de mí!

La puerta se abrió y Uno entró en la habitación con una sonrisa en los labios. —Qué tierno ver a dos tortolitos protegiéndose el uno al otro.

Dean se enderezó apretando los puños. —Tranquilo, coronel —dijo fríamente—. Recuerde que si usted vive o muere depende de mí. —Miró a Kaya que estaba mucho más alerta. —¿Quieres que viva? Dame la información.

Los labios de Kaya temblaron de la impotencia y Dean muy tenso esperó su respuesta. —¿Quién me dice a mí que cumplirás tu palabra? —preguntó con desprecio.

—Al parecer estamos en un callejón sin salida. No te fías de él ni de mí ni de nadie.

—Como me enseñaste, zorra.

Uno rio por lo bajo. —Siempre has sido mi mejor agente.

Tienes madera, ¿crees que voy a dejarte escapar así como así?

Te necesito, pero también necesito esa información, así que más te vale que hables porque no me cortaré en matar a tu hermana, a tu churri y a todo el que se me ponga por delante.

—Se acercó y se agachó ante ella. —Así que Panamá…

—Hija de puta, a mí no puedes engañarme, no tienes ni puta idea de dónde está. Panamá es lo bastante grande para que no la encuentres en tu vida —dijo con rabia.

Uno rio incorporándose y miró a Dean. —Es mil veces mejor agente que tú —dijo con desprecio—. Sería una pena perderla. —Caminó por la habitación. —Muy bien, os voy a hacer una oferta, una última oferta.

Ambos la miraron sin creerse una palabra. —Dentro de un mes es la reunión de altos mandatarios del G20 y tengo una misión en la que los dos sois perfectos para mis objetivos. Si me das la información y hacéis esta misión juntos, me olvidaré de tu hermana para siempre.

—¿Y después dejarás a Kaya en paz? —preguntó Dean.

Uno miró a Dean como si hubiera dicho un disparate. —La necesito, es la mejor francotiradora que encontraré jamás.

A Kaya se le cortó el aliento. —¿Me perdonas lo que he hecho?

Uno sonrió con ironía. —¿Piensas que eres la primera que me traiciona?

No, hermosa, ya he pasado por esto. —Negó con la cabeza.

—Pero las otras lo hicieron por dinero. Tú lo hiciste porque sentías dolor, porque creíste que habíamos hecho algo que nunca hicimos.

Kaya, tu madre no murió por culpa nuestra.

—Mientes —dijo con rabia—. ¡La llamaron diciéndole que yo estaba en el hospital! ¡Jenna me lo dijo! ¡Se subió a su coche y no le funcionaron los frenos!

—Esa llamada nunca existió.

Se quedó sin aliento. —¿Cómo que nunca existió?

—Tu hermana te mintió, seguramente porque se sentía culpable.

Lo que ocurrió fue que discutió con tu madre.

Al fin y al cabo, era su madre desde hacía poco, la niña acababa de perder a su progenitor y estaba pasándolo muy mal.

Se portaba como una adolescente rebelde y tu madre salió de casa para intentar calmarse después de una discusión especialmente fuerte.

Los frenos no respondieron como deberían, pero el accidente ocurrió por un despiste de tu madre, que se saltó el semáforo.

—¡He visto las imágenes de las cámaras de videovigilancia del cruce, no frenó!

—Kaya, ni vio el semáforo. Nosotros no tuvimos nada que ver, ni existía nadie que pudiera querer hacerte daño. Fue un accidente y lo puedo demostrar.

Se le cortó el aliento. —¿Cómo?

Entonces se escuchó una voz en la habitación —Esta niña es insoportable.

La voz de su madre le cortó el aliento y miró hacia arriba. —Ya no sé qué hacer con ella, la han expulsado de nuevo.

—Debes tener paciencia —dijo la voz de una mujer.

—No sé por qué tengo que encargarme yo de ella —dijo furiosa—. Que se la quede su tía.

Impresionada separó los labios porque jamás se hubiera imaginado que su madre diría algo así de Jenna.

—¡Me da igual que esa golfa sea una borracha que no se hablaba con Samuel!

Solo estuve casada con su padre dos años.

Joder, si nos íbamos a separar. ¿Y ahora tengo que cargar con ella hasta la mayoría de edad? ¡No es justo!

—Estás alterada, no deberías conducir.

—¡Estoy harta! ¡Harta de todo! ¡El día que me casé con su padre deberían haberme dado una paliza! ¡Es que soy idiota! ¡Ya había criado a Kaya y ya era libre! ¿Por qué me metí en ese lío? Si ni siquiera era bueno en la cama.

—Dios mío… —dijo Kaya espantada.

—Rita, por favor, para, ¡estás diciendo cosas que no sientes!

—Claro que las siento. Me quedé embarazada con dieciséis años y tuve que matarme para sacar a mi hija adelante, pero era mi hija y mira que bien me ha salido —dijo con orgullo—.

¿Pero esta? Esta es un demonio de catorce años que no hace caso a nadie.

¿Sabes lo que ha hecho? ¡Me ha robado el dinero del alquiler de la casa para comprar cartas Pokemon!

Estoy harta, como esto siga así la echó a la…

—Se escuchó un pitido muy fuerte y después el sonido del impacto antes de que todo se quedara en silencio.

—No fuimos nosotros, tu madre no le interesaba a nadie. Además, prácticamente acababas de empezar en la agencia y hacías cosas de poca monta. Solo llevabas dos años con nosotros, y aunque ya destacabas, no eras tan importante como para que os hicieran algo así.

—Sufrí amenazas en mi correo electrónico personal días antes.

—Sí, amenazas de las que informaste.

—Alguien sabía mi verdadera profesión —dijo con rabia.

—Y lo investigamos. Fueron amenazas hechas por treinta y seis.

Se le cortó el aliento porque había sido su rival en la academia y siempre le había tenido envidia.

—Solo quería desestabilizarte.

—Mientes.

—Nena, has oído la llamada. Estaba muy alterada y…

—¡Cállate! —Intentó pensar en ello, en los días previos y entonces le dio un vuelco al corazón. —Treinta y seis murió dos meses después.

—No era como tú, no superó la misión. Además, debo reconocer que sabía que no estaba preparada para llevar a cabo las órdenes. No era de fiar y no podía dejarla ir, así que…

—Hiciste que la mataran —dijo impresionada.

—A veces hay que sacrificar a los peones por un bien mayor.

—¿Cómo Rose Anne? —Entonces una idea empezó a formarse en su cabeza. Un bien mayor… —Dios mío, estás loca.

—¿Qué? —preguntó Dean intrigado—. ¿Qué pasa?

—Todo fue una trampa desde el principio —dijo sin dejar de mirar a Uno que no movió el gesto—.

¿No es cierto? Me enviaste a su pueblo para buscarle porque sabíais que él estaba interesado en mí, estaba empeñado en estar conmigo y no podíais perderle.

Entonces se te ocurrió, ¿y si formábamos una pareja?

Tú no quieres perderme a mí y el ejército no quiere perderle a él, era la mejor opción para todos.

Así que teníais que comprobar cómo nos llevábamos juntos.

Cuando se siente el peligro se unen lazos, solo pretendías que nos unieramos en la lucha y lo demás ya vendría, ¿verdad?

Por eso enviaste a Rose Anne y a los demás.

Todo fue un experimento para comprobar si éramos un buen equipo.

—Siempre has sido muy lista. Tienes un instinto único —dijo Uno con orgullo como si fuera una madre.

—¿Rose Anne? Que la hubieras enviado a por mí, cantaba mucho. ¿Por qué la elegiste a ella?

—Cometió el error de hablar de la agencia cuando estaba pasada de copas. A alguien que se le va la lengua no es de fiar. Esos dos comandos eran prescindibles por diversas razones. ¿Cerramos el trato?

—Una misión y somos libres —dijo él muy tenso.

—No seas idiota, Dean. No nos soltará hasta que nos dejemos la piel en el asfalto. ¿No es cierto, jefa?

—¿Dónde está?

Ella miró a Dean y apretó los labios. —Nena, sé que no te fías de mí, pero haré lo que sea para mantenerte con vida.

—Tu palabra no vale nada, coronel —dijo antes de mirar a Uno—. Quiero que Jenna sea libre.

—Ya lo es, no nos interesa —dijo como si fuera muy pesada con el tema—. ¿Sí o no?

—Dos años. Tiempo suficiente para pagar mi deuda. En dos años me libraré de vosotros.

—Cinco, después ya no me valdrás de mucho. Habrás perdido reflejos y flexibilidad.

—Tres.

Su jefa miró a uno y luego al otro. —Él es mayor que tú, puede que en cinco años ya no valga de mucho. Muy bien, tres años. Durante tres años seréis míos. Ahora la información.

—Está en la taquilla número doce del gimnasio Músculos de la cincuenta y cuatro.

—Número doce, ¿eh? —Sonrió yendo hacia la puerta. —Intenta disfrutar de tus vacaciones. Tienes un mes para estar de vuelta con tu chico.

—No es mi chico —dijo entre dientes.

—Niña, eso ya no tiene vuelta atrás.

En cuanto salió, Dean carraspeó. —Menudas sorpresas da la vida, ¿no?

Le fulminó con la mirada. —Largo.

—Nena, tenemos un mes de vacaciones, ¿y si las pasamos en la cabaña?

Le dijo con los ojos que no quería verle ni en pintura y eso que casi no podía abrirlos.

—No sé por qué te pones así. Al fin y al cabo solo reaccioné como sabías que iba a reaccionar al creer que eras un agente doble.

Pues tenía razón. —¿Puedes decir que me suelten?

—¿No puedes soltarte tú?

—¡La llave!

—Creía que a los agentes secretos les enseñaban esas cosas.

—¡Estas esposas son especiales!

—Ah…

La puerta se abrió y entraron dos mujeres. Una de ellas se agachó tras ella para abrirle las esposas y la otra dijo —Cuidado al mover los brazos.

—Tengo un hombro dislocado.

—Te lo arreglaré enseguida. ¿Algo más?

—Dos costillas rotas y creo que me he roto el dedo anular al intentar abrir las esposas.

—Venga, Kaya, eso son tonterías. ¿Algo serio?

Él no salía de su asombro y más cuando negó con la cabeza. —¿Y le va a hacer caso? ¡Hagale pruebas! ¡Ese pómulo no tiene buena pinta!