Mi corazón no se equivocaba Capítulo 4
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Capítulo 4

El tortazo fue tan brutal que casi la tira al suelo con la silla a la que estaba esposada. Mareada volvió la vista hacia Henry y sonrió mientras la sangre salía de su boca. —Más fuerte.

—Estás loca —dijo Henry por lo bajo—. Habla de una vez…

Rio por lo bajo enderezándose y mostrando su rostro lleno de golpes. Casi ni podía abrir un ojo y el pómulo estaba muy hinchado, pero no pensaba claudicar. —Mátame de una vez, tardarás menos.

La puerta se abrió y Uno entró en la sala de interrogatorios. —Aquí está la jefa.

Esta le hizo un gesto a Henry y el tipo salió de allí asqueado. Kaya escupió en el suelo salpicando sus impecables zapatos de mil dólares. Esta caminó hacia ella y se le puso delante cruzándose de brazos. —¿A quién le diste la información?

—¿Acaso no lo sabes? Estás muy segura de que he dado información.

—Se lo has reconocido al coronel ante soldados, no te hagas ahora la tonta.

—Mátame y ya está.

—Entraste en mi despacho y descargaste algo del ordenador. ¿A quién se lo diste?

—Eso fue hace seis meses, has tardado en darte cuenta. —Sonrió con ironía. —¿Estás perdiendo facultades?

Uno le dio un tortazo, demostrando que a pesar de que ahora solo daba órdenes aún tenía fuerza, la muy cabrita. —Hice lo que tenía que hacer para salvar a mi hermana.

—¡Ni siquiera lleva tu sangre!

La fulminó con la mirada mostrando todo el odio que sentía por ella. —Más te vale que me sueltes porque como me mates, atente a las consecuencias.

—¿Qué quieres decir?

Fue la primera vez que la vio nerviosa y Kaya sonrió. —Mátame y espera morir en cualquier momento o suéltame y olvídate de mí para siempre. Yo me olvidaré de otras cosas, pero como te acerques a nosotras, los cimientos del congreso van a temblar, eso te lo juro por la tumba de mi madre.

Uno separó los labios de la impresión. —Dios mío, ¿qué descargaste?

Rio por lo bajo. —Solo descargué un giga de informes. Pero te daré una pista sobre uno. No creo que este presidente o cualquier otro estén contentos al saber que determinados números se convirtieron en sus amantes para sacarles información.

Uno dio un paso atrás pálida. —Eso es imposible, ese informe es falso.

—¿Me tomas el pelo? Pues estaba en tu ordenador. Número doscientos sesenta y cinco mil cuatrocientos treinta y seis.

—¿Quién te dijo que ese expediente estaba allí? —preguntó furiosa.

Sonrió. —Nadie, solo descargué a ver lo que rascaba y encontré cosas muy interesantes. Ahora contéstame tú a una pregunta que lleva rondándome por la cabeza desde que los tigres me trajeron aquí. Cuando me enviaste a por Dean, ¿pretendías que él me matara?

—No digas tonterías —siseó yendo hacia la puerta, saliendo y dando un portazo.

Kaya parpadeó. —Pues ahora sí que no entiendo nada.

—Sintió la sangre en su boca y escupió en el suelo.

¿Entonces por qué Rose Anne quiso matarnos?

, pensó. Si no querían matar a Dean porque les interesaba y Uno no había dado la orden de liquidarla, ¿por qué aquellos dos coches negros les habían perseguido hasta el lago?

Su compañera había sido clara, les querían muertos.

A Rose Anne solo pudo ordenárselo Uno. ¿O no?

Entrecerró los ojos mirando hacia el espejo que tenía a su derecha.

Se moría por saber lo que pasaba al otro lado, porque estaban decidiendo si vivía o moría.

Uno entró en la sala y se puso al lado del hombre del traje militar.

—¿Qué opinas, Uno?

—Es la mejor, la mejor que tenemos. Ya has visto como se ha desenvuelto con el coronel y lo que siente él por ella. Han matado a dos equipos en menos de media hora. Se han complementado a la perfección, son una pareja increíble.

—Él la ha traicionado, no se lo perdonará.

—Claro que se lo perdonará, ya está enamorada de él.

Reconoció que era una traidora para salvarle la vida.

Cuando salió a ese claro, dejó ver que era una traidora para que a Dean no se le ocurriera hacer nada que pudiera terminar matándole.

¿No viste cómo dejó claro que él no tenía nada que ver en el asunto de los archivos?

Y le salvó. —Uno sonrió. —Consiguió su objetivo.

Kaya siempre consigue su objetivo, es una máquina que no se detiene ante nada.

—¿Sabías que te había robado esa información?

—Desde que murió su madre nos guarda rencor porque cree que no hicimos lo suficiente por ellas.

Todo lo contrario, investigué personalmente el asunto y no había nada.

Fue un accidente fortuito, pero su desconfianza se acrecentó.

Así que le tendí una pequeña trampa. Uno de mis hombres habló con su hermana para atemorizarla y comprobar su lealtad.

—Y te falló.

—No, porque no reveló esa información, esperó.

—Quiere ser libre, no nos vale.

—No digas tonterías, ha nacido para esto, no sabe hacer otra cosa. El primer día que la vi me di cuenta de inmediato que Kaya moriría por su país, no como otras que lo hacen para sobrevivir. Kaya no, ella es una patriota como su coronel. —Miró al general. —¿Dónde está tu hombre?

—Arrestado en la base. Cree que se le va a juzgar por deserción.

—Traele aquí. Quiero ver cómo reacciona a la cara de Kaya. Quiero ver si sufre por ella cuando continuemos con el interrogatorio.

—¿Piensas continuar?

—Ahora tengo que ponerla entre la espada y la pared para que claudique, por supuesto que seguiré. Es dura, lo superará.

—¿Y Dean?

—Ahora tenemos que hacerle ver que Kaya no ha traicionado a nadie. Sus remordimientos harán que quiera salvarle la vida y aceptará cualquier cosa que le propongamos.

—Eres maquiavélica.

—Por algo he llegado hasta aquí. Que lo traigan cuanto antes.

Dean entró en la habitación anexa a la sala de interrogatorios y vio a través del cristal el golpe que ese tipo le daba a Kaya, que estaba prácticamente irreconocible. —¿Dónde está? —gritó Henry—. ¡Joder, habla de una vez!

Algo en él le hizo apretar los puños con fuerza y cuando ella sonrió apretó los labios y la escuchó decir —Siempre me has caído bien, Henry. —Sonrió dejando caer la cabeza hacia delante. —Pero te faltan huevos y pegas como una niña.

Le pegó un puñetazo que le volvió la cara tirándola al suelo. Henry se agachó agarrándola por su ensangrentado jersey y enderezó la silla donde estaba esposada. —¿Dónde está la información?

—¿Jugamos a frío y caliente?

Henry la miró sin comprender y ella se echó a reír. Dean no pudo evitarlo se sintió tremendamente orgulloso de ella. Uno entró en la habitación y la miró con desprecio. —¿Qué hago aquí?

—No claudica, quiero saber dónde está la información y usted me la conseguirá. Entre ahí y que se la dé.

—Y una mierda, yo no pienso tocarla.

—Es una orden, coronel. ¿O quiere hablar con el general?

Entonces se dio cuenta de que buscaban la información, no preguntaba a quién se la había dado. Aquello le olió muy mal. —Dijeron que era una agente doble.

—Fue un pequeño error de comunicación —dijo como si nada antes de mirar a Kaya—. Digamos que mi chica sufría de cierta desconfianza y se guardó una información que no debe salir a la luz. ¿Me la conseguirá, coronel?

—¡No ha traicionado a nadie!

Uno le miró fríamente. —Me ha traicionado a mí.

Se dio cuenta de inmediato que esa mujer era mucho más dura e inflexible que cualquier mando que hubiera tenido él en el pasado, y los suyos no habían sido hermanitas de la caridad precisamente.

Habían sido auténticos hijos de puta, pero esa mujer ponía los pelos de punta y no se quiso ni imaginar todo por lo que Kaya había pasado durante esos años. —¿Qué tengo que hacer exactamente?

—Es sencillo, entre ahí y que le diga donde está la información que me robó. Solo eso.

—¿Y después? Quiero garantías.

—¿Garantías de qué?

—¿De qué va a ser, joder? De que vivirá.

Le miró fijamente. —¿Quiere que viva? Hace unas horas no le importaba nada.

—Eso fue hace unas horas —dijo entre dientes—. Quiero garantías.

Hizo que se lo pensaba durante unos segundos y vio como Henry la golpeaba de nuevo. —Así que quiere que viva… Entonces deberá pagar la deuda que tiene conmigo.

—¿Pagar la deuda? ¿Cómo?

—Como yo quiera —dijo fríamente—. Volverá a trabajar sin ninguna queja y seguirá siendo mía hasta que yo quiera.

—Hasta la muerte —dijo él con desprecio.

—Es una soldado, como lo es usted.

Por el rabillo del ojo vio que ese cabrón la golpeaba de nuevo. —¡Ordénele que la deje! ¡Está a punto de dejarla inconsciente!

—No hasta que usted entre ahí. Y si no me consigue lo que quiero, Henry continuará y no será con golpes, se lo aseguro.

Dean salió a toda prisa y abrió la puerta de la sala de interrogatorios. —Largo —dijo con ganas de matarle.

En cuanto el tipo se fue, se acercó a ella intentando contener su rabia. Estaba casi inconsciente. Se agachó ante ella. —¿Nena?

Ella ni reaccionó.

Cogió su rostro ensangrentado para enderezar su cabeza intentando no hacerle daño. —Nena, soy yo.

Abrió apenas un ojo y sonrió. —Estás aquí. Si me odiabas.

Dean apretó los labios. —Creí que… Lo siento.

—No me conoces —susurró—. Vete.

—Tienes una oportunidad, nena. Y la vas a aprovechar. Dime dónde tienes la información y te juro que te sacaré de esta.

—Yo ya estoy muerta, ¿no lo entiendes? Jenna será libre.

—No, no… Si me das la información volverás a trabajar y asunto olvidado. No se la diste a nadie, ¿no es cierto? Era un seguro para tu futuro. Ha salido mal, pero aún podemos arreglarlo. Dime dónde la tienes y todo irá bien.

Una lágrima rodó por su mejilla de la decepción. —Ahora estás con ellos.

—No, estoy de tu lado —dijo desesperado porque le creyera.

—Me odias, lo vi en tus ojos.

—Escúchame bien, no voy a dejar que te maten porque te empeñes en ello. Saldrás de aquí con vida. —Se acercó a su oído. —Y me dejaré la piel para que nos libremos de ellos, te lo juro.

—Vete.

Él se alejó para mirar su rostro y vio la decisión en sus ojos. Entonces se dio cuenta de que intentaba protegerle. Separó los labios de la impresión y recordó cómo se inculpó en el claro ante la cabaña. Solo pretendía salvarle la vida, sabía que reaccionaría así, que no la protegería. —Estás loca…