Capítulo 3 #2
—¿Y cómo cruzaremos la frontera?
Sonrió. —Robando una avioneta y saltando.
—Uy, que me quedo… —dijo su madre espantada—. ¿Saltando de un avión?
—Madre te tirarás con Kaya, es capaz de tirarse de un avión en traje de noche y llegar abajo sin despeinarse, así que no le costará llevarte de paquete.
Clarissa no salía de su asombro. —¿De veras hiciste eso?
—¿Cómo sabes que no me despeiné?
—Nena, los chicos llevaban cámara y muchos te miraron bastante durante la misión.
Se sonrojó de gusto. —Estaba monísima esa noche.
Él gruñó. —Al parecer estás mona siempre.
—¿Y eso te molesta? —preguntó seductora.
—Bastante, si con ello mis hombres no dejan de mirarte el culo.
Se echó a reír. —No me extraña que no me olvidaras. —Le guiñó un ojo. —Es de diez.
—Descarada.
—Y eso al parecer te encanta. —Volvió la vista hacia Clarissa —Oh, por Dios, he saltado mil veces, no te va a pasar nada. Si quieres te dejo KO antes de caer.
—No, si yo no…
—Vas a venir —dijo muy seria—. Así que deja de pensar tonterías. —Se metió el ultimo pedazo de sándwich en la boca y masticó mientras sacaba una pastilla del bote. Solo cogió el antibiótico.
—Nena…
—Yo haré la primera guardia —dijo tajante levantándose y cogiendo la pistola que había dejado sobre la mesa a su lado.
—De eso nada. A la cama, yo haré la primera guardia.
—Yo he dormido en el coche, ahora te toca a ti.
Salió al porche y cerró la puerta. Madre e hijo se miraron y Clarissa sonrió. —¿Es como pensabas, cielo?
—Mil veces mejor, madre. Mil veces mejor.
Kaya escuchándolo todo sintió un nudo en la garganta, emocionada porque hablara así de ella.
No se lo podía creer todavía, había hecho todo aquello por estar a su lado.
Su corazón brincó en su pecho sintiendo tal alegría que se sorprendió, porque nunca se había sentido así.
Que él lo hubiera dado todo por ella, que hubiera renunciado a su vida por ella, provocó que sus ojos se empañaran y de repente sintió miedo de que llegara a conocerla, porque puede que no le gustara lo que era en realidad.
Sentada en una piedra tras un árbol, podía ver toda la casa y el camino de entrada. Apenas pasaron dos horas y Dean salió de la casa. Sin mirar a su alrededor fue directamente hacia ella como si supiera donde estaba y se sentó a su lado. —¿Te ha dado tiempo a digerirlo? —susurró él.
Kaya respiró hondo y volvió la vista hacia él. Dean cogió su mano y se la apretó. —Todo saldrá bien, ya verás.
—No me conoces.
—Nena, te aseguro que lo que sé de ti me gusta mucho más que ninguna mujer que haya conocido.
Se le cortó el aliento. —En el coche hablabas de mí.
—Por supuesto, lo que tú me haces sentir… Cuando saltaste de aquel avión en lo único que pensaba era en volver a verte.
—Eso fue hace tres años.
—Tres años en los que no hubo un solo día en que no temiera que te hubieran matado.
Una vez fui a verte, ¿sabes? Averigüé donde vivías y me acerqué a tu calle.
Desde el callejón pude ver que salías del portal con tu hermana.
Las dos reíais, pero viste algo frente a tu casa que te puso en guardia y perdiste la sonrisa de golpe.
Te cambiaste de sitio y caminaste con tu hermana calle abajo poniendo tu cuerpo ante ella por si ese hombre disparaba.
—Tuve la sensación de que me conocía, reaccionó con sorpresa, así que deduje que era alguien implicado en alguna misión.
—Y lo era.
Kaya levantó una ceja. —¿Era?
—Cinco minutos después estaba en el callejón, me confesó que había estado presente cuando te cargaste a un tío en el lavabo de un restaurante.
—Ah, ya sé quién era… Su guardaespaldas, esperaba en la puerta. Creía que le había matado.
—Nena, dos tiros, uno en el pecho y otro en la cabeza.
—Ay, me dio pena.
—Que no vuelva a pasar.
Se miraron a los ojos. —¿Estás seguro de lo de Canadá?
—Estás empeñada en que vayamos a Panamá, así que…
—Allí estaremos seguros.
—Tengo la sensación de que te estoy arrastrando a una vida que no quieres.
—Eh, pensaba largarme, ¿recuerdas? Llevo un año preparándolo.
—Pero no conmigo.
Sonrió. —La verdad es que el plan ha mejorado mucho contigo en él.
—¿De veras?
Se acercó deseando besarla y ella le tapó la boca con la mano libre. —Estamos de guardia, coronel —susurró deseándole más que a nada—. Y por si fuera poco tu madre está en la cabaña, que está rodeada de cámaras y no me van los videos por...
Un crujido la tensó al igual que a él y se levantaron lentamente con sus armas en la mano.
Dean le hizo un gesto a su derecha y Kaya miró hacia allí.
Vio que una sombra se movía en dirección al borde del bosque, no les había visto.
Se quedó en silencio vigilando la cabaña al igual que el otro que estaba a unos metros de Dean, que no movía un músculo.
Era esencial saber cuántos eran y ambos lo sabían.
Ella miró hacia Dean que se señaló el brazo hacia el tatuaje.
Mierda, era su unidad y contra seis o siete de esos tipos no tendrían nada que hacer.
Le preguntó con la mirada qué hacían y él alargó la mano.
Se la cogió de inmediato y caminaron hacia el claro ante la casa.
—Sé que estáis ahí, chicos. Podéis salir.
Nadie se movió y Dean apretó los labios. —No sé qué órdenes tenéis, pero os pido que deis la cara. Creo que es lo menos que podéis hacer por mí.
Cuatro hombres salieron del bosque rodeándoles. Dean apretó los labios asintiendo. —¿Venís a matarme?
—No, mi coronel —dijo uno antes de cuadrarse—. ¡Nuestras órdenes son llevarle a la base, mi coronel!
—¿Y a Kaya?
Uno de los hombres miró hacia ella. —También. —Le guiñó un ojo haciendo que sonriera.
—¿Nos están escuchando?
—Sí, mi coronel. —Fue hasta él quitándose un pinganillo de la oreja donde gritaban qué diablos estaban haciendo.
Dean dijo —General Potter, me alegro de oír su voz.
—¡Vuelve con ellos, joder!
—No puede ser, sin ella no.
—¡Muy bien! ¡Cásate con ella si quieres, pero no voy a prescindir de ti!
—¿Cree que soy idiota? Esta misma noche han intentado matarnos, no me creo nada que salga de su boca —dijo entre dientes—. Quiero hablar con Mortimer.
—¿Crees que el jefe de la CIA te va a respaldar en esto?
—Sí, si quiere nuestra colaboración sí.
Escuchó que suspiraba. —Lo tuyo puede pasarlo por alto porque es evidente que estás ciego, joder ¡Pero ella no saldrá viva de esta!
Dean se tensó. —¿Por qué?
—Es una espía doble, amigo.
No pudo disimular su sorpresa y ella le miró con los ojos llenos de lágrimas. —Lo siento, te dije que no me conocías.
Tiró el pinganillo a un lado y la agarró del brazo con fuerza. La decepción dio paso a la rabia y estaba al borde de perder el control. —Dime que es mentira.
Una lágrima rodó por su mejilla. —Amenazaron a mi hermana en un supermercado, temí por su vida, no tuve otro remedio.
—¡Haberlo dicho! —gritó en su cara—. ¡Podrían haberte protegido!
—¿Cómo protegieron a mi madre cuando la mataron en un accidente de coche provocado?
Mi vida siempre estará en riesgo y la de mi familia también.
A nosotros no nos protege nadie, Dean. —Sonrió con tristeza.
—Puede que tú les intereses, pero las números somos prescindibles, siempre lo hemos sido.
Las pocas elegidas que tienen padres o hermanos viven atemorizadas, no soy la primera que ha perdido a alguien.
Por eso las prefieren huérfanas, porque no las reclama nadie.
Si me eligieron fue porque mi puntería es extraordinaria y la necesitaban, solo por eso.
Pero si muero mañana me sustituirá otro número.
—Les odias.
—¡Sí, les odio! ¡Les odio, porque para ellos no somos nada! —Le miró con desprecio. —Y ya veo que para ti tampoco.
—¡He arriesgado mi vida por ti, joder! —La empujó con tal fuerza que Kaya cayó al suelo. —¡Lo he arriesgado todo por ti y eres una traidora de mierda!
Le miró a los ojos y sollozó. —Lo soy y no me arrepiento porque haría lo que fuera por Jenna. Tú hubieras hecho lo mismo por tu madre.
Con rabia la cogió del jersey y la acercó a su rostro. —Jamás traicionaría a mi país. Ni por ti, ni por nadie. Mi hermano se revolvería en su tumba.
—La diferencia es que mi hermana aún está viva y pienso hacer que siga siendo así.
La soltó como si le diera asco y se volvió gritando a sus hombres —¡Esposadla y sacadla de mi vista, joder!
Impresionada porque le había dado la espalda susurró —¿Dean?
Él se detuvo, pero no se volvió para mirarla como si no fuera importante. Ya no, eso era evidente. —Algún día recordarás este momento y te preguntarás por qué no hiciste mucho más por mí. Ya será tarde para arrepentimientos.
—Te aseguro que ya me arrepiento. Me arrepiento de todo lo que he hecho para tenerte a mi lado… —dijo antes de alejarse hacia la cabaña rompiéndole el corazón—. ¡Madre, buenas noticias, vuelves a casa!
Kaya agachó la cabeza mientras uno de sus hombres esposaba sus muñecas a la espalda. —Vamos, bonita —dijo el tipo con rabia tirando de sus brazos para obligarla a levantarse—. Ahora vas a saber lo que es el dolor.
Mientras tiraba de ella hacia el bosque, Kaya miró hacia atrás deseando ver a Dean, pero ya la había apartado de su vida e increíblemente ese fue uno de los mayores dolores que había sentido jamás.